22 sept. 2012

escuelas-tomadas-1.jpg (Por La Retaguardia) Lo resolvieron los estudiantes ante la decisión inconsulta del Ministerio de Educación porteño de realizar cambios en la currícula de los colegios técnicos. De esta manera, la gestión PRO intenta quitar el turno noche, disminuir la carga horaria, y efectuar cambios en materias y títulos. Hasta el momento son diecisiete las escuelas tomadas, pero es inminente que más establecimientos educativos sumen su solidaridad. Hablamos con Catalina Reich, de la Escuela de Bellas Artes Rogelio Yrurtia, que nos contó el por qué de la toma, cómo se organizan y cuál es la participación de padres, profesores y autoridades.











Específicamente en el Yrurtia, ubicado en el límite de Mataderos y Parque Avellaneda, los egresados salen como maestros de dibujo, lo que dejaría de ocurrir en caso de confirmarse los cambios previstos desde el Ministerio: “antes nuestro título era a nivel nacional y ahora se redujo a que somos realizadores en artes visuales; el cambio lo que haría es sacar el turno noche y solamente los chicos que van al bachiller podrían estar en el colegio y hacer los talleres, y en realidad ya no nos habilitarían nada, nos sacarían carga horaria, materias y cosas que son fundamentales para lo que es un colegio de bellas artes”, explicó Catalina a La Retaguardia.
Previamente, los estudiantes habían efectuado otras medidas como marchas, sentadas o pedido de reuniones con autoridades porteñas que no fueron aceptadas o suspendidas a último momento. Todos reclamos sin respuestas, por lo que se resolvió realizar la toma.
“Ya en el momento de votar esta medida nos organizamos en comisiones de organización, limpieza, de puerta por vigilancia, de cocina, vimos quiénes se pueden quedar a dormir, hicimos un comunicado en los cuadernos de comunicaciones para informar a toda la comunidad educativa, a todos los padres la medida que se había tomado, nos encargamos de la prensa y difusión, de actividades en el día para que los pibes no se embolen, hacemos talleres, conseguimos que vengan a dar charlas, y buscamos que la toma también salga afuera de la comunidad y al barrio”, enumeró Catalina.
La joven afirmó que se sienten acompañados en la decisión por sus padres. Ellos concurren a la institución, les llevan comida, les preguntan si precisan algo: “hay tomas en la que los papás no se quedan, pero nosotros decidimos que queremos que se queden papás, aunque sea uno o dos por noche por seguridad, porque no es lo mismo que sean todos chicos a que haya mayores de edad”, agregó.
En relación a los profesores, Catalina contó que desde el Ministerio se bajó un decreto que dice que en caso de toma los profesores no tienen que entrar al establecimiento, que deben ir a firmar el presentismo a otro lado, y que no pueden tener ningún contacto con el colegio, ni con los chicos. Respecto a las autoridades, Catalina señaló: “nuestra directora acata toda norma que se baja del Ministerio, todo papel que llega, sea verdad o mentira, se ejecute o no, ella lo acata, y en eso no tenemos mucho diálogo, de hecho nos quería cerrar las aulas, no nos quería habilitar muchas cosas, respecto a la llave nos decía que la consigamos con el casero, como que no hay mucha predisposición.”
De todos modos, los maestros del Yrurtia se juntan, discuten, y dialogan son los estudiantes: “están haciendo lo posible porque nosotros queríamos hacer una toma con clase, en cuanto a talleres hacer trabajos prácticos para no perderlos, como se hizo el mes que estuvimos sin clase por el gas”.
En este sentido, el Colegio Yrurtia lamentablemente sabe de conflictos, reclamos y falta de respuestas. El 1 de junio de este año, dieciocho estudiantes y tres profesores debieron ser hospitalizados durante algunas horas y recibir oxígeno luego de intoxicarse con monóxido de carbono. Tras este hecho, se resolvió cortar el gas en la escuela: “el tema fue porque la caldera produjo monóxido de carbono por falta de un codo y una mala conexión en lo que era la tubería de gas, y eso provocó que dieciocho alumnos y tres profesores fueran intoxicados por monóxido de carbono. Frente a esto cortaron el gas, y nosotros como centro de estudiantes decidimos no tener clases hasta que se solucione esto, y provisoriamente dijeron que nos iban a poner paneles eléctricos y toda la instalación eléctrica, ahora el colegio está abastecido por un generador a combustible que está fuera del colegio, en la puerta, y que emulsiona también gases que son tóxicos”, relató Catalina. Es decir que, a casi cuatro meses, la escuela sigue sin gas.
Es por esto que ante la puesta en marcha de la toma, los estudiantes consiguieron que un padre les alcanzara un anafe con garrafa donde cocinan: “en realidad nosotros teníamos unas hornallas eléctricas que nos trajeron que son para cocinar las chapas de grabado pero la directora se negó a abrirnos el armario y poder cocinar ahí”, explicó Catalina.
El intento de reforma de curricula en colegios de la Ciudad de Buenos Aires es un conflicto que no afecta solo a las escuelas técnicas y artísticas, sino que cruza horizontalmente a la escuela pública, y los estudiantes están decididos a no permitir que se resuelvan modificaciones, que repercutirán en su formación, sin ser consultados.


DESCARGAR

0 comentarios:

Publicar un comentario