18 feb. 2014

foto: millonescontramonsanto.org
(Por La Retaguardia) La referencia de Sofía Gatica se fue generando con la pelea por el juicio contra las fumigaciones con agrotóxicos en el Barrio Anexo Ituzaingó. Ahora la lucha pasa por evitar que Monsanto instale una planta en el barrio Malvinas en las afueras de la ciudad de Córdoba. Esta semana consiguieron un triunfo interesante: el informe de impacto ambiental presentado por la empresa fue rechazado por la secretaría de ambiente provincial. Gatica, en diálogo con La Retaguardia, expresó su alegría tanto como su cautela. Además, nos dimos tiempo para charlar acerca de su vida antes de que la conociéramos públicamente

"Es una alegría contenida, porque sabemos lo que es Monsanto. Ahora parece que quiere presentar de nuevo el estudio de impacto ambiental".

—La Retaguardia: Decirle que no a este informe de impacto ambiental no invalida que Monsanto vaya a intentarlo de nuevo. Sabemos que estas empresas tienen todo el tiempo del mundo.

—Sofía Gatica: Exactamente. Tienen todo el tiempo del mundo, toda la plata del mundo, compran todo. Compran gobiernos, compran poderes, compran todo. Esto lo hemos tomado con pinzas, estamos esperando una decisión política, ya sea de la provincia o de la municipalidad, de decir que no se va a instalar Monsanto. Mientras tanto, nosotros nos quedamos aquí. Vamos a seguir bloqueando el lugar por tiempo indeterminado.

—LR: No van a levantar el acampe.

—SG: No solo eso. Más allá de que Monsanto presente todos los estudios de impacto ambiental y el Gobierno lo avale, se vaya a una audiencia pública e intente instalarse legalmente, no se lo vamos a permitir.

—LR: ¿Qué creés que significaría para vos y tu comunidad que se instalara Monsanto allí?

—SG: Nosotros sabemos lo que significa: enfermedad y muerte. En Argentina tenemos casi 90% de transgénicos. Imaginate si esta multinacional, la más grande en el mundo respecto a los transgénicos, se instala en Argentina, no solo que va a desparramar semillas en todo el país, sino que ya tienen todo este negociado con Paraguay, Brasil, Uruguay. Se va generar la contaminación en nuestro país.

—LR: El informe que rechazó la Secretaría de Medio Ambiente provincial es categórico. Da las razones claras de por qué le dice que no, no es caprichoso.

—SG: Son 2.500 hojas, pero yo no he tenido el tiempo suficiente para leerlo. Como a nosotros nos dicen Pablo Vaquero y Adrián Vilplana, que vayamos a Rojas a comprobar que Monsanto no contamina ni enferma. A nosotros no nos hace falta viajar a ningún lado, tenemos claro quién es Monsanto. Sabemos que en Rojas hay gente enferma y sabemos las consecuencias. No vamos a ir a Rojas ni tampoco aceptamos que nos obligue ni desafíe a conocer a Monsanto.

El fallo de la Secretaría de Medio Ambiente de Córdoba dice que en el informe de impacto ambiental que presentó Monsanto no se resuelve la cuestión de adónde van a parar 250 toneladas diarias de residuos orgánicos. El informe de Monsanto no dice qué va a hacer o lo que dice no conforma a la Secretaría de Medio Ambiente. También rechazan la disposición de los residuos peligrosos generados por la utilización de agroquímicos. Ni dice cómo van a resolver el aumento de tránsito de vehículos de gran porte por la localidad de Malvinas Argentinas.
Estos datos pertenecen a un primer informe de la Organización Recursos Naturales en Conflictos, que pone en relieve los conflictos ambientales que se registran en el país y en Latinoamérica.
"Son muy generosos nuestros gobernadores en tan solo hacerles presentar el estudio de impacto ambiental... Tendrían que haber rechazado directamente a la empresa. No tendríamos por qué estar discutiendo si hacemos impacto ambiental o si hacemos audiencia pública o si hacemos consulta popular. Acá se tendría que haber dicho que no a Monsanto. Es una vergüenza para nosotros que nos represente el Gobierno, que les pagamos el sueldo para que nos defiendan y estén defendiendo a las empresas estas.

—LR: No se van a tomar vacaciones en el acampe.

—SG: Lo vamos a seguir sosteniendo, lo estamos reforzando. Porque nosotros sabemos que se van a querer venir a instalar legalmente. Estamos rodeándonos con alambres de púas, tratando de defendernos. Aunque ustedes no lo crean, esto es una guerra. Si vos supieras lo que nosotros hemos pasado por defender nuestros derechos a la salud y a la vida. Fuimos golpeados, maltratados, llevados al hospital, heridos con palos y balas. Han quebrado un montón de chicos, hay sesenta heridos en estos cuatro meses. Es algo tremendo la violencia con la que han querido venir a desalojarnos.

—LR: ¿Alguna vez en la vida pensaste tener que defenderte de esta manera en esta guerra por tus derechos?

—SG: La verdad que no. Nunca pensé que hubiera tanta violencia y, encima, para hacerle lugar a alguien que nos va a venir a dañar. Si viniera a traer progreso, salud, un montón de cosas de pueden llegar al beneficiar al país... Pero no, nada que ver. Viene a traer enfermedad y muerte y lo están avalando. Entonces a veces uno sabe cómo enfrentar esa situación y te da bronca, impotencia. Pero también da fuerza para seguir luchando y defendiéndote.

—LR: ¿Cómo es tu vida cotidiana? ¿Qué hacía Sofía Gatica antes de todo esto?

—SG: Trabajo en la Municipalidad de Córdoba, en un centro de salud. Vivo a dos horas de la ciudad de Córdoba. Me tengo que levantar a las 4:30 para poder llevar 6:45 a mi trabajo. Trabajo hasta las 14, me voy al acampe hasta las 22, hasta que alguien me cubre, o a veces me quedo en el acampe y de ahí me voy a trabajar. Esto, a partir de Monsanto. Porque cuando no estaba, venía a mi casa y hacía mis actividades con los enfermos: atenderlos, buscarles los medicamentos. Atender a la gente que está enferma en mi barrio.

—LR: Está claro que el antecedente de lo que sucedió en el barrio Ituzaingó y aquel juicio que sentó precedente para darle batalla a la fumigación y a los agrotóxicos nos hizo conocerte. Estos referentes tienen una vida atrás y a veces la dejan de lado por esta lucha, y está bueno conocerla.

—SG: Dejamos todo. Tengo problemas por dejar a mi familia. Hay días que no los veo por una semana o diez días, porque tengo que estar ahí para poder protegernos. Hasta se han desarmado familias enteras por salir a cumplir el rol del Estado.

—LR: ¿Cómo está compuesta tu familia?

—SG: Mis tres hijos, mi marido y yo.

—LR: ¿Te acompañan a vos, pero no acompañan esta lucha?

—SG: A mis hijos no los puedo poner en riesgo. Ya tuve varios problemas, porque como no pueden conmigo, te tocan donde más te duele. A mis hijos les prohibí ir al acampe, y directamente no se acercan. Estamos con custodia policial desde hace dos meses. Vivimos en una democracia donde te tenés que mover con policías al lado. No se puede creer lo que está pasando.

—LR: Para hacerte bajar de la lucha te agarraron en calle y te amenazaron, te dijeron que te iban a matar.

—SG: Me agarraron en el colectivo con un arma. Me dijeron que me iban a desparramar los sesos por Malvinas Argentinas. Después de las amenazas, me pegaron a la salida del trabajo, desde una moto. Me agarraron a las patadas en la calle, me golpearon muchísimo y tuve que ir al hospital. He estado varias veces internada por los golpes que me han dado ya sea la patota de la UOCRA o la misma policía.

—LR: ¿Cuántas represiones sufrió el acampe desde que están instalados, entre las oficiales de la policía y las extraoficiales de la patota de la UOCRA?

—SG: Cuatro. La primera fue la Policía, derecho a golpearme a mí y terminé internada. La única perjudicada fui yo por meterme debajo de los camiones. Las dos siguientes fueron por parte de la OUCRA. Y la última, hace muy poco, fue la Infantería, baleando a los chicos.

Quienes forman parte del acampe por el No a Monsanto parecen tener bien claro el tema: han conseguido un triunfo impactante, quizá hasta inesperado, pero no ha sido el final de la guerra. Porque ahora, parece, las guerras se libran de este modo, con la mayoría de la población que ni siquiera se da cuenta de que hay otros, muchos pero no tantos, en una guerra que debería tenernos a todos en la trinchera.

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