9 jun. 2013


(Por La Retaguardia) Ana María Careaga es ex directora y actual miembro del Consejo Directivo del Instituto Espacio para la Memoria (IEM), el ente a cargo de la administración del edificio Cuatro Columnas y del Casino de Oficiales, que pertenecen al predio del centro clandestino de detención, tortura y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Hablamos con ella sobre el proyecto del gobierno nacional que pretende modificar el Casino, declarado Monumento Histórico, para darle una utilización museográfica, una iniciativa que ya recibió fuertes rechazos de parte de sobrevivientes y distintas organizaciones populares. Al respecto, Careaga afirmó que en el convenio de creación del IEM se contempló que el Casino debe ser preservado como un lugar de memoria vinculado a los hechos del terrorismo de Estado y que, como tal, no puede ser modificado.

Aunque el proyecto presentado por el gobierno nacional es reciente, el debate sobre el uso del Casino de Oficiales en particular y de los centros clandestinos en general es histórico. Durante la charla con La Retaguardia, Ana María Careaga abordó esta problemática desde distintos aspectos. Por un lado, afirmó que el hecho de que el Casino de Oficiales y otros edificios de la ESMA estén bajo la órbita del Instituto Espacio para la Memoria no es azaroso, ya que se trata de un predio que fue funcional en su totalidad al Terrorismo de Estado y a la represión: “cuando se hace el convenio de creación del ente interjurisdiccional se contempla que el Casino deberá ser preservado como un lugar de memoria, patrimonio de la memoria  vinculado a los hechos del terrorismo de Estado y deberá quedar tal cual como está. Esta es una cuestión jurídica. No se puede hacer nada en el Casino que no sea mantenerlo como está para la transmisión de la memoria y de los hechos ocurridos durante el terrorismo de Estado. Por otro lado, también está el aspecto jurídico que tiene que ver con la lucha histórica del movimiento de derechos humanos por memoria, verdad y justicia que en este momento se plasma en escenarios públicos, de juicios por delitos de lesa humanidad que juzgan el genocidio cometido en Argentina, y en el caso de la Escuela de Mecánica de la Armada, como otros centros, se está trabajando desde el Instituto con equipos de conservación en donde se produce permanentemente el hallazgo de pruebas, esto quiere decir marcas, objetos, huellas, testimonio de los desaparecidos que pasaron por ese lugar. Y cada vez que se encuentra algo de esto es enviado a los tribunales que entienden en esa causa y/o presentados en los juicios orales y públicos. Por lo tanto ahí hay otra cuestión que tiene que ver con la preservación de estos lugares como parte de algo que no forma parte del pasado sino que forma parte de un presente porque se está juzgando en este momento lo que ocurrió ahí, y estos lugares se constituyen en prueba fehaciente y concreta de estos hechos que ocurrieron durante esos años”, explicó Careaga. 
Por ejemplo, y en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA, el IEM presentó imágenes de estas marcas de objetos hallados, fragmentos de testimonios y fotos que pudieron ser sacadas allí, además de una reconstrucción en 3D de lo que era la Escuela de Mecánica de la Armada en ese momento. 
La ex directora del Instituto y actual integrante de su Consejo Directivo contó que, durante muchos años, se debatió dentro del movimiento de derechos humanos y junto a otros actores sociales qué hacer con estos espacios: “hay diversas formas de abordar lo que fue la historia del terrorismo de Estado, de narrar lo inenarrable del dolor”, afirmó. Y sobre el caso puntual de la ESMA, relató que cuando se recuperó como sitio se publicó un aviso en el diario convocando a la sociedad a presentar proyectos que fueron volcados en distintas publicaciones; sin embargo, respecto del Casino de Oficiales, hubo consenso histórico y colectivo de dejarlo tal como estaba: “el debate implicaba cómo iba a funcionar, si en algunas partes se reconstruía lo que había sido destruido, y se llegó a un consenso colectivo, más allá de lo que cada uno pueda opinar individualmente, ya que cuando parte de la historia es patrimonio de una sociedad, de un pueblo y de los colectivos afectados, esto trasciende los cambios de opinión que pueda haber de manera individual. Los consensos alcanzados acá respecto a los sitios de memoria es dejarlos como están, que se conviertan en prueba judicial y que la gente los pueda visitar, que se cuente lo que pasó allí, que haya fragmentos de testimonios. Y que en otra parte vinculada al sitio se cuente y se muestra la historia vinculada al terrorismo de Estado. Este el pensamiento y el espíritu del IEM”, agregó.



Ana María Careaga también se refirió a la discusión que contrapone la alegría y la vida con la muerte en los centros clandestinos, al calificarla como “falsa dicotomía”: “yo coincido cuando se habla de que fue una generación alegre, que apostó por la vida – explicó –,  nosotros rescatamos eso de la generación. Son dos cosas distintas, eso sigue en pie y no tiene que ver con lo que significan las paredes, los muros, los espacios, los pisos, los lugares, los contenidos y las reconstrucciones intangibles que habitan esos sitios. Esos lugares son centro de detención, tortura y exterminio que fueron destinados a eso, a un plan de exterminio, que además no tenía como fin en sí mismo la represión sino sembrar el terror en la sociedad, generar las condiciones de posibilidad de modelos económicos que incluso no solo en la Argentina sino en el resto de la región se fueron instalando después. Yo creo que rescatar la vida y la alegría de nuestros seres queridos no tiene nada ver con esto otro, con la tarea importante que se está haciendo por la memoria y el rescate de estos lugares; al contrario esto nos ayuda a poder pensar que todo familiar que tiene sus seres queridos desaparecidos quiere saber dónde estuvieron, qué les hicieron, cómo vivieron, quieren saber hasta último momento porque lo que engendra el drama de la desaparición es la incertidumbre, y creo que lo que se está haciendo es trabajar para la reconstrucción en todo sentido, en las historias de vida de los detenidos desaparecidos, quiénes eran, lo que hacían, si tuvieron hijos, si formaron pareja, cómo eligieron su lucha, y por otro lado qué pasó con ellos, en qué circunstancia fueron secuestrados y qué les pasó en los campos de concentración, quiénes eran los represores que actuaron en esos lugares, todo esto es un rompecabezas al que todavía le faltan muchas piezas, que se están investigando. Fue una generación que apostó por una sociedad más justa donde todos pudieran acceder a los plenos derechos humanos, y esa generación fue diezmada, secuestrada justamente por eso y para poder sembrar el horror, y estos lugares fueron el soporte material para llevar adelante ese plan”, reflexionó  Careaga en el marco de la entrevista realizada por La Retaguardia. 

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