22 may. 2013


(Por La Retaguardia) El que habla se equivoca. El que habla mucho, por regla proporcional, corre riesgo de equivocarse mucho. Cualquiera que habla o que escribe o que hace, puede equivocarse. La cuestión es que algunos nunca se disculpan.
La presidenta ayer cometió un error hiriente cuando dijo "hoy, afortunadamente, nadie puede desaparecer de ningún lado". La dolorosa frase, sin embargo, esconde alguna verdad: Luciano Arruga pudo ser secuestrado y desaparecido el 31 de enero de 2009 en el Partido de La Matanza justamente porque era un Nadie. Porque forma parte de un grupo social condenado: el de los jóvenes pobres que, o son visibilizados como un peligro, como posibles delincuentes, o terminan siendo negados. Eso es lo que tienen para elegir esos pibes hoy: o son lo peor o son nadie.
Y podríamos citar otros ejemplos, porque Luciano, se sabe aunque se niegue, no es el único desaparecido en democracia.
La presidenta Cristina Fernández tiene una gran oportunidad: puede pedir disculpas y recibir, al fin, a Vanesa Orieta, la hermana de Luciano. Podría sonar oportunista, pero también sería un síntoma de que al poder le interesa que los desaparecidos de hoy dejen de ser Nadie.

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