15 dic. 2012

(Por La Retaguardia) En general, dialogamos con integrantes de asambleas por la vida cuando ocurre algún hecho urgente, en su mayoría relacionado con la represión de sus luchas. Esta vez quisimos conversar sin la emergencia del último momento sobre cómo es la vida cotidiana en las localidades que conviven y luchan contra la minería. ¿Cómo es la vida con las mineras cuando no hay noticias? Este fue el eje de la charla que mantuvimos con Roberto Lovera, integrante de la Asamblea de Tinogasta por la Vida, que tuvo un capítulo especial dedicado al rol de la Iglesia. 


Para Roberto Lovera y la mayoría de los vecinos de la localidad catamarqueña de Tinogasta, la llegada de la minería a la zona significó la pérdida de paz y tranquilidad: “nos encontramos sitiados y acosados permanentemente, nos damos cuenta que estamos acosados por gobiernos y empresas que pretenden entrar en los lugares donde uno está viviendo, y el problema es que buscan los cerros, cercanos un poco más alejados, y siempre van a surgir tener problemas con el medio ambiente y el agua. En zonas montañosas, en zonas poco áridas falta agua, prácticamente todavía no hemos visto la lluvia este año, salvo algo en invierno no ha caído una gota de agua, pero el pequeño río que alimenta el lugar se está formando por los deshielos de la cordillera. Acá también tenemos glaciares, nieves eternas y esa esponja es la que nos da el agua, y la gran minería va a competir con el agua que vamos a usar para la vida de las personas, para la vegetación, los animales. Entonces cuando vemos que los gobiernos miran para otro lado y simplemente hacen una ecuación económica, piensan en ese rédito momentáneo que les va a dar esas migajas de la minería, y entregan a las comunidades sin importarles el futuro de cada lugar, ni el cuidado del medio ambiente”, describió Lovera en diálogo con La Retaguardia.
Los vecinos saben que la lucha contra la minería es muy larga: “tal vez nosotros no veamos los resultados  - reflexionó Lovera -, pero vamos por buen camino, sabemos que esto no es cuestión de esperar a que mañana tengamos un cambio, este es un camino que hemos abierto, al que nos hemos caído dentro sin siquiera buscarlo, pero cuando nos enteramos de lo que estaba pasando nos dijimos que lo que podíamos hacer lo íbamos a hacer. Y empezamos a caminar, fuimos aprendiendo en todo este tiempo, ya llevamos cinco años, y en este camino al andar queremos llamar a la conciencia de la gente, este no es un problema nuestro, es un problema de todos, porque el agua se genera acá y va para abajo, tenemos una pendiente que si no es por los ríos es por los acuíferos el agua está. Y eso es lo definitivo, si perdemos lo poco que nos está quedando de agua ya no vamos a tener posibilidad de vivir. La fuente de la vida es el agua; el resto, las regalías, el oro, la contaminación que genera todo esto, son cosas tal vez secundarias, pero si perdemos el agua perdemos todo. Lo que buscamos es hacer entender que llegue ese reclamo, este planteo a cada uno de los habitantes, porque estamos acosados por estas industrias extractivas que acá lo hacen con los minerales y allá abajo, en La Pampa, lo hacen con el monocultivo que están metiéndoles de prepo y con todos los agrotóxicos con los que los están rociando. Este es un problema directamente de conciencia, y esa toma de conciencia es para que participemos y no seamos indiferentes o miremos para otro lado, o pensamos que no nos va a tocar. En esta lucha queremos abrir los ojos y formar conciencia para la prevención. Tenemos que formarnos, informarnos y participar en cada uno de estos reclamos. Acá no estamos peleando por un cepo cambiario, por el dólar, estamos simplemente pensando cómo hacemos para que podamos subsistir en nuestro país, que en algún momento nuestra constitución funcione en serio, que se restablezcan las garantías constitucionales que no existen realmente y que los derechos humanos sean para todos y que no se usen para una sola causa. Nosotros también reclamamos el derecho a la vida”.
Como en todo camino existen idas, vueltas, momentos de mayor unión, otros de diferencias. Según explicó Lovera, actualmente en la Asamblea de Tinogasta la pelea ha decaído un poco. Esto se debe a que tras los distintos hechos de represión que sufrieron los vecinos en el último tiempo, muchos fueron citados ante la justicia, se les abrieron causas, fueron presionados por el gobierno en ámbitos laborales, educativos, en los municipios: “entonces la gente empieza a tener un poco de miedo”, señaló Lovera. Y en este sentido, afirmó que se debe comenzar de nuevo con el tema del trabajo permanente para que el miedo no haga perder el rumbo de las luchas: “si cedemos en esto, entregamos nuestro futuro, es así de claro. Y al gobierno no le importa, sea del color político que sea, acá pasamos de uno a otro, y en el tema minero yo siempre digo que bailan todos el mismo tango, acá no es cuestión de que cambie la ideología, son gente que se tienta y se pone de rodillas ante estos grandes capitales que con miserias los manejan y los apoyan incluso en sus campañas, y entonces hacen todo tipo de concesiones, y en eso concesionan la vida de las personas”, manifestó.
Y en esta lucha diaria, el pueblo de Tinogasta debe también pelear con quien debería estar de su lado, la Iglesia. Según aseguró Lovera, este tema en Catamarca es delicado y conflictivo, porque es una provincia muy creyente, pero con una iglesia que no acompaña a su pueblo.  “Cuando empezábamos estas luchas, hace cinco años, acá estaba el obispo Elmer Miani. Este hombre había hecho un documento sobre la preocupación que tenía sobre el tema minero y parece que molestó bastante. Había abierto la mesa de diálogo minero con las instituciones y quería que participara el gobierno, no lo consiguió, y las presiones fueron muy grandes”, explicó Lovera. En ese momento, Miani enfermó gravemente: “era una de las primeras marchas que se iban a hacer, iba a venir Javier Rodríguez Pardo ese día, y pensábamos en suspender esa actividad por respeto al obispo. Hoy, Elmer Miani sigue vivito y coleando pero eso sirvió para cambiarlo y sacarlo de su cargo. Entró en su lugar el actual obispo, Luis Urbanč”, relató el integrante de la asamblea por la vida.
Urbanč fue descripto por un diario digital como un obispo minero por sus buenas relaciones con la minera Bajo La Alumbrera. “El primer día que se hizo cargo, fue a festejar con un almuerzo o cena en La Alumbrera – agregó Lovera –, es un hombre que estuvo alejado siempre de su pueblo, que trataba de minimizar los planteos que hacíamos, nos decía que no matáramos la gallina de los huevos de oro. Incluso un hombre que no siguió los preceptos que estableció el mismo Papa en todas las declaraciones, cuando hablaba de cuidar la madre tierra, de que las industrias extractivas pensaban más en el dinero que en las personas. Acá en Catamarca no se siguió ese rumbo. Incluso cuando hubo una declaración de los obispos del NOA fue muy blanda, un poco ambigua en sus planteos; mientras veíamos lo que pasaba por ejemplo con los obispos del sur o con el tema del cura en Famatina, que planteaba y salía de frente a defender a su comunidad. Acá la iglesia estuvo bastante alejada, y los pocos que hablaban eran trasladados, castigados o mandados a pueblos donde prácticamente no había gente. Un día hablando con un cura de bastante antigüedad, le pregunté qué pasó con nuestro amigo (Miani) y me contestó `por jetón lo mandaron al cerro a que hablara con las chivas`. Esa es una respuesta a lo que no hace la iglesia, que tendría que estar al lado del pueblo pensando en la necesidad social y en la búsqueda del diálogo que debe tener cada comunidad”.
Como reflexión final, no sólo de la entrevista sino también del año, Roberto Lovera de la Asamblea de Tinogasta por la Vida afirmó: “Que tengamos un mejor año, que Dios ilumine el camino de toda esta gente que está tratando de desarmar este país, a ver si le echa un poco de luz en su cerebro, y un poco de blandura en su corazón para que piensen que están gobernando un pueblo y no que están administrando una caja de dinero”.

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