1 dic. 2013

(Por La Retaguardia) A primera vista, la noticia de la muerte de un personaje como Ricardo Fort no tiene nada que ver con nuestra agenda; sin embargo, hablamos sobre el tema con Jorge Garaventa. El psicólogo reflexionó, atrevido como siempre, sobre el sufrimiento que se escondía detrás de este personaje mediático y por qué su muerte puede conmovernos.

El mismo día que se conoció la muerte de Ricardo Fort, Jorge Garaventa escribió en su facebook: “yo creo que de lo que se trata es de poner un poco mas de comprensión, solo eso, y de hacerse cargo...cuando corresponde... si se entendiera que el disparatado personaje que lo alojaba fue tallado en el odio social y en la discriminación al diferente, si se lograra advertir que detrás de semejante construcción había un niño desolado y con el corazón destrozado, si se pudiera ver que no hay dinero que albergue el sufrimiento, si se lo hubiera mirado a los ojos unos segundos, apenas esos segundos que se le escapaban al personaje, tal vez, digo tal vez, no circularían tantas burlas sobre la muerte de Ricardo Fort...pero eso hablaría de una sociedad menos cruel e indiferente ante el sufrimiento del otro, y estamos lejos...muy lejos...”. El texto recibió gran cantidad de mensajes positivos y fue replicado por cerca de mil personas, dando cuenta de que tenían el mismo sentir que Garaventa. “Hubiera sido más fácil callarse o sumarse a algunas manifestaciones de alegría que circulaban por la red –dirá unos días más tarde en diálogo con La Retaguardia–; en realidad lo que a mí más me exaltó fue esta cuestión de la burla hacia la muerte del personaje. Por un lado, creo que no es necesario aclarar que estoy en las antípodas ideológicamente de Fort, pero me pareció que había un espectáculo tanto más degradante y degradado de lo que había sido la vida de este hombre, y que por lo menos valía la pena lanzar esa reflexión, que después puedo llegar a corregirla o no. Por otro lado, debo reconocer que la repercusión que tuvo el post me sorprendió profundamente, quiere decir que había muchísima gente que no había encontrado las palabras o no se animaba a plantear cuestiones parecidas porque Fort es como el héroe de la tilinguería o es un antihéroe, entonces no se podía salir a decir mucho sobre él”. Aclarando que muchos de sus planteos recientes se relacionan con la lectura que viene haciendo de la obra del filósofo Michel Foucault, Garaventa caracterizó a Fort como un producto social. En este sentido, señaló: “creo que hay que empezar a desmitificar la cuestión de los monstruos y empezar a poner las cosas en su lugar en el sentido de que todos estos personajes, los buenos, los malos, los mediocres y los notables son productos sociales. Fort no era ni más ni menos que eso”. A partir de un entredicho con un amigo, el psicólogo reflexionó acerca de las reacciones sociales ante la muerte del mediático empresario y el represor Jorge Rafael Videla: “(mi amigo) se enojaba razonablemente diciéndome que si yo lo comprendía a Fort podemos terminar comprendiendo a Videla y ‘yo en esa no entro’ me dijo. De cualquier manera, no se puede comparar un personaje mediático, ni aún siquiera si fuera cierta esta cuestión de empresario explotador, con alguien que comandó un genocidio. Cuando falleció Videla, las cosas que yo planteaba era que me parecía que las manifestaciones de alegría, de explosión que circulaban en algunos lugares no nos aportaban al crecimiento político, que la cuestión pasaba por tratar de hacer toda una lectura política acerca de quién fue el personaje Videla, y por qué pudo reinar durante tanto tiempo, por qué fue quién fue, cómo fue la cuestión del consenso social durante el genocidio que él comandó y por qué después terminó muriendo en soledad”. Para Garaventa, cuando se observaba a Fort lo que se veía con mucha claridad era un “sufrimiento neurótico detrás de un semblante de un tipo que estaba por encima de todo, que se reía de todo el mundo, pero que en realidad no podía dejar de sufrir”, explicó. “Este personaje estaba construido de una manera bastante burda, lo cual permitía ver con cierta facilidad lo que había detrás. El tipo se encontró siendo un empresario que terminó delegando en el resto de la familia el manejo de la empresa. Por supuesto que disfrutó de la guita, la dilapidó, hizo todo lo que la guita le permitió, menos seguir viviendo. Pero más allá de eso, era tan evidente acercando un poco el foco que era un individuo que detrás tenía un sufrimiento atroz... me parece que no cabe ninguna duda que ha sido un tipo que no la ha pasado bien, de hecho cuando uno lee los informes médicos es un tipo que estaba sobremedicado hacía diez años, que estaba con diez mil operaciones, más allá de las intervenciones estéticas que se hizo. Es decir, una vida con un sufrimiento atroz”. Para el psicólogo estas características son las que nos llevan a entender por qué su muerte conmueve: “el sufrimiento a flor de piel disfrazado de displicencia, de banalidad, de burla hacia los demás. Una cosa absolutamente maníaca, porque en realidad, no lo sabíamos, pero estaba en una carrera contra la muerte absolutamente urgente. El tipo está internado por una cosa absolutamente menor y termina disparándose de la forma en que se dispara; esto quiere decir que había un organismo que ya se iba preparando para la muerte. Esto es en realidad lo que genera el abuso, el maltrato, creo que no hay muchas dudas de que este hombre ha pasado por esas vicisitudes, sufrimientos y por la cuestión de la discriminación al diferente. Me parece que lo que de alguna manera también se vehiculizó en tanta burla es que se había muerto ‘el puto’. Creo que esta fue una de las mechas que encendió tanta burla en la red”, agregó. La muerte de Ricardo Fort trajo consigo horas de cobertura mediática: “usando un dicho muy trillado pero que muerto el rey, viva el rey, a ver quién ocupa ahora ese lugar porque el espectáculo continúa, Fort ya no está, la muerte de él da para tres días más y a ver ahora quién ocupa eso que él dejó vacante. Hay una cierta prensa, que es lo que históricamente llamamos la prensa amarilla, que hace rato que viene cruzando los límites y que en pos del espectáculo ha dejado de lado la dignidad, los principios”, dijo al respecto Garaventa. Un ejemplo de estos días fue la pregunta que le hizo un periodista a uno de los hijos de Fort, de nueve años, acerca de cómo se sentía respecto a la muerte de su padre. De todos modos, Garaventa retomó la cuestión de las complicidades sociales al asegurar: “si hay un periodismo amarillo es porque hay quien lo consume. Hoy Crónica como es un órgano del oficialismo ha pasado a ser un diario bueno, pero no nos olvidemos que Crónica era el estandarte del amarillismo y ahora es cool, pero ha hecho escuela y mal, o bien como quieras verlo”. Detrás del brillo, la espectacularidad y la cobertura mediática permanente, y más allá de lo que haya generado en cada uno el Fort personaje, su vida y su muerte pueden servir para reflexionar acerca de ciertas características de la sociedad argentina, más que nada a partir de las lúcidas palabras de Jorge Garaventa.

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