7 ene. 2014

Leuzzi junto a sus colaboradores
de AViVi
(Por La Retaguardia) El gobierno porteño anunció el cierre del Programa de Atención a Víctimas de Delitos Sexuales que coordinaba María Elena Leuzzi, que preside además la Ong AViVi (Ayuda a Víctimas de Violación). La coordinadora, entre indignada y triste, contó cómo nació el proyecto que hoy parece llegar a su fin, al menos bajo la órbita del Gobierno de la Ciudad.

AViVi fue fundada en 2003. Es la única ONG del país que asiste solamente a víctimas de delitos sexuales. María Elena Leuzzi, cuenta que, "en el año 2007 fui convocada por el ex diputado Eugenio Burzaco, quien me arrimó a Mauricio Macri, que hacía sus primeros pasos en la política. Nos ofreció un lugar de trabajo (que siempre fue realizado desde mi casa), una computadora, algo bien armado para poder asistir a las víctimas, y accedimos al PRO Solidario sin sumar una bandera política. Mentiría si digo que en algún momento nos pidieron que los votásemos o que saliéramos a hablar de ellos. Después sí nos llevaron, cuando el Jefe de Gobierno asumió su cargo, a una oficina más amplia, muy cómoda, privada", relató Leuzzi en el programa radial Oíd Mortales, que conducen Cristina Varela y Luis Angió.
"La señora Gabriela Michetti nos dijo en ese momento: `Yo quiero que atiendan a todas las víctimas, aunque crucen la General Paz. Después, si no corresponde al Gobierno de la Ciudad ustedes se ocuparán de hacer las derivaciones correspondientes. Pero en primera instancia quiero que nadie se quede sin atención'. Nos pareció muy bueno, por eso seguimos trabajando ahí. Esto fue en 2008. Estábamos a cargo de otro subsecretario de derechos humanos, Helio Rebot, y hace dos años cambió por Claudio Avruj, y un director del piso, Leonardo Szuchet (director general de Atención y Asistencia a la Víctima). Empezamos a conocer el maltrato, lo que era la política; al no hacer política, comenzamos a sentir la discriminación, los golpes bajos, no solo a nosotras, sino también empezamos ver el maltrato a otros compañeros del piso donde se trabaja todos los días, y donde se ven que las cosas no son de igual a igual: el desmantelamiento, el vaciamiento de los diferentes programas que en algún momento el Jefe de Gobierno había anunciado en su campaña electoral. Empezamos a ver que había sido todo una mentira y que había embaucado a mucha gente vendiendo diferentes programas y muchas cosas para el resto de la sociedad que hoy están desgastadas.
Nosotros, de esa gran oficina con mucha privacidad, hasta el 2 de enero de este año teníamos un escritorio de un 1,40 x 1,20 con una sola silla y una computadora.

-Oíd Mortales: ¿Cuántas personas trabajaban allí?

-María Elena Liuzzi: Cinco. Cuando una se sentaba a hacer un escrito para presentar en una fiscalía o un informe de la psicóloga, las otras nos parábamos. Teníamos que ir abajo, otras caminábamos.

-OM: ¿Dentro de qué dependencia del Gobierno de la Ciudad estaban?

-MEL: En la Subsecretaría de Derechos Humanos (Rivadavia 611, piso 10). No teníamos cuadernos. Nos hacían hacer, como burla, una lista de materiales para poder trabajar todo el año, y nos traían cinco lapiceras, una tijera, una Plasticola y dos cuadernos. Entonces empezamos a llevar nuestras propias herramientas de trabajo.

-OM: Desde hacía dos años que estaban con este maltrato

-MEL: Claro. Pero nuestra intención era atender a las víctimas lo más rápido posible. El trabajo más grande se hacía siempre afuera: ir a las fiscalías, a los juzgados; acompañar a las víctimas y a sus familias a las cámaras Gesell; ir a la casa de las chicas que han dado a luz producto de la violación, que son todas niñas menores; ver si están las criaturas vacunadas, si reciben buena alimentación, si están creciendo bien.
Siempre con nuestra propia plata, acá no hay viáticos. Teníamos un sueldo de $4.000, del cual tenemos que pagar ingresos brutos.

-OM: ¿Estaban contratadas?

-MEL: Sí, año tras año. El contrato se levanta en el mes de enero y se cobran, en abril, enero, febrero y marzo. Pagamos Convenio Multilateral porque somos de Provincia y facturamos en Capital, pagamos monotributo: no nos quedan $4.000 en mano. Y de ahí también tenemos que disponer para cuando hay una emergencia a las once o doce de la noche e ir al Hospital Pirovano, al Álvarez o al Fernández a constatar que las chicas estén asistidas, que la medicación sea entregada en tiempo y forma. Y para volver a las cinco de la mañana ya no hay tren, colectivos, y es muy riesgoso para nosotras.

-OM: Ahora que ustedes no están, ¿alguien hace ese trabajo?

-MEL: No, porque esto fue el día 2 y hoy es 6. Anunció el señor Leonardo Szuchet que el programa no se cierra; que por falta de presupuesto nos despiden, porque queda plata solamente para hacer las Fiestas de las Colectividades en Avenida de Mayo... Nuestro lugar lo va a ocupar gente de planta permanente, que no tiene ni idea de cómo se maneja a víctimas de delitos sexuales.
Es más, hoy en la asamblea que se hizo con el gremio de delegados las chicas de planta permanente se negaron a hacer ese trabajo, porque dicen: `yo no quiero que me estrolen la cabeza. Este trabajo que ustedes hacen es imposible. Yo no me voy a levantar de noche para asistir a nadie, que Dios me perdone'.

-OM: ¿De qué presupuesto estamos hablando?

-MEL: 20.000 pesos mensuales. Hace casi más de un año que estábamos sin usar papel. Todo se hace a través de internet. Hay programas en computadoras donde se cargaban los datos, hacíamos los cierres trimestrales, porque no había que gastar en papel. Había otro equipo de trabajo, Proteger, que atendía a gente en situación de calle en invierno, los llevaban a los refugios, los alimentaban, los abrigaban; en verano con agua y comida fresca. También está desmantelado.
Y hoy nos comunicaron que otro programa, de gente perdida con alguna dificultad mental que se van de su casa y no saben volver, también fue desmantelado.

-OM: Lo del dinero parece una excusa...

-MEL: Claro. Se puede gastar para la fiesta de las colectividades. Como él (por Macri) dice “Va a estar bueno Buenos Aires”, sería bueno que él también sepa qué ha pasado en la Subsecretaría de Derechos Humanos.

-OM: ¿Cómo piensan seguir con este tema, además del reclamo y la denuncia pública?

-MEL: Yo me comprometí en el año 2001, cuando encontré a mi hija violada, casi muerta, a que esto no iba a volver a pasar mientras yo tenga un hilo de vida. Hoy me siento mamá de cada una de las chicas que van ingresando, lo pueden decir ellas. Yo no puedo sacar víctimas en los canales de televisión porque esto es un delito de instancia privada, y mi trabajo es protegerlas, cuidarlas y mantenerlas anónimas. Pero me gustaría que algunas de las madres y de las chicas pudiesen hablar por teléfono de cómo es el trato: el abrazo, el tenerlas cerca, sostenerlas; enseñarles nuevamente a viajar cuando tienen miedo de volver a subir a un tren, hacer postas de estación en estación: las ponemos en una puerta y les decimos que se quedan solas, pero en la otra estación va a estar otra persona esperándolas.
El 911 deriva a la Línea Mujer, y hoy no tenemos dónde atenderlas. En la desesperación dije que iba a poner una carpa en el Obelisco para atenderlas ahí. Pero no es justo, porque son seres humanos.
Por ser contratados teníamos el derecho a un preaviso de 30 días. No tuvieron ni esa delicadeza, ni llamarme y decírmelo frente a frente, sino que me lo comunicaron telefónicamente.
Todavía no puedo entender ni pensar con claridad cómo voy a enfrentar a una mamá hoy y decirle: `No te voy a poder seguir atendiendo. Teneme paciencia hasta que encuentre un lugar', o decirle a aquella chica que está próxima al juicio: `No tengo dónde seguir atendiéndote, se cortó el programa. Arreglate sola como puedas, buscate un profesional'.
Tengo que tratar de hacer una derivación, pero tengo que conocer a un profesional que esté capacitado para atenderla, porque es un ser humano. Yo no tengo un chanchito de la India en una canasta que lo puedo llevar y trasladar a donde se me ocurre.
Ojalá llegue alguien con sensibilidad. Yo estoy quebrada y tengo que seguir ahora, no por mí, sino por las que quedan detrás.
Me duele muchísimo esto. No era la forma. Deberían habernos anticipado el año pasado que esto no iba a seguir, y entonces hubiésemos tenido tiempo de ir preparándolas, hacer diferentes derivaciones.
No sé por dónde empezar: veo la lista y no sé por dónde empezar, a quién llamar primero, quién lo va a tomar mejor o a quién va a afectar menos.

-OM: ¿Cuántas víctimas en atención tienen en este momento?

-MEL: Alrededor de 300 con tratamiento. Algunas próximas a juicio, otros niños próximos a cámara Gesell, muchas con intento de suicidio.

-OM: ¿Tuvieron contacto con algún legislador de la ciudad?

-MEL: Hoy un legislador de apellido Rossi (del bloque Suma + en UNEN) me llamó y me transmitió que ellos iban intentar hacer una mediación, que esto que nos estaban haciendo era un horror. Y María Elena Naddeo también se solidarizó con nosotros, manifestó que es aberrante lo que estamos viviendo.
Yo no quiero jugar el papel de víctima, ya tengo demasiadas víctimas en mi espalda para atender, pero pido por favor que alguien nos escuche.

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