21 sept. 2013

(Por La Retaguardia) El miércoles se cumplió un nuevo aniversario de la segunda desaparición de Jorge Julio López. Pasaron siete años desde que fue visto por última vez uno de los principales testigos -y además querellante- del juicio en el que se condenó al represor Miguel Etchecolatz a reclusión perpetua por los delitos de asesinato, secuestro y tortura cometidos en el marco de genocidio. Su desaparición en democracia continúa impune. Lo recordamos a través de las palabras de Miguel Graziano, autor del libro “En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López”, y Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA.


En diálogo con Oral y Público, el periodista Miguel Graziano afirmó que fueron muchos los motivos que lo llevaron a escribir el libro “En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López”, editado por Pella Lillo/Ediciones Continente e impreso en la imprenta recuperada Chilavert. Graziano señaló que la escritura surgió en un principio a partir de una pregunta que recorría los pasillos de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata respecto a “qué periodistas somos”; a la que se sumó una contundente declaración de Nilda Eloy, ex detenida desaparecida, querellante también de la causa Etchecolatz, y compañera y amiga de López: “ella decía que López había desaparecido muchas veces. Mencionaba la desaparición durante la dictadura en 1976 y también la de 2006 en democracia; pero ella decía que también había desapariciones simbólicas y decía que López había desaparecido de los medios de comunicación, por lo menos de los comerciales, de la justicia y de la agenda política. Y ese día creo que me hizo un click y pensé de qué manera se podía revertir esta desaparición simbólica, y lo que yo puedo hacer es periodismo, entonces trabajé en este libro con la intención en parte de hacer un homenaje al militante que empezaba a conocer, y contar también lo que había ocurrido después del 18 de setiembre de 2006”, relató Graziano. El periodista explicó que durante la escritura se detuvo en lo que llamó “las herencias” de López: “qué hizo él con la vida que le había tocado en este mundo, cómo resolvió los conflictos personales de ser un tipo del interior de la provincia, pobre, que tiene que exiliarse, mudarse a La Plata, que a los 43 años se entusiasmó con el regreso de Perón y empezó a ir a la unidad básica de su barrio, sin distinguir si era de la tendencia, no le importaba si eran Montoneros, porque al igual que ellos esperaba que Perón recuperara la Argentina, una Argentina de prosperidad, y cómo se comprometió después con esos chicos tras haber pasado por los centros clandestinos de detención y cómo sobrevivió a los silencios que se le impusieron, tanto familiar como de la sociedad argentina, que por muchos años no quiso saber lo que había pasado. Y cómo resolvemos nosotros la herencia que nos deja este 18 de setiembre de 2006”. Respecto al título del libro, "En el cielo nos vemos", que causa un duro impacto inicial, Graziano explicó que el objetivo fue ir más allá de una consigna, buscar algo que nos identificara como argentinos y que tuviera relación con la historia de Julio López: “a fines de diciembre de 1976 estaba en una celda en un centro clandestino junto a Julio Mayor y entra un oficial a buscarlos para -según les dicen- trasladarlos. Ellos no les creen, piensan que los van a matar, que los van a fusilar y que van a fingir un enfrentamiento, tal como iba a salir al otro día en los diarios. Entonces cuando se están yendo, Julio Mayor le dice a López ‘cagamos viejo, en el cielo nos vemos’. Finalmente sí los trasladan y tanto Mayor como López sobreviven a la dictadura y dan un valiente testimonio cuando se derogan las leyes de impunidad. Mientras escribía el libro, pensaba de alguna manera en esta situación: López sufrió la tan extraordinaria situación de ser secuestrado y desaparecido dos veces, ¿por qué no puede sobrevivir dos veces? y entonces decía ‘otra vez hay que decirle: cagamos viejo, en el cielo nos vemos’”. Con esa historia, el impacto inicial se desvanece y se torna esperanza, tal vez ingenua, pero esperanza al fin. Al respecto, Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA, afirmó que la imagen de “en el cielo nos vemos” es “hermosamente jodida” y destacó la importancia de rescatar al “viejo”: “tenía una carnadura muy particular, ese hombre del interior que luchó contra varias imposiciones de olvidos, incluso dentro de su propia familia, y contra eso no es que rompió abruptamente sino que hizo lo que consideró que tenía que hacer que era volver a jugarse con los compañeros. Nuestro querido viejo López, que de alguna forma nos volvía locos a los compañeros cuando estábamos haciendo la tarea de recuperación de datos en La Plata. Siempre venía con una historia nueva. Esa fue una pérdida notable que justamente fue hecha en estado de derecho por esas fuerzas oscuras que todavía están acechando y de vez en cuando se ponen en marcha y son muy jodidas”, recordó Basterra en Oral y Público. Basterra tuvo especial relación con Jorge López en el marco del desarrollo de los Juicios por la Verdad: “nos juntamos varias veces con Rufino Almeida, Adriana Calvo, varios compañeros, para intercambiar informaciones. Siempre nos resultó un hombre muy agradable, atento. Para nosotros su desaparición fue un golpazo”. La tapa y contratapa del libro de Graziano tiene fotografías de Jorge Julio López tomadas por Helen Zout. “En la tapa está este López introspectivo o mirando para adentro, con los ojos cerrados, que era un gesto que él hacía cuando recordaba con dolor lo que había pasado en los campos de concentración, y pusimos en la contratapa una foto de la misma secuencia, muy parecida, pero con los ojos abiertos, con una mirada directa a la cámara, un poco desafiante, porque este es el López que sobrevive, el López que se empieza a encontrar, que empieza a reivindicarse y a recuperar su fe en la humanidad con su declaración en el juicio contra Etchecolatz”, contó Graziano, que dedicó su libro a la memoria de Adriana Calvo, sobreviviente e integrante y referente de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, fallecida a fines de 2010: “fue la primera voz de los desaparecidos en el primer juicio en 1986. Adriana fue la primera ex detenida en prestar testimonio, así que me parecía muy simbólico. Me parece que es un tiempo en el que nosotros, que por ahí somos hijos de la dictadura, tenemos que prestarle mucha atención a los sobrevivientes, que durante muchos años tuvieron que soportar el ‘por algo será’ hasta de parte de compañeros de otras organizaciones, y hoy están dando pruebas de que fueron muy valientes y que sobrevivieron quién sabe por qué. Me parecía que Adriana representaba a la figura de todos los ex detenidos que están hoy prestando valiente testimonio en los juicios”. Sobre Adriana Calvo, Víctor Basterra dijo: “fue un personaje muy querido y también muy odiado por supuesto porque siempre hay otra cara, no de Adriana sino de los que enfrentaba. Cuando uno testimonia, lo hace con todo el peso de los ovarios o los huevos de uno, y Adriana era una mujer realmente con mucho coraje. Valen la pena todas las menciones que haya en su recordación. Hay que mirar siempre como ejemplo a Adriana en su inclaudicable pelea por la búsqueda de la verdad y de la justicia. Uno se ha nutrido mucho de ese ejemplo”. En su libro, Graziano también recata la figura de Silvia Suppo, sobreviviente y testigo en el juicio de 2009 que condenó por primera vez a un juez federal (Víctor Brusa) por delitos de lesa humanidad, que fue brutalmente asesinada en su negocio de la localidad santafesina de Rafaela hace más de tres años, en circunstancias que permiten no descartar que el crimen haya tenido que ver con su testimonio. “Quise recordarla -afirmó el periodista- porque de su crimen aún hay muchas dudas y la justicia, siempre cómplice de las fuerzas de seguridad corruptas, se ha empeñado en que quede que dos pibes que cuidaban o estacionaban los coches en el barrio quisieron robarle, pero la mataron de una manera muy cruel, así que me parecía también muy importante rescatarla”. Este 18 de setiembre de 2013 hubo movilizaciones masivas, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en La Plata, además de otras localidades argentinas, en las que se exigió “basta de silencio, encubrimiento e impunidad, aparición con vida ya de Julio López, y juicio y castigo a los responsables de su segunda desaparición”. “Es un tema que debe estar absolutamente vigente y además es una deuda que tiene el estado de derecho o quienes establecen el estado de derecho, o quienes lo desarrollan. Esto no puede quedar así. Es el hombre que desapareció dos veces y esta última es la definitiva y justamente en tiempos de estado de derecho, donde se están ventilando cosas que nunca se habían ventilado, tratan de frenarlo de alguna forma, con esta acción como fue el secuestro y la desaparición de Jorge Julio López. Entonces hay que pelear con más fuerza, no hay lugar para claudicaciones”, cerró Víctor Basterra su recuerdo sobre Jorge Julio López a siete años de su segunda desaparición.

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Miguel Graziano, autor del libro

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Víctor Basterra sobre López

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