16 nov. 2013

(Por La Retaguardia) “A Guevara no”, dijo Luciano Arruga. El relato de un momento en plena jornada laboral en una fábrica de fundición, encuentra a Damián Piraino debatiendo con Luciano Arruga y un amigo acerca del precio del honor personal. Piraino describe los labios desclasados, la risa pura que reflejan los ojos de Luciano, de donde surgen nobles respuestas que lo llenan de esperanza.

Pero aparecerá entonces el sistema asesino que ajustará su última clavija con el secuestro, la tortura y la desaparición de un pobre joven del primer cordón bonaerense. Negarse a comprender, a naturalizar que esto suceda: “no está ya suficientemente pauperizado, no queda ya de antemano excluido de pertenecer, no está arriba de un carro juntando el desperdicio de una sociedad asquerosa para poder sobrevivir. Tal vez se trate del monstruo capitalista y su espíritu insaciable que necesita devorar para mantenerse en pie”, reflexionará Piraino y agregará: “cada vez que escuchamos de los multimedios que la inseguridad crece aceleradamente tenemos que pensar que irremediablemente el monstruo deglutirá un nuevo cuerpo infantil de nuestros barrios para proteger la seguridad de vaya uno a saber qué ladrón de barrio cerrado”. Dirá entonces que le repugna que Luciano no esté, que lo impulsa y lo mantiene vigente, que despierta en todos nosotros SED, y que para mala suerte del enemigo hay un “grupo de sedientos tan maravilloso, tan perfecto en cada una de sus partes que no habrá oasis en el mundo capaz de saciarla”. Tan solo fragmentos del libro “Detrás de Luciano” del hoy abogado Damián Piraino, escrito desde el corazón, la bronca, la resistencia y la ausencia. Y leído desde el corazón, la bronca, la resistencia y la ausencia por La Retaguardia.

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