4 jul. 2012

Así vivían en La Lechería. Ahora quieren vivir en sus propias casas y no los dejan
La historia de la Cooperativa Los Bajitos pintaba para final feliz. Al menos por ahora, no es así. Suponemos que al poder no le resulta gracioso que un grupo de 80 familias que vivieron muchos años -algunas más de 30- en una vieja cooperativa lechera abandonada, en condiciones de hacinamiento, de pronto sean propietarios y construyan sus casas con manos propias y sean felices. Estamos casi seguros de que en realidad el poder cree que no se lo merecen. El poder, en este caso, es una gestión desde el Estado: es el PRO con Mauricio Macri a la cabeza.
Estas familias continúan viviendo en unas casas transitorias que el IVC (Instituto de Vivienda de la Ciudad) tiene en Lugano. Pero, tras el desalojo de 2008, deberían estar viviendo en sus propias casas en un nuevo barrio que también, como en la Paternal, los considera indeseables: "la cooperativa Los Bajitos continúa con su proyecto de viviendas en Mataderos, ya no desde lo que se vivió en aquel momento en el año 2008, sino definitivamente para llevar adelante el proyecto que tiene en trámite", cuenta, todavía indignada, pero también esperanzada, Lorena Sfeir, integrante de la cooperativa
, que continúa con el relato: "nos encontramos frente a la situación de que debíamos sí o sí visitar el predio con profesionales de obra para que realicen mediciones, presupuesten la demolición (de aquellos que estaba construido y no sirve más a causa de un incendio generado por parte de los "buenos vecinos") y demás cuestiones. Retomamos la posesión específicamente el día lunes 14 de mayo. Desde el primer momento tuvimos que acreditarnos para poder ingresar a la propiedad. Empezamos a realizar algunas tareas de limpieza para permitir el ingreso de los profesionales, que era nuestro objetivo para esta primera semana. Desde el mismo lunes a la tarde comenzamos a recibir agresiones verbales, manifestaciones discriminatorias y de asedio en principio por un grupo de vecinos". Otra vez, los "vecinos" de Mataderos, que suelen ser de los menos organizados de la ciudad, se pusieron en guardia para rechazar a los "villeros". Sfeir dice que, a pesar de la bronca, "siempre mantuvimos los caudales institucionales: nos presentamos frente a la policía que generalmente nos venía a pedir comprobantes, titulos y demás cuestiones para asegurase que estemos en posesión real del terreno. Hasta que el día viernes (18 de mayo) queda una empresa de seguridad privada para cuidar el predio, porque durante toda la semana nos obstruían la puerta, rompían la cerradura, había medidas cuando nos retirabamos para imposiblitarnos la entrada al día siguiente. A las 20:15,  específicamente, tiran abajo un portón, con un camión y entra una patota, alrededor de 50 personas, que desplazan al personal de seguridad, una situación de violencia y vandalismo, prendiendo fuego el terreno, poniendo en riesgo a los propios vecinos".
Cuando le consultamos si creían que los vecinos se autoconvocaban o era organizados por alguien respondió segura: "fundamentalmente es una patota ligada a punteros del macrismo. Hemos hecho todas las denuncias y todo sigue su curso de investigación en términos jurídicos. Pero el trasfondo de todo esto es algo más fuerte, que es la discriminación, la violencia, el rechazo, lo que genera que el Estado apañe este tipo de situaciones, el gobierno de la ciudad no toma una decisión, nos desposeen de una propiedad privada que ha costado mucho esfuerzo conseguirla y sostenerla". Pero ¿por qué el gobierno no querría solucionar el problema de vivienda de Los Bajitos? La pregunta es obvia y la respuesta, casi, también: "nos hemos enterado que disponen de este terreno para otros fines hacia los vecinos del barrio, una plaza, una escuela, una seccional de policia, esto es lo que en principio hemos tomado conocimiento. Ahora,, también puede ser desapropiar a una cooperativa de vivienda para fines privados. Una de las pocas cooperativas que continúa con esfuerzo su lucha, recibe este tipo de violencia, amenazas, vulneración absoluta. Ya no del derecho a la vivienda, del derecho a la seguridad. Hubo trabas para que ingresaran los bomberos para sofocar el incendio, poniendo en riesgo a los vecinos, inclusive". Lorena vuelve a indignarse cuando habla de cómo son recibidos: "somos victimas del prejuicio social, el rechazo hacia los pobres, hacia los sectores que quieren mejorar sus condiciones de vida. Si esto no es condenado públicamente, si no hay un Estado que sale a condenar eso, lo que se hace directamente es excluir a grandes masas de población". Pero rechaza el desánimo y la resignación: "la verdad es que la cooperativa tiene mucho trabajo hacia el interior, en la que los socios se encuentran en contacto, que continúa la lucha por la vivienda digna en la ciudad de Buenos Aires. En definitiva, el tema de superar el prejuicio social, no sólo depende de la cooperativa, sino de la sociedad". Asegura que superan el trance "básicamente, con mucho acompañamiento, militancia y esfuerzo. Hay muchisimo trabajo puesto en esta lucha y eso es lo que hace que el desánimo nunca aparezca".

La historia de La Lechería continúa, aunque el viejo edificio de Paternal haya sido demolido unos días después del desalojo. La Lechería continuará existiendo mientras los "villeros" no puedan ser "vecinos".

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