1 nov. 2013

(Por La Retaguardia) Los trabajadores de la Cooperativa Gráfica MOM continúan acampando en la puerta de la imprenta de Pompeya a la espera de poder ser una fábrica recuperada. En los próximos días podría definirse la situación de la empresa Lanci Impresores, ya que la justicia dictó un pedido de quiebra al que sus dueños deberán responder este 11 de noviembre.

El juez Fernando Durao, del juzgado comercial N°5 de la Ciudad de Buenos Aires, dictó la quiebra de Lanci Impresores que se encontraba concursada desde 2008. Durante cuatro años, los trabajadores soportaron demoras en el pago de los salarios y distintos tipos de maltratos, hasta que el 28 de mayo de 2012 dijeron basta y resolvieron tomar la fábrica. Dieciséis de los cincuenta trabajadores mantuvieron esta medida durante prácticamente un año. El 14 de mayo de 2013 fueron desalojados a partir de una orden judicial con la ayuda de efectivos de la Policía Metropolitana y desde ese momento llevan adelante un acampe en la puerta de la empresa, ubicada en la calle Mom al 1800 del barrio de Pompeya.
“Veníamos un poco saturados de la situación que estábamos viviendo en cuanto a lo monetario. Acarreamos cuatro años de deuda. Y como laburantes el bolsillo es sagrado en parte, pero también se suma una situación de manoseo de parte de la patronal que desemboca en el momento en que decidimos cerrar el portón, siempre tratando de llegar a un arreglo, a una definición... conseguir algo. Era demasiado lo que estábamos pasando”, así explicaba Ramiro Sivila, en diálogo con La Retaguardia, por qué decidieron tomar la fábrica.
Sivila aclaró que antes de tomar esta medida hubo varios intentos de alcanzar un arreglo con la patronal: “se ofrecieron propuestas en muchas charlas para ver la manera de poder avanzar. Muchas veces fuimos cediendo siempre tratando de apoyar, y no de tirar en contra de la firma. Esperamos para ver si había un vuelco de alguna manera, se ayudó desde ese lugar, se dio mucha rienda, por eso pasaron cuatro años que fue mucho tiempo. Quizás uno dejó pasar esos cuatro años como parte de la buena predisposición y voluntad. Hasta que llegó este momento del 28 de mayo del año pasado en que se decidió tomar la fábrica, obviamente la patronal recurrió a la justicia y de ahí desembocamos en este desalojo del 14 de mayo de este año”.
En estos cinco meses y medio de vigilia, los trabajadores recibieron el apoyo de vecinos y organizaciones, y también asesoramiento de la Red de Gráficas Cooperativas: “hay mucha solidaridad de la gente que se acerca a dejar alimentos, también ayuda económica de otros talleres, de otras fábricas que aportan una moneda y la estamos peleando desde ese punto. Hay una red entre las fábricas que se bancan estas cosas. Está la Red de Cooperativas Gráficas que están siempre apuntalando y están muy cerca de nosotros desde que comenzó esta instancia. Poder resistir estos cinco meses y medio con todo lo que es el desgaste de la situación, toda esta gente que está alrededor nuestro de alguna manera fortalece mucho el espíritu, de otra manera podría decir que es casi imposible poder llegar a hacerlo”, relató Sivila.
Las gráficas que están dentro de esta Red de Cooperativas son alrededor de veinte, y todas tienen distintas historias en relación a cómo han podido avanzar dentro de la adversidad. Hoy en su gran mayoría están instaladas, trabajando muy bien, dando una contundente demostración de que lo que quieren llevar adelante los trabajadores de la ex Lanci Impresores, hoy Cooperativa Gráfica MOM, no es una utopía.
“Uno como trabajador, como laburante, empieza a ver todos estos procesos a raíz de la situación que a uno le ha tocado pasar, a partir de una causa de fuerza mayor, pero todo es un aprendizaje”, señaló al respecto Ramiro Sivila.
Cuando era trabajador de Lanci Impresores, Sivila estaba en el sector de laminados, en la parte de encuadernación. La empresa se dedicaba más que nada al packaging de distintos productos, siendo su punto fuerte los envases de langostinos y calamares; muchos de los trabajos se hacían para firmas de otros países, mayoritariamente España y Chile. Las máquinas con las que desarrollaban estas tareas aún se encuentran dentro del taller y ese es uno de los objetivos del acampe: evitar que los dueños anteriores se lleven las herramientas de trabajo: “cuando nos instalamos acá esa era la idea principal, pero de alguna manera era lo único de dónde podíamos agarrarnos; si nosotros queríamos justamente formar parte y organizar una cooperativa el punto inicial era ese, la maquinaria. Lisa y llanamente lo que nosotros estamos haciendo acá es cuidar los puestos de trabajo”, señaló Sivila a La Retaguardia.
Pero durante estos cinco meses y medio de acampe, los trabajadores también fueron víctimas de distintas medidas que apuntaban a su desgaste. Hace algunas semanas, la justicia impuso una restricción a doce de las personas que permanecen en la puerta de la fábrica. No podían acercarse a quinientos metros de la empresa. “Fue un momento complicado –recordó Sivila– porque quedamos cuatro nada más en el acampe, lo que generaba una situación tensa porque uno aparte de estar en el asentamiento, de haberse comido el desalojo que fue un poco más violento de lo que tendría que haber sido, después de esta restricción es como que se desgasta de algún modo. Esta restricción fue por el plazo de un mes. Después la patronal no lo quiso volver a pedir porque tenía intención de llegar a una mesa de conversación con nosotros. Ahora veremos qué pasa con esta mesa porque hay una instancia judicial que está llamando un pedido de quiebra, así que ahora estamos esperando a ver cómo reacciona la patronal ante este pedido. Tiene plazo hasta el 11 de noviembre y a partir de ahí veremos cómo sigue nuestra historia”.
Mientras la fecha de definición se acerca, los trabajadores de la Cooperativa Gráfica MOM permanecen acampando en las puertas de la imprenta, a la que esperan poder ingresar pronto para hacer realidad en la práctica sus deseos de ser una nueva fábrica recuperada.

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