11 feb. 2013

(Por La Retaguardia) El 5 de febrero de 1996, Marcela Iglesias, de 6 años, fue con la colonia del Club Banco Hipotecario a excursión por distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires. Uno de ellos fue el Paseo de la Infanta, ubicado dentro del Parque Tres de Febrero en Palermo. Mientras esperaba para ingresar a los juegos, Marcela caminaba junto a dos nenas por una vereda interna del Paseo cercana a la Galería Der Brücke, cuando una de las esculturas que estaban allí en exposición, de casi trescientos kilos, cayó sobre ella. Marcela murió en el acto y las otras niñas resultaron heridas. 17 años después, sus padres continúan reclamando que cada uno de los responsables sea llevado a juicio. Dialogamos con Nora Ribaudo, la mamá de Marcela, quien relató su difícil y larga lucha contra la corrupción y la indiferencia institucional, para que la muerte de su hija no quede impune.

Los papás de Marcela, Eduardo y Nora, tienen muy en claro quiénes son los responsables de la muerte de su hija: Diana Lía González de Lowenstein, dueña de la galería Der Brücke, el escultor Danilo Danzinger, y los inspectores municipales Héctor Torea (director de la Policía Municipal), Antonio Mazzitelli (director de Inspecciones de Rutina) y Juan Carlos Favale (jefe de la Zona Tres de la Policía Municipal).
También saben quiénes los apoyaron y fueron solidarios desde el primer día, como así también quiénes se han encargado en estos 17 años de que el caso continúe impune.
“Siempre estuvimos acompañados por la Asociación de Amigos del Lago de Palermo, por la Asociación Madres del Dolor de la que formo parte, de la Comunidad del Niño Jesús y de una cantidad de otros familiares de víctimas”, aseguró Nora Ribaudo, en diálogo con Sueños Posibles. “Si bien uno dice que los familiares sufrimos dos veces, primero por el hecho de perder a nuestro ser querido, y después por no recibir justicia, siempre la sociedad en general y el periodismo han estado apoyándonos, preguntándonos. Yo como Madre del Dolor a veces voy a algunos lugares y me presento, digo que soy Nora, la mamá de Marcela que murió cuando se cayó una escultura, y todas las personas saben de qué se trata y recuerdan el caso, y siempre me preguntan por qué no hubo justicia por Marcela teniendo a todos los culpables y todo resuelto, pero cuando hay corrupción e impunidad es muy difícil luchar contra todas esas personas que tienen poder económico y político”, explicó.
Apenas ocurrió la muerte de Marcela, la Asociación de Amigos del Lago de Palermo declaró que el desprendimiento de la escultura era apenas un síntoma de todas las irregularidades que se venían cometiendo en el Parque Tres de Febrero desde la dictadura militar. Afirmaron que este espacio público había sido apropiado hacía años para fines comerciales, y denunciaron la falta de habilitación de los locales y el negocio que resultaba, ya en tiempos de democracia, la asociación de empresarios y funcionarios municipales.
Los distintos responsables de la muerte de la niña fueron presentando a lo largo de la causa más de cien apelaciones y recusaciones, que fueron aceptadas rigurosamente por la jueza Susana Noceti de Angeleri.
En febrero de 2005 se promulgó la ley 25.990, que modificaba las condiciones de prescripción en las causas penales, acortando los tiempos: “la jueza en una semana dijo que prescribió la causa, que la muerte de mi hija ya fue. Entonces nosotros la recusamos ante la Cámara de Casación Penal, que votó la prescripción aunque no por unanimidad. Pero como eran dos votos en contra y uno a favor, nos obligaban a pagar las costas, que después no pagamos”, relató Ribaudo.
“Fuimos a la Corte Suprema – continuó – pero como ya había una prescripción ni se preocuparon  por verificar, optaron por una fórmula del artículo 280 del Código que dice que la muerte de mi hija, según ellos, es insustancial y carente de trascendencia. Esto fue a fines de 2007 y los únicos que votaron a favor nuestro fueron el doctor Ricardo Lorenzetti y el entonces procurador Esteban Righi, que decían que los padres tenemos la necesidad de saber qué es lo que pasó con nuestros hijos. En 2008, fuimos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), eso lleva mucho tiempo y todavía la presentación está en admisión. Pero mientras vivamos, todos los días vamos a pedir justicia por nuestra hija”.
En este sentido, y mientras avanza la presentación en la CIDH, Eduardo y Nora continúan luchando por su hija intentando despertar de su habitual letargo al poder político: “primero le escribimos una carta al entonces secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi porque estaban cavando debajo de los arcos, para hacer todo este polo gastrónomico, y le dijimos que estaban cerrando el arco número 7, que es un sendero que une dos plazas; no lo pueden cerrar, y encima no pueden hacer construcciones porque es un área de protección histórica. Entre otras cosas, Schiavi nos contestó que el ferrocarril era un negocio y que después se iba a pagar un canon o algo así. Pero después murieron 51 personas en Once y él ya no está más. Nosotros presentamos un amparo junto a los Amigos del Lago de Palermo para que no haya emprendimientos económicos, pero la jueza, que es de capital, nunca fue a hacer una revisión visual de lo que pasaba; pareciera como que no le da importancia. Ellos siguen construyendo como si el lugar fuera de ellos, y es una usurpación VIP: no pagan impuestos, subalquilan a un montón de otras personas. También fuimos a ver al ministro (de Ambiente y Espacio Público porteño, Diego) Santilli porque nos había prometido que le iba a poner el nombre de Marcela en las paredes del terraplén de ambos lados y también en la entrada del arco 7 donde hay un jacarandá que plantamos en nombre de Marcela. Nos lo prometió pero nunca lo hizo. Otra vez dijo que quería hablar con nosotros, pero cada vez que llama mi esposo, nunca está disponible. Los carteles que pusimos lo hicimos por iniciativa propia”, expresó Nora.
Actualmente, las veredas, las terrazas y los senderos del ex Paseo de la Infanta llevan el nombre de Marcela Brenda Iglesias. Lo votó por unanimidad la Legislatura de la Ciudad a través de la Ley 2366 en julio de 2007. Pero la empresa Panter SRL, la misma que tenía la concesión cuando Marcela murió, está nuevamente actuando en el lugar: “cuando uno escucha estas cosas, sabe que son resultados de negocios turbios. Cuando hay poder económico y político la justicia es esquiva. Si hubiera justicia, la gente no actuaría como que ya pasó o fue un accidente, pero no fue un accidente, tiene que haber verificaciones, no puede ser que sigan muriendo un montón de personas. La corrupción mata y la impunidad tapa”, afirmó Ribaudo.
En diálogo con el programa conducido por Alfredo Grande, y en compañía de su esposo Eduardo, Nora Ribaudo recordó y describió a su hija: “a veces nosotros decimos que hoy Marcela tendría 23 años cumplidos, y que de haber seguido con vida hoy estaría con nosotros elevando el reclamo de justicia con su propia voz, porque siendo una persona tan chiquita ya tenía su sed de justicia, su amor por el semejante. Con solo seis años estaba siempre pensando en proteger la naturaleza en general, a los animales no había que comerlos porque para eso los tenían que matar, se preocupaba por los pingüinos que en esa época había problemas con el petróleo, por ejemplo la maestra le había escrito en el cuaderno que ella llevaba armonía cuando había diferencias entre los compañeros, y al mismo tiempo era defensora de sus propios espacios. Entonces nosotros pensábamos que si ella viviera estaría junto a nosotros, compartiendo con esa dulzura que tenía y ese amor por la vida, estaría reclamando ahora por los espacios públicos, para que sirvan de esparcimiento y no para grandes negociados”. Una vida que, definitivamente, a los funcionarios y empresarios involucrados no les interesa.

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