29 dic. 2012


(Por La Retaguardia) Rodolfo Livingston, creador del método “arquitectos de familia” e integrante del espacio de reflexión PropAmba, opinó sobre la agobiante vida cotidiana en las grandes ciudades, y  la necesidad de pensar a las urbes desde un lugar más integral. La medida del gobierno porteño de sumar nuevas líneas de Metrobus, los planes de vivienda implementados por el Ejecutivo nacional, la falta de un análisis integral de lo que sucede con el espacio público en la CABA.

Para el arquitecto Rodolfo Livingston generalmente los temas relacionados a las grandes ciudades se encaran desde dos perspectivas que no son las correctas. Una, positivista, donde todo está referido a los números: cuántas viviendas se van a hacer, a cuántos pasajeros va a transformar el Metrobus, cuánto trabajo dará el plan Procrear. El otro aspecto tiene que ver con el mundo de los especialistas: “si es un problema de tránsito van los especialistas en tránsito y se encierran en una cajita con números”.
“Vamos a compararlo”, propone Livingston durante el diálogo con La Retaguardia: “en arquitectura sería reformas de casas, que es lo que más ocurre; falta un cuarto para la hija que acaba de nacer y no puede ya vivir con el hermanito, entonces llaman primero a un albañil porque no hay arquitectos especializados en eso, y ven dónde ponen la habitación, en la terraza, acá, allá. Está mal planteada la pregunta, porque una casa puede crecer sin crecer. Hay que replantear el uso de otros espacios y muchas veces aparece el cuarto nuevo sin agregar otros metros. En medicina sería si me duele el tobillo vamos a ver a un especialista en tobillo, no es que esté mal el especialista, es un auxiliar, pero un médico o kinesiólogo integral le dice al paciente que se pare. Recuerdo una vez que yo me arremangaba el pantalón para mostrar el tobillo y el médico me dijo que me pare, me tocó un hombro, el otro, y me dijo que yo me paraba mal. El tema no era el tobillo, y eso pasa a cada rato en medicina, por eso un buen médico es un médico integral. Y en arquitectura, el Metrobus es un pedacito de ciudad, ¡qué ganamos haciendo un trayecto más rápido para los pasajeros de transporte público en un pedacito de ciudad que empieza en Constitución y termina en Retiro, si después hay un embudo? No se ve la integralidad del problema. Entonces la única forma de pensar el transporte es tomando todo el cuerpo, así como en medicina el cuerpo es el cuerpo humano, más la familia, la casa, el trabajo”.
En este sentido, Livingston afirma que más allá de la ayuda puntual que podrá traer una nueva línea de Metrobus a la Ciudad de Buenos Aires, es necesario ver y analizar todo el transporte porteño: “es como la circulación de la sangre en el cuerpo humano, hay que ver todo el sistema, incluso la causa puede no estar en la sangre, sino en que funciona mal el riñón. Entonces, cómo es la ciudad. Primero, no termina en General Paz, para mí es un error el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires porque es un pedacito, si uno mira el mapa con el Gran Buenos Aires que es la verdadera ciudad, hay 21 intendentes, 21 pedacitos, y uno de ellos es la que está en la General Paz. Pero la ciudad es una cosa mucho más grande, y hay que estudiarla entera y no por temas separados, el transporte por un lado, la basura por el otro, no, está todo ligado. Transporte, basura, terrenos, parque, ubicación de predios de viviendas, producción porque puede haber tambos en ciertos lugares, está todo ligado y hace falta un pensamiento integral”, explica.
Livingston es el creador de la especialidad “Arquitectos de Familia”, un sistema de diseño participativo, que consiste en poner la arquitectura al servicio de la gente, ofreciendo soluciones reales (económicas y creativas) a los problemas de las personas con sus viviendas, ayudándolas a vivir mejor en sus casas. Se escuchan sus ideas para potenciarlas y ofrecer arreglos superadores, en base a los deseos y necesidades de los clientes.
Además, desde hace un tiempo, participa del espacio de reflexión PropAmba, que reúne por un lado a especialistas y también a muchas personas que no lo son y a las que “se les ocurren ideas maravillosas”: “si uno revisa la lista de inventos en la humanidad, muchos no los hacen los especialistas. Nos reunimos en la Biblioteca Nacional y pretendemos formar una estructura que le dé apoyo al gobierno para pensar estos temas. Estamos haciendo aportes”, señala el arquitecto.
En relación a los recientes acuerdos entre el PRO y el kirchnerismo en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires para llevar adelante diversos proyectos y negocios inmobiliarios, sobre todo en el sur del distrito, Livingston cita a un arquitecto norteamericano a quien le preguntaron qué era para él el espacio de la ciudad y respondió: “un lugar para hacer negocios”. Livingston destaca que para los humanos, incluso en civilizaciones anteriores, el espacio implica mucho más que eso: “es la Pachamama por ejemplo, es Dios, hay un poema de indios que dice ´pero cómo se va a vender la tierra, ¡caso se puede vender el cielo, el aire, las nubes, las lluvias?´. Eran mucho más inteligentes que nosotros, porque la soberanía nacional no es solamente la frontera: es la vereda, los terrenos; no puede ser que sean tan caros todos los terrenos y que queden afuera de la posibilidad de comprar terrenos, y no creo que sea solo en Buenos Aires sino en todas las ciudades, no solamente la gente pobre sino gran parte de la clase media. Es un lujo. El gobierno debería disponer no solamente de terrenos vacíos, sino de edificios inútiles, deshabitados, edificios de la gente que muere y no deja herederos, si se hace un inventario de todo eso es muchísimo lo que se puede hacer por la vivienda desde el punto de vista social. Abandonar el tema de la vivienda al mercado sería como abandonar la medicina y la salud al mercado, cosa que hacen países como Estados Unidos, donde hay operaciones que cuestan ciento cincuenta mil dólares y hay que gente que se muere porque no se puede operar. Hay cosas que no pueden estar en el negocio, y cuando el Estado se retira ese lugar lo ocupa el mercado y al mercado no le interesan las personas. Lo dijo el propio (empresario George) Soros: el mercado es amoral”.
En cuanto a los planes de vivienda social que lanzó a lo largo de este año el gobierno nacional, Livingston manifiesta que en líneas generales le parecen correctos: “hay créditos que salen justamente del mercado, con intereses más bajos, se pretende incluir a gran parte de la clase media, que es casi todo el país, me parece también que es casi una intención social como casi todo lo que proviene del gobierno de Cristina . Van para el buen camino, ahora lo mismo en vivienda pasa una cosa, dicen cuántas, eso no es una pavada, pero no existe la palabra cómo: cómo son las viviendas sociales, cómo han sido siempre, casitas en fila con el mismo tanquecito de agua o monoblocks, que si uno pasa seis meses después la gente los ha transformado, le ha construido techos arriba, les ha levantado cercos, se las ha ingeniado para poner el auto. Nunca se prevé el auto, se cree que los pobres no tienen auto. No puede ser que se repita ese paradigma de viviendas para los pobres que son todas igualitas, como si los únicos que tienen derecho a individualizar sus casas son la clase media un poco más alta. Eso hay que cambiarlo. Yo voy a hacer el esfuerzo para llegar a la cúspide del gobierno y plantear esto, porque a mí me gustaría que este gobierno sea reconocido porque hizo más viviendas, porque está interesado en este tema y no solo en el mercado, y por cómo quedaron esas viviendas”.

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