27 may. 2013



(Por Oral y Público) La causa por los delitos de lesa humanidad cometidos contra trabajadores de la empresa Ford Motors Argentina avanza en la justicia. Esta semana, la jueza Alicia Vence, del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional de San Martín N° 2, procesó a tres ex directivos de la automotriz, sin prisión preventiva, por los secuestros de veinticinco delegados. Se trata de Pedro Müller, que era gerente general, Guillermo Galarraga, responsable de Relaciones Laborales, y Héctor Francisco Jesús Sibilla, ex militar que ocupaba cargo de jefe de seguridad. Dialogamos con Pedro Troiani, uno de los delegados que estuvo desaparecido durante sesenta días durante la última dictadura cívico militar, acerca de cómo era la relación entre los militares y la Ford, y de sus sensaciones tras conocer estos procesamientos.


“Es una satisfacción verlos ahí y que ahora se defiendan ellos. Esperamos que esto siga prosperando y que este juicio tenga un fin”, afirmó Pedro Troiani entrevistado en Oral y Público. No ha sido un camino fácil ni rápido el que llevó a estos tres directivos de Ford a estar procesados. Por lo pronto se trata de delitos cometidos hace más de treinta y cinco años, prácticamente el mismo tiempo que llevan las denuncias efectuadas por los delegados de la automotriz. “Empezaron con otros gobiernos, y no resultaron porque aplicaron la ley de amnistía para ellos, y con este gobierno nos escucharon y el juicio empezó ya hace diez años, pero estaba cajoneado, lo inició el juez Daniel Rafecas y parecía que se movía hasta que él se declaró incompetente y pasó a la jurisdicción de San Martín. Nosotros estábamos un poco amargados porque teníamos comentarios de que en San Martín los juicios morían en un cajón. Por allí pasaron tres jueces más, hasta que lo tomó la doctora Alicia Vence que ahora impulsó el juicio, la verdad que ya no creíamos más en la justicia, estábamos prácticamente desahuciados”, explicó el delegado. Pedro Troiani entró a trabajar en la Ford en 1963, y en 1970 ingresó al cuerpo de delegados. Hasta ese momento estaba la llamada lista Azul del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA), claramente acomodada con la empresa. Para las elecciones de 1975, se presentaron David Klosterman y José Rodríguez. “Buscábamos algo nuevo –manifestó Troiani respecto a aquellos años–. Arengamos a la gente para cambiar, el gremio cambió, progresó y en el primer tiempo había muy buena onda, pero después se fueron burocratizando, estaban con los mejores coches, iban a comer a los mejores lugares, cuando hacíamos un reclamo no teníamos respuesta, y ahí ya luchamos por un convenio interno porque nosotros hacíamos los reclamos al sindicato y no venía, y cuando lo hacía se aliaba con la empresa, y solucionaban todo sin que nosotros participáramos”. Cabe recordar que José Rodríguez seguiría al frente de SMATA durante los años de dictadura y los posteriores gobiernos democráticos, gremio del que alejó solo por problemas de salud pocos meses antes de morir en 2009. En relación a su propia historia como delegado, Troiani detalló: “Ford tenía tres plantas principales: motores, estampados y montajes; yo pertenecía a ésta última y era comisión interna. Desde el primer momento, desde 1970, que comencé a estar en el cuerpo de delegados, me eligieron comisión interna y lo fui por tres períodos. Éramos más de cien los que integrábamos el cuerpo de delegados y cada uno pertenecía a su partido político. Yo era peronista y militaba en mi barrio. Pero el cuerpo de delegados no pertenecía a una parte política, éramos gremialistas y se luchaba por las mejoras en el trabajo. El trabajo en línea era muy jodido, ahora está muy robotizado, con la mitad de personal. En aquella época éramos seis mil quinientos obreros, ahora son dos mil y pico. Y había mucha contaminación en aquellos tiempos. La lucha por el plomo fue muy larga porque no teníamos el apoyo ni del gremio, ni del Ministerio de Trabajo. Hacíamos denuncias por compañeros que estaban intoxicados con plomo y los mandaban a trabajar así como estaban. Hasta que llevamos a los compañeros a la facultad de Medicina para que los revisaran. Se hicieron los análisis y había compañeros que estaban crónicos. Hemos hecho paros, cortes de colaboración, luchas hubo a montones. Fue una época muy inflacionaria; en 1975 se abrieron las paritarias y conseguimos 100% de aumento, esto da cuenta de la inflación que había atrás. En ese año conseguimos el mejor convenio del país. Nosotros éramos un cuerpo de delegados, una comisión normal, no éramos una comisión interna ilegal, éramos reconocidos por el Ministerio, y todas las acciones que nosotros hacíamos como cuerpo de delegados era todo legal hasta que cuando vino el golpe aprovecharon la situación. Nosotros siempre decimos que esto fue un golpe cívico militar. Sin los civiles, los militares no podrían haber hecho lo que hicieron. Las empresas, algunos partidos políticos y sindicatos colaboraron con ese golpe y ahora se hacen los desentendidos”. Una de las primeras medidas que tomó la jueza Alicia Vence, hace un año, fue la de realizar una inspección ocular en la empresa de Pacheco, ya que los delegados fueron detenidos en sus lugares de trabajo y durante horas estuvieron secuestrados dentro del mismo predio, en un espacio llamado El Quincho, ubicado en el campo de deportes. En Oral y Público ya habíamos entrevistado a Troiani. En esa oportunidad, y respecto a la inspección relató: “le dije a la doctora que el piso del quincho yo lo tenía marcado en la cara. Le dije que no iba a olvidar de cómo era: era de ladrillo. Reconocimos el lugar, el piso era de ladrillo, el techo de paja. Después nos dirigimos a la planta de estampado, a la oficina de personal donde le comunicaron a los compañeros ese 24 de marzo que dejaban de ser delegados, que si tenían algo que decir lo iban a hacer directamente con Camps, ese día la empresa nos gozó en cada una de las reuniones que se hicieron con las comisiones internas. Cuando en la inspección vamos a mi sección les cuento que los militares entraron por una puerta con una camioneta, eran quince soldados con los FAL apuntando. Llegaron al medio de la sección y le preguntaron al capataz, ‘¿quién es Troiani?’ y él me señaló a mí; me esposaron y me llevaron caminando por los pasillos, toda la gente lo veía, la gente se indignó, paró la producción, los silbaron, les tiraron con tornillos. Yo como podía porque estaba esposado les decía que siguieran trabajando porque las consecuencias las íbamos a pagar nosotros. También le quisimos mostrar a la jueza la oficina donde Galarraga y Sibilla se mataron de risa de nosotros, porque fueron los que nos gozaron en la última reunión que habíamos tenido. El mismo 24 de marzo el ejército de Campo de Mayo copó la fábrica y nosotros pensamos que era para seguridad de la empresa, y con sorpresa vimos que ese mismo día se llevaban a tres delegados. Nosotros pensábamos que estaban detenidos, pero los familiares al otro día vinieron a averiguar por su paradero, no los dejaron entrar a la fábrica. Y así fuimos desapareciendo de a dos, tres, cuatro, hasta fines de abril”. Troiani relató que dentro del quincho les dijeron: “ustedes no tienen Dios, ni patria, ni hogar, acá va a correr sangre, a ustedes los vamos a fusilar”, mientras los encañonaban contra el piso y los golpeaban. Tras permanecer en El Quincho durante horas, los llevaron a la Comisaría 1º de Tigre en calidad de desaparecidos, porque sus familias los buscaban y nadie les decía dónde estaban. En la comisaría se encontraron con otros compañeros secuestrados. Algunos estaban desfigurados e irreconocibles producto de la tortura recibida; hasta hubo uno que les pidió que lo mataran porque no soportaba más el sufrimiento. Finalmente, fueron trasladados a la cárcel de Devoto como presos políticos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, lo que implicaba seguir sometido a torturas diarias, pero en tanto blanqueados, ya habían dejado de ser desaparecidos. Troiani contó que con la vuelta de democracia los gremios comenzaron a funcionar normalmente, por lo que este grupo de delegados que había estado secuestrado intentó, sin suerte, acercarse al gremio para ver si podían recobrar el trabajo: “para la primera denuncia que se le hace al general Riveros, que era el jefe de área de Campo de Mayo que abarcaba toda la zona norte, necesitábamos un abogado penalista, que obviamente cobra y no es barato, y nosotros queríamos que el gremio nos ponga un abogado y nos dijeron ‘pero ustedes con todo lo que les pasó ¿todavía están dando vueltas con esto?’, eso fue un frío tremendo, salimos de ahí discutiendo y no pisamos nunca más el gremio. Ahí quedaron en evidencia que ellos colaboraron en esto para hacer la limpieza que hicieron. Con los veinticinco delegados que nos llevaron presos, de la forma en que lo hicieron, sacándonos de la máquina de trabajo, los militares apuntándonos con los fusiles. Sirvió para que los demás delegados renunciaran y desaparecieran de la fábrica, no quedó un solo delegado”. Durante la charla con Oral y Público de hace un año, Troiani hizo referencia a otros ejemplos que daban cuenta de la complicidad y hasta de la relación de camaradería que existía entre la Ford y los militares. Era habitual que los militares entraran a cargar combustible al surtidor de la planta, o que retiraran comida del comedor de los empleados, o que asistieran a la enfermería cuando tenían un problema de salud. La empresa además les daba vehículos: “ellos salían con los Falcon como si fuera la fábrica de ellos. Yo le decía a la jueza, que la empresa se hubiera evitado esto si le hubiese avisado a nuestras familias que el ejército de Campo de Mayo había entrado a llevarnos, y no a negarnos con un telegrama de que estábamos ausentes sin aviso”, agregó. La situación en la Ford no era una excepción. En los años sesenta y setenta la zona norte del conurbano bonaerense era un gran polo industrial, en el que había mucha militancia sindical lo que trajo como consecuencias una violenta represión por parte de los militares: “nosotros estuvimos con los compañeros de Astarsa – rememoró Troiani – que eran treinta y quedaron solo tres vivos. En la zona norte se llevaron a los delegados de todas las fábricas. Nosotros estábamos con gente de Alba, de Terrabusi, los astilleros, Astarsa. Fueron épocas de tanta lucha, tantos problemas que había, que éramos solidarios con otras fábricas. Por ejemplo, cuando ALBA tomó la fábrica y se quedaron adentro, nosotros le llevábamos sándwiches para que siguieran la lucha. Teníamos una conexión, había distintas ideologías pero todos nos apoyábamos en la lucha para que la gente esté un poco mejor”. Otro caso emblemático de represión fue lo que pasó en la también automotriz Mercedes Benz, una historia quizás más conocida y visible que la de Ford: “lo de Mercedes Benz pegó más en la gente, incluso en el periodismo, porque a sus trabajadores los desaparecieron definitivamente. Creo que son tres los compañeros que están en juicio, que sobrevivieron, pero después hay catorce desaparecidos. Nosotros gracias a Dios sufrimos torturas, estuvimos más de sesenta días desaparecidos y aparecimos en Devoto y la podemos contar. Estamos y la vamos a seguir peleando”, reflexionó al respecto Troiani. “En este caso nuestra satisfacción es que por primera vez empresarios de una empresa civil, de una multinacional como Ford, directivos de aquella época quedaron procesados”, señaló Pedro Troiani tras más de treinta y cinco años de una lucha que aún continúa.

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