14 may. 2013

(Por La Retaguardia) Transformar el tiempo inerte en la sala de espera en un espacio activo es el objetivo de los talleres que realiza un equipo interdisciplinario en el servicio del Hospital Argerich junto a los jóvenes que esperan ser atendidos por su médico. Anticoncepción, aborto, derechos, placeres, diversidad sexual, son algunos de los temas que se trabajan en este espacio. Dialogamos con Eleonora Prizze, una de las talleristas del proyecto, que busca replicarse en otros nosocomios y centros de salud.

Sala de espera del servicio de adolescencia de un hospital público. Ocho de la mañana. Dos personas se presentan ante los jóvenes y adultos sentados en el lugar, los invitan a colocar en ronda los bancos y las sillas que hasta ese momento estaban enfrentados, espalda contra espalda, y charlar sobre salud. Tras un primer juego “rompehielo” de presentación, que permite de a poco vencer el sueño, el desgano, la timidez, aparecen otras actividades que llevan a tratar temáticas como salud sexual y reproductiva, derechos, placeres, miedos, etc., y a medida que transcurre el tiempo algunos adolescentes participan activamente, otros aportan un comentario, y están quienes también observan pero en silencio. Minutos después varios aprovecharán la consulta original con el médico para preguntar sobre algunos de los debates que surgieron en la sala de espera.
Esta escena se repite diariamente en la sala de espera del servicio de Adolescencia del Hospital Argerich, ubicado en el porteño barrio de La Boca. La antropóloga Eleonora Prizze es una de las talleristas del equipo interdisciplinario que completan una socióloga, dos psicólogos y una licenciada en psicodrama. Los talleres están articulados e impulsados como un proyecto institucional dentro del servicio y se realiza a través de la Fundación para la Salud del Adolescente, que está conformada por algunos de los médicos del servicio.
“La idea es generar un espacio previo a la consulta para abordar distintas temáticas, sobre todo orientadas a la salud sexual y reproductiva, pero también de género, placer, derechos, siempre con perspectiva de género. La idea de los talleres es aprovechar el tiempo inerte de la espera y volverlos un espacio activo, generar preguntas, disparadores, para que al momento de la consulta un chico o una chica que va por un apto médico o hacerse un control general, pueda charlar con los médicos sobre estas temáticas. Una vez una chica me preguntó ‘¿qué pasa si yo tengo novio y me gusta una amiga?’ La idea es que este tipo de cosas salgan, se empiecen a generar dudas, preguntas, y que después al momento de la consulta puedan preguntar o que por lo menos se vayan pensando. Principalmente el objetivo es la construcción colectiva del conocimiento que está circulando, y también deconstruir muchos mitos sobre la sexualidad”, explicó Prizze a La Retaguardia.
La propuesta de realizar este taller surgió de los propios médicos del servicio del Argerich, que no solo avalan el desarrollo de esta experiencia sino que además decidieron incorporarlo como parte del proyecto institucional para que exista este espacio previo a la consulta, al considerarlo realmente efectivo, ya que muchos chicos y chicas que van a verlos por otros cuestiones terminan también hablándoles sobre anticonceptivos u otras temáticas relacionadas con la sexualidad, que sin la existencia del taller posiblemente no lo hubieran consultado.
Hay temas que se abordan generalmente durante los talleres, otros dependerán de la técnica que utilicen las talleristas y también de lo que vaya surgiendo de los propios adolescentes: “vamos dando lugar a que los temas se vayan generando de acuerdo a las demandas, sobre todo si surgen preguntas son bienvenidas, lo vamos manejando. Hay temas que me doy cuenta de que nos asustaba más a nosotros abordar, quizás por las reacciones que se podrían llegar a generar, por ejemplo con la interrupción del embarazo, que quizás a nosotros nos generaba más incertidumbre y más miedo, y en realidad no tuvimos ninguna reacción excesivamente negativa de nadie, al contrario se agradeció mucho en los momentos en que se abordó esa temática”, consideró Prizze, quien contó que en el último tiempo sumaron nuevas áreas como el placer o la diversidad sexual: “la salud sexual y reproductiva sigue siendo una demanda porque hay desconocimiento de un montón de cuestiones, los chicos y las chicas van acompañados por sus padres y madres y en general no saben que pueden ir solos al hospital. Trabajar desde una perspectiva de derecho habilita a saber que pueden ir sin documentos, pueden acceder a los métodos anticonceptivos siendo menores de edad, que no necesitan hacer una consulta con una ginecóloga, sino que un médico clínico les puede recetar anticonceptivos, toda una serie de cuestiones que realmente se desconocen”.
En cuanto a la instancia de seguimiento de las distintas problemáticas abordadas, Prizze explicó que el objetivo es que se dé en el marco de la consulta con el médico: “muchas veces se demandan algunas temáticas que como los médicos no las pueden abordar, sobre todo el tema de adicciones porque te dicen que ellos no tienen dónde derivar, muchas veces no se trabajan porque si no es posible trabajarlo, después es complicado. Tiene que ver con una cuestión de responsabilidad, no abrir aquellas cosas que uno después no va a poder contener”.
El proyecto de los talleres en la sala de espera de los hospitales nació hace más de diez años, hasta el momento es una experiencia propia del Argerich y la Fundación para la Salud del Adolescente, que claramente debería replicarse en otros centros de salud de todo el país. 

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