15 mar. 2012

Muchos trabajadores de la cementera no llegaban a jubilarse: se morían antes. Las partidas de defunción decían tabaquismo, edema pulmonar o problemas hereditarios,
cuando en realidad eran otras las razones: en varios sectores de la cadena de producción de la cementera Loma Negra existian altas cantidades de silice, que produce silicosis. Un abogado laboralista comenzó a representar a los trabajadores y a sus familiares. Lo secuestraron y lo asesinaron. La semana pasada culminó el juicio por su muerte ocurrida durante la última dictadura cívico-militar.


Dos civiles, Julio y Emilio Méndez, hermanos entre sí, que facilidtaban su quinta de fin de semana para que fuera centro clandestino de detención y tortura, fueron condenados a 11 y 15 años de prisión, mientras que los coroneles retirados Julio Tommasi y Roque Pappalardo, y al suboficial José Luis Ojeda, recibieron condenas de prisión perpetua en un juicio realizado en Tandil sólo por el caso de Moreno.
En Oral Y Público, Matías Moreno, hijo de la víctima, nos entregó sus sensaciones horas antes de la lectura del veredicto: "como hijo y como militante de los derechos humanos agradezco el compromiso de los testigos con la verdad, muchos de ellos testigos accidentales, que ni conocían a mi padre". Allí, Matías nos contó que tenía muchas expectativas con la posibilidad que se ordenara la investigación de la responsabilidad de Loma negra, cosa que finalmente ocurrió, ya que el tribunal impulsó la búsqueda de culpabilidades en el directorio de la empresa.

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