7 dic. 2013

(Por La Retaguardia) Los primeros días del mes de diciembre reúnen homenajes, conmemoraciones y actividades relacionadas con la defensa de los derechos humanos. Convocamos a las Madres de Plaza de Mayo María del Rosario Cerruti y Nora Cortiñas, para hablar acerca del secuestro y desaparición de doce personas del grupo que se reunía en la Iglesia Santa Cruz (entre ellas tres Madres del grupo inicial y dos monjas francesas), las marchas de la resistencia y el regreso de la democracia. Pasado, presente y futuro en palabras de dos grandes luchadoras.

Entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, fueron secuestradas doce personas del grupo que se reunía en la Iglesia Santa Cruz, ubicada en el barrio porteño de San Cristóbal. En su mayoría eran familiares de desaparecidos que habían comenzado a reunirse para continuar la búsqueda juntos, para intercambiar información, para acompañarse. Algunas Madres habían iniciado las rondas alrededor de la pirámide de Plaza de Mayo. Con mucho trabajo, habían logrado juntar el dinero para publicar una solicitada en un diario que denunciaría lo que estaba sucediendo y pediría datos sobre sus hijos. Pero el grupo fue infiltrado por Alfredo Astiz (quien se hizo pasar por un familar y hasta fue capaz de obligar a una secuestrada en la ESMA a que lo acompañe). Entonces, el horror se repitió.
María del Rosario Cerruti formaba parte de ese grupo inicial y fue testigo del secuestro de las madres Mary Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga, ocurrido aquel 8 en la puerta de la Iglesia: “lo tengo tan presente que parece mentira que hayan transcurrido ya 36 años. No he podido sacarme de la cabeza ese momento, nunca pensé que podía llegar a ser lo que fue, porque creíamos que las habían detenido y que aparecerían, ¿a quién se le iba a ocurrir que iban a meterse con las madres de los desaparecidos? No podíamos creer que se llegara a semejante crueldad con las Madres”.
Conmovida, con un tono de voz triste pero firme, Cerruti relató a Oral y Público los sucesos de aquel oscuro 8 de diciembre de 1977, no solo como si estuviera viendo esas imágenes que una y otra vez se la han aparecido en su cabeza a lo largo de estos años, sino también como si lo estuviera reviviendo, sintiendo el mismo dolor en la piel: “un grupo de madres nos habíamos reunido en la casa de Emilio Mignone (luego fundador del Cels, quien buscaba a su hija Mónica María Candelaria) y nos llamaron para decirnos que Esther ya tenía la plata que hacía falta para poner la solicitada al día siguiente, el 9 de diciembre, así que Beatriz Neuhaus y yo partimos de la casa de Mignone para la Iglesia Santa Cruz. Estuve en la puerta de la parroquia hablando con la hermana Alicia (Alice Domon) y con Mary Ponce hasta el momento en que sale Esther con una mujer que hasta el día de hoy no pude saber quién era, nunca se identificó quién estaba allí. Sale Esther y detrás de ella salimos nosotras, Beatriz y yo, y veo cómo un hombre en mangas de camisa la tironea a Esther y cuando Mary empieza a gritar ‘¿qué pasa?, ¿qué pasa?’, la tiran a ella también; y a mí me arrojan contra la pared y gritan ‘sigan que es un operativo por drogas, sigan’, y nos empujan con dos madres que venían detrás... fue un momento terrorífico, yo no sé cómo todavía lo puedo recordar con tanta crudeza, no puedo creer que lo haya vivido. Nunca más volví a ver a mis compañeras, sí supe de sus cuerpos hace unos cinco años. Es de una crueldad espantosa. Lo que hicieron con nuestros hijos y lo que hicieron con esas mujeres no se puede perdonar”.
Cerruti no iba habitualmente a las reuniones de la Iglesia porque vivía, al igual que ahora, en Olivos, pero sí los conocía a todos: “Santa Cruz es un lugar maravilloso, el único donde realmente nos habían abierto las puertas para reunirnos, tratar los temas, gestionar cosas; es un reconocimiento muy grande que tenemos por esa Iglesia. Pero mi lucha está desde el 10 de mayo de 1976, así que conozco a todas las Madres, fui del primer grupo que inició la lucha. En el año ’76 fuimos ya treinta familiares al Comando 1 a hacer una presentación. Estoy desde el primer día en contacto con todos”.
El 10 de mayo de 1976 cinco hombres armados ingresaron en la casa de Cerruti y allí se quedaron cinco horas esperando la llegada de su hijo Fernando para luego llevárselo. Antes de irse le dijeron a ella y a su marido que al día siguiente lo fueran a buscar al Comando 1 porque era un perejil. Cerruti se quedó toda esa noche haciendo el identikit de las cinco personas. Al llegar al Comando no le dijeron absolutamente nada sobre su hijo, pero se encontró con otras dos mujeres que hacía dos meses que buscaban información de sus hijos desaparecidos. Las tres comenzaron a recorrer hospitales, cárceles, iglesias y así se fueron encontrando con otras madres en la misma situación.
En diálogo con Oral y Público, Cerruti contó que ella no formó parte del grupo que realizó la primera ronda alrededor de la pirámide de Plaza de Mayo: “era sábado y no fui porque yo trabajaba y ese día tenía que limpiar mi casa, y Mary Ponce de Bianco me dijo ‘no te preocupes que a la vuelta yo paso por tu casa y te cuento lo que pasó’. Así que ella vino ese sábado a mi casa y me contó ‘fue un fracaso, no había nada, la plaza estaba vacía, la casa de gobierno cerrada, tenemos que volver un día de semana’. Así que a la semana siguiente volvimos un viernes para la hora de los bancos, cuando la Plaza está cubierta de gente. Allí empezó nuestra lucha más conocida, pero hacía ya un año que veníamos luchando, golpeando puertas, llamando a la Iglesia, preguntando a los políticos que se negaban todos, fue terrible... un año de angustia espantosa, y después cuando salimos a la luz con la Plaza de Mayo sufrimos el terrorismo más grande porque teníamos miedo de todo, nos asustaban, nos perseguían... nos detuvieron”. Los secuestrados serían víctimas de los vuelos de la muerte. Algunos de esos cuerpos (los de las tres Madres y el de la monja Leonié Duquet), que aparecerían en las costas de la Bahía de San Borombón, fueron enterrados como N.N. en el cementerio de General Lavalle e identificados en 2005 por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).
Sin duda, una de las situaciones más dolorosa que sufrió ese grupo inicial fue la infiltración de Alfredo Astiz, quién se hizo pasar por un tal Gustavo Niño, que decía buscar a un hermano desaparecido, y que fue quien marcó a los familiares para que el Grupo de Tareas 3.3.2 de la Armada Argentina los secuestrara. Al respecto, Cerruti aseguró: “no jugaron con los sentimientos, se metieron a investigarnos, a perseguirnos; Astiz estuvo detrás de Azucena (Villaflor) permanentemente, todo el tiempo, no la dejaba ni a sol ni a sombra,; le estudiaron todos los pasos porque era la más radiante, la que más impulsaba a las mujeres, la que tenía decisiones más rápidas, buscaron a las tres mujeres más capaces. Esther era una mujer muy politizada, sabía mucho, era una científica, y María Ponce era una luchadora, y las buscaron y pensaron que nos iban a destruir llevándose a esas tres mujeres tan valiosas; pero no nos destruyeron, seguimos su ejemplo, porque nos enseñaron muchísimo. Nosotras éramos muy torpes, no sabíamos nada de la vida, ni de los problemas, ni de la política y aprendimos tanto y tanto que nos hicieron fuertes. La vida de esas mujeres sirvió para enardecernos más todavía. Mientras viva, tendré el recuerdo imborrable de estas tres mujeres muy valientes, y de la monja Alicia (Alice Domon) que estuvo siempre al lado nuestro. Toda esa gente, esa juventud que se reunía en la Iglesia Santa Cruz, y esas Madres, y esas monjas, son de un valor inestimable, para mí han sembrado los principios verdaderos de la lucha, de la integración, de la dignidad, algo que no se puede negociar; la falta de justicia no se puede negociar jamás, eso nos han enseñado. Por eso para mí tiene muchísimo valor y mi único deseo es transmitirlo por lo menos a los de mi familia, a mis descendientes que sepan dónde está la indignidad”.

La Marcha de la Resistencia

Parte de esa lucha que sembraron estas mujeres se ve en cada una de las marchas de la resistencia que hace treinta y tres años llevan adelante las Madres de Plaza de Mayo junto a otros organismos de derechos humanos, como Abuelas, H.I.J.O.S., Familiares y Hermanos. Este jueves 5 de diciembre se llevó a cabo la marcha Nº33, a pocos días de cumplirse treinta años desde el retorno de la democracia. En este sentido, Nora Cortiñas de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora explicó que ellas suman nada menos que 37 años de lucha, con la misma resistencia de siempre: “seguimos esperando que se abran archivos, antes parecíamos locas porque lo pedíamos, pero resulta que ahora aparecieron unas carpetas que estaban archivadas. Algunas las conocíamos porque en el año ’84 había asistido con un juez a un allanamiento que se hizo en las oficinas de Walter Klein (funcionario de la dictadura en el área de economía), donde se encontraron estas carpetas con nombres de personas que estaban en el ojo de la dictadura cívico militar eclesiástica. Y ahora aparecen, quiere decir que si siguen buscando van a encontrar los archivos con los datos de quienes se llevaron a nuestros hijos, a dónde, quiénes son los responsables y todo lo que queremos saber acerca del secuestro y desaparición de nuestros hijos e hijas”.

"¿Cómo no va a seguir la resistencia?"

Se preguntó Nora Cortiñas en diálogo con Oral y Público, y ella misma enumeró parte de todo lo que aún falta: “las Madres queremos los juicios más ágiles, juicios por zona, por área, sabemos que se puede, hay que unificarlos; de cualquier manera los juicios son bienvenidos, tenemos que señalar que en las audiencias hay cosas que a nosotras nos impactan día por día y es el testimonio de los que fueron víctimas, el testimonio ético, valioso, valiente y solidario, donde dan muestras de que no se olvidaron de los que quedaron soterrados en ese infierno. Tenemos abogados que trasladan al papel ese testimonio que es inobjetable, son también muy solidarios, y tenemos también algunos jueces que desde luego aceptan y juzgan, y que en muchos casos las condenas se condicen con los crímenes de lesa humanidad que se cometieron, en otras no tanto, pero todavía hay tiempo de seguir luchando. Podemos decir que es un logro que tuvimos”.
En el mismo sentido, Cerruti señaló que los juicios son buenos pero que aún no se llegó al fin determinante de condenar a todos los represores a los que describió como “esos canallas que están muriendo en la cama como seres normales en lugar de morirse en una cárcel como se lo merecen. Los crímenes cometidos son espantosos, porque aún si nuestros hijos hubieran sido los terroristas que ellos dicen debían ser juzgados y condenados como corresponde, no lo hicieron, entonces esas bestias no están muriendo como corresponde en la cárcel, sino en su cama como seres normales. Tengo muchas deudas que cobrar todavía. Han llevado la vida de mucha juventud maravillosa, sin justicia, sin razón, y todavía no tengo una explicación, entonces alguien me debe mucho todavía”, agregó.

A poco de cumplirse un nuevo aniversario de los secuestros en la Iglesia Santa Cruz y del retorno de la democracia, Cerruti reflexionó: “éramos mujeres de cincuenta años, inexpertas, veníamos de una educación completamente distinta a la de nuestros chicos, y hasta el día de hoy he aprendido muchísimo y puedo decir con total libertad que de los políticos tengo mis temores, porque en algún momento nos han sabido dar la espalda y en otros nos trataron de utilizar, y en otros ahuecan el ala, y en otros momentos buscan votos, entonces tengo mucha desconfianza todavía de la política, sigo sin encontrar justicia”.
Las Madres de Plaza de Mayo mantienen la resistencia, quieren cobrar esas deudas que les deben, encontrar finalmente justicia y también acompañar y sumarse a otras luchas y resistencias de hoy, tal como lo explicó Cortiñas en Oral y Público: “las Madres estamos donde vemos una injusticia, donde sentimos por ejemplo que a las comunidades aborígenes se les niega la entrega de sus tierras ancestrales, ellos pueden trabajar y vivir de sus trabajos, lo que menos quieren es limosna, ni dádivas. Nos preocupa que se judicialice la protesta social, entonces estamos en eso. Estamos mal y preocupadas por lo que pasa en Córdoba con Monsanto envenenando la tierra, el aire, el agua, donde nacen niños con deformaciones, donde se muere gente de cáncer, hay tanto para arreglar, le dan permiso a la Chevron, a la Barrick Gold, a los que vienen a estropearnos y a llevarse nuestras riquezas, y encima todavía les pagamos. Vienen a hacer extractivismo con el fracking y van estropeando nuestra querida Pachamama, tenemos que estar en la resistencia, ¿cómo no vamos a estar si somos parte de la recuperación de la democracia?, y para que haya democracia tiene que haber más democracia y más respeto por ella. Es necesaria la resistencia, mantiene la dignidad de un país, de un pueblo. Es muy bueno y saludable seguir luchando para tener el país que soñaron nuestros hijos, nuestras hijas, y seguimos tratando de mejorar y tener una vida digna para hombres y mujeres de nuestro pueblo”.
Tras escuchar las palabras de Norita Cortiñas, Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA, afirmó que ella siempre lo/nos ayuda a seguir peleando. Lo mismo se extiende a María del Rosario Cerruti y a todas y cada una de las Madres de Plaza de Mayo.

Este 8 de diciembre

Mañana, como todos los 8 de diciembre, se realizará un acto homenaje en la Iglesia Santa Cruz, ubicada en Estados Unidos 3150. Este año la consigna es 12 x 12 = 30.000; y a partir de las 18, doce actores y actrices; Hugo Arana, Alejandro Awada, Carlos Belloso, Mirta Israel, Alejandra Darín, Mónica Galán, Mario Galvano, Constanza Maral, Juan Palomino, Pepe Novoa, y Julia Zenko, quien además cantará; representarán a los doce secuestrados de la Iglesia: Azucena Villafor de De Vincenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, fundadoras de Madres de Plaza de Mayo; las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon, y los familiares Ángela Auad, Remo Berardo, Raquel Bulit, Horacio Elbert, Julio Fondovila, Gabriel Horane y Patricia Oviedo. En este marco, se leerán distintos textos en un juego que implicará también la representación y homenaje a los 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos. Luego, habrá una celebración de la memoria por los treinta años de democracia.

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