14 jul. 2013

Paulina Lebbos, asesinada en 2006
(Por La Retaguardia) El martes pasado Alberto Lebbos intentó acercarse a la zona donde se desarrollaba el acto oficial por el 197° aniversario de la Declaración de la Independencia en Tucumán, con la presencia de Cristina Fernández. Su intención era exigir justicia para su hija Paulina, asesinada en 2006, y en lo posible poder hablarle del caso a la propia presidenta. Pero no pudo, se lo impidieron los golpes, los garrotazos y el gas pimienta con que la policía provincial y agentes de civil lo agredieron a él y a los fotógrafos, periodistas, e integrantes de la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad que lo acompañaban. Lebbos nos relató lo sucedido y aseguró que la agresión no fue contra él sino contra todo el pueblo tucumano al que se le quiere generar miedo para evitar que reclame y se movilice.

Paulina Alejandra Lebbos tenía 24 años y un hijo de cinco. Estudiaba la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Tucumán, cuando fue a bailar la noche del 25 de febrero de 2006. La última vez que se la vio con vida fue esa madrugada cuando a bordo de un remís dejó a una amiga en la casa para dirigirse a la de su novio. Su cuerpo fue hallado pocos días después a la vera de la ruta a unos treinta kilómetros de la capital tucumana. Desde entonces, Alberto reclama justicia para su hija, y hace pocas semanas volvió a prestar declaración, en este caso ante el nuevo fiscal de la causa, luego de que se apartara al anterior por presuntas irregularidades. Allí reiteró la acusación contra el hijo del actual gobernador tucumano José Alperovich y la senadora Beatriz Rojkes, y el secretario privado del mandatario, Alberto Kaleñuk.
En diálogo con La Retaguardia, Lebbos se refirió a los motivos de la agresión durante el acto del pasado 9 de julio: “creo que esto está sistemáticamente pensado, planificado y hecho a propósito para que la gente vea, tenga miedo, se asuste. La peligrosidad es decir la verdad, a la que tanto temor le tienen estos tiranos; más que agredirme a mí y a los que me acompañaban, la agresión ha sido al pueblo de Tucumán, ha sido un claro mensaje mafioso del gobernador Alperovich, que estando la presidente en Tucumán, los medios de prensa, sabían la repercusión que esto iba a ocasionar e igual ordenó que se reprimiera brutalmente sin ninguna justificación. El mensaje que él quiere dar a la población es ‘atenti que cualquiera que quiera reclamar va a recibir como respuesta golpes, bastonazos y gas pimienta’, eso es sembrar el terror, eso se llama Terrorismo de Estado, que es una práctica muy usual en Tucumán por parte de este gobierno que persigue todo tipo de luchas sociales, que persigue gremialistas, trabajadores, desocupados, a familias que buscan justicia, de la manera más vil y atroz que es mediante amenazas por sicarios, patoteros o golpes; esto es lo que hacen Alperovich y su esposa la senadora Beatriz Rojkes”.
Específicamente sobre Rojkes, presidenta provisional del Senado de la Nación, Lebbos señaló: “lo único que le falta decir a la mujer de Alperovich es ‘por algo será’, porque ya ha dicho de todo. Han estado manchando, ensuciando, no solo la memoria de Paulina sino de todas las víctimas. Cada vez que acá hay un hecho tan horrendo, la mujer de Alperovich sale a insultar a la familia, y eso no lo digo yo, está en los medios de comunicación. Esa es la naturaleza de esta gente, que desprecia a los ciudadanos, es lo que padecen muchas familias de la provincia de Tucumán ante la burla y el desprecio de estos gobernantes, que lo único que están mirando son las elecciones y nada más”.
En este sentido, Lebbos aseguró que la población en Tucumán está con mucho miedo: “es una de las herramientas más eficaces que usan los tiranos para someter al pueblo. Y es la que usó Alperovich también esta vez. Muestra por todos los medios de comunicación de todo el país cómo se le pega a la gente que va pacíficamente a reclamar un derecho que le corresponde constitucionalmente. Yo tengo una exposición pública muy grande porque es una forma de salvaguardar mi integridad y la de mi familia; si a mí, que tengo esta exposición, no escatiman en agarrarme a garrotazos o con gas pimienta, qué piensa un ciudadano anónimo común y corriente”, subrayó.
Al momento del asesinato de Paulina, Alberto era funcionario del gobierno de Tucumán. Tenía una función técnica. Por su especialización en empleo había sido convocado para organizar la parte laboral de la provincia: “uno vive enfrascado en su trabajo, en su burbuja y no piensa que le van a pasar en carne propia estas situaciones, hasta que no solo ocurren sino que jamás vas a pensar que suceden atrocidades tan grandes como toda una estructura de poder montada para dar encubrimiento y cobertura al responsable de un cruel asesinato. Esta es una lógica que se repite constantemente en todas partes, donde no hay justicia, donde los reclamos no son escuchados, donde la política se sigue inmiscuyendo en la justicia mediante diferentes maniobras y los resultados están a la vista, los hechos se reproducen constantemente porque eso es lo que logra la impunidad” dijo en diálogo con La Retaguardia.
Desde chico, Alberto Lebbos participó en forma activa de la vida comunitaria porque está convencido de que “el rol del ciudadano no es transformarse en un individuo sino integrarse en un colectivo social”. En este sentido, explicó que siempre tuvo la esperanza de que la política fuera una gran herramienta para la formación y superación del pueblo: “pero cuando cae en manos de gente tan perversa y malvada -aclaró-, que hasta que a uno no se le cae la venda de los ojos no toma conciencia de la realidad que ocurre. Si yo, que era su compañero, sufro en carne propia tanta impunidad y tanto manejo siniestro de esta situación, qué le puede pasar a un ciudadano común y corriente. La verdad que uno nunca piensa que un ser humano puede llegar a tener tal grado de maldad como Alperovich, pero lamentablemente la realidad es esta: era un clan muy perverso que no escatima recursos para someter a la gente y, reitero, que esa golpiza no estaba dirigida a mí ni a quienes me acompañaban, sino que era una clara señal mafiosa a todo el pueblo argentino, como diciendo 'miren quiénes estamos acá, nadie se atreva a hacer nada porque va a sufrir las consecuencias'”.
A pesar de los golpes recibidos, Lebbos no baja los brazos, por el contrario: “creo que las conquistas sociales, como muestra la historia, se consiguen con lucha auténtica, sin claudicaciones. Yo creo que la verdad siempre triunfa y por eso con cada golpe que recibimos me dan más energía para seguir con más convicciones esta lucha. Esta es una clara y brutal violación de los derechos humanos por parte del Estado, es un delito de lesa humanidad el que está cometiendo Alperovich”, aseguró.
Tras más de siete años sin justicia para su hija asesinada, Lebbos continúa peleando para que los responsables del crimen sean juzgados y condenados sin importar la relación que tengan con el poder de turno en la provincia. Y en este sentido, eligió cerrar la charla con La Retaguardia con la siguiente reflexión. “el pueblo manso es un pueblo aislado, hay que dejar de ser manso, dejar de ser esclavo y luchar por los derechos que nos corresponden”.

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