2 abr. 2013

La fachada de la tradicional esquina porteña
(Por La Retaguardia) Tras la huida de su anterior socio-gerente Sergio Lipovich, el restaurante Alé Alé continúa funcionando gracias a la organización de los trabajadores, que decidieron defender sus fuentes laborales conformando de a poco una cooperativa. Para ello contaron con el apoyo y consejo de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA). Pero emprender este camino no es fácil, el miércoles 27 de marzo recibieron una orden de desalojo que finalmente no se cumplió y aún pelean con el dueño del local, ubicado en Estado de Israel 4500, para que acepte que los trabajadores le paguen un alquiler. Dialogamos con Andrés Toledo, uno de los trabajadores, quien relató lo sucedido en los últimos meses y nos contó la forma en que luchan para que el restaurante siga abriendo sus puertas todos los días.

El inicio del conflicto puede encontrarse hace dos años. En aquel momento el escenario incluía salarios atrasados, aguinaldos en cuotas, y hasta sueldos pagados con vales: “todo el año 2012 nos vimos obligados a firmar los recibos de sueldo por el carnet de la obra social, porque si no teníamos los recibos de sueldo del mes no nos renovaban el carnet, entonces al firmar el recibo si no cobrábamos el sueldo estábamos impedidos de poder reclamar”, explicó Andrés Toledo, uno de los cuarenta trabajadores del Restaurante Alé Alé, gracias a quienes continúa funcionando luego de que el socio-gerente y cara visible de la empresa, Sergio Lipovich, dejara de asistir al local en diciembre pasado. También abandonaron el lugar el personal de administración y los supervisores. Nadie informó nada: “no nos dieron ningún tipo de noticias sea por despido o no despido, no sabíamos qué iba a pasar con la empresa. Los primeros días de enero apareció un supervisor diciendo que la empresa iba a cerrar en cualquier momento, podía ser en uno, dos, cinco días, pero que los cuarenta trabajadores íbamos a quedar en la calle, y no había posibilidad de reincorporarnos en alguna de las otras sucursales”, afirmó Toledo en diálogo con La Retaguardia.
El grupo económico que dirigía Alé Alé S.R.L. tenía otros emprendimientos gastronómicos como La Soleada, Mangiata, Don Battaglia, Los Chanchitos, La Zaranda. Respecto a su situación actual, Toledo especificó: “La Zaranda cerró el año pasado, sin previo aviso dejaron a los cuarenta compañeros sin trabajo. Los demás restaurantes están en la misma situación que nosotros. En cuanto empezamos a gestionar en la empresa pasado un mes, nos empezamos a acercar de a poco a Don Battaglia, donde explicamos en qué situación también estaban ellos, donde empezamos a averiguar a través de Federico Tonarelli y la abogada Ornela que toda la cadena estaba en el mismo riesgo; sin embargo en Mangiata ya había un escrito firmado por Lipovich que decía que en cuanto no haya personal había que bajar las cortinas”. Todos esos lugares se encuentran hoy gestionados por sus trabajadores, salvo La Zaranda.
Federico Tonarelli es miembro de la Cooperativa del Hotel Bauen y una de las primeras personas a las que Toledo acudió en la desesperación de no saber qué hacer: “no sabíamos para dónde correr, sabía que existían las cooperativas pero no sabía cómo y por dónde arrancar, y así llegué a Federico quien me presentó a toda la gente de Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA) y la confianza se iba agrandando y nos dábamos cuenta que en realidad no era una locura formar una cooperativa, que existen, funcionan, son una realidad”.
Hoy los cuarenta trabajadores, mozos, cocineros, ayudante de cocina, cajero, entre otras tareas, llevan adelante el restaurante que atiende tanto al mediodía como a la noche. Y en palabras de Toledo, el lugar funciona mejor que antes: “ahora como que todos somos iguales, todos empezamos a trabajar a conciencia, nadie se toma una gaseosa, todos respetan el horario, todos ponemos ese granito de arena que se necesita para que una empresa salga adelante, cada uno es responsable en su área, vamos a demostrarle a Lipovich, que es el socio gerente, que en realidad Alé Alé siempre funcionó gracias a nosotros, que Lipovich nunca vino a atender la mesa, nunca lavó los platos, fuimos siempre nosotros los que llevamos adelante a la empresa, vamos a demostrarle que en realidad podemos. Con entusiasmo fuimos saliendo adelante y hoy día estamos bien en el sentido de grupo laboral, estamos muy bien organizados porque hay una disciplina, un trabajo y un compañerismo acá que es impresionante. Nuestro único problema hoy por hoy es que el dueño del local no nos lo quiere alquilar y la verdad que no entiendo por qué, ya que desde nuestra parte ponemos voluntad. Le prometimos que con nosotros sí iba a cobrar, con Sergio Lipovich no cobraba y le debe ocho meses de alquiler, y a nosotros no nos quiere dar una oportunidad. La única razón que nos dio sobre por qué no nos quiere alquilar es que supuestamente el local lo tiene señado, que lo quiere vender para construir un edificio, y que no nos va a alquilar porque no cree en nosotros”.
En cuanto a la relación con los clientes, Toledo explicó a La Retaguardia que al principio no les decían nada porque estaban atemorizados y no sabían qué hacer, pero de a poco se fueron animando a contarles que eran una cooperativa, y la clientela lo aceptó muy bien. Hoy hay personas que van a comer dos o tres veces por semana como muestra de apoyo. “Acá llegamos a un acuerdo – aseguró Toledo –, ganamos todos por partes iguales, hoy por ejemplo tenemos todo el salón lleno, está todo reservado. Sí hay una diferencia del 20 por ciento en cuanto a la cantidad de gente porque solamente estamos trabajando con efectivo, la parte de tarjeta no entra y es como un problema para nosotros, hasta que formemos bien la cooperativa no podemos usar tarjetas”.
El miércoles 27 de marzo por la mañana, los trabajadores de Alé Alé tenían una orden de desalojo que finalmente se detuvo, pero ya adelantaron que armarán una estrategia por si la situación se concreta las próximas semanas: “lo importante acá es que tenemos el apoyo de diputados nacionales, de FACTA. Y yo pediría a todos que nos apoyen y que si alguna vez el juez llega a dar la orden de reprimir o de sacarnos a la fuerza que por favor vengan y nos den una mano”, pidió Toledo.
Otra forma de dar una mano es justamente yendo a comer al restaurante ubicado en Estado de Israel 4500, en la esquina de Jufré. Allí se podrán encontrar veinticinco variedades de ensaladas, parrilla, pasta, pescado y, según afirmó Toledo, un muy buen ambiente donde se la pasa bien y, por sobre todas las cosas, se come muy rico.


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