24 jul. 2012

Por Jesica Maldonado para La Retaguardia 

Cristina Bernasconi, mamá de Nicolás Landoni, una de las 194 víctimas que dejó Cromagnon, el 30 de diciembre de 2004, estuvo en comunicación telefónica con Alfredo Grande en el programa “Sueños Posibles”. Ella reflexionó sobre la nueva resolución: “fue otro golpe más que recibimos. Esta sentencia, es una sentencia totalmente política, es como la primera que tuvimos, no esperaba otra cosa, el viernes 13 iba con una sentencia que pensaba que era la que iba a salir”. Aunque después se llevó una sorpresa porque por lo que escuchó, no pensó que el condenado iba a ser Rafael Levy, sino que iba a ser el ex comisario Ismael Sevald y explicó que “es una sentencia política” porque “se salvan a los funcionarios del gobierno y a un funcionario de la Policía Federal”.
Bernasconi vio la reacción de muchos padres que lloraban y si bien entiende que expresaron sus sentimientos, para ella no fue un golpe tan grande y explicó: “mentalmente me preparé para esto después del gran golpe que recibimos en el primer juicio, donde muchos de nosotros caímos en una depresión tremenda, me fui preparando para que gane nuevamente la impunidad en la Argentina y que realmente la muerte de nuestros chicos quede como ha quedado hasta ahora, en el aire, con todos los condenados libres, haciendo su vida”. La madre de Nicolás Landoni también habló de las agresiones entre los militantes, Beatriz Campos y José Iglesias, del Movimiento Cromagnon, que se formó desde el día de la masacre: “las agresiones comenzaron dentro de la sala de audiencia, fue muy difícil entrar” y ella no comprende cómo se puede atacar a un padre que también perdió a su hijo y que luchó durante ocho años desde la parte legal dejando todo: “fue el abogado que pidió mayores condenas para todos”, aclaró. Cromagnon fue una masacre tan grande que llegaba a las más altas esferas, se infiltraron dentro del movimiento e hicieron de todo para romperlo pero no lo lograron, los militantes se mantuvieron unidos porque sabían que tenían que “pelear con un gigante que era todo el poder político, y después les tocó pelear con el poder judicial que también está abroquelado a ese poder”, por eso la primera consigna que cantaron sobrevivientes y familiares fue: “Ni la bengala, ni el rock and roll, a nuestros pibes los mató la corrupción”.
Cristina Bernasconi reflexionó: “logramos destituir a un jefe de gobierno, logramos llegar a dos juicios en breve tiempo. Yo creo que se ha logrado mucho en cuanto a concientizar a la juventud en nuestro trabajo, en las escuelas y con los libros. Seguimos fuertes a pesar de saber que todavía nos quedan dos instancias en este juicio, que es Casación penal y luego la definición de la Corte, por eso entiendo a algunos padres que se sienten vencidos porque es muy difícil seguir viviendo sin un hijo al que lo masacraron, lo encerraron en una cámara de gas y que nadie de los Derechos Humanos se ocupó”.
También cuontó cómo ve la realidad de los chicos cuando van a bailar, ella está muy cercana a la juventud, habla con muchos sobrevivientes, con sus hijos y los mismos chicos le dicen que las condiciones variaron muy poco y les resulta incomprensible entrar a un lugar y que la capacidad esté colmada: “por suerte muchos tomaron conciencia y cuando ven esto se van, aunque muchos otros no, y es lamentable porque la misma corrupción que existía en el gobierno de Aníbal Ibarra, sigue estando ahora en la Agencia Gubernamental de Control (AGC); es más, hay muchos inspectores reciclados, personas que declararon en el juicio, están ahora en el mismo lugar”.
Suele decirse que algunas muertes sirven para hacer un cambio en la sociedad, sin embargo Bernasconi no lo ve así y explicó: “le tocó a mi hijo como le pudo haber tocado a cualquier otra persona y lo que nosotros buscamos es ese cambio pero no lo vemos en la sociedad,. Vivimos en una sociedad brutal donde se trata de pisotear al otro, donde los Derechos Humanos son para los que tienen plata, van a la cárcel personas por robar comida y los verdaderos asesinos están sueltos y son los asesinos políticos los que vemos ocupando cargos en la Legislatura, en distintos organismos del gobierno y realmente es muy difícil terminar con esa corrupción. Siempre decimos: ‘Ojalá que la muerte de nuestros chicos haya servido para un cambio’, que hasta ahora no vemos, entonces nos indignamos, nos enojamos porque tenemos nuestras locuras en cuanto a lo que uno siente por dentro y la impotencia”.
Mientras tanto, hace de la pérdida, de la peor de las pérdidas, una lucha.

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