9 may. 2013

(Por Oral y Público) Por primera vez en la Feria Internacional del Libro, la Asociación Por las Huellas del Che cuenta con un stand propio. El presidente honorífico de la asociación, que obtuvo hace pocos días la personería jurídica, es Juan Martín Guevara, el hermano menor de Ernesto, con quien dialogamos sobre sus recuerdos de infancia y adolescencia en Argentina y en Cuba, y sobre el objetivo de “Por las huellas del Che” de comunicar el pensamiento, humanista, político y económico de Ernesto Guevara, de mostrarlo ya no como un mito sino como una persona, ya que “demostrar que el Che sí fue y es humano convence de que es posible que aparezcan otros Che”.

A Ernesto Che Guevara intentaron desaparecerlo de muchas maneras. Primero mutilaron sus manos y lo enterraron por muchos años en Bolivia hasta que fue recuperado por el Equipo Argentino de Antropología Forense y trasladado a Cuba. Pero también se intentó desaparecer su pensamiento, se pretendió ningunear su condición de militante y transformador. Es a partir de esta realidad que surge la Asociación Por las Huellas del Che. Aunque según explicó Juan Martín Guevara a Oral y Público, “la enorme importancia del personaje hizo que este intento de ninguneo no fuera posible, y que poco a poco su figura y pensamiento fueran reapareciendo”.
El principal objetivo de la Asociación es comunicacional: “trasladar el pensamiento pero para que sea realmente utilizado, no como tipo museo – señaló Juan Martín Guevara –, pensamos que si bien Ernesto como Che escribió pocos libros, hubo muchos discursos, entrevistas, artículos que una vez que los vas reuniendo van indicando un camino, un pensamiento. Por ejemplo, en 1965 él ya estaba diciendo que la Unión Soviética volvía al capitalismo; siempre decía que el problema no era solo económico sino humano, volvió a rescatar al Marx joven, al de los Grundrisse. Muchos discutían qué era el individualismo, sin embargo él a través de la práctica concreta de ser ministro volvió sobre este tema, insistió con el trabajo voluntario, con una serie de elementos que hoy día, a la luz de lo que pasó luego, es importante profundizar en ese camino y pensamiento, porque fue transformador y evidentemente si no se logra transformar va a ser difícil lograr lo del hombre nuevo, el socialismo, la libertad, la independencia”.
Guevara aclaró que dentro de la Asociación tampoco falta espacio para la polémica y el debate: “él fue polémico, fue un hombre de debate, crítico y autocrítico. Desde el punto de vista de la familia, mis viejos eran muy distintos uno del otro, sin embargo había cosas que los unían y una era que nadie tenía razón en la familia si efectivamente no la tenía, no era que porque mi viejo era mi viejo tenía razón. Mi casa era un hervidero de discusión, con distintas posiciones, ese tipo de democracia familiar creo que es algo que marca, algo para emular. Yo me acuerdo ya él siendo el Che y yo pibe discutiéndole, nada de ‘comandante’. Esas cosas eran de una herencia familiar”.
Juan Martín es el menor de los cinco hermanos, le llevaba quince años a Ernesto, que era el mayor, a quien lo recuerda como “un tipo muy dicharachero y jodón”. En la charla con Oral y Público, realizada en el stand del Instituto Espacio para la Memoria de la Feria del Libro, Guevara recordó la relación con su hermano Ernesto luego de la Revolución Cubana: “no había una forma de verlo como alguien inalcanzable, al contrario, el otro día estuve mirando una foto de cuando nos encontramos en La Habana, en 1959, y no sé qué era que me estaba diciendo pero era algo de cuando era chico, de alguna maldad que constantemente nos intercambiábamos, pero nos estamos riendo los dos. Además le seguíamos diciendo Ernestito, porque como mi padre se llamaba Ernesto, él seguía siendo Ernestito. Cuando yo me encuentro con él ya como Che, ahí es donde me sorprendo. Era comandante pero era Ernestito, aunque ya no era el mismo Ernestito, era otro. Yo tenía 15 años, llegamos a La Habana el 8 de enero de 1959 casi en el mismo momento en que entraba Fidel. Camilo y el Che eran dos compinches, hay fotos en las que Ernesto está con el sombrero de Camilo, y Camilo con la gorra del Che, dos tipos que se llevaban bien. El batistato (por Batista, a quién derrotó la Revolución) en Cuba había sido una dictadura terrible y había muchos exiliados, entonces pusieron un avión especial para llevar exiliados para Cuba, y Camilo no le dijo nada al Che y mandó a toda la gente que estaba en la Embajada acá y viajamos nosotros también. Y cuando estábamos llegando a La Habana recién ahí Camilo le dijo al Che que estaban llegando sus viejos, y unos hermanos. Yo ya tenía un tiempo de militancia y entendía cosas, de cualquier manera me sorprendí muchísimo con las personas que eran escolta de él, tenían 16, 17 años y eran capitanes del Ejército rebelde. Siempre que nos encontramos con él era tratar de sacarlo de todas las cuestiones en las que andaba y tenerlo nosotros, pero eso ya era una costumbre de antes, toda la vida fue tratar de tenerlo porque siempre estaba viajando, andando, era decir ‘tengámoslo un poco en familia’”.
De la entrevista con Juan Martín Guevara participó, como es habitual en Oral y Público, Víctor Basterra a quien se le consultó qué significó el Che para la generación militante de los años 60' y 70': “yo empecé a activar a los 15, 16 años, y el Che era una especie de referencia en muchos aspectos –relató Basterra–. Pasé gran parte de 1967 con la duda, no podía creer que lo habueran matado. Durante mucho tiempo me acuerdo que iba en el micro e iba pensando ‘no puede ser, no puede ser. Debe ser una maniobra del imperialismo’. Por otro lado analizando toda la trayectoria del Che, por un lado era admirable y por otro era sorprendente por lo menos desde el aspecto del análisis político. Sorpresa porque estaba convencido del foquismo, aunque después fue muy cuestionado. Era un acto muy complejo de sostener, porque nosotros habíamos vivido incluso una experiencia parecida dentro de nuestra organización que eran las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), en 1968 cuando se instala un campamento en Taco Ralo y dura muy poco, pero esa era un poco la expresión de la resistencia que se daba en esos momentos, pero por otro lado era un profundo respeto a ese compromiso y a ese haber abrazado con tanta fuerza y decisión las ideas libertarias”.
Juan Martín Guevara señaló que uno de los grandes objetivos de la Asociación es humanizar al Che Guevara: “después de muchos años he decidido por lo menos  yo en la familia dar testimonio, hablar, contar, humanizarlo, dar cuenta de que era un tipo como cualquiera; aunque después dejó de serlo, al principio lo era. Esto de la humanización me parece muy importante por eso mi presencia, aunque a mí me cuesta muchísimo, tengo casi 70 años y por lo menos desde que tengo 14 yo ya dejé de ser solamente Juan Martín Guevara, para ser hermano del Che. Me costó un montón de tiempo darme cuenta de que vale la pena abrir las puertas. Me doy cuenta de la emoción que siente la gente, es como si yo fuera, no sé, parte de la carne del Che. A veces se me acerca gente joven con ojos llorosos, entonces vale la pena. Creo que el demostrar que el Che sí es humano convence de algo que es muy importante, convence de que es posible que aparezcan otros Che, es necesario y es posible. No es un invento, o algo imposible, sino un hombre que creció en un determinado contexto, con determinadas cuestiones, que por supuesto tenía una cabeza brillante, pero hay muchas cabezas brillantes y el contexto se puede armar. Las cosas por las que él luchó y por las que llegó a dar la vida no están resueltas, entonces yo creo que es bueno poner sobre la mesa el hecho de la militancia, la lucha, la necesidad y la posibilidad de transformar”.
“Por las huellas del Che” apunta a difundir, a comunicar el pensamiento, los aciertos y errores de una persona que luchó por una sociedad mejor y justa. Un ser humano que busca replicarse en otros centenares de miles a lo largo del mundo que continúen andando su camino.


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