15 oct. 2012

(Por La Retaguardia) Continúa en Jujuy el primer juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en esa provincia durante la última dictadura cívico-militar. Una de las principales características de este proceso es que se está juzgando también al actual poder jujeño, especialmente el poder económico encarnado en el Ingenio Ledesma. El viernes 12 de octubre declaró el testigo Hugo Condorí, quien presidió la obra social del sindicato de empleados del azúcar, estuvo preso y en declaraciones anteriores vinculó la desaparición del ex intendente Luis Aredez y de representantes gremiales con el Ingenio. Dialogamos con él horas antes de esta importante instancia.

“Son 36 años de espera, esta es una posibilidad que nos permite la justicia de poder contar nuestras vivencias, porque siempre digo que cada preso, cada sobreviviente del horror, lleva en su retina lo que vio, en sus oídos muchas veces los gritos y llantos de nuestros compañeros cuando eran torturados, incluso algunos hasta perder la vida. Llevamos en nuestro cuerpo las secuelas de lo que fueron las torturas que hemos padecido, y esperamos 36 años para poder exponerlo y que la justicia funcione, que nuestra sociedad conozca lo que nos pasó y lo que nos costó luchar”. Así relató sus sensaciones Hugo Condorí en diálogo con Oral y Público, el día anterior a declarar ante el Tribunal Oral Federal de Jujuy, en el marco del primer juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en esa provincia.
Durante la entrevista, Hugo adelantó que durante su testimonio recorrería las historias de muchos de sus compañeros, ya que casi todos los desaparecidos formaban parte, junto a él, de un grupo sindical “que luchaba por reivindicaciones no solo de convenio colectivo, sino de algunas leyes que no se cumplían, de metodologías que se empleaban que no eran las correctas para que los trabajadores pudieran desarrollar y cobrar en función de lo que ellos hacían”. “Y después volver a recorrer la historia de por qué realmente mucha gente de los pueblos originarios han sido tratados tan mal –agregó–, han sido prácticamente explotados. Nosotros llegamos a esa instancia dentro del sindicato, nos encontramos con algo que ya era una costumbre, a los obreros del azúcar, la zafra por ahí no se les pagaba el sueldo como correspondía, muchos con vale. Como era antes dentro de la industria azucarera, se hacía trabajar a originarios y le pagaban con ropa y comida. Nosotros nos encontramos con esa realidad que no coincidía en nada con lo que debía ser y cambiar eso costó mucho, la vida de estos compañeros que luchaban denodadamente para que esto cambie”.
En este sentido, Condorí habló de las complicidades estatales y civiles: “nuestra actividad gremial era ver de qué manera el Estado era cómplice de muchos incumplimientos, por ahí nosotros apelábamos por ejemplo al Ministerio de Trabajo o a algunos juicios que se hacían para tratar de ver realmente que esto tenía que cambiar y siempre nos dieron la espalda, eran cómplices de lo que pasaba. Además poder explicitar que el tema no era ideológico, era simplemente económico; no era porque éramos peronistas, radicales, la forma en que nosotros pensábamos o la metodología de las cosas que se hacían, guerrilla si o guerrilla no. La experiencia que nosotros tenemos es que con o sin guerrilla iba a pasar lo mismo que pasó. En la zona de Jujuy jamás hubo atentados, enfrentamientos guerrilleros o cosas por el estilo, simplemente pasó lo que pasó a lo largo y ancho del país”.
El sobreviviente se refirió, además, a declaraciones previas realizadas en el juicio por compañeros del trabajador minero desaparecido Avelino Bazán de Mina Aguilar. Contó que quienes testimoniaron relataron que vieron cómo la policía tenía una hoja con sello y membrete de la empresa con el listado de la gente que había que meter preso: “Esto nos da la pauta que tanto el poder político como el judicial estaban al servicio de la empresa”, aseguró.
El camino de justicia que viene recorriendo Hugo no ha sido fácil, ha debido soportar hasta el intento de secuestro de un nieto: “fue terrible –recordó–, y a mí siempre me volvía a la mente un compañero, un director de cine brasilero muy conocido en la época, que contaba que en presencia de él su esposa fue violada y no conforme con eso tenían un hijito de casi un año que lo llevaron ahí y también lo picanearon. Es de no creer que exista este tipo de gente que pueda llegar a hacer una cosa así, es aberrante. Y cuando me pasó eso a mí realmente me vino a la mente todo este recuerdo terrible, eso implica internamente un sufrimiento, y el tema es que pasa justo cuando yo soy convocado a declarar en la inclusión que se hace contra el dueño del Ingenio, que es Carlos Pedro Blaquier. Antes de hacer la denuncia me asesoré con gente que conoce esta temática para saber realmente qué había pasado, yo no quería victimizarme porque sí, estaba toda la coyuntura, además el cambio de juez, la llegada del (magistrado Fernando) Poviñas, el fiscal (federal Domingo) Batule, con el diputado nacional (Remo) Carlotto, que rompieron con el cerco de la impunidad e hicieron que la causa realmente sea llevada a juicio. Yo hice una evaluación con gente en forma privada y realmente acá hubo una inteligencia previa, esto (el intento de secuestro de su nieto) no fue hecho al azar, lo hizo gente que sabe lo que está haciendo, pero lo que nunca pudimos lograr es una investigación profunda como para ver quién hizo esto”.
Otra clara muestra de las complicidades que aún hoy persisten en la provincia y el poder que continúa teniendo el Ingenio Ledesma es lo sucedido con la marcación como Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio del Ingenio: “(para la marcación) vino el diputado nacional Horacio Pietragalla, que es un nieto recuperado –relató Hugo–, junto con algunos dirigentes del gobierno provincial, incluso el intendente del lugar, colocaron un cartel que señalaba que la empresa Ledesma había sido partícipe de los crímenes de lesa humanidad. Curiosamente se van ellos, y al tiempo el mismo intendente hace una convocatoria de gente afín, y con la gente de la empresa Ledesma hacen una marcha y sacan los carteles. O sea el mismo que lo colocó se encargó de sacarlo, diciendo que lo hacía porque quería preservar el lugar de trabajo, que había mucha preocupación porque Ledesma se iba a ir a Brasil, lo que implica es que si la justicia empieza a funcionar los empresarios se van a empezar a ir. Claro que genera preocupación en la gente porque es una provincia que tiene un altísimo nivel de desocupación, tan es así que la agrupación Tupac Amaru es uno de los grupos sociales que mayor cantidad de trabajo genera porque la provincia de Jujuy hace más de 50 años que no pone una fábrica”.
Horas antes de brindar su testimonio en el juicio, Hugo reiteró la importancia de declarar en estas instancias: “es muy necesario hacerlo, sentar los precedentes que corresponden, que la justicia funcione y que la juventud sepa interpretar y que de alguna manera se incorpore a esta tarea que tenemos ahora de recuperar el país devastado que nos dejaron, que todavía no podemos a pesar de muchas cosas que se hicieron. Es simplemente hacer realidad el proyecto de país de los 30.000 desaparecidos. La juventud tiene hoy esa posibilidad de hacerlo en un plano totalmente distinto como es el derecho constitucional, que nadie los persiga o mate por algunas reivindicaciones. Nuestra intención es poner esa semillita, ese antídoto para que lo que nos pasó a nosotros nunca más vuelva a ocurrir”.

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