15 ago. 2013

(Por La Retaguardia) La causa por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio Virrey Cevallos, se encuentra en etapa de instrucción a cargo del juez Daniel Rafecas. Este miércoles 14 de agosto, cuatro de los cinco sobrevivientes y testigos de este lugar, ubicado en el barrio porteño de Montserrat, lo recorrieron por primera vez junto al magistrado. Dialogamos con una de ellos, Vilma Aoad, quien se refirió a las particularidades de este centro clandestino y a la importancia de hallar a otras personas que hayan estado secuestradas allí durante la última dictadura cívico militar.

La principal característica del ex CCDTyE Virrey Cevallos es que se trató fundamentalmente de un lugar de paso de detenidos-desaparecidos. Según la información con la que se cuenta hasta el momento, la persona que más tiempo permaneció secuestrada allí fue la periodista Miriam Lewin, que estuvo diez meses. Esta particularidad hace que sea muy difícil para los secuestrados reconocerlo como lugar de detención. Así lo explicó la sobreviviente Vilma Aoad a Oral y Público: “generalmente estábamos tabicados, no veíamos nada, y aparentemente por los comentarios que hay de vecinos y sobrevivientes era un paso permanente de gente, pero sin estar mucho tiempo, entonces no se conoce tanta gente que haya estado ahí, somos muy pocos los sobrevivientes que podemos dar testimonio en este momento. Lo más notable de Virrey Ceballos es su portón de metal de la entrada, que abrían cuando introducían los autos donde nos llevaban, y hacía mucho ruido. Es importante que si alguien tuvo idea de que pudo haber estado ahí, ha escuchado ese portón, que se acerque, que se comunique con gente de derechos humanos o alguien para dar testimonio porque necesitamos saber muchas cosas más, porque hay muchos torturadores que no se han podido reconocer y era mucho el personal de fuerza aérea, de policía que estaba ahí que fueron torturadores, secuestradores, pero tampoco podemos reconocerlos a todos porque nosotros vimos solo a algunos”.
Hasta el momento sólo se conocen cinco sobrevivientes de este ex centro clandestino. Cuatro de ellos lo recorrieron la última semana junto al juez Rafecas. El quinto testigo vive en Mendoza y no pudo viajar por encontrarse enfermo. “Fue la primera vez que estuvimos los cuatro juntos en Virrey Ceballos –relató Aoad a Oral y Público–, fue fuerte porque uno de los compañeros no podía entrar, fue la primera vez que lo hizo. Estuvimos Osvaldo López, Miriam Lewin, José Oscar Osuna y yo con el juez. Recorrimos todo porque Rafecas quiere iniciar ya el juicio, e imputar a los represores que tenemos reconocidos. Él tiene intención de hacerlo dentro de los próximos sesenta días, y quiere tratar de ubicar a la mayor cantidad de gente posible que haya pasado por lo menos unas horas por ahí”, indicó Aoad.
Este ex centro, ubicado a pocos metros del Departamento Central de Policía, tiene la particularidad de estar rodeado de casas bajas y casonas, típicas del barrio de Montserrat; esto hace que se diluya en este espacio urbano y sea difícil de reconocer. En las investigaciones realizadas hasta el momento surge que fue una casa operativa de la fuerza aérea y funcionó básicamente durante todo el año 1977.
Respecto a su propia experiencia, Aoad contó que la llevaron tres veces a Virrey Cevallos. Era julio de 1977, ella estudiaba medicina y no militaba. Su secuestro estuvo ligado a la fuga de la casa de Virrey Cevallos de Osvaldo López, un ex novio al que no veía hacía dos años: “por supuesto que todos teníamos gente conocida de Montoneros o del PRT-ERP, que eran en aquel momento las agrupaciones más grandes que había en el país, más siendo estudiantes universitarios. Todos teníamos conocidos, vecinos, hablábamos, lo que pasa es que era una lotería. Cuando Osvaldo se fuga, lo que hacen es buscar a toda la gente que estaba relacionada con él. Pero yo hacía dos años que no tenía ningún tipo de relación, sin embargo me detienen igual. Estuve tres años detenida. No tenía nada que ver con si militaba o no militaba, o si tenías algo o no que ver. La tercera detención no fue directamente a Virrey Ceballos, sino que fue primero a la comisaría 46 de Retiro pero también en forma clandestina. Me tuvieron dos días ahí pero no me ingresaron como a un detenido, directamente entraron ellos conmigo, todos de civil, me llevaron a una oficina, vino el juez militar a tomarme la declaración y después a partir de una discusión que hubo, no sé si con el comisario o subcomisario que me pidió que le diga el nombre, hubo un forcejeo entre ellos porque los que me llevaron no querían que el comisario hablara conmigo y que yo le diera mis datos, entonces a él lo empujaron y sacaron de ahí y él les dijo ‘yo acá no quiero tener problemas, no quiero a nadie que no esté ingresado’, entonces me sacaron de nuevo de la comisaría 46 y me llevaron a Virrey Cevallos. Eso para mí fue peor del susto que me pegué porque cuando me trasladaron a Virrey Cevallos me dejaron totalmente sin venda, me pusieron en un catre y pensé que ahí podía pasarme toda la vida, era como que me iban a dejar ahí por mucho tiempo, pero a los ocho días me sacaron y me llevaron a Devoto”, relató Aoad.
Según explicó la sobreviviente, una vez que ingresaban a la cárcel eran legalizados: “hasta el momento en que estaba en Virrey Ceballos estaba desaparecida. Es más, no me lo reconocen. Mi detención es como si fuera a partir de la declaración que me toma el juez militar en la comisaría 46. Una vez que estábamos en la cárcel ya estábamos legalizados. Ahí primero me iban a hacer consejo de guerra, al año más o menos me pasan a justicia federal y me abren una causa. En aquel momento las causas, los consejos, eran todo un invento. Dependía de la suerte que tenías, o te ponían a disposición del Poder Ejecutivo o te hacían consejo o causa, era más o menos un ta-te-ti”.
Para Vilma Aoad el mensaje más claro que querían dar los genocidas a  los militantes era el escarmiento: “creo que eso era lo que más los guiaba, más que otra cosa que tuvieran organizada, era como ‘que a partir de ese momento ni se te ocurra pensar que lo vas a volver a hacer, vas a volver a leer, o que te vas a relacionar con algo, o que vas a querer poner una bomba’. No sé hasta qué punto ellos tenían todo tan organizado, porque había cosas que hacían que no se entendían. No hacían cosas coherentes, reacciones, comentarios, y la verdad a mí detenerme y darme tres años de cárcel por un conocimiento nada más. Sí lo que ellos tuvieron en mente, y creo que fue lo que influyó en mí es que querían un escarmiento, ‘vos tuviste un conocimiento, una relación con alguien, vos conocés a alguien, bueno, a partir de este momento mejor que te olvides de todo, mejor que no te relaciones con nadie’, yo creo que eso era lo que influía en ellos”.
Entre los hechos que Aoad pudo rescatar de la pesadilla vivida fue el gran apoyo que recibió: “hubo muchísima gente, vecinos, familiares, que me acompañaron durante los tres años de cárcel. Y cuando yo salí en libertad toda esa gente fue a visitarme, fue a preguntarme y a enterarse de cómo había vivido yo. Me mandaban regalos a la cárcel, libros, ropa, y el día que salí en libertad estuve desde las dos de la tarde que llegué a mi casa hasta las diez de la noche con gente que permanentemente entraba y salía de mi casa. Tenían que salir algunos para poder entrar otros, porque no había lugar. La gente preguntaba, yo no podía decir que no sabía nada, la gente estaba muy interesada y fue algo que me llamó la atención. Me preguntaban cómo la había pasado, qué me habían hecho. Y durante estos treinta y pico de años lo conté mil veces y siempre hay alguien que quiere saber. A la gente realmente le interesa, yo creo que tenemos la obligación de contarlo, ya que tuvimos la desgracia de vivirlo, uno las tiene que contar, no las puede callar después de vivirlas. Es una experiencia muy fuerte”.
En este sentido, la sobreviviente Miriam Lewin coordinó un trabajo de investigación sobre lo ocurrido en Virrey Cevallos, realizado por un grupo de estudiantes y egresados de la Carrera de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, cuyo resultado puede consultarse en un blog.
En diálogo con Oral y Público, Vilma Aoad reiteró que lo más importante hoy es que aparezcan nuevos testigos que hayan pasado por este ex centro clandestino. Por esto será importante que la causa llegue a la instancia de juicio oral, ya que abre la posibilidad de que aparezcan nuevos testimonios, tal como ocurrió en otros procesos judiciales, que permitirán conocer sucesos que hasta el momento no se han podido reconstruir al ser solo cinco los sobrevivientes que dan testimonio.
Aquellas personas que tengan dudas o crean que podrían haber pasado por el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio Virrey Cevallos, pueden comunicarse con el Instituto Espacio para la Memoria (IEM) a través del teléfono 4342-7797 o el e-mail: [email protected]
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