31 mar. 2014

(Por La Retaguardia) Hace pocas horas, Vanesa Orieta escribió una carta abierta para su hermano, desaparecido desde hace más de cinco años tras ser detenido por la policía bonaerense luego de negarse a salir a robar para ellos. En el texto, la joven denunció la impunidad que ella, su familia, vecinos y amigos vienen sufriendo, la falta de respuestas, y la bronca ante la posibilidad de que los efectivos acusados de desaparecer al adolescente de 16 años sigan en libertad y ejerciendo funciones.

“Cuando a los 45 días de tu desaparición alguien se decide a hablar y me cuenta que habías sido detenido y golpeado, que te habían visto prácticamente muerto en el ex destacamento policial de Lomas del Mirador, no me sorprendió lo que decía quien luego se convertiría en testigo de identidad reservada, y acto seguido, en un testigo atemorizado por las amenazas. Una vez terminado el relato corrimos con la petisa, las dos entramos a esa casa inaugurada como destacamento en el 2007. Nos atendió Herrera y nos invitó a entrar a su oficina. Sin poder controlarme, lo primero que salió de mi boca fue: ‘Devuélvanme a mi hermano, sé que ustedes lo detuvieron y lo golpearon, devuélvanmelo ahora porque los voy a hacer mierda’. Después de algunos cruces de palabras, nos dejó en su oficina. Sobre el escritorio quedaría un arma y dos balas. Con la petisa nos miramos y sin decir una palabra entendimos todo, supimos que ellos no iban a devolverte, y que el camino por justicia a partir de ese momento lo construiríamos nosotros, tus familiares y amigos”.

Así comienza la carta que Vanesa Orieta le escribió a Luciano Arruga, y que hizo pública en las últimas horas. Allí da cuenta de su dolor, pero también de su incansable lucha.
Luciano Arruga ya había sido detenido en otras oportunidades por negarse a robar para la policía, tal como le sigue pasando a tantos pibes humildes de todo el país. Arruga, que tenía 16 años, ya había sido golpeado varias veces por los efectivos del destacamento de Lomas del Mirador, abierto por especial pedido de un grupo de vecinos que reclamaba más seguridad en la zona.
El Herrera que menciona Orieta en el inicio de su texto es el subcomisario Ariel Herrera, uno de los ocho policías señalados como responsables de la desaparición de Luciano, visto por última vez el 31 de enero de 2009 en aquel destacamento. Los otros son el también subcomisario Néstor Díaz y los subtenientes Oscar Fecter y Daniel Alberto Vázquez, y los oficiales Martín Monte, Damián Sotelo, José Márquez y Hernán Zeliz.

“La justicia que tiene oficinas, fiscales y jueces, en esta causa nunca existió. Durante los primeros 45 días exigíamos a la fiscal Roxana Castelli que investigara a la Bonaerense, pero le otorgó la investigación del caso a ese organismo. Vendría el escondimiento de pruebas, las amenazas a testigos, a tu familia y amigos, y por qué no, el ocultamiento definitivo de tu cuerpo. Así, nos alejábamos de la verdad. Mientras tanto, seguíamos golpeando puertas de funcionarios que lejos de entender este caso como hecho grave de violencia institucional, se preocupaban por distinguir cuán opositora podía ser yo. Más opositora tu hermana, más se iban deshumanizando, convirtiéndose en los peores opositores a la memoria, la verdad y la justicia.
Las visitas a las oficinas de funcionarios políticos y judiciales con poder de decisión, sólo endurecerían mi mensaje a favor de la vida y en defensa de los derechos humanos de pibes y pibas de los barrios humildes como vos. Escuchar una verdad que se pretende invisibilizar molestaría a ‘militantes’, doctores y licenciados. Hablar de tu causa como ejemplo de una problemática terminaría con nosotros echados, ninguneados, discriminados, maltratados y todos los ‘ados’ que se imaginen. Nos tuvimos que hacer fuertes en la discusión, levantar la mirada, hablar con firmeza y exigir nuestro derecho como víctimas sin sentir que nos estaban haciendo ningún favor, sin sentirnos opositores, sin sentir cómo pretendían hacernos creer que denunciando esta causa, jugábamos para la derecha. Tuvimos que aprender entre muchas otras cosas a tener cintura política, porque aunque suene triste, ese es el juego perverso de este sistema mezquino.
Luego de Castelli vendría la fiscal Celia Cejas, ella junto al juez Gustavo Banco darían lugar a la segunda etapa de impunidad. En vez de investigar a la Policía por tu desaparición, nos investigarían a nosotros, las víctimas. Así fue como mi teléfono, junto con el de mi vieja y abuela serían pinchados. Durante un año y medio se metieron en nuestra privacidad, nos investigaron, nos criminalizaron, dejaron pasar el tiempo, 4 años en los cuales se intentó por sobre todas las cosas desgastar a tu familia. Nosotros sufrimos hasta el día de hoy la tortura psicológica de no saber la verdad, de no poder acceder a una justicia que investigue, castigue y al mismo tiempo nos libere de la incertidumbre de no saber dónde estás”.

A comienzos de octubre del año pasado, Vanesa Orieta y su mamá Mónica Alegre realizaron una conferencia de prensa; acompañadas por sus abogados Maximiliano Medina y Juan Manuel Combi; Pablo Pimentel de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos-La Matanza; y el director ejecutivo del Centro de Estudios Legales y Sociales, Gastón Chillier; en la que denunciaron la intervención de sus teléfonos por parte de la Justicia. “Mi mamá fue maltratada, a la mamá de un pibe que está desaparecido le faltaron el respeto. Se metieron con su intimidad, la juzgaron por pertenecer a un barrio pobre, la quisieron meter en el mismo lugar donde estaban ubicados ocho tipos que desaparecieron a mi hermano. La destrozaron psicológica y anímicamente, ¿y eso quién lo repara?”, decía en aquel momento Vanesa.
A los pocos días, los familiares y amigos de Luciano resolvieron ocupar el destacamento de Lomas del Mirador para exigir celeridad a la justicia. Prueba de su paso lento fue el cambio de carátula de la causa de “Averiguación de paradero” a “Desaparición forzosa” recién cuatro años después de que el joven fuera visto con vida por última vez.
Durante 68 días, los familiares y amigos llevaron adelante una vigilia en el destacamento para reclamar que se realicen los peritajes pendientes por parte de un equipo de antropología forense en ese espacio, para que luego pueda ser cedido a la familia y organizaciones de derechos humanos independientes del Estado. Desde allí transmitieron su programa Desde Afuera, por su Radio Zona Libre.
Finalmente, consiguieron sus dos objetivos. El Equipo Argentino de Antropología Forense inició los rastrillajes en el lugar, y lograron el comodato y la media sanción en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires de la apropiación del destacamento para construir un espacio para la memoria.

“Castelli, Cejas y el juez Banco afrontarán un jury de enjuiciamiento por faltar a los deberes de funcionarios públicos y violar los derechos de tu familia como víctimas que en vida buscan justicia. Ellos junto a Scioli, Casal, Stornelli, Espinoza, Arcidiacono y toda la basura política son los responsables de muchos años de desidia e impunidad. Ellos son los responsables de que tu desaparición se consolide. Y si hoy Herrera, el mismo que dejó esas balas sobre su escritorio, tiene en su poder herramientas jurídicas que lo amparan para volver a trabajar en la fuerza, es por el nulo compromiso asumido por estos funcionarios”.

Tras años de impunidad, los ocho policías acusados de la desaparición de Luciano Arruga fueron separados de sus cargos recién en febrero de 2013. La familia del joven y sus abogados se enteraron de esta novedad a través de los medios de comunicación. En aquel momento consideraron esta medida como un avance pero recordaron que una situación similar se había dado en los primeros meses de la desaparición y que luego los policías fueron reincorporados.
Hace pocas semanas, a días de cumplirse un nuevo aniversario del último golpe de Estado, se conoció la noticia de que el ministro de Seguridad bonaerense, Alejandro Granados, había resuelto levantar las sanciones a los policías tras un fallo judicial que los beneficiaba, a partir de un amparo presentado por uno de ellos. De esta manera, los efectivos volverían a ocupar sus cargos en el último lugar donde actuaron antes de ser pasados a disponibilidad.

“Fecter, Sotelo, Monte, Vázquez, Márquez, Díaz, Herrera, Zeliz… Ellos saben la verdad. Ellos son los mismos que nos amenazaban cuando estábamos realmente solos, cuando la Justicia y la política se asociaban para silenciarnos. Ellos son los que adulteraron el libro de guardia del destacamento, los que se mantuvieron estacionados en el monte Dorrego durante varias horas la madrugada del 31 de enero de 2009, donde un perro detectaría tus restos. Ellos son los que manejaban el patrullero que salió de jurisdicción la madrugada que desapareciste. Ellos son los que lavaban un patrullero, también detectado por un perro que buscaba tus restos, en la cara de la fiscal Cejas, cuando debía hacerse una investigación judicial. Ellos son los que mintieron en su declaración. Estos delitos, junto a otros, son las pistas que fundamentan nuestra hipótesis de que ellos te desaparecieron”.

En las últimas horas, un medio provincial informó que Granados había dado marcha atrás con su decisión de reincorporar a los policías acusados. Solo quedaría exento Ariel Herrera, que fue quien presentó el amparo. El mismo que dejó un arma y dos balas en su escritorio frente a Vanesa Orieta, cuando ella fue a pedir por su hermano desaparecido. Una vez más, los familiares y amigos se enteraron de esta posible novedad a través de los medios y no como corresponde, siendo ellos los damnificados de este caso, siendo quienes luchan todos los días para saber dónde está Luciano Arruga y conseguir justicia.

“Después de 4 años de impunidad logramos junto a los abogados sacar la causa de la Justicia provincial. Al federalizarse cambió la carátula; lo que antes era considerado una simple averiguación de paradero se transformaba a partir de marzo de 2013 en DESAPARICIÓN FORZADA DE PERSONA. Y si bien esto no es más que un título, el peso es grande, como grande será la mancha en la conciencia de muchos y muchas. Porque la presión de esta lucha va dejando en evidencia a aquellos que intentan ocultar, silenciar o deslegitimar, y tendrán que ubicarse de un lado o del otro, porque los derechos humanos se defienden o se violan, no hay puntos medios. Y para defenderlos, primero tenemos que dejar de ser simples soldados respondiendo a la voz de mando, para pasar a ser actores con memoria activa, crítica y humana; para dar lugar a las voces que quieren ser silenciadas, para sacar a la luz la verdad y de ese modo acceder a una real y total justicia.

Por vos, Lu, por los 200 desaparecidos y los 4000 asesinados por las diferentes Fuerzas de Seguridad en democracia, gritamos fuerte: ¡NUNCA MÁS!”.

Con los ojos húmedos y los dedos pegando con bronca contra el teclado, junto a Vanesa, su familia y amigos, gritamos fuerte ¡Nunca Más!

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