9 nov. 2013

(Por La Retaguardia) Hace pocos días se realizó la Campaña Mala Sangre, en la que un grupo de periodistas y un músico de Mar del Plata aceptaron sacarse sangre para ver cuán contaminadas estaban de distintas sustancias derivadas de agrotóxicos. Repasamos los resultados y las conclusiones con Silvana Buján, de Bios ONG, una de las impulsoras de esta iniciativa, quien también dejo sus muestras para que fueran analizadas.

La idea original era que los que se extrajeran sangre fueran los funcionarios relacionados con las áreas de Salud, Producción y Ambiente de Mar del Plata, pero ante la negativa o mejor dicho la falta de respuesta a la invitación, se convocó a periodistas reconocidos de la zona y a un músico. La periodista Silvana Buján, asesora y consultora en ambiente, integrante de Bios ONG, RENACE (Red Nacional de Acción Ecologista) y la Red Alerta sobre Transgénicos, no sólo impulsó esta campaña, sino que a su vez también participó extrayéndose sangre. “Los funcionarios no pusieron el brazo para sacarse sangre y tuvimos que hacer una apertura pública y convocamos a los personajes más entrañables de la ciudad, que son esos periodistas que conducen el noticiero del mediodía, de la noche, de la mañana, que hace muchos años que están en los medios marplatenses, que es gente que no está vinculada a los partidos políticos y que tiene una trayectoria pública y conocida. Efectivamente ellos aceptaron al igual que un folclorista también de Mar del Plata. En los medios periodísticos locales había títulos muy divertidos que decían, por ejemplo, ‘¿tendrán sangre los funcionarios?’”, relató Buján a La Retaguardia y agregó: “se hicieron las extracciones, tuvimos un montón de desventuras en todo el proceso, todo tardó mucho más de lo que tendría que haber tardado y finalmente pudimos demostrar lo que en esta etapa de esta campaña estábamos buscando”. En un primer momento, el objetivo era demostrar que los agrotóxicos no se quedan solo en el campo, sino que salen de allí y afectan los bordes de la ciudad. Luego evaluaron qué pasaba con las personas que –más allá del lugar donde vivían– comían habitualmente verduras. Las analizaron y encontraron un montón de sustancias; en función de esto se preguntaron: “¿los que comemos esas verduras acumularemos eso en el cuerpo o el cuerpo lo podrá procesar, eliminar y estaremos limpitos?”. En esta etapa de la campaña, entonces, fueron a buscar qué residuos de agrotóxicos había en sangre e hicieron muestras en Argentina y España: “en Argentina buscamos más que nada lo que habíamos encontrado concretamente en la lechuga, en el morrón, en el tomate, y allí estaban. Y en España aprovechamos que tenían un equipo súper complejo y se hicieron una docena de determinaciones, entre ellas algunas sustancias como por ejemplo el PCB, aquel viejo refrigerante de los transformadores, que ahora está prohibido pero que durante muchos años se usó. Lo que se comprobó entonces no es que se sigue usando sino que permanece en la sangre”, explicó Buján. “Las conclusiones más importantes que sacamos –continuó– son, primero, que las sustancias no se van, no desaparecen; vos las ponés acá y si se evaporan, se van para arriba pero no desaparecen, después la lluvia las podrá hacer caer, ir a parar al agua, a la tierra. Además, estas sustancias en particular, es decir, los cuerpos orgánicos persistentes que son los que están enlistados en el acuerdo de Estocolmo como el endosulfán, PCB, el endrin, como tantos otros, se quedan en la tierra, en el agua. Entonces, si se quedan en el pasto que come la vaca, en la leche que da la vaca, de modo que todo lo que está en el ambiente siendo compuesto orgánico persistente circula, termina en el cuerpo humano. Somos el extremo de la cadena trófica. Y una vez que entra al cuerpo humano, se queda. Si hiciéramos estos análisis dentro de quince años estas mismas personas tendrían porcentajes más altos de compuestos orgánicos persistentes”. Los efectos en seres humanos
Por lo pronto, está comprobado que el cuerpo humano no está preparado para tener estas sustancias en su interior. “Evidentemente nuestra fisiología funciona gracias al delicado equilibrio de muchas cosas, pero jamás de PCB y todas estas cosas que son producto de la química de síntesis, y pueden pasarnos muchas cosas”, aclaró Buján a La Retaguardia. La periodista y asesora en ambiente explicó que las cantidades de estos cuerpos orgánicos persistentes que aparecen en los análisis son pequeñas pero que se trata de sustancias que tienen características especiales lo que implica, por ejemplo, que la presencia de pequeñas dosis haga más daño que si se registran grandes cantidades: “esto se llama efecto paradójico, y quiere decir que si el cuerpo recibe una dosis visible, un poco más grande de una sustancia, la ve venir, la baraja, la trata de procesar de alguna manera, la manda por los riñones, la expulsa de alguna forma, pero si la dosis es tan pequeña viene con el queso, la lechuga, durante todo el día con lo que comemos estamos recibiendo pequeñísimas dosis, entonces el cuerpo las va guardando porque no las identifica como algo que está entrando y no debería hacerlo, entonces se meten insidiosamente en los tejidos. Van a parar a los núcleos celulares, al sistema hormonal, que es el otro cuco de los compuestos orgánicos persistentes, ya que funcionan en el organismo como si fueran hormonas, se llaman disruptores endocrinos, porque se meten en el cuerpo y empiezan a jugar a la hormona y hacen estragos, llevan y traen mensajes como las hormonas pero no son hormonas”, graficó Buján. Los efectos también dependen de la edad de la personas. No es lo mismo si se trata de un embrión dentro de una panza, un niño pequeño, un adolescente que está desarrollándose, o un anciano que tiene las defensas bajas. Además, la forma en que el cuerpo reacciona depende de en qué momento se tiene la exposición o se produce la acumulación suficiente de estas sustancias: “si sos desnutrido es peor todavía, o si tenés además un montón de pequeñas dosis de un montón de cosas, porque nosotros analizamos doce, pero cuando la organización Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) hizo lo mismo en Europa en 2008, invitó a los ministros de salud y ambiente de Europa a hacerse las determinaciones y respondieron catorce; hicieron un abanico bien grande, se buscaron 106 sustancias y encontraron 55 promedio en cada uno. Eso generó que hoy Europa tenga las normas de control, registro, transporte, utilización y disposición final de sustancias tóxicas que tiene, por lo cual allí se sabe dónde están los camiones que llevan cada cosa, dónde están acopiadas las cosas en los distintos galpones de las distintas industrias. Es obligatorio tener absolutamente todo registrado, no se les escapa nada. Eso se logró gracias a una campaña así realizada hace muchos años que visibilizó que esas cosas no desaparecían, que se quedaban en la comida y terminaban en nuestro cuerpo”, aseveró Buján. La periodista advirtió que en los últimos dos o tres años, han estallado problemas de salud en varias zonas del país: “aumentos estrepitosos de diabetes, fallas renales crónicas, parkinson. Ahora parece que inevitablemente tendremos todos parkinson cuando seamos viejos. Eso antes no pasaba, ¿por qué ahora sí? Efectivamente este año el parkinson fue asumido internacionalmente como originado en gran parte por los plaguicidas. El parkinson es una enfermedad neurológica que no tenía durante muchísimos años una incidencia alta en las poblaciones, y últimamente hay cada vez más casos. La lista de enfermedades que se presentan es muy grande”, enumeró.

¿Y entonces qué comemos?
Buján es vegetariana hace más de treinta años y en los estudios surgió que en su cuerpo hay presencia de endosulfán y DDD, un metabolito del DDT. Pero claramente quienes sí comen carne tampoco están exentos ya que estas sustancias se acumulan en tejidos grasos, por lo que obviamente aparecen en la carne de la vaca. Respecto a las sustancias halladas en su cuerpo, Buján señaló: “en el caso del endosulfán, cuando se lo incorporó en el convenio de Estocolmo, la Argentina pidió una dispensa de dos años porque tenía mucho stock, es decir solicitó no cumplir el acuerdo por dos años para sacarse de encima esta sustancia, lo que significa desparramarlo. Recién en julio de este año quedó finalmente prohibido en el país. En cuanto al DDD, es un metabolito de aquel viejo DDT que provenía del gamexane, esa cosa espantosa que se ponía en todas las casas, en las cabezas de los niños, y que está prohibidísimo como hace cuarenta años. Sus metabolitos siguen dando vueltas por ahí, y de esos tengo en el cuerpo”. “En realidad lo que se tiene que hacer primero es conocer que existe este problema –afirmó la periodista a La Retaguardia–, porque hasta hace no mucho tiempo nos negaban que las derivaciones se iban para afuera, nos negaban que en las verduras hubiera residuos de plaguicidas, y después que éstos llegaban al cuerpo. Todo el sistema nos lo negaba; los productores, los funcionarios nos decían que no podía ser, que éramos alarmistas. Y ahora estamos demostrando paso a paso que claramente es verdad que esas cosas pasan”. Al respecto, Buján recomendó estar informados y promover la agricultura orgánica: “una de las grandes mentiras que nos acompañó a todos los que andamos por este planeta desde mediados del siglo pasado fue que era imposible cubrir el problema del hambre en el mundo sino tenías a mano un buen bidón de estos agroquímicos. Esa fue una mentira muy grande de la revolución verde de los años '50, pero como vieron que el hambre seguía estando y no sabían qué hacer decidieron recurrir a los transgénicos y sacar un nuevo negocio diciendo que iban a resolver el problema del hambre en el mundo en los '90. Pero tampoco lo hicieron, a lo sumo le dieron de comer a los motores de algunos automóviles, o a algunos cerdos en China con comida balanceada. Entonces pasaron a la nanotecnología que es la última ola, las mismas empresas tratando de decir que con eso sí iban a resolver el problema del hambre en el mundo. Pero este flagelo se va a resolver con la agricultura tradicional, la orgánica que se usó durante milenios en el planeta, el problema no está en la producción sino en la distribución, eso es evidente y popular, y en el caso argentino tenemos todo para hacer un excelente país productor de producción orgánica, tenemos todos los climas, es maravilloso lo que se puede hacer, hay muchísimo orgánico haciéndose en Argentina”. Particularmente en la Ciudad de Buenos Aires hay dos grandes centros de distribución de producción orgánica, El Galpón en el barrio Chacarita, y el Mercado de Bonpland. En Mar del Plata se encuentra la Feria Verde, a la que recurren todos los productores orgánicos de las zonas de Laguna y Sierra de los Padres: “producen muy bien y lo venden en el marco de la Universidad, la facultad les ha dado un espacio, y en una feria en una plaza. Es una buena opción local. Son ejemplos de cómo se puede producir verdura fresca y alimentos producidos como mermelada, cosas envasadas. No es más caro, al contrario, estás ahorrando pagarles a estos criminales una gran cantidad de dinero en la forma de veneno, y tenés la seguridad de que no estás dejando un mundo espantosamente contaminado para tu familia, para los que vienen después”, aseguró Buján. En este sentido, muchos productores se están convirtiendo a la agroecología: “hoy me contaba un productor que cada vez veía más productores que se convertían, y le pregunté si era porque se daban cuenta de que era mejor, pero me dijo que no, que es porque se la ven venir, que cada vez va a haber más denuncias, que van a estar cada vez peor, que van a tener que tomar más recaudos con lo que manipulan porque se vienen cosas más duras”, contó Buján. Los “descontroles” de los agrotóxicos
Durante la presentación de las conclusiones de la Campaña Mala Sangre, se adelantaron además algunos de los pasos a seguir. Al respecto, Buján detalló: “continuaremos con el pedido de reclasificación, nos están vendiendo cosas por Banda Verde que son letales. Lo que indica cuán tóxico es un producto es lo que se llama su clasificación, si es del 1 al 4, o si es de Banda Verde a Banda Roja que es la más peligrosa. A esa clasificación la dieron las propias empresas que las fabrican. No hubo ningún chequeo analítico para ver si lo que estaban diciendo era verdad. Además, la metodología con la que se hace la clasificación es una que la propia Naciones Unidas dice que no se debe usar como metodología principal, que es la dosis letal cincuenta. Tiene que ver con cuánto le tengo que poner del producto a una masa crítica de ratas para que se me muera la mitad, con eso ven cómo clasifican y qué le dicen a la gente que tiene que tomar de recaudos frente a una sustancia. Pero las empresas lo usaron así y nos inundaron el mercado con cosas que son mucho más peligrosas de lo que dicen sus etiquetas. Otra cosa que no es menor es que si querés poner una panadería en un lugar tenés que hacer una evaluación de impacto, decir qué va a salir por la chimenea del horno, qué vas a hacer con las cáscaras de huevo, con las bolsas de harina, cómo vas a disponer los residuos, para que dentro de un año vaya un auditor a mirar si no te pusiste a fundir metales adentro del horno. Ahora, a una producción agrícola que va a comprar, manipular y aplicar al suelo, al aire y al agua, toneladas de sustancias altamente tóxicas nadie le pide un papel, quedaron exentas de la legislación. Toda industria, emprendimiento o comercio tiene que hacer su evaluación para ver si se puede poner ahí y declarar qué va a hacer y que después los controlen, la producción agrícola no tiene nada de eso”. Conclusiones
Los resultados obtenidos por la Campaña Mala Sangre han tenido un fuerte impacto mediático. Quedó demostrado que los agrotóxicos no “desaparecen” luego de aplicados, sino que algunos degradan en metabolitos que persisten en el aire, el agua, las comidas y terminan en el cuerpo humano y deprimen el sistema inmunitario. Esto hace que las personas sean más sensibles a enfermarse de distintas patologías. En este marco, los organizadores de la Campaña reclamaron que el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, los organismos dependientes y vinculados como el SENASA, apliquen la Recomendación 147/2010 del Defensor del Pueblo de la Nación y de la Auditoría General de la Nación y coloquen Banda Roja a todos los agrotóxicos hasta tanto no se realicen los estudios toxicológicos de cada uno de los principios activos y de los formulados que se aplican en la producción agrícola. Pidieron también que se exija una Evaluación de Impacto Ambiental a la producción agrícola, tal como se hace con cualquier otra actividad productiva. A su vez, solicitaron que se separen las aplicaciones de agrotóxicos a al menos mil metros de las zonas habitadas, hasta tanto se revise su clasificación.

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3 comentarios:

  1. por una reclasificación de los agrotóxicos, es una de las maneras de paliar el efecto de este modelo agroindustrial. Hay que promocionar y publicitar los resultados y llevar las charlas a las escuelas. Los pibes tienen derecho a su futuro

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  2. Siempre nos cuentan que por la cordillera la resistencia a las mineras nació así: charlas en las escuelas y luego los pibes interpelando a sus papás en casa. Los grandes teniendo que averiguar y al conocer la mano, a organizarse para pelear.

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  3. hola soy porador de vih hepatitisc y deprcio spicotica, me atiendo en le muñiz tengo mucho problemas con pami y el jefe pamiro pere y su sociloga la señora luna . no me manda medicaci deribacionoes al hospital ni el dinero para ir est es de largadata , ya no puedo mas le hechan la culpa aldirector ejecutivo de nar delplata eldortor ali dicen qe rel es el qu no manda el dinero y se enrriquese a si mismo # tengo testigo de lo que dicen" y aparte me discriminan con palabras irrepetibles. hoy perdi el turnu y ya no se si suiciudarme por causa de estas personas eltelefono de pami mar de ao es02257423774.gracisa por prestarme su oido fabian

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