5 abr. 2014

(Por La Retaguardia) Debatimos y reflexionamos sobre estos fenómenos, que poblaron la agenda de los medios tradicionales en los últimos días, a partir de las palabras y vivencias de Jorge Garaventa, Alfredo Grande y Adolfo Pérez Esquivel. Además, compartimos la carta de Lorena, la mamá de David Moreira, el joven asesinado en Rosario, leída por uno de los integrantes de la Garganta Poderosa.

Acabo de pasar por un situación espantosa, angustiante, al menos para mí. Un compañero me llevó en su camioneta desde el Club y me dejó en Carlos Pellegrini y Lavalle para que tomara el subte y siguiera mi viaje. Me detuve un rato en la esquina, necesitaba mandarle un mensaje por face a una compañera que no la estaba pasando bien y no quería demorarme en hacerle llegar mi afecto. Al lado mío, un grupo de turistas brasileños. De pronto, un niño de no más de catorce años, intenta arrebatarle la cadena de oro a uno de los turistas. Forcejean y finalmente el niño cruza la avenida corriendo sin su botín, la cadena de oro, y el hombre asombrado e indignado se tocaba el cuello lastimado, observaba impotente cómo el niño huía a la vista de todos. No había policía, se sabe o se sospecha de zonas u horas liberadas, azorado no podía dejar de mirar al pequeño huyendo, y al turista rodeado de gente, que ya reclamaba más o menos el exterminio de la niñez. Sin dudas miré con insistencia, y por cierto, suelo conocer los efectos de mi mirada. Me aparté, ya ni el clima ni el tema con el rumbo tomado resultaban de mi interés, terminé de escribir cuidadosamente porque las sensaciones de inseguridad son contagiosas y guardé mi teléfono. Me aprestaba a irme cuando me veo rodeado por un grupo de brasileros, enfurecidos, que me lanzan todo tipo de insultos, entre los cuales los más claros eran ‘malandra’, uno de ellos empezó a vociferar ‘este es el cómplice, este es el malandra, llamen a la policía’. Me desesperé, no sabía qué hacer. La gente empezaba a detenerse, cualquier cosa que quería decir la tapaban con insultos, uno intentó sacarme la mochila para revisarla y no se lo permití. Otro lo detuvo, ‘esperemos a la policía’, dijo. Entre la gente decían que habían agarrado a un chorro. La policía no aparecía. Agobiado les sugerí, que la llamaran ellos. Uno, que empezó a estar razonablemente, llamó. Me aferré a ese esbozo de razonabilidad mientras peleaba con mis ganas de salir corriendo. ‘No entiendo’, decían, ‘soy un hombre honesto, esto es un atropello, una falta de respeto, soy una persona honorable’, dije, sorprendiéndome de un concepto que jamás uso. Sorpresivamente me contesta ‘ya sé, creo que se equivocaron. Dicen que usted los miraba sospechosamente y que mandó mensaje de texto antes y después’. ‘Fíjese en mi celular’, le dije. ‘No’, respondió, ‘quédese tranquilo, es mejor esperar que venga la policía’. Tomé mi celular y llamé yo también. Expliqué que estaba pasando por una situación muy difícil, prometieron mandar un móvil. ‘Ahora viene la policía’, dije teniendo severas dudas de que fuera lo mejor. El turista de la cadena dijo ‘vámonos, no sigamos perdiendo el tiempo’. El que se había quedado conmigo dijo ‘no, esperemos a la policía, tenemos que saber si este hombre es delincuente o es inocente’. ‘Vamos, vamos’, empezaron a gritar los demás y se fueron. Cada quien retomó su camino y me quedé solo y aturdido, sin saber qué hacer, qué decir, a dónde ir, a quién llamar, dejé que mis penas me llevaran y llegué a las soledad de mi consultorio donde no tenía planeado ir, dejé la mochila en el piso y me desplomé en un sillón a oscuras, sin poder pensar pero cargado de los peores recuerdos de situaciones parecidas, que supuse definitivamente en el pasado. Son esos ratos en los que me quiero hacer un ovillo invisible en un rincón, en los que pienso o que este mundo es demasiado cruel o yo soy muy sensible. No sé cuánto tiempo pasó, podría calcularlo pero no importa, sé que fue mucho tiempo muerto, tiempo helado. Enderecé mi columna, prendí la computadora y mientras esperaba revisé mi mochila, que no quise mostrar, apenas tres cosas, mi agenda, el tomo 1 de Freud y un artículo mío que imprimí esa mañana: ‘Sospecha Delincuencial. La otra forma de los genocidios’. Y sin saber qué decir, empecé a escribir este mensaje, tal vez sí sabiendo lo que quería leer.

Jorge Garaventa, psicólogo clínico, fue el protagonista de este hecho y autor del texto que leyó al aire en La Retaguardia. Luego, reflexionó sobre las repercusiones de sus palabras al ser publicadas en su Facebook: “había gente que decía ‘bueno, está bien, pero no nos podemos impresionar por lo que le pasó a Jorge, porque lo cierto es que estamos dominados por los chorros, y si no tomamos las cosas por nuestras manos no lo hará nadie’. Yo creo que este es un pensamiento que aunque no es mayoritario es muy fuerte. A mí me da la sensación, de cualquier manera, que esto que está ocurriendo hoy es un punto de llegada, no de salida, de un clima que se fue gestando. A mí por ejemplo una de las cuestiones que me preocupa seriamente es que haya líderes sociales que le den letra a esta cuestión de los linchamientos”, reflexionó luego el psicólogo.

El caso de David Moreira

El primer caso que ocupó un lugar en los medios fue el de David Moreira en Rosario. El joven fue acusado de haber robado en la vía pública e inmediatamente después atacado ferozmente por un grupo de personas. Le pegaron hasta matarlo.
En relación a este hecho, Garaventa afirmó: “hubo se supone una piba que grabó y mandó a la fiscalía la grabación del linchamiento, por lo menos unos segundos. Circula un twitter que se supone que es de ella, donde dice que alguna gente se acercó, específicamente ella dice dos muchachos, y le preguntaron qué pasaba, les contestaron que le estaban pegando a un chorro, ‘¿Ah, ¿si?’ y se metieron a pegarle. Ni siquiera sabían lo que estaba ocurriendo. En los relatos que aparecen está esta cuestión, de que es suficiente con que digan ‘un chorro’ para que la gente se tire encima a pegarle. Y esto Freud lo planteó hace más de cien años, él decía que cualquier situación hace posible que se ponga en funcionamiento los mecanismos homicidas de algunas personas. En todo caso, es un instinto asesino que encuentra un blanco, un negro en este caso, donde descargar eso que es previo al hecho que lo desencadena”.
En este sentido, Garaventa remarcó que la cita a Freud tiene que ver con que considera que no todo el mundo sale a matar o a robar, pero agregó: “más vale que si nosotros no nos planteamos estos hechos como estructurales en los límites del capitalismo, creo que terminamos haciendo apreciaciones intelectuales totalmente ajenas a la realidad”.
En relación al caso de David Moreira, escuchamos en La Retaguardia la carta que su mamá Lorena le escribió, leída por un integrante de la Garganta Poderosa, y que reproducimos a continuación.

En memoria de mi querido David:
Nació el 4 de enero de 1996, en el Hospital Centenario de Rosario. Su abuela, su hermana María y su tío estaban allí, mientras su papá trabajaba para poder sostener a su familia. Era hermoso, de pelito negro y de piel blanquita, un principito según todos. Creció en un hogar humilde, pero a su lado tenía a quienes lo amaban de verdad, como su adorada tía Anabel, que le enseñó a caminar. Era tímido, se ponía colorado y sentía mucha vergüenza cuando alguien le decía lo lindo que era. Muy compañero de todos los chicos a lo largo de su infancia y muy compañero de sus vecinos de Empalme, donde vivía actualmente, dejó amigos por toda la ciudad, que hoy en día van cayendo en mi casa para consolarme, a medida que se van enterando la triste noticia.
Tuvo 3 hermanos más: Micaela, Elías y Tomás. Los adoraba. Los vivía aconsejando, como hacía su papá, qué es vendedor ambulante y a veces no estaba en todo el día, por lo que David era para ellos un segundo papá. Después de dos años, debió abandonar la secundaria, para ayudar con esos hermanos. Y yo me enojé muchísimo con él, pero su decisión era que no les faltara nada. Entonces, empezó a trabajar como albañil y también en una fábrica de calzado con su tío Gastón, a quien quería tanto…
David era mi compañero, tomábamos mate juntos y, salía hasta tarde, me avisaba, o nos llamábamos continuamente. De hecho, ese día fatal estuvo conmigo. Me dio su billetera con lo que había cobrado, y me dijo: “Poné la pava que ya vengo, y si necesitás algo, sacá”.
No llegaba. Salí a esperarlo afuera, pero no estaba. Lo esperé. No me llamaba. No lo podía encontrar por ningún lado, y sus amigos tampoco lo habían visto, porque se habían ido a la cancha a ver a su querido Central. David no fue, para no gastar, porque me había ayudado a mí a comprar los útiles para sus hermanos. Y sí, lo terminé encontrando, como N.N.
Jamás imaginé verlo así... Mi marido lo reconoció por un tatuaje que se hizo en el tobillo, cuando cumplió 18 años, con las iniciales de sus hermanos. Y así, se me fue un Ángel de la peor manera, un chico al que le encantaba ayudar a todos, conocidos o no. No sabía decir no y, si veía a alguien sin zapatillas, era capaz de sacarse las suyas para dárselas… Por eso, opté por donar sus órganos: para que siguiera ayudando, a 7 personas de la lista de espera. Pues él lo hubiera querido así.
Se fue mi mano derecha, mi David querido, pero hay muchos David que pueden ser asesinados o maltratados. Y eso no puede ser así de ningún modo, así sean culpables o inocentes del delito que se los esté acusando. ¿O acaso esas personas enfurecidas que lo mataron a golpes y patadas de la peor manera, como si fuese un animal, no son culpables? Ojalá le pidan perdón a Dios y ojalá entiendan que nadie tiene derecho a hacer “justicia” por sus propias manos.
Ahora, ya nadie podrá ya devolverme a mi hijo, pero encima pareciera ser que quienes lo mataron no son asesinos… ¿No lo son? Por favor, que esto no ocurra nunca más y que la Justicia esté en manos de quienes deben garantizarla. De mi parte, sólo agradecerle a La Garganta Poderosa por este espacio para limpiar el nombre de mi hijo, y recordarlo.
Hijo, te fuiste sin poder disfrutar de tus sueños y proyectos, pero mamá los hará posibles junto a papá y a todos los que te amaron.
Te amo, y sé que estás con Dios.
Mamá

Alfredo Grande: "los medios fogonean pero no inventan"

Sobre los linchamientos también hablamos con el psicoanalista y psiquiatra Alfredo Grande, en el marco del programa “Enredando las mañanas” de la Red Nacional de Medios Alternativos, quien aseguró que cuando se plantea el fenómeno de la “justicia por mano propia” se cometen varios errores: “el código más justo que ha habido en la historia de la humanidad es la Ley del Talión, porque mantiene algo muy importante que es la proporcionalidad entre la falta, el crimen y el castigo. Justamente lo que se puede llamar lo injusto es esa desproporcionalidad o porque el crimen en muy grande y el castigo muy pequeño, o porque el crimen es muy pequeño y el castigo muy grande. La ruptura de la proporcionalidad entre el crimen y el castigo es una marca de la cultura represora. Y este desnivel se puede ver a dos puntas. Se puede dar porque es poco o demasiado, que es un poco lo habitual de la cultura represora: o te morís de sed o te ahogas, no hay un suministro de agua adecuado y pertinente. Entonces, el tema del linchamiento es el paradigma de la ruptura  de la Ley del Talión, no es ojo por ojo, cartera por cartera, arrebato por arrebato, sino que es asesinato por arrebato, entonces ahí se atraviesa, se rompe, se disloca una ley básica de esta cultura, que ha sido muy denostada pero que no ha sido superada todavía. Cuando se habla de justicia por mano propia, en realidad la mano propia es una mano colectiva, y el paradigma de la justicia por mano propia fue Fuenteovejuna, esa obra maravillosa, en la que un pueblo va contra el comendador, el poder despótico. Pero la cultura represora entiende Fuenteovejuna al revés. Son pocos no contra los poderosos sino contra los que han sobrevivido a los banquetes del liberalismo, incluso los de este gobierno, por supuesto. A lo que se llama linchamiento, hay que pensarlo un poco porque acá tiene una fuerte marca reactiva, y lo reactivo en la cultura es muy intenso, pero efímero. O sea que esto de los linchamientos va a ir desapareciendo, sobre todo si algunos medios no lo siguen fogoneando”.
Grande, que también conduce el programa radial Sueños Posibles, afirmó que efectivamente los medios fogonean, avivan el fuego del fenómeno de los linchamientos, pero remarcó que no son quienes prenden ese fuego: “lo que los medios hacen, sobre todo los conocidos como medios masivos es fogonear el fuego, no prenderlo, esto para mí es importante, por lo tanto cuando dejen de fogonearlo, como esto es reactivo va a empezar a decaer, como lamentablemente también decayó el 2001, porque parte era reactivo. Lo que prende el fuego es la situación real; el 2001 no lo prendieron los medios. Me acuerdo que, después de venir de las marchas, ver la televisión y eran todas escenas de todo, pero el fuego, digamos, lo que prende cualquier fuego, en la historia, es un real. Por ejemplo, el mayo francés, el 17 de octubre de 1945 no lo armó la televisión o la radio, la guerra no la inventó la radio, después sí se fogoneaba. Eso es algo que hay que diferenciar porque si no caemos en la cuestión tan remanida de matar al mensajero. Entonces, hay un real que a pesar de lo que dijo Aníbal Fernández, que había una sensación de inseguridad, lo que había es una situación de peligro; vivir en ciertas zonas de la ciudad, casi en todas, es peligroso. Yo dejo mi auto muchas veces en donde tengo uno de mis bunkers, en la zona de Constitución, y hago dos cuadras, parezco un radar, anticipando movimientos, cruzando, voy, vengo, parezco un loco, porque no puedo ir siempre por la misma vereda, tengo que cruzar, porque hay un peligro. Entonces cuando hay un peligro y vos hablás de sensación de inseguridad eso se llama una acción psicotizante, estás transformando una percepción en una alucinación. Eso se lo debemos a Aníbal Fernández”.
Alfredo Grande señaló que de esta manera se está desmintiendo lo que percibe la sociedad, un accionar al que caracterizó como “percepticidio”: “es la muerte de la percepción. Eso es la llama, lo que estaba y está, porque como se sabe nadie nace para chorro, nadie nace asesino, ni los pibes, ni los ladrones, ni los vecinos, nadie nació para esto. Esto es un constructo de la cultura represora. Para la cultura represora, el remedio siempre es peor que la enfermedad. Como este gobierno con ese garantismo pelotudo, de pequebú, de Paseo Alcorta, construyó una virtualidad que no existe, yo se lo escuché al Padre Farinello en una mesa que compartimos hace varios años, que la villa ya no era la villa, él no pudo vivir en la villa más de dos años porque ahora es otra cosa. Entonces desde ese lugar, ni los pibes, ni los adolescentes, que roban, matan y violan, nacieron para hacer eso, ni los vecinos que linchan nacieron para hacer eso. Entonces como le escuché decir a Berni y Zaffaroni: ‘son asesinos’. No, no son asesinos, tienen conductas asesinas, pero no son asesinos. De la misma manera que los pibes limados por la droga, el hambre, el frío, por el maltrato, matan, tampoco son asesinos, sino quedamos en esa famosa película de ‘Asesinos por Naturaleza’. Ni los unos, ni los otros son asesinos. Ahora me pregunto, ¿qué pasó en esta democracia, qué pasó en la década ganada para que ciudadanos se conviertan en asesinos? Cuál fue el proceso de degradación de la subjetividad?, porque el gobierno nos dice que es un país con buena gente, no lo digo yo”, agregó.
Durante la entrevista con Enredando las mañanas, Alfredo Grande desestimó que este tipo de reacciones sociales sean consecuencia del Terrorismo de Estado. Por el contrario, el psicoanalista habló de Estado terrorista: “tirarle todo al Terrorismo de Estado después de treinta años de democracia es un per saltum hacia atrás. Esto es consecuencia del Estado terrorista, que es la otra cara del Estado benefactor. Hoy tenemos esta democracia porque nuestra clase política tardó un año y medio desde que se rindió Puerto Argentino hasta que Alfonsín asumió. Esta democracia es hija de gente muy cobarde, muy especulativa, es hija de que Bignone le pone la banda a Alfonsín y no va preso. Es hija de gente muy pusilánime, negociadora, corrupta y transera, por supuesto con el radicalismo y el PJ a la cabeza. El Terrorismo de Estado parió el movimiento de derechos humanos más importante de la historia, no sé si de la humanidad, pero por lo menos de Latinoamérica; parió una resistencia ciudadana política extraordinaria; los que después agarraron eso, básicamente primero el radicalismo y después el PJ, arruinaron todo eso y los vemos en lo que pasa ahora. Pasarle todo al Terrorismo de Estado es un per saltum, una coartada miserable como cuando se dice que todo es por el 2001... no, el 2001 fue el efecto final, fue la gran maniobra de Menem y Cavallo para tirarle todo al bobito de De la Rúa. Por ejemplo, el 2 de abril es feriado por influencia de López Murphy, ministro de Defensa. Habría que levantarlo ya como una forma de aplacar a las fuerzas armadas, ¿por qué va a ser feriado el día que empieza otro genocidio? La dictadura cívico militar fue desde 1975 -incluimos a la Triple A-, a 1983, es la tercera parte de la democracia; entonces, si en treinta años no reparás, es lo que pasó en España, ahí tenés primero a Felipe González, ahora Rajoy, pasando por Zapatero, así están... ¿Qué va a decir un español hoy? ¿Que la culpa la tiene Franco? No, la culpa la tienen la socialdemocracia y la derecha, que no son tan diferentes”.

Adolfo Pérez Esquivel: "sobre el espíritu de venganza es imposible construir una sociedad"

En Enredando las mañanas también consultamos sobre el tema al premio nobel de la Paz e integrante del SERPAJ (Servicio Paz y Justicia), Adolfo Pérez Esquivel, quien rechazó de plano la llamada justicia por mano propia: “toda persona culpable o no, tiene derecho a un juicio justo, no al asesinato del linchamiento, donde se producen fenómenos de tipo sociales que es la suspensión de la conciencia, donde todos realizan lo mismo, entonces la culpabilidad se diluye en lo colectivo, mecanismos que fueron utilizados en la época de la dictadura, tanto en las fuerzas armadas como en las fuerzas de seguridad. Ahora que este tipo de linchamientos se produzcan es también porque se ha generado una situación de inestabilidad, inseguridad y miedo ante la falta de respuestas de los responsables del Estado. Y mucho tienen que ver los medios de comunicación que han incentivado ese sentido de la inseguridad, mostrando todos los días, durante las 24 horas, los horrores, problemas que vive la sociedad, sin ningún tipo de alternativa, y hay que ver lo que sí se está haciendo en la sociedad para poder  avanzar en la seguridad democrática”, aseveró.
En cuanto a cómo se sale de una situación así, Pérez Esquivel mencionó no solo la responsabilidad de los medios: “también tiene que ver con la educación, con la toma de conciencia colectiva y con la organización social para enfrentar estos males que están afectando a nuestra sociedad”.
El premio nobel de la Paz hizo referencia además a la conducta histórica del movimiento de derechos humanos, siempre alejada de la venganza y la justicia por mano propia: “desde un comienzo, los organismos buscaron la verdad, la justicia y no el espíritu de venganza, y eso es lo que a través del tiempo ha dado  los resultados de que hoy sean juzgados los responsables de crímenes de lesa humanidad. Sobre la impunidad, sobre el espíritu de venganza es imposible construir una sociedad”.
Distintas posiciones y reflexiones acerca de los linchamientos y sus posibles orígenes y soluciones. En lo que sí hay coincidencia, es en que este tipo de acciones nada tiene que ver con la justicia, sino con todo lo contrario. Parece ser injusticia por mano propia.

2 comentarios:

  1. Excelente! Una mirada múltiple que nos permite seguir reflexionando en las causas y las posibles soluciones. Lo que queda claro es que la discusión linchamientos sí o no (es el debate hoy por hoy que se instalado), ya plantea una posición. LINCHAMIENTOS NO! la opción por la positiva nos quita no sólo del estado de derecho, sino que nos corre del aprendizaje hecho sobre nuestra propia historia -sin comparaciones con otras historias y contextos- (del terrorismo de estado, 2001, uno a uno incluido) y pretende dejarnos sin el recursos (congelados/imposibilitados) como ciudadanos, de formular y reformular, generar mejores condiciones de vida comunitaria. Gracias!

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