23 feb. 2014

(Por La Retaguardia) El Gran Desfile (The Big Parade) es una película antibélica filmada por King Vidor en 1925. Una historia de amor en medio de la guerra, que Vidor construyó con escenas filmadas en estudio y escenas reales en el campo de batalla, ya que consiguió que el ejército de los Estados Unidos le entregara diez rollos de documentos fílmicos de la primera guerra mundial.
A cien años de esos acontecimientos, Carmen Baliero musicaliza en vivo 141 minutos de una de las joyas del cine mudo. No hay pochoclos, ni 3D, ni efectos especiales. Solo una mujer, un piano, diferentes elementos convertidos en instrumentos musicales para la ocasión, y una película muda.
Los jueves de febrero en No Avestruz, Humboldt 1857, Ciudad de Buenos Aires.  
Hoy que la tecnología está al alcance de las manos de muchos jóvenes digitales, es difícil imaginar qué pensarán del cine mudo. Si es que saben que el cine nació de ese modo. Vale la explicación de Baliero al respecto: “En las películas mudas todavía no existía la posibilidad de sincronizar el sonido en vivo con la filmación, entonces había orquestas que tocaban y después se editaba sobre eso, o se tocaba el piano en vivo en las salas. En el cine mudo nadie habla, está todo marcado por los gestos de la cara y por pequeñísimos momentos intermitentes donde aparecen carteles, que es cuando es muy importante lo que se está diciendo. Lo demás es mucho estado, porque además de lo gestual está el tiempo. La música es un tema temporal, se maneja en el tiempo, y lo que tiene esta película además, aunque no es el único caso, es que maneja los tiempos sin gags de humor, maneja los tiempos dramáticos con espacios larguísimos”, explicó Carmen Baliero en diálogo con La Retaguardia.
Baliero describió una escena en la que aparece el primer plano de un personaje que va a la guerra y de la chica que conoce en el pueblo francés al que llegan: “ella está masticando y estirando un chicle que era una cosa americana nueva, entonces se muestra cómo lo estira y mira para un lado y el otro, y lo mastica, no hay otra forma de hacer esos tiempos de espera. Un tipo que está nervioso, no sabe qué decir, y a su vez descubre el chicle, entonces son estados además de gestos, y silencios muy largos dentro del silencio, eso es rarísimo, sólo puede pasar en una película muda”.
En este punto, la compositora aclaró que ella también hace silencio en algunos momentos dramáticos claves de la película: “me parece que hay que dejarlos solos. Pero igual en la película siendo muda yo siento el silencio de la película, cuando hay sonido interno, es fascinante eso porque uno lo reconstruye solo”, reflexionó.
Aunque nuestro sentido común podría pensar que Baliero improvisa mientras va musicalizando la película, esto no es así: “prácticamente no improviso porque me gusta construir los estados. Además, la película está muy pensada, muy bien construida y narrada. Yo estudié la película, por eso coinciden muchas cosas, muchos ruidos”. En una escena de batalla, aparece una ametralladora cuyo sonido Baliero reconstruye con una chaucha disecada sacada de un árbol de Corrientes. “A mí me atraen los timbres, los diferentes sonidos y cuando veo algo que suena inmediatamente me lo guardo. Por ejemplo, esa misma chaucha está en el disco ‘Te mataría’, no haciendo de ametralladora como en la película”, agregó entre risas la música.
La película, que incluye imágenes documentales de la Primera Guerra Mundial, dura poco menos de dos horas, durante las que Baliero hace un verdadero esfuerzo físico: “entro adentro del piano, tengo que hacer las bombas al mismo tiempo que toco el violín en la otra punta, o la arpita que tengo que es cuando habla la francesa. Es un trabajo enorme. Armé una técnica que es inventada. Yo tengo una teoría, que la sostengo en las clases, y que es que la técnica nunca está antes que el deseo. Cuando uno estudia una técnica, condiciona el deseo a esa técnica, si yo aprendo a hablar en rima hay cosas que no te voy a poder decir porque la forma en que aprendí a hablar es en rima. O tocar el piano con la escala, si yo hago escalas toda mi vida hay cosas que no voy a hacer en el piano. Por eso lo que siempre hice en mi vida, y lo hago con los alumnos también, es primero inventar deseos, aprender a desear, a imaginar y después a partir de ahí buscar la técnica para que ese deseo se concrete. Si yo voy a estudiar violín al conservatorio no voy a poder hacer esa musicalización, por eso las técnicas para mí tienen que ser posteriores, lo que no quiere decir tocar mal”.
Así como se guarda cada elemento que encuentra que “suena”, Baliero también utiliza cosas que hay en su propia casa, como por ejemplo los juguetes de sus hijos: “fue un problema en un momento para la relación familiar con ellos, porque les sacaba los juguetes, me los guardaba. En la película, cuando empiezan a mostrar la construcción de Estados Unidos, se escucha el taladro y todas las máquinas, eso es la mezcla de los sonidos de unos juguetes con las cuerdas del piano. Muchas veces me pasaba que mis hijos me pedían que les devolviera el juguete, y yo no podía hacerlo porque tenía que ir a trabajar. Durante mucho tiempo no hubo juguera en casa, porque yo tocaba el piano y con el pie iba apretando la juguera y tocaba, entonces la juguera no estaba en la cocina sino en el estudio y era muy importante”.
El trabajo de Baliero está lleno de estos ejemplos divertidos. “Hay un video en You Tube de un músico brasilero que me invitó a tocar –contó la compositora a La Retaguardia–, él llevó un pianista y yo no podía tocar el piano entonces llevé una licuadora, e hicimos un rock musicalizado con la licuadora. Incluso hay un solo de licuadora, porque iba poniendo las diferentes velocidades”.
Todavía hay tiempo para disfrutar la experiencia de ver la película The Big Parade musicalizada por Carmen Baliero, el próximo jueves, a las 21.30, en el Espacio Cultural No Avestruz, Humboldt 1857. 
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