5 feb. 2013



(Por La Retaguardia) A partir de la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), realizada en Chile a fines de enero, en la que se resolvió que la presidencia pro-tempore quede a cargo de Cuba, Atilio Borón concedió una larga entrevista a Alfredo Grande para su programa radial Sueños Posibles. Allí hablaron sobre la situación latinoamericana. También acerca del uso que se hace por parte de algunos gobiernos nacionales de su política exterior, y sobre la realidad de Brasil y Haití.





“La reafirmación de la Celac es un hecho muy importante -reflexionó Atilio Borón-, es un bebé recién nacido que hay que alimentar, cuidar y proteger. Que sea nada menos que Cuba el país que ejerce la presidencia es una tremenda derrota para Estados Unidos, que siempre apostó todas sus cartas a aislarla, a tenerla fuera del sistema interamericano y de las relaciones con los países del área. Al mismo tiempo, hay que ser concientes de que Estados Unidos está desplegando una estrategia muy fuerte, que tiende a introducir en la Celac una cuña a partir de lo que ellos llaman la `alianza del pacífico`, es decir, un grupo de países capitaneados por Chile, México y Colombia que son peones y ejecutores de las políticas imperiales en la región y que van a tratar de desnaturalizar este proyecto”.
Borón explicó que, de todos modos, el objetivo de la Celac es transformarse en “una especie de OEA alternativa, sin Estados Unidos, ni Canadá, ya que existe una clara incompatibilidad de intereses”. “La enorme mayoría de los países de América Latina no tiene intereses comunes en este momento con Estados Unidos, sino más bien disputas comerciales, problemas con la inmigración. Existe un hecho significativo que es que hay tratados de libre comercio. Perú, Colombia y Chile los tienen con Estados Unidos, como así también Centroamérica y República Dominicana. Pero ninguno de esos países puede garantizar que los nacionales se desplacen a los Estados Unidos y no sean sometidos a un régimen de controles y limitaciones bastante marcado”.
En este sentido, Borón señaló que la expectativa es que la Celac vaya constituyendo lentamente una red de agencias, grupos de trabajo y proyectos concretos mediante los que se pueda establecer un régimen de producción de iniciativas y esquemas de acción que en este momento no existe: “la Celac hoy por hoy es apenas un foro en el que se reúnen los presidentes de América Latina y nada más. Se trata de que se convierta en una institución capaz de generar políticas. Ese es el gran objetivo y el gran proyecto que tiene en sus manos el presidente de Cuba, Raúl Castro”, afirmó el politólogo en Sueños Posibles.
Para Borón, quien podría y debería llevar la voz cantante en el proceso de integración de la Celac es Brasil, pero consideró que esto no ocurre por su política ambigua y un histórico factor de arrastre que no siempre se tiene en cuenta: “Brasil fue el último país en abolir la esclavitud a nivel mundial, fue recién en 1889, un siglo después de la Revolución Francesa, más de 20 años después de abolir la esclavitud en Estados Unidos. Es el peso de una tradición muy reaccionaria y conservadora. Con ella se derrumbó el imperio brasileño y empezó lo que ellos llaman ´la República Vieja´. Hay una tradición conservadora muy fuerte en Brasil que hace que en el marco de la Celac actúen de una manera que por momentos podría definirse como ambigua. Sería de esperar que esto se resolviese de manera más enérgica a favor de los proyectos de integración, pero esto genera muchas dudas en la cúpula militar de Brasil, que tiene una dependencia tecnológica muy fuerte en relación con las fuerzas armadas de los Estados Unidos y eso hace que no quieran estirar un poco la cuerda en la relación con el país del norte”.
En este sentido, Borón señaló que Brasil, al igual que Argentina, Chile y hasta Bolivia, tiene fuerzas de ocupación en Haití, lo que calificó como un problema muy serio, que no está resuelto incluso hacia el interior del propio Haití: “hay gente en Haití que tiene un pensamiento progresista, amplio, de avanzada, que dice que las fuerzas de ocupación se tienen que quedar ahí. Y hay otra gente que la ve justamente como una fuerza de ocupación. Yo tiendo a verlo de esa manera, pero hay que reconocer que algunos compañeros haitianos tienen una visión diferente del tema”.
Al respecto, el politólogo agregó que “en general toda la política exterior de los países, incluyendo los más grandes, refleja de alguna manera la política interior. Tiene que ver con la correlación de fuerzas, con los conflictos, con las situaciones específicas locales. Argentina no es la excepción, lo que tiene es un discurso que por una parte parece muy orientado a satisfacer un debate y una polémica interna, en donde el posicionamiento internacional responde de alguna manera a los equilibrios que tiene que buscar el país en el contexto mundial, pero también responde en gran medida a necesidades de carácter doméstico. Hay determinantes domésticos que influyen muy fuertemente en la formulación de la política internacional. El problema es cuando te quedás en los gestos, en la retórica y en el relato, y me parece que en ciertos momentos en Argentina se ve una retórica muy encendida, pero no demasiada correspondencia con proyectos concretos. Por ejemplo, creo que la Argentina tendría que pasar de hacer una solidaridad hacia Cuba, a decir 'ya cancelamos la deuda que tienen los cubanos con nosotros desde los años 80'. Me parece que sería un gesto que le daría más profundidad a los discursos que tienen nuestros gobernantes en esa materia”.



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