4 feb. 2014

Eduardo Lucita y la economía vista
desde la izquierda
(Por La Retaguardia) Inflación, devaluación, tasas de interés, dólar paralelo, dólar oficial, ajuste, son palabras que venimos escuchando por lo menos desde hace meses en la Argentina. Para intentar comprender qué está sucediendo y hacia dónde podríamos ir dialogamos con Eduardo Lucita, integrante de Economistas de Izquierda (EDI).

“Acá hubo en estos diez años crecimiento económico, pero no hubo ninguna modificación estructural en la economía argentina, por lo tanto los viejos problemas que se arrastran desde la segunda mitad del siglo pasado hasta ahora vuelven a reaparecer periódicamente, llámese la inflación estructural, pérdida de competitividad, déficit fiscal, problemas cambiarios, reaparecen una y otra vez”, explicó Eduardo Lucita de Economistas de Izquierda (EDI).
Refiriéndose a la actual coyuntura político económica, agregó: “normalmente, los ciclos cortos de la economía argentina oscilaban entre cinco y siete años; este lleva diez años, con una caída muy fuerte en 2009 producto de la crisis mundial, que afectó a todo el mundo, pero donde el gobierno acá la campeó bastante bien, sobre todo defendiendo el empleo. Pero salvo eso, este ciclo lleva diez años. Desde 2007 se vienen acumulando tensiones económicas que crecen año a año y que ahora han llegado a un límite. El proceso inflacionario ha recrudecido, presiona sobre las empresas exportadoras, las empresas importadoras quieren un tipo de cambio, presionan para aumentarlo, se dispara el dólar negro que no significa nada pero que es un indicador de que algo no anda bien. Frente a esta situación, con el resultado electoral el gobierno emprendió una política de mini ajustes para no hacer el ajuste. Pero finalmente los mini ajustes terminaron en ajuste, como no podía ser de otra manera”.
Al ser consultado acerca de si hay otra forma de ver un proceso devaluatorio que no sea como sinónimo de ajuste, Lucita señaló: “toda devaluación implica una fuerte transferencia de recursos de los sectores de ingresos fijos, como trabajadores, jubilados, pensionados, personas que reciben asistencialismo social, al capital más concentrado. Y en una devaluación el que sale ganando es el exportador, los núcleos exportadores. Eso siempre ha sido así y ahora también lo es. Por supuesto una acción de gobierno puede tomar medidas complementarias a la devaluación que aminoren el impacto, por ejemplo establecer el ajuste periódico de los salarios y de los ingresos populares según la tasa de inflación. Eso en la época de hiperinflación de Raúl Alfonsín se hacía así, todos los meses aumentaban los salarios según un coeficiente. También se pueden congelar los precios o hacer controles de precios efectivos, eso nunca da resultado más allá de dos o tres meses. Los Estados hacen acuerdos con las cámaras empresarias pero después las empresas por abajo hacen lo que quieren, porque el capitalismo no es planificable, lo que rige en el capitalismo es la competencia; por más que haya acuerdos macro si una empresa en particular puede sacar ventaja la saca, porque la lógica de la empresa es maximizar en todo momento su tasa de ganancia, sino el capitalismo no tendría sentido de ser. Lo que da vitalidad al capitalismo es la voracidad empresaria, sino el capitalismo no existiría como tal”.
Además de la palabra devaluación, que comenzó a escucharse con más fuerza en las últimas semanas, la inflación fue uno de los grandes temas del año pasado y nada indica que deje de serlo en 2014. Lucita caracterizó a la inflación que se registra en el país como multicausal: “este es un país de una economía muy concentrada donde hay doscientas o trescientas empresas monopólicas formadoras de los precios que tienen una alta tasa de ganancia y como son monopólicas tienen la posibilidad de transferir a los precios cualquier aumento de costo que tienen, la primera fuente de inflación es la ganancia de empresas que en estos años, como lo ha dicho la presidenta varias veces, se la llevan en pala. La presidenta alguna vez les dijo ‘no piensen con el corazón, piensen con el bolsillo’, como diciéndoles que se den cuenta que tienen los bolsillos llenos de plata. Hace años que el capitalismo no gana tanta plata como en estos últimos siete, ocho, nueve años en la Argentina. El capitalismo está para eso, las empresas están para ganar plata, no para hacer beneficiencia. La segunda fuente de inflación no es una inflación de demanda como dice la teoría neoclásica, sino una inflación por insuficiencia de oferta, porque estos empresarios no han invertido para ampliar la capacidad productiva. Están corriendo detrás de la demanda, porque les interesa más ganar dinero con una oferta limitada pero a altos precios, que una oferta ampliada con precios mediocres. La tercera cuestión es la inflación importada: los precios de los alimentos han subido mucho en el mundo, es cierto, nosotros exportamos básicamente soja que no comemos, pero la soja desplaza a otros cultivos y eso provoca el problema del trigo, por ejemplo, o de los tambos que han desaparecido miles a manos de la soja. La soja es una boa que se extiende por todos lados porque su tasa de ganancia es altísima. Hay una cuarta cuestión en la que ingresa el tema de la puja distributiva. Durante todos estos años los salarios han venido recuperando posiciones, hasta el 2007, porque después fueron manteniéndola pero no ganan demasiado, incluso en términos de salario real en promedio los salarios se recuperaron a 2001, antes de la crisis, pero de ahí no pasaron. Están bastante contenidos. De todas maneras son mejores salarios que hace ocho o diez años”.
Sobre este último punto, Lucita aclaró que es necesario mirar al interior de las distintas ramas del movimiento obrero: “hay ramas como los petroleros, los químicos y las automotrices que tiene salarios siderales, treinta, cuarenta, cincuenta mil pesos por mes; pero si uno va a los metalúrgicos, la rama hidrometalúrgica tiene salarios de veinte o veinticinco mil pesos por mes, pero la rama metalmecánica básica tiene salarios muy bajos. Los camioneros tienen salarios altos, pero no tan altos. En promedio da que se recuperó a 2001 y no más”.
Sectores cercanos al oficialismo, e incluso funcionarios del gobierno nacional, señalan una y otra vez que detrás de ciertos acontecimientos económicos existen maniobras de desestabilización. Al respecto, Lucita reflexionó: “este gobierno se enfrenta con las mismas corporaciones a las que se enfrentó el alfonsinismo: la Iglesia, la banca, el agro, la corporación sindical. Lo único con lo que este gobierno no se enfrenta es con los militares, porque la corporación militar la resolvió Menem, entonces este gobierno con los militares no tuvo ningún problema. Pero en cuanto al resto, se enfrenta con las mismas corporaciones y tiene las mismas limitaciones que ha tenido el alfonsinismo porque son dos gobiernos que expresan la misma política pequeño burguesa que es progresiva, que tiene una serie de conceptos de desarrollo,  pero tiene límites ideológicos”.
Lucita además señaló que desde hace treinta años el dólar pasó a ser el eje alrededor del cual se distribuye el excedente económico y agregó: “acá el problema del ingreso de dólares se resuelve como lo hizo Perón en el primer peronismo: estatizando el comercio nacional de granos, no hay otra forma de resolverlo. La fuga de dólares fue durante este gobierno de 80 mil millones de dólares; según la propia presidenta se pagaron 172 mil millones de dólares de deuda. O sea, 250 mil millones de dólares... es extraordinaria la capacidad que tiene la economía o el pueblo argentino, que es el que sufre todo esto. Pero no hay forma de evitar la salida de dólares porque la burguesía argentina, sea grande, chica, pequeña, cooperativa, no cooperativa, está siempre líquida, siempre está dispuesta a sacar dinero del país. No hay forma de controlar eso si no se le mete mano a la banca. El primer peronismo no nacionalizó la banca, pero estatizó los depósitos, con lo cual no se afectó la propiedad privada pero los bancos privados tomaban fondos, ya sea cuenta corriente, no sé si había caja de ahorro en esa época, por cuenta y orden del Banco Central y era este banco  el que decía qué se hacía con ese dinero, pero había un control del dinero que mantenía la banca. Hoy se sabe que toda cueva de mesa dinerista es la ventanilla trasera de un banco privado, eso lo sabe todo el mundo, sobre todo las grandes cuevas, o a las que se les dice cuevas mayoristas. Hace poco estuve una semana afuera veraneando y una persona me contó que él compraba y vendía dólares con el farmacéutico de la esquina. No hay forma si no se le mete mano a la banca, no hay muchas alternativas, acá no hay forma de seguir una política. Estos gobiernos tienen un freno: siempre hablan de que hay que hacer una reforma tributaria pero nunca la hacen. Son gobiernos que tienen limitaciones ideológicas porque la única forma de salir de esta encerrona es afectando seriamente intereses capitalistas”.
En este sentido, Lucita remarcó que lo que sucede actualmente en la economía del país tiene que ver con la estructura misma del capitalismo argentino: “pasó en el año 1952, dos o tres veces en los '60, pasó en 1976, en 1989, en 2001. Cada una de estas grandes crisis tiene características específicas, pero hay un hilo conductor que la unifica a todas y es la estructura del capitalismo dependiente argentino”.
El economista del EDI afirmó que el gobierno debería convocar a la gente, ya que la estructura burocrática del Estado sola no puede: “si no convocan a la gente no hay solución”, cerró Lucita.




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