30 nov. 2012

(Por La Retaguardia) Se trata del proceso jurídico más grande de la historia argentina, en cuanto a la cantidad de casos que se juzgan (789 víctimas) y los imputados que estarán sentados en el banquillo (68 represores). Por la sala de audiencias de los tribunales de Comodoro Py de Retiro pasarán más de 800 testigos, y se espera que la sentencia se conozca recién en dos años. Dialogamos con los sobrevivientes y querellantes Víctor Basterra y Enrique Fukman, y con el fiscal Guillermo Friele sobre sus primeras sensaciones ante el inicio de esta megacausa. 

Se trata del tercer tramo en que se juzgan los delitos cometidos en este centro clandestino de detención, exterminio y tortura durante la última dictadura cívico militar. El primero tuvo como único acusado al prefecto Héctor Febrés, que apareció suicidado en la previa a la lectura del veredicto. Quedó instalado para siempre el rumor de que Febrés iba a difundir algunos datos e informaciones, ya que estaba enojado con sus colegas de fuerza por la ausencia de defensa en ese juicio. Luego fue el turno de lo que se conoció como ESMA I, que terminó en octubre del año pasado y en el que fueron juzgados y condenados a perpetua catorce de los 68 represores que forman parte de este tercer tramo. A su vez, están nuevamente frente a la justicia los dos genocidas absueltos en aquel juicio, Juan Carlos Rolón y Pablo García Velazco.
Entre los imputados de esta tercera etapa están también ocho pilotos que actuaron en los llamados “vuelos de la muerte” (que se juzgarán por primera vez) y tres civiles. Uno de ellos es Juan Ernesto Alemann, secretario de Hacienda del Ministerio de Economía entre 1976 y 1981, quien según el relato de testigos y sobrevivientes participó de interrogatorios realizados en la Escuela de Mecánica de la Armada.
Entre las 789 víctimas, cuyos casos se incluyen en este juicio, figuran las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet; las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo Esther Ballestrino de Careaga, Mary Ponce de Bianco y Azucena Villaflor; la dirigente de Montoneros Norma Arrostito; la joven sueco-argentina Dagmar Hagelin; y la escritora y dirigente peronista Alicia Eguren de Cooke.
Un cambio importante con respecto a juicios anteriores, es que varios testigos no deberán repetir sus testimonios de las primeras etapas, porque se cuenta con el material fílmico de sus declaraciones. Esto evitará que se los revictimice, y acelerará además los tiempos del juicio.
Uno de los últimos protagonistas en sumarse a esta causa fue el fiscal Guillermo Friele, representando al Ministerio Público. Durante un cuarto intermedio realizado en el marco de la primera audiencia, Friele afirmó que desde lo jurídico se están cumpliendo las partes procesales pertinentes, y que se inició la lectura de todos los requerimientos fiscales de elevación a juicio que son los que dan la plataforma fáctica de lo que se va a desarrollar en el juicio oral: "se van a leer los 789 hechos que se van a juzgar, con su descripción general, las calificaciones legales, los datos personales, y los lugares por donde pasaron todos los imputados de esta causa. Hay una obligación, las reglas prácticas que ha determinado la Cámara Federal de Casación Penal en pleno determina que se haga una síntesis de los requerimientos fiscales de elevación de la causa a juicio cuando se inicia. En un caso de estas características es ineludible que se lea cada caso que se va a debatir en las audiencias posteriores porque justamente esto hace al derecho de defensa en juicio”, explicó.  
En cuanto a lo que significa para él, desde lo personal, formar parte de este histórico juicio, Friele manifestó, en diálogo con Oral y Público: “no solo para mí sino para la doctora María de las Mercedes Soiza Reilly, que es la fiscal adjunta, y todo mi grupo de trabajo, representa el mayor desafío que nos puede plantear nuestra profesión, nuestro rol en la justicia penal. Estar en un juicio de estas características, con tamaña cantidad de víctimas e imputados, es un desafío, nos enorgullece estar en este juicio como fiscales”.
Víctor Basterra será, además de querellante, uno de los testigos. En el marco de la primera jornada de audiencias, afirmó que para el momento en que lo llamen a declarar espera poder verles los rostros a los mismos represores que él fotografió durante su secuestro en la ESMA y que pudo comenzar a publicar a partir de 1984, lo que permitió empezar a conocer las caras que fueron, y son, sinónimo del horror. Basterra señaló que este juicio tiene un carácter simbólico importante pero también un fuerte valor práctico: “en los hechos se van aclarando, desmalezando, ya que se había creado una fuerte maleza para ocultar, y ahí aparece la causa, la prueba, en definitiva el delito y quien lo hizo. Lo que nunca se va a saber, lamentablemente, porque estos tipos se la están guardando muy bien es qué se hizo de los compañeros, realmente también es un símbolo de cómo ha triunfado la política de la desaparición de las personas, y eso es aberrante”.
Otro de los sobrevivientes que testimoniará en este juicio es Enrique Fukman, integrante de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos. En diálogo con Oral y Público dio cuenta de sus sensaciones en esta jornada tan importante y esperada: “fui secuestrado el 18 de noviembre de 1978. Estuve quince meses secuestrado en la ESMA, los primeros seis meses y medio encapuchado y engrillado, y el resto del tiempo lo que se dio en llamar trabajo esclavo. Después de treinta y pico de años de lucha, en el caso particular mío, a mí me secuestraron hace 34 años, hemos logrado que estén sentados en el banquillo de los acusados 68 de los represores que participaron del grupo de tareas que funcionó en la ESMA por casi 800 compañeros que estuvieron ahí. Para nosotros esto es tremendamente importante porque se rompe la lógica con la que se venía haciendo los juicios hasta ahora de algunos represores por algunos compañeros, y hemos conseguido que estén sentados una parte importante de lo que fue el grupo de tareas de aquellos que secuestraban, torturaban, asesinaban, violaban, que desaparecieron a miles de argentinos, y junto con ello el hecho que este juicio sea por la gran parte de los compañeros a los cuales hemos logrado volver a darles su identidad”.
En el mismo sentido, Basterra aseveró: “este juicio tiene un aspecto que de alguna forma unifica muchas voluntades, por más que en algunos aspectos sean confrontativos, cuando llegan estos juicios se produce un hecho raro que es que se mira todo casi con el mismo ojo, la misma mirada; como está jugándose una serie de elementos, este juicio va a tratar más de 700 casos de compañeros desaparecidos o secuestrados o torturados, algunos de ellos liberados, pero lo cierto es que son más de 700 personas que están puestas sobre la mesa, para ver si se encuentra quiénes son los responsables y cómo fue el plan, además de buscarle la vuelta a estos 68 tipos que fueron partícipes necesarios, y otros muchos más que todavía faltan acá”.

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