1 mar. 2013

(Por La Retaguardia) En el mundo hay sesenta y cinco museos de la mujer. Uno de ellos se encuentra en la Ciudad de Buenos Aires, en el Pasaje Rivarola 147. Dialogamos con su directora, Graciela Tejero Coni, sobre los objetivos y actividades que allí se realizan, su historia, y la larga pelea por conseguir una sede definitiva.

“Hay museos que incluso en su nomenclatura, en su nombre dicen museo del hombre, suponiendo que en el ‘hombre’ está incluida también la mujer, pero no es así. Las mujeres a lo largo de los años hemos tenido una historia personal, particular, que no es igual a la del hombre. Las opresiones que hemos vivido, las relaciones entre hombres y mujeres han sido diferentes a lo largo de la historia, y de alguna manera esto es lo que está necesitando encontrar como reflejo la mujer en un espacio especial, particular, y ese espacio lo hemos encontrado en sesenta y cinco museos de la mujer en el mundo. Y un poco desde nuestro marco teórico, nada mejor que la propia Virginia Woolf, que escribió ‘La habitación propia’, la necesidad de que las mujeres encuentren un espacio donde esté lo personal reflejado y no solo lo de sus hombres”, explicó Graciela Tejero Coni en diálogo con María Eugenia Otero y Fernando Tebele durante la emisión radial de La Retaguardia.
En el caso de la Argentina, el Museo de la Mujer no es solo un espacio histórico, ni un simple reservorio de objetos de la historia, sino que tiene como formato de museología el centro cultural: “jugamos un poco con el pasado, con el presente y la idea es que de alguna manera ese espacio nos ayude a las mujeres a encontrar un lugar de reflexión para las luchas que tenemos todavía pendientes y que nos llevarán tanto como diez mil años que fue lo que nos llevó nuestra situación de opresión social”, contó su directora.
Desde 2011, el museo funciona en pleno centro porteño, en el Pasaje Rivarola 147, pero no se trata de la sede definitiva. “En 2007 presentamos un proyecto - relató Tejero Coni - en el que pedíamos que el museo estuviera en la ex cárcel de mujeres, ubicada en Humberto Primo y Defensa, y que funcionó como tal hasta el año 1978 cuando la dictadura trasladó al actual penal de Ezeiza. Es un edificio emblemático en la Ciudad de Buenos Aires porque es el segundo más antiguo que fue construido por los jesuitas en el siglo XVIII, y que tiene precisamente más de doscientos años de vida de mujeres, porque fue un lugar de encierro de meretrices. Allí se traían muchas mujeres indígenas para prepararlas para que trabajaran en la casa de las familias españolas, fue un lugar de hospicio, y después, avanzado el siglo XX, cuando ya pasó a manos de la orden del buen pastor, las monjas de la congregación tuvieron la administración no solo de la cárcel de aquí de Buenos Aires sino de otras de América Latina y lugares de Europa también. Funcionó como cárcel de mujeres durante los últimos setenta años. Ese edificio hoy está funcionando como Escuela Superior de Penitenciaria, y depende del Ministerio de Justicia”.
La iniciativa fue acompañada por la mayoría de las legisladoras que en ese momento estaban en la Cámara de Diputados. “El edificio abarca toda una manzana, nosotros pedíamos la cesión no del total sino de una parte del predio para la sede definitiva del museo. Se aprobó, incluso con la firma de Jorge Coscia, actual secretario de Cultura, que en ese momento era el presidente de la comisión de Cultura de Diputados, pero no hemos tenido suerte, quedó en manos del Poder Ejecutivo firmar un comodato de cesión para uso exclusivamente, no propiedad, del Museo de la Mujer. El expediente se congeló allí y el Ejecutivo no ha tomado ninguna iniciativa al respecto. Estamos esperanzadas de que en algún momento, a lo largo de la historia que viene,esto suceda, pero por ahora seguimos alquilando nuestra sede en el Pasaje Rivarola, con el esfuerzo de un grupo de mujeres, feministas, profesionales, interesadas en sostener esta iniciativa”, explicó Tejero Coni.
Cuando ella trabajaba en 1989 en la Dirección General de Museos de la Ciudad había presentado el proyecto de creación del Museo de la Mujer, pero no fue tenido en cuenta. Al irse de la por entonces municipalidad, por diferencias políticas, se llevó su propuesta: “lo que pudo haber sido una iniciativa oficial, quedó a lo largo de los años sostenido por el propio movimiento de mujeres y se ha cristalizado en una iniciativa privada. Algo que en un sentido nos alegra porque nos permite la independencia y la autonomía sobre todo de su programación”, relató años después Tejero Coni.
La semana pasada, quedó inaugurado el ciclo de actividades 2013, con la muestra “Mujeres Rebeldes. Género femenino, número plural” del fotoperiodista italiano Nino Oliveri. Se trata de un registro fotográfico relacionado con la lucha de las mujeres de Centroamérica. La exhibición continuará hasta el 7 de marzo, día en que Josefina Torino, pareja de Oliveri, presentará una obra de teatro que acompaña la muestra, cuyo eje es Juana Azurduy: “representa cómo en el reflejo de Juana Azurduy están todas las mujeres, y en ese juego de relación entre la etnia y el género, cómo de alguna manera a lo largo de nuestra historia latinoamericana estas mujeres rebeldes están hoy en pie de lucha”, explicó Tejero Coni.
En tanto, el 9 de marzo se podrá visitar una nueva muestra: “Diosas”, del grupo Patria Ceramista. “Es una investigación que han hecho durante un año doce ceramistas de este taller de cerámica que funciona en Adrogué, sobre figurillas, venus de fertilidad y mujeres con piezas escultóricas primitivas. Van a presentar réplicas de treinta diosas de distintas culturas de América, África y Europa”, detalló la directora del Museo.
El Museo de la Mujer funciona en el Pasaje Rivarola 147, de martes a sábados de 15 a 20. 

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