14 feb. 2013

Leonardo Andrada, el testigo asesinado
(Por La Retaguardia) A pocas semanas de cumplirse el primer aniversario de la masacre de Once, fue asesinado el testigo Leonardo Andrada. Se trata del maquinista que condujo la formación hasta la estación Castelar. Allí se la entregó a Marcos Córdoba, quien manejó hasta la cabecera del ex ferrocarril Sarmiento, donde el tren chocó contra uno de los paragolpes provocando la muerte de 52 personas y más de 700 resultaron heridas. Las primeras versiones hablaban de robo, pero la situación varió cuando se confirmó que a la víctima solo le faltaba el celular. Dialogamos con el fundador del Movimiento Nacional por la Recuperación de Ferrocarriles Argentinos (Monarefa), Juan Carlos Cena, quien conocía a Andrada justamente desde los comienzos del movimiento: “han matado a un trabajador, a un hombre honesto”, aseguró.

Cena afirmó que los ferroviarios están convencidos de que a Andrada lo asesinaron y criticó la “tibieza de algunos dirigentes que dijeron que hay que investigar porque puede ser un robo”, indicó con dureza. “Nadie te roba nada más el telefonito que es la agenda de cada uno, no le roban el dinero, ni la mochila, le pegan cuatro tiros. Creemos que esto se tiene que investigar, los compañeros están todavía consternados, los mayores ya hemos salido porque venimos de varias muertes anteriores, nosotros tenemos 111 desaparecidos de la dictadura militar”, declaró a La Retaguardia.
Leonardo Andrada era un testigo muy importante en la causa por la masacre de Once, ya que fue quien el 22 de febrero a la mañana le entregó el tren a Marcos Córdoba: “le avisa que el freno estaba largo, son códigos del ferrocarril que se van trasladando de uno a uno entre los maquinistas de forma oral. Acá no ocurre nada por casualidad. Su testimonio es fundamental. El tiro en la nuca a Andrada es para que nos callemos la boca y no digamos más nada, hay miles de millones de pesos en juego, y les sale dos mangos alquilar a un sicario desocupado”, denunció Cena.
El histórico ferroviario aclaró además que Marcos Córdoba no tiene la culpa de lo sucedido en la Estación Once: “es un maquinista nuevo y los trenes están cada día más desastrosos. Esa formación venía con 2500 pasajeros, sobrecargada,. Se llama freno largo porque tenés que frenar con muchísima anticipación y aunque tengas todos los compresores no es fácil frenar, ¿y por qué toman el tren en esas condiciones?, porque están apretados por la empresa y el propio sindicato que no los ampara. Cuando sale cada tren se firma un papel que dice que está en condiciones de andar, y a veces obligaban a los trabajadores a firmarlo amenazándolos con despidos. Hay mecánicos del taller de Castelar que han sido suspendidos. Todos sabíamos las condiciones en las que estaban los trenes. Lo de Once podría haber ocurrido el día anterior o el posterior. La obsolescencia del material, la falta de conservación, el estado de las vías, los compresores, el sistema de freno que es bastante complejo, esto estaba totalmente deteriorado. Los derechos humanos no se aplicaban en esta parte, porque lo manejaba Cirigliano”. La familia Cirigliano era la por entonces concesionaria del ex Ferrocarril Sarmiento, y actualmente los hermanos Mario y Claudio están acusados, en el marco de la causa por la masacre de Once, por los delitos de "estrago culposo" y "defraudación a la administración pública".
Juan Carlos Cena conocía a Leonardo Andrada desde los inicios del Monarefa. Lo describió como un compañero sencillo, honesto, solidario, muy querido por todos y también como un maquinista experimentado: “trabajaba hace muchos años, pasó por la escuela de capacitación que tenía en su momento La Fraternidad. Él pasó por la mesa de exámenes para ser conductor, que era muy dura, porque los viejos ferroviarios en el transporte de pasajeros eran muy exigentes. A Andrada lo dejaron cesante porque participó de la huelga contra el desguace de los ferrocarriles en 1991 y 1992 en épocas de Menem, cuando todos aplaudían las privatizaciones y el nuevo mundo que venía, que era que todo lo privado era mejor y que el vaso de la abundancia se iba a derramar. La soledad de los ferroviarios fue muy grande, no sólo de parte de la sociedad, sino también de los intelectuales que desde arriba te dan cátedra de cómo te tenés que comportar pero a quienes nunca vi en una marcha. Estos compañeros fueron los que lucharon por fuera de la burocracia sindical, se mandaron un paro de cuarenta y cinco días, y tenían 25, 26 años cada uno, eran muy jóvenes, yo era secretario del personal técnico y ningún sindicato apoyó ese paro. Fuimos derrotados y ahí Menem echó a ochenta y cinco mil trabajadores. Los primeros eran técnicos que venían de estudiar en el extranjero, ingenieros, profesionales, y lo mejor de La Fraternidad. Después de mucho tiempo, los concesionarios se dieron cuenta que el personal que tenían no era el idóneo y TBA los volvió a convocar. Miraron el expediente y ni siquiera les tomaron examen, les hicieron un estudio psicotécnico para ver cómo estaban y entraron de vuelta, esto fue en 1994 y 1995. Él es uno de los que entró en estas circunstancias, y lo primero que hizo fue avisarle a la jefatura que estaban mal hechos los diagramas”, recordó Cena en diálogo con La Retaguardia.
Para Cena, Andrada era de esos tipos imprescindibles: “no tenías que prescindir de él bajo ningún punto porque era necesario. Antes de que vos necesitaras algo, él ya te estaba ayudando. Y siempre fue solidario con otro grupo de compañeros que quedó afuera, a quienes les estuvieron pasando la vianda todos los meses, hacían una colecta mensual para todos los cesantes que no pudieron conseguir trabajo, porque para los ferroviarios maquinistas este el único trabajo que se puede tener”.
Cena se mostró muy crítico no solo con la falta de compromiso de los sindicatos ferroviarios ante lo sucedido con Andrada, sino también con el silencio de los dirigentes políticos: “no conozco ningún discurso opositor que haya hablado del asesinato del compañero. Todo el mundo está callado, estamos muy preocupados por las elecciones. Creo que tenemos que reflexionar mucho la muerte de este compañero, de Mariano (Ferreyra), y no podemos aprovechar sus muertes para levantarlas como una bandera político partidaria. Han muerto compañeros del pueblo, uno que defendía los ferrocarriles y otro que era ferroviario”, agregó, refiriéndose también al joven militante del Partido Obrero, que fue asesinado por una patota sindical ferroviaria mientras participaba de una movilización contra la tercerización laboral en el ferrocarril.
Respecto a cuál sería al menos el principio de solución ante el actual colapso del sistema ferroviario, Cena reflexionó: “todos los ferrocarriles del mundo son estatales, en los países capitalistas centrales también. Cuando Margaret Thatcher hizo lo mismo que acá, vino Tony Blair, que no es peronista, ni radical, ni socialista, ni kirchnerista, se encontró con un estado de situación de los ferrocarriles como el que tenemos nosotros y los volvió a hacer estatales. Recuperar acá los ferrocarriles para el Estado, para que los maneje De Vido, Jaime y todos esos, no tiene sentido, la recuperación de los ferrocarriles tiene que estar enmarcada en un verdadero proyecto de país, y yo no estoy pidiendo que hagamos socialismo, estoy pidiendo que seamos un país capitalista serio, y lo digo siendo de izquierda, o que tengamos reflejo de resolución como los brasileros. Ellos están probando su primer tren de alta velocidad, fabricado por ellos, y están probando el primer tren de levitación magnética, que es un tren que va elevado sobre los rieles. Cuando un país como Brasil, que lo tenemos acá al costado, está recuperando los rieles, Venezuela está haciendo los nuevos ramales con los técnicos nuestros, lo mismo que Ecuador o Bolivia, lo mismo que los ferrocarriles chilenos que están siendo renovados, y el gobierno no es de izquierda. Tenés que tener un proyecto de país o una política de Estado para las cuestiones nacionales como son la comunicación, el transporte, la minería, el combustible. No podés ser una pajita en este inmenso mar de soja”, finalizó Cena, entre indignado y escéptico.


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