10 jul. 2012

Por Cecilia Litvin La Retaguardia

Con Pablo Bergel, de Proyecto Sur, recordamos habernos conocido durante las asambleas de 2002. Tuvimos una charla en la que nos contó cómo es ser legislador porteño y creer en la democracia directa.


“No creo de ninguna manera que estuviéramos equivocados en aquel momento - reflexiona Pablo Bergel sobre la experiencia de lucha asamblearia de 2002 -. Creo que efectivamente todo el proceso de movilización que nos tocó vivir a partir del 19 y 20 de diciembre fue (por)que se derrumbó una forma de Estado, de democracia representativa, y la gente prefirió tomar en sus propias manos y hacerse cargo de la construcción de su destino. Quizás era una pretensión demasiado grande o requería de más tiempo. La cuestión es que las elecciones de 2003 vinieron también como a clausurar esa etapa de búsqueda de una forma de democracia más directa, más representativa, que no llevó efectivamente a una formulación clara, más allá de un movimiento de rechazo”. Para Bergel, este movimiento de rechazo fue sumamente legítimo y contaba ya con algunos antecedentes desde 1999, como el movimiento 501, “que no sólo  fue integrado sino inventado por muchos de quienes hoy son jóvenes altos funcionarios del gobierno, pero que también proponían un boicot a esa elección”.
Bergel integra hoy la Legislatura porteña, tras haber encabezado la lista de Proyecto Sur en las últimas elecciones en la Ciudad de Buenos Aires. Previamente había transitado la experiencia asamblearia y la contracampaña electoral de 2003. Fue también una de las personas que formó parte de la gestión de Enrique Martínez al frente del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), en la que intentó acercar la institución a las organizaciones sociales. Esta gestión fue reemplazada por el gobierno nacional, quien ha demostrado de esta manera que la economía solidaria, por ejemplo, no es algo que le resulte lo suficientemente importante.
Respecto a cómo lograr una democracia más participativa, Bergel admite que no alcanza con el voluntarismo de 1, 3, 50, 500 o 5.000 personas; sin embargo, rescata ciertas continuidades del proceso de 2002 en las asambleas populares y vecinales que pueden encontrarse, por ejemplo, en toda la región cordillerana y central, movimientos que funcionan de manera asamblearia: “eso sigue vivo, reproduciéndose todo el tiempo. Nosotros desde Buenos Aires (no lo tenemos tan presente), y además los medios no difunden mucho esto, pero de la zona de Esquel en el sur hasta Jujuy, todo a lo largo de la zona cordillerana y central hay más de 100 asambleas populares en distintos pueblos, Famatina, Andalgalá, distintas partes de Mendoza, Neuquén, Loncopué que consiguió hacer un plebiscito para rechazar la minería por más del 80%, en Esquel ya se había logrado en 2003 el voto del 81% en contra de una trasnacional minera. Es decir, la semilla de la democracia directa y semidirecta está latente y cuando encuentra una brecha germina. Y cuando no la encuentra se transforma en otra forma de protesta, cuando no encuentra caminos institucionales tiene formas extra-institucionales de expresarse, formas de desobediencia civil. La necesidad de la gente de hacerse respetar, sus deseos, necesidades, sigue vigente y la dificultad de las instituciones para respetar eso y darle un camino también”.
El legislador explica que asume su tarea como legislador justamente a partir de allí, por lo que de alguna manera se siente un infiltrado: “como alguien que va a tratar y está tratando de abrir puertas, ventanas, hendijas, lo que se pueda, para que entren los vientos de los deseos y necesidades populares, de la presencia y el protagonismo popular, pero es muy difícil, muchas veces dudo de que realmente pueda ser útil en esa dirección. Esto me lo pregunto todos los días, y estos recuerdos están presentes, y esta memoria no es una memoria del pasado sino del presente para mí”.
Bergel era un militante social y ambiental independiente, amigo desde hace años del líder de Proyecto Sur, Fernando Pino Solanas. Fue el propio Pino quien lo convocó a encabezar la lista de candidatos a legisladores en las últimas elecciones porteñas: “De pronto un día suena mi teléfono y me llama Pino Solanas para de alguna manera conminarme a que pase de hacer una descripción crítica de los hechos a tratar de entrar en la cancha disponible que en ese momento era el proceso electoral y la posibilidad de ingresar a la Legislatura a jugar desde allí el partido. La verdad que me tomó por sorpresa y no me pude negar y estoy satisfecho de haber tomado esa decisión, pero no me fue fácil. Esto porque el propio Pino Solanas y la fuerza que representa llevan como una de sus banderas principales la democratización de la democracia, muchas de las banderas que veníamos sosteniendo, así que no encuentro en esto una dificultad, pero sí es muy difícil avanzar en convertirlas en una realidad tangible”, explica.
“Puedo decir, ahora desde adentro – agrega –, que no es muy diferente de aquello que rechazábamos. Yo considero como algo aún pendiente cómo se democratiza la democracia, cómo eso que se pone en un voto no se convierta en un cheque en blanco para que una corporación, partidocrática, de distintos partidos, hagan un circo de pelea entre sí, sin embargo muy lejos de los intereses de la gente. Acabamos de ver en los últimos quince días una escenificación con el tema del subte: dos partidos, dos gobiernos peleándose a ver quién le ocasiona más daño electoral, más daño de imagen o tiene más beneficio electoral y de imagen a costa de otro, y los vecinos, los ciudadanos, perjudicados e ignorados en este juego. Así que estamos hablando de cosas que no han sido superadas a mí gusto, de ninguna manera, que siguen pendientes, no sé si no era el camino, evidentemente no se pudo convertir en una democracia alternativa en aquel momento y sigue pendiente encontrar una forma de democracia alternativa, de eso estoy absolutamente convencido”.


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