8 nov. 2012

foto: juicioescuelita2.com.ar
(Por La Retaguardia) El Tribunal Oral Federal Nº1 de Neuquén condenó a trece represores con penas de entre veintitrés y cuatro años, todas menores a lo solicitado por las querellas y la fiscalía, y absolvió a otros ocho imputados. Los fundamentos del fallo se conocerán antes de fin de año, pero los condenados permanecerán libres o con prisión domiciliaria. Los jueces tampoco tuvieron en cuenta los pedidos de acusación por genocidio o la existencia de un plan sistemático criminal en el marco de genocidio, como habían solicitado algunas de las querellas. Hablamos con Pedro Maidana y Oscar Ragni, testigos y querellantes de esta causa; sobre sus primeras impresiones tras la sentencia.


El juicio había comenzado en marzo de este año, y abarcó los casos de 39 víctimas, que fueron secuestradas, torturadas, algunas asesinadas o desaparecidas en la zona del Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Se trata del segundo tramo de juzgamiento a represores que actuaron en el centro clandestino de detención conocido como La Escuelita. El primer juicio se realizó en 2008, y en esa oportunidad ocho represores recibieron penas de hasta 21 años de prisión.
Tras conocerse las trece condenas y las ocho absoluciones, los distintos organismos de derechos humanos presentes, junto a familiares, sobrevivientes, y querellantes mostraron su total desacuerdo. Hubo manifestaciones de bronca, dolor e indignación tanto dentro como fuera de la sala de audiencias.
En tanto, la palabra que eligió Pedro Maidana, sobreviviente, testigo y querellante en la causa, para describir su sensación tras el fallo fue decepción. Maidana integra la asociación de familiares de Plaza Huincul y Cutral Co, y transmitió el fallo a través de FM La Colmena, la radio comunitaria a la que pertenece.
“A medida que iban dictando sentencia, en algunos casos era decepcionante, en otros era de esperar que (Enrique Braulio) Olea, (Oscar Lorenzo) Reinhold, (Osvaldo Antonio) Laurella Crippa, (José Ricardo) Luera, fueran condenados a muchos años como se lo merecían. Sentimos la decepción de que el tribunal oral no encaró los casos desde el punto de vista de que son delitos de lesa humanidad, genocidio, o sea para dictarles prisión perpetua, prisión común, sino que los consideró desde otro aspecto, entonces dictó estas prisiones muy diferentes en años. En el caso de (Raúl Antonio) Guglielminetti se lo condenó a 12 años, a lo mejor se atuvieron a derecho y simplemente no hubo la suficiente cantidad de pruebas o testimonios que lo incriminaran, pero para todos estaba claro el rol de represor y genocida de este personaje”, señaló Maidana en diálogo con Oral y Público. En este sentido, hizo referencia al caso del dirigente docente Orlando “Nano” Balbo, quien denunció con lujo de detalles los tormentos sufridos por Guglielminetti: “lo sacaba de la cárcel, lo torturaba, se hacía ver por él, y con los años quedó sordo a causa de las torturas que le infringió”.
El testigo y querellante en esta causa también habló sobre los absueltos, especialmente de Serapio del Carmen Barros, personal civil de Inteligencia del Destacamento 182: “era un personaje que se llevaba los autos a la noche, y la coartada es que lo hacía para arreglarlos y limpiarlos en su casa, pero en realidad se encargaba de llevarlos para salir a la noche con los otros personajes en operativos y secuestrar compañeros. A nosotros nos iba quedando claro su rol, pero en sí los testimonios y las pruebas no fueron suficientes como para incriminarlo y el tribunal lo absolvió. Quedó la coartada de que él se los llevaba para limpiar, incluso algunos compañeros que fueron secuestrados decían que, en el auto que los secuestraron, el que manejaba era Barros”.
Uno de los momentos más importantes en el transcurso del juicio, fue el careo entre Oscar Ragni y Aldo Torino. Ragni es integrante de la Corriente por los Derechos Humanos de Neuquén y tiene un hijo que continúa desaparecido. Durante mucho tiempo trabajó dentro de lo que por entonces era el Batallón 181 de Ingeniero de Construcciones. Dejó de hacerlo a fines de 1974. Dos años más tarde comenzaría a funcionar allí la Escuelita. En el Batallón había, al igual que en otras unidades militares, lugares de esparcimiento llamados “cantina de tropa”. Se trataba de concesiones que se hacían a civiles que permitían la instalación de espacios pensados para que los soldados compraran elementos necesarios para la higiene, pero sobre todo pasaran sus ratos de ocio, jugando al billar o al metegol. En estas “cantina de tropa” trabajaba Aldo Torino como cocinero y Ragni como cantinero.
El día que secuestraron a Oscar Alfredo, hijo de Ragni, Torino tomó conocimiento del hecho a partir de una serie de datos que le brindó inocentemente un soldado que había ido a pedirle el racionamiento diario. “Como había una buena relación y nos seguíamos viendo con este hombre (Torino) -relató Ragni- y él sabía que Oscar Alfredo estaba estudiando Arquitectura en La Plata (uno de los datos que le reveló el soldado), hizo las deducciones y a los pocos días vino a verme, y se ofreció para cualquier circunstancia. Hacía nueve meses que se había dado el golpe. Después del tiempo transcurrido, cuando se reabren las causas, voy a pedirle a Torino que declare para poder corroborar que Oscar Alfredo estuvo en La Escuelita. Se ofreció ampliamente, me dio sus datos, los entregué en el juzgado, y en aquel momento se presentó y simplemente dijo que no podía declarar nada porque se lo impedían las autoridades. Y cuando empieza a trabajar aquí el juzgado federal de Neuquén, somos citados para reafirmar nuestra denuncia, aparece el nombre de Torino y es llamado a prestar testimonio. Cuando llega concretamente el momento del careo, estoy sentado frente al tribunal y lo hacen entrar. Me saluda secamente, yo lo saludo, le digo que soy Oscar, le pregunto si se acuerda de mí, y me dice ´no, señor, no lo conozco´, le digo que yo era el cantinero,  `no, el cantinero era Don Felipe´, que era un familiar mío con el que trabajábamos juntos en ese lugar. Empieza una discusión, pero ante la negativa de él no tuve más que decirle al tribunal `no tengo nada más que preguntar, ni para decir, hagan lo que quieran con este señor. Evidentemente está mintiendo`. Y se retiró. Pero esto no me sucedió solamente con Torino. En el transcurrir de tantos años de estar ahí adentro, conocí oficiales, suboficiales, jefes, segundos jefes y en los primeros momentos de la desaparición de Oscar obviamente fui a los comandos, y me encontré con oficiales superiores que habían estado antes aquí. Ninguno me dio razón de nada, todos negaron todo y me negaron ayuda, y tuve que dejarlo como estaba, hasta llegar a este momento, que es la segunda instancia de juicios”.
Ragni afirmó que el juicio de 2008 tuvo un resultado totalmente distinto, situación que para él tiene una explicación muy concreta: “estos procesos están llegando a los que están cerca hoy del poder político, hay una expresa decisión de que estos juicios terminen en esta gestión de la presidenta (Cristina Fernández) y que se termine con el tema de los desaparecidos. Esto se corroboró en una audiencia de junio cuando vino como testigo de concepto el ex fiscal de la Cámara de Bahía Blanca (Hugo) Cañón, a quien me unía una excelente relación, pero vino a bajar línea, como comúnmente se dice, para que fueran condenados todos los acusados por homicidio, dejando de lado la figura del desaparecido. Tengo la sensación de que en el veredicto no se ha condenado a todos por homicidio, se ha condenado por privación ilegítima de la libertad, con el agravante de las fuerzas y por tener continuidad mayor a un mes. Me da la sensación que no han matado a los desaparecidos declarando homicidio, pero me ha dejado un vacío tremendo las penas que no se condicen con la acusación que tienen todos los que pasaron en esta segunda parte del juicio, porque han habido testimonios contundentes de compañeros y compañeras que han sido victimizados por segunda vez al ponerlos frente a estos criminales y que han tenido que revivir las escenas de dolor y terror vividas durante el proceso, para poder poner ante la sociedad un testimonio creíble. Para nosotros los testimonios de los compañeros que volvieron jamás se pusieron en duda, sí para los integrantes del tribunal oral federal de Neuquén en esta segunda parte por las penas que han aplicado, que no se condicen en nada con la realidad”.
En el mismo sentido, Maidana afirmó que el actual gobierno provincial, a cargo del Movimiento Popular Neuquino (MPN) es muy conservador: “no sorprende la cantidad de efectivos de Gendarmería que tenían listos para reprimir el día de la sentencia. Sumados a los quince efectivos de esa fuerza que pusieron dentro de la sala, los veinticinco de la federal, diez del servicio penitenciario, otros quince de prefectura”, señaló.
Más allá de la sensación de decepción y los difíciles momentos vividos a lo largo del juicio, Maidana destacó especialmente el esfuerzo realizado por los organismos de derechos humanos, muchos de ellos querellantes en la causa, como la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos, como así también la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el fiscal federal Marcelo Grosso. “Ha sido un esfuerzo muy grande todos estos años, la elaboración de las pruebas, la búsqueda de testimonios, ver gente. Incluso ahora seguimos por la tercera etapa, hay muchos otros casos que quedaron en preparación. Por ejemplo, el comisario de Cutral Co en 1976, recién hace un año lo pudieron traer de Paraguay, donde era pastor. Lo trajeron detenido, lo procesaron y estaría en la próxima etapa, que incluiría el operativo Cutral Co y también La Escuelita porque muchos casos no estuvieron presentes ahora porque faltan testimonios”, explicó Maidana y agregó que esperan poder mejorar en la próxima instancia: “estos tipos no pueden quedar impunes, porque ellos lo hicieron a propósito, con toda la inteligencia planificaron su accionar durante la época de la dictadura para quedar impunes y a veces fallan algunas cuestiones de la legislación, pero se han ido corrigiendo en estos años, lo que ha permitido que haya muchas condenas por genocidio, en cárcel común”.
En el mismo sentido, Oscar Ragni señaló que no sólo en Neuquén, sino también en otras ciudades del país se han dado diferencias entre las condenas que se pidieron y las que finalmente recibieron los represores: “pero como dicen las Madres la lucha continúa, aquí nadie va a bajar los brazos, nadie se va a sentir amedrentado por nada, a todos nos queda alguna fuerza para sostener esta lucha y la vamos a seguir llevando adelante para que al final realmente sea justicia y aparezca la luz sobre esta oscuridad de 1976 que todavía permanece”, aseguró.


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