14 jul. 2013

foto: rebeldemule.org 
(Por La Retaguardia) El intento de reactualización del viejo colonialismo y el racismo europeo evidenciados en la detención de Evo Morales y el intento de revisar su avión en busca del espía norteamericano Edward Snowden; la inconsecuencia en la práctica de los discursos “antiimperialistas” del gobierno nacional; el lugar de la izquierda en los comicios legislativos de este año en particular, y en el sistema electoral en general, y el rol del mercado como partido único, fueron algunos de los temas que se abordaron en la extensa entrevista que mantuvimos con el filósofo, investigador, escritor y teórico del marxismo, Néstor Kohan.

“Intento de reactualización del viejo colonialismo”, así definió Néstor Kohan lo sucedido con el presidente de Bolivia, Evo Morales, a la vuelta de su gira por Rusia la semana pasada. Distintos países europeos impidieron el paso de su avión por sus espacios aéreos por temor a que llevara en su interior al ex empleado de la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana, perseguido por su país luego de que filtrara a la prensa la existencia de un amplio programa de espionaje vía internet.
En diálogo con el programa Sueños Posibles de Alfredo Grande, Kohan consideró que el hecho no tiene gran novedad política, pero sí “una escandalosa innovación jurídica”.  “Se supone que se violentaron todas las normas mínimas que afirman que un presidente tiene inmunidad diplomática. Me parece que lo escandaloso es que se vuelve a actualizar ya sin máscara el viejo colonialismo, el racismo europeo, estas supuestas democracias que predican republicanismo, división de poderes, pero que en el fondo son cada vez más fascistoides; y en el caso de Bolivia se suma que su presidente es de origen indígena”.
Kohan explicó que no pudo evitar asociar lo que le pasó a Morales con aquella frase del Rey de España Juan Carlos, a Hugo Chávez en una conferencia internacional ‘¿por qué no te callas?’: “es un mulato del tercer mundo, un mestizo que no tiene derecho a hablar en los foros internacionales. Se lo trató como a un subalterno, un peón de las colonias, y a Evo Morales pretendieron tratarlo de la misma manera. Me parece que no es nada nuevo, lo que es escandaloso es que lo hacen a la luz pública, ya sin guardar las mínimas formas burguesas, pero forma parte de una contraofensiva general que están haciendo. Hay fuertes sospechas de que a Chávez le inocularon el cáncer, algo que en Argentina suena algo inverosímil pero distintos compañeros de distintas corrientes venezolanas nos dijeron en su momento que mandaron una cepa del cáncer que tenía Chávez a Rusia, China, incluso a Estados Unidos, con otro nombre y nadie podía identificar qué tipo de cáncer era, entonces me parece que hay una contraofensiva general contra Venezuela, Cuba, el proceso boliviano, incluso contra los diálogos de paz que se están desarrollando en La Habana por parte del imperialismo”, reflexionó el investigador. 
En cuanto a Hugo Chávez y la relación que mantenía con el gobierno argentino, Kohan reconoció que en un principio, y por prejuicio, no tuvo simpatía por el ex presidente venezolano: “había comprado esta propaganda de que apoyar el proceso bolivariano en Venezuela implicaba estar con el PJ en Argentina, pero después tuve la oportunidad de conocer Venezuela, en dos oportunidades pude conocer personalmente a Chávez, he ido muchas veces a barrios populares, lo que acá serían nuestras villas, y me parece que hay años luz entre el proceso bolivariano, con todas las dificultades que tiene, todas las contradicciones, de lo que vivimos en Argentina, por eso creo que no hay que ceder a estos chantajes, a esas falsas asimilaciones, y me parece que un gesto lo explica todo. Debemos reconocer, quienes no somos kirchneristas, que este gobierno le dio una mano a Chávez; es verdad, pero también es verdad que Néstor Kirchner alguna vez, abrazándolo, dándole una palmadita en la espalda, le dijo ‘Hugo, nosotros te apoyamos pero dejate de joder con el socialismo’, creo que eso fue público, y creo que marcó como síntoma lo que significa el proceso argentino, que tiene ciertos gestos de independencia ante Estados Unidos, no podemos negarlo, el apoyo a Evo, a Correa, etc., pero al mismo tiempo se mantiene un modelo extractivista, capitalista, sojero, se golpea un monopolio para beneficiar a otro”. En este sentido se refirió a lo que calificó como “una oposición al imperio en el terreno retórico” por parte del gobierno nacional: “es una puesta en escena muy importante y debemos reconocer que está hecha con mucha inteligencia, incluso que Cristina Kirchner se ha puesto discursivamente a la cabeza de la recuperación de cierto nacionalismo popular de esta imagen de San Martín, Belgrano, que al resto de la política burguesa local no le da ni para eso. El problema es que se queda en la recuperación simbólica, no se pasa a la praxis, porque si de verdad hubiera una política antiimperialista deberíamos empezar a golpear, y más si uno cuenta con la dirección del aparato del Estado como es el caso del kirchnerismo, a los grandes pulpos, a los grandes conglomerados económicos, financieros y también monopolios como la Barrick Gold, y todo el mundo sabe que eso no sucede. Lo mismo esta supuesta burguesía nacional que de nacional no tiene nada, que día a día sigue lucrando con estos supuestos accidentes como el de los trenes, que en realidad no son accidentes, tiene que ver con una burguesía que no invierte, una burguesía lumpen, entonces hay una inconsecuencia entre un discurso que tiene tintes progresistas, esto sí hay que reconocerlo, pero una práctica que no acompaña ese discurso”.
Sin embargo, el filósofo y teórico del marxismo señaló que la oposición argentina es peor aún y ejemplificó con el ex gobernador de Santa Fe y actual candidato a diputado Hermes Binner: “En el caso de este socialdemócrata Binner, cuando fue la disputa en Venezuela dijo que él hubiera votado por Capriles. A mí me resulta bochornoso, me da vergüenza ajena, e incluso que algunos compañeros de izquierda pretendan embanderarse en la crítica justa del kirchnerismo con personajes de ese estilo, porque si estás con Capriles, estás con Estados Unidos, y de socialismo eso no tiene nada”, sentenció.
Durante la extensa entrevista con Kohan, hubo tiempo también para hablar de las próximas elecciones y consultarle, como hombre de la izquierda clasista, marxista, en qué lugar se ubicaba. Al respecto, aclaró que no iba a participar de los comicios y que personalmente no iba a votar: “los grupos con los que nosotros nos movemos y hacemos trabajo de base son pibes jóvenes, que por ahí no salen a la palestra pero trabajan en los barrios, en el movimiento juvenil, estudiantil, en algunos segmentos del movimiento piquetero que no han sido cooptados. Nosotros no vamos a las elecciones, no vamos a participar, yo personalmente no voy a ir a votar; no impugno, no insulto, no cuestiono a las corrientes de izquierda que se han enganchado en esta ocasión, he visto distintas vertientes autonomistas que hasta ayer nomás insultaban y escupían contra este sistema electoral tan trucho donde la voluntad popular rara vez se expresa, gana siempre el que tiene más dinero para hacer más propaganda y la voluntad genuina de la gente creo que no está en las urnas, por lo menos desde 1983 para acá la experiencia con el sistema electoral parlamentario no ha sido muy feliz me parece, lo cual no implica que añoremos a la basura de la dictadura militar, para nada, todo lo contrario, pero de todas maneras creo que este régimen parlamentario deja mucho que desear. Lamentablemente algunas corrientes de izquierda han armado distintos conglomerados para participar en las elecciones, de la noche a la mañana han renacido esperanzas de que a través de la vía electoral se va a cambiar la Argentina, yo personalmente no las comparto, sí las respeto, pero estoy hasta un poquito sorprendido de esta euforia que he visto en algunas corrientes, sobre todo en el terreno ideológico que se definían autonomistas y que pasaron a la institucionalidad. Creo que expresa la debilidad de una izquierda radicalizada, antiimperialista. Y si tengo que definirme, me ubico en una tradición de pensamiento político que es el guevarismo, una visión del comunismo latinoamericano que está muy, debemos reconocerlo, debilitada. No hemos podido levantar cabeza después de los golpes del ’70, sigue existiendo, tiene apoyo juvenil, me consta porque trabajamos con muchos pibes jóvenes, pero le cuesta levantar cabeza, esa es la verdad”, se sinceró.
De todos modos, el filósofo y escritor manifestó que no desprecia el voto popular, por el contrario, pero que el problema en Argentina es que no se ha podido construir un proyecto de poder alternativo, y agregó que justamente el poder como tema ha desaparecido de la agenda de la izquierda: “se discute cómo meter un diputado, cómo abrazarse incluso con el que se está peleado para que no desaparezca la personería jurídica, pero el proyecto de poder que se instaló a partir del Cordobazo y que duró hasta 1976 en el grueso de la izquierda argentina, tanto en el peronismo revolucionario como en el guevarismo, en las distintas tribus y tendencias, ese proyecto de poder desapareció de la agenda política, ni se discute, no se menciona, está fuera de escena, y plantearlo implica un gesto de locura para la izquierda institucional que es la que predomina hoy en día. No desprecio el camino electoral si es parte de un proyecto de poder pero acá el proyecto de poder, soy muy corto de vista, pero no lo veo. Creo que la izquierda, y hablo en primera persona, hablo de nosotros porque me siento parte de la izquierda, hemos girado en una falsa dicotomía o nos entrampamos en el engranaje electoral y nos trituran, nos dividen y nos recontra dividen, todo lo que acumulamos en la lucha cotidiana se divide en el momento de las elecciones, o la otra opción que es quedarse en el barrio, no dar la disputa política y dejarle la política a los grandes partidos del sistema. Nos sigue costando construir lo que creo es un desafío que sigue abierto, que es una tercera vía, es decir dar una batalla política desde abajo, desde la base pero que no se reduzca a una pelea de candidaturas, y que esté inserto en un proyecto estratégico de poder, eso es lo que falta, y no le falta a un partido, le falta al conjunto de nuestra izquierda porque desde el trotskismo hasta las versiones más tímidas el tema del poder está desaparecido, no solo desaparecieron treinta mil compañeros, desapareció el proyecto de poder del campo popular. Entonces aceptamos que va a gobernar la burguesía de acá a la eternidad y nos contentamos con meter un diputado, un senador o un concejal”.
Además, Kohan señaló que en Argentina hay una crisis de representación y que la política se rige sólo por un partido único que es el mercado; y que la burguesía utiliza distintos mecanismos como la ley de partidos políticos para aplastar toda disidencia: “acá el mercado está fuera de discusión y ponerse a contramano del mercado implica que te pasan la guadaña. Esta ley de partidos creo que es un instrumento jurídico más para aplastar a cualquiera que proponga algo distinto a una sociedad articulada a partir del mercado. La forma de zafar de esto es a partir de la movilización popular, no creo que sea con un recurso simplemente jurídico. Creo que en el fondo están en crisis los partidos, no solo los de izquierda, acá está en crisis la vieja representación política que había en la Argentina, sospecho incluso que están en crisis las identidades políticas, porque una consigna que fue célebre en otras décadas, antes de Videla, como ‘la vida por Perón’, hoy en día alguien que esté dispuesto a morir en la picana, a jugarse nada menos que su vida por una identidad política no existe, no la tiene ni siquiera el peronismo, los candidatos van y vienen de partido en partido porque entraron en crisis las viejas identidades políticas; el mismo candidato del PJ mañana puede ir por el radicalismo, y pasado va con el PRO. La gran rebelión de 2001 fue expresión de esa crisis de representación, el kirchnerismo en parte disminuyó su intensidad, volvió a relegitimar pero no ha logrado saldar esa crisis orgánica del capitalismo argentino, donde las viejas representaciones políticas están muy fragmentadas, no hay identidad como las había en otra época donde una familia se definía radical porque el abuelo era radical, el papá era radical, la hija era radical, o peronistas, hoy en día me parece que esas identidades tan sólidas lamentablemente fueron atravesadas por este clima post moderno”.
Respecto a quién salió ganando ante esta situación, Kohan no dudó: el triunfador fue el capital y sobre todo las grandes multinacionales: “antes al menos tenían que negociar con los viejos partidos de la burguesía cómo repartir el botín; desapareciendo los viejos partidos tradicionales tal como existían en la década del ’60, del ’70, e inaugurando una palabrita que se nos presentó como pseudo progresista, que fue la transversalidad, para mí un concepto extremadamente reaccionario porque lo que venía a hacer la transversalidad era quebrar las identidades políticas a favor del capital”.
El avance del viejo colonialismo, la falta de una fuerte oposición al imperialismo en Argentina, el rol preponderante del mercado, la continúa crisis de representaciones políticas y la imposibilidad de la izquierda de construir un poder alternativo, fueron algunas de las temáticas abordadas por Néstor Kohan en la charla con Alfredo Grande, en el marco del programa Sueños Posibles, en relación a la actualidad argentina y también latinoamericana.

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