8 may. 2013

foto: qoomih-qom.blogspot.com.ar
(Por La Retaguardia) Tras una nueva agresión contra un integrante de su familia, en este caso su hijo Abelardo, quien fue brutalmente golpeado el fin de semana pasado, el Qarashe de la comunidad La Primavera de la etnia qom está destrozado. Se nota en su voz y en cómo relata las duras vivencias de los últimos tiempos. Agradecido por el apoyo recibido desde afuera, pide un mayor acompañamiento de parte de su propia comunidad, por lo que dejará a su consideración si quieren que siga siendo su líder, en una asamblea que se realizará este sábado 11 de mayo, a las 12. Dialogamos largamente con Félix Díaz sobre sus sensaciones y dolores, también sobre su lucha y la de toda la comunidad La Primavera en estos más de diez años en los que el gobierno provincial insistió en despojarlos de sus tierras.

Félix Díaz dijo sentirse más tranquilo porque su hijo ya está en su casa, tras haber recibido el alta luego de la violenta golpiza. No es la primera vez que ocurre como tampoco es la primera vez que funcionarios provinciales describen lo sucedido “como un hecho social vinculado al consumo de alcohol”. “Nosotros estamos atribuyéndoselo al gobierno de la provincia que genera esta interna, porque está financiando actividades políticas contra mí, y no quiere aceptarlo porque sabe que están haciendo muy mal. Le está saliendo muy caro lo que hace porque tenemos muchas pruebas para demostrar eso. Hay punteros políticos indígenas que están metidos en este lío”, retrucó Díaz en diálogo con La Retaguardia.
Díaz está cansado y dolorido, siente que está dando su vida por esta causa que es de todo el pueblo originario, que está pasando todo tipo de necesidades y sufriendo además una enorme presión de parte de su comunidad: “la firma de los pastores fue un golpe muy bajo que me tiró al suelo, y después el hecho de que mi hijo casi se muere, entonces qué confianza puedo tener a mi gente si ellos no me respaldan, para qué seguir esta lucha, me voy a estar muriendo de hambre y sacrificándome por el bien de todos. Por esa razón yo dejo a consideración de la comunidad, si ellos quieren que yo siga como su líder. Que se organicen, se manifiesten y me respalden, que no me dejen solo y que no maten a mis hijos. Que ellos sean los guardianes porque no tengo el respaldo de la justicia, de ningún gobierno. La única esperanza que tengo son mis hermanos, si ellos no me acompañan es muy peligroso para mí. No tengo recursos, a veces ni siquiera tengo yerba para tomar mate. Estoy sacrificando a mí familia por algo que nos corresponde a todos. Estoy muy destrozado porque no encuentro la salida de esto, porque no es solamente contra la persecución del gobierno, sino que hay otras cosas que a mí me dificultan, el tema de los recursos económicos con los que no cuento. Vivo en un rancho precario que no me da seguridad, si los hermanos no cuidan a mi familia no puedo abandonar a mis hijos porque yo viajo mucho para instalar el tema indígena en cualquier parte, porque quiero que esta lucha sea visible para que nos comprometamos y hagamos algo entre todos para cambiar esta historia, que sea una Argentina para todos, que mis hijos tengan garantizado en el futuro que sus tierras no serán despojadas. Los gobiernos tienen la responsabilidad enorme de garantizar la aplicación de estos derechos constitucionales ya consagrados, que son derechos ganados por los mismos pueblos indígenas. El territorio que estamos ocupando no es por generosidad del Estado sino por la misma lucha de los pueblos indígenas. Y ahora estamos perdiendo por un gobierno que despojó mil trescientas hectáreas como si nada, como si fuera que no vivimos acá, nunca consultó, ni siquiera nos convocó para ver si estábamos de acuerdo. El parque nacional usurpa nuestras tierras, la universidad nacional se instaló con una fuerza policial prohibiendo el ingreso de la comunidad para buscar leña porque nosotros no usamos gas. Nos aíslan, porque nos aplican leyes contrarias a la pauta cultural nuestra”.
En diálogo con La Retaguardia, Díaz contó que su lucha comenzó en el año 2000 como un integrante más de la Comunidad La Primavera preocupado por el intento desde el Estado de quitarles sus tierras: “ahí es cuando aprendí que existe el derecho indígena, y el que más nos influyó a conocer nuestra herramienta jurídica fue Abel González que es el actual ministro de Justicia y Trabajo de Formosa, quien nos enseñó que el derecho indígena no se negocia y que la vida no tiene precio. Era un hombre que era opositor a los gobiernos porque decía que era injusto que los indígenas vivan de esta manera porque nosotros éramos originarios y teníamos derecho a tener respeto, dignidad, y ahora es el peor enemigo de los indígenas, no quiere que nos manejemos autónomamente, que administremos nuestras organizaciones y recursos naturales, nuestro territorio”.
Díaz explicó que en 1984 se creó la ley 426 de Formosa, que es la Ley Integral del Aborigen, y que cuando se reformó la Constitución en 1994 se incorporó el derecho indígena en el artículo 75, inciso 17: “desde ahí nos dimos cuenta de que hay herramientas jurídicas como para poder defender nuestra identidad. Esta ley habla de que las tierras indígenas no se pueden enajenar, transferir, arrendar a otras personas. Las tierras indígenas son inembargables. El gobierno de Formosa viola esa ley porque despojó un territorio que ha sido ancestral a través de un decreto del año ’40, ratificado en 1952, en 1963 y 1967”, agregó el Qarashe.
Los años 2007 y 2008 fueron testigos del recrudecimiento de la lucha qom en defensa de sus tierras, ante el despojo del gobierno formoseño a cargo de Gildo Insfrán. Por esa época, Díaz comenzó a sufrir directamente el castigo oficial por esa pelea. En 2007 fue embestido por un auto verde. Intentó hacer la denuncia en la Comisaría de Laguna Blanca pero los policías le exigían testigos y datos del vehículo para acreditar sus palabras: “yo tampoco entendía cómo hacer una denuncia, muchos de los hermanos creíamos que ya yendo a la comisaría estábamos haciendo una denuncia y la policía lo que nos toma es una exposición. Con el correr del tiempo uno aprende la metodología y la forma de denunciar lo que uno sufre, pero perdimos muchas cosas que no pudimos denunciar porque no sabíamos cómo hacerlo”, recordó Díaz.
Toda la Comunidad La Primavera coincide en que el golpe más fuerte lo recibieron con la brutal represión policial de noviembre de 2010, avalada por el juez de la ciudad de Clorinda, Raúl Mauriño, apoyado por el gobierno provincial. “El comisario general Muñiz – continuó el relato Díaz – daba una orden que decía ‘no le dejen escapar a Félix, mátenlo’. La mayoría de los manifestantes escucharon ese mensaje, y el hermano Roberto López que luego fue asesinado me dijo ‘Félix, escapate hermano, porque si te llegan a agarrar perdemos la lucha. Es mejor que te escapes para que la lucha pueda continuar. Nosotros nos encargaremos de entretener a la policía para que puedas correr a tu casa’. Y yo retrocedí. Fui rodeado por jóvenes para que pudiera alejarme del lugar de la represión. Me escondí en el monte, y nos quemaron nuestras casas, con todas nuestras cosas, ropa, mesa, sillas, bicicletas, DNI, y nos quedamos solo con lo que teníamos puesto. Yo creo que todos estos intentos de eliminarme siempre estaban latentes y no teníamos nunca buena relación con la justicia formoseña, el gobierno, la policía ni ningún organismo provincial”.
El paso siguiente fue trasladar la lucha a la Ciudad de Buenos Aires para visibilizar el reclamo y lo sucedido. Durante cinco meses realizaron un acampe en pleno centro porteño, en Avenida de Mayo y 9 de Julio, un hecho al que calificaron como histórico: “se hizo visible nuestra lucha cuando nos instalamos en la capital  - expresó Díaz a La Retaguardia – y ahí la sociedad nos conoció y muchos de los militantes sociales nos contaron que en historia en la escuela, les decían que los indios pescaban, cazaban, que no tenían ropa, eran salvajes, vagos, asesinos y que ya no existían más. Entonces los jóvenes nos decían que les daba bronca que la escuela les enseñara esa historia. Al hacer visibles nosotros esta existencia, el gobierno de la provincia trabajó para confundir a la ciudadanía, pero ha sido muy fuerte nuestra lucha, y dura también”.
Díaz afirmó que lo que se busca desde el gobierno provincial es dividir a la comunidad para que no tengan fuerza para seguir reclamando la devolución del territorio. Una muestra de esto fueron las elecciones dentro de la comunidad, en la que las autoridades formoseñas acompañaron y financiaron la candidatura de Cristiano Sanabria contra la del propio Díaz.
“El gobierno lo financió, repartió colchones, dinero, mercadería, chapa, obras sociales, pensiones provinciales al instante. Desde la comunidad decían que los dejaran elegir a sus representantes, y desde ahí se trabajó haciendo empadronar a la gente para que puedan participar de la elección en junio de 2011. Y la comunidad me eligió a mí. Yo ni siquiera hice campaña, ni prometí nada e igualmente confiaron en mí porque saben que soy una persona responsable y me considero honesto en esta actividad de liderazgo, y la misma comunidad trabajó para ello. Creo que ese fue el golpe fuerte que se hizo contra el gobierno de la provincia, porque veníamos sufriendo persecuciones, pero el argumento que se usaba era que yo no era líder, no tenía gente y que era un tipo amargado que decía las cosas sin fundamento y que no tenía respaldo. Pero la comunidad demostró su decisión. Sin embargo, el gobierno no quiso reconocer esa elección. A Sanabria le dieron una camioneta 4x4 y a otros indígenas les dieron motos, recursos económicos, y esta vez se metieron con los pastores de la Iglesia Evangélica de acá de la comunidad, están financiando actividades religiosas, y dentro de estas está la presión a los pastores: si pierde el gobierno ellos no van a recibir para la construcción de las iglesias. Entonces los pastores tratan de frenar la lucha, calmar a la gente para que se quede tranquila. Al gobierno de la provincia le dolió muchísimo porque se embarraron los ministros, los diputados, intendentes de la región, trabajaron a favor del candidato oficialista, y no lograron romper la unidad, porque todos están de acuerdo con que el gobierno despojó el territorio en 2007, entonces a partir de ahí no tuvieron entrada a la comunidad y empezaron a usar a la policía, nos reprimían, nos perseguían. Se superó y como no lograron romper la unidad se metieron con los jóvenes. El gobierno usa la necesidad de la gente para poder manipular la voluntad de la comunidad y no lo lograron con los jóvenes. Recientemente, el 20 de abril, se metieron con las iglesias evangélicas y ahí parece que se encontró la debilidad de la gente porque los pastores que están con el gobierno son punteros políticos y uno de ellos es un primo mío que se llama Martín Díaz, que es quien coordinaba la organización Unión de Pastores que fue conformada por un funcionario comercial, que es el administrador del instituto de previsión social, Hugo Arrúa, conjuntamente con su mujer Elizabeth Obregoso”, manifestó el Qarashe a La Retaguardia.
Félix Díaz aseguró que durante este tiempo de lucha ha perdido a dos hijos por falta de asistencia médica, además tiene necesidades económicas, y también problemas con la justicia. Se lo ha imputado por usurpación, resistencia a la autoridad, daños y perjuicios a una propiedad privada, ideólogo intelectual de la muerte de Roberto López y el policía Heber Falcón, y también ideólogo de toda la resistencia del pueblo indígena, en relación a las protestas con cortes de ruta que llevaron adelante: “la verdad que es incómodo vivir esta situación – agregó – y aún tengo la causa penal por usurpación del mismo lugar donde nací, donde mis padres vivieron y están enterrados sus cuerpos en este territorio y aún así me consideran usurpador de estas tierras que han sido ancestrales de nuestra comunidad”.
En la extensa charla que mantuvo con La Retaguardia, Díaz afirmó que recibe mucho respaldo desde afuera, pero aclaró que no es la sociedad la que tiene que definir esta situación, sino sus hermanos. Los necesita para que lo acompañen y cuiden a su familia: “acá está la gendarmería pero no puede intervenir en estos delitos comunes como ellos dicen, tiene que estar la policía y no puede intervenir porque dice que está la medida cautelar de la Comisión Interamericana, entonces se deja esta zona como liberada. El sábado tuve que estar corriendo en medio de la oscuridad buscando a mi hijo. Me desespera porque ya pasó cuando mataron a nuestro sobrino en medio de la comunidad, después mataron a un hermano fuera de la comunidad, no se investigó, se dijo que murió ‘por borracho, por imprudencia’. El gobierno sigue sosteniendo esa idea de que el indígena es un borracho, no nos considera como seres humanos”.
Díaz vive con tristeza lo que está sucediendo en la Comunidad La Primavera. Y esa desolación en su voz recorre las distancias físicas, se mete por nuestros oídos, nos atraviesa el corazón y se convierte en texto.

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