3 may. 2014

Tebele y Catriel junto a Norita y Pavón
 (Por La Retaguardia) En una nueva emisión de Oral y Público, desde el stand del Instituto Espacio por la Memoria de la 40° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, contamos con la presencia de Nora Cortiñas de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, y Elsa Pavón, la primera abuela en recuperar a su nieta y presidenta de la Asociación Anahí. Juntos repasamos sus historias de vida y de lucha, que continúan hasta el día de hoy. También estuvo presente el fiscal Miguel Osorio.

La primera restitución

Mónica Grinspon desapareció junto a su marido Claudio Logares y su hija de 23 meses en Montevideo, en el marco del Plan Cóndor, el 18 de mayo de 1978. Ese día, Elsa Pavón inició la búsqueda que le llevaría años hasta recuperar a su nieta, Paula.
Cortiñas, Pavón y Osorio en un
momento de Oral Y Público
“Yo salgo a buscarlos –contó Pavón en Oral y Público–, y en ese camino me encuentro con Abuelas. Me incorporo en agosto, setiembre de 1978 a partir del ofrecimiento de la señora de Mariani (Chicha), que fue la fundadora de Abuelas junto con la señora (Alicia Zubasnabar de) De la Cuadra, y con quien estoy hasta el día de hoy trabajando en una institución por la memoria, la Asociación Clara Anahí. Recorrimos el mundo buscando a los chicos, pedimos ayuda al exterior, buscamos a los niños por un lado y a los padres por el otro. Me llega una información de dónde estaba mi nieta en el año ’80 y esto hace que empiece a investigar con quién estaba, se me pierde, y la vuelvo a encontrar en 1983. Ese año ya empezamos a armar todo para hacer la denuncia porque la reconocí; aparte de haberla visto, buscando su historia y cómo había llegado a esa casa me di cuenta de que era mi nieta. Hacemos la reconstrucción de todo y juntamos el material que en aquel momento nos pidieron los abogados y presentamos la denuncia judicial el primer día hábil de la democracia. El 10 de diciembre de 1983 cambia el gobierno, cambia el sistema, y el 13 de diciembre a las siete de la mañana estábamos en Tribunales haciendo la denuncia”.
Antes de llegar a ese dato que le permitió iniciar el camino de la restitución de su nieta, Elsa Pavón debió sortear un sendero lleno de obstáculos: “la primera búsqueda la empecé a hacer en Uruguay y en ese contexto me di cuenta que tenía que separar a la nena de los adultos, por las respuestas que recibía. Con respecto a los adultos, muchas veces eran insultos o cosas muy desagradables, y en relación a la nena de repente me escuchaban, no me daban respuestas evidentemente, pero por lo menos me escuchaban, aparte a los adultos los busqué en áreas de la represión militar, aeronáutica, policía; en cambio a la nena la busqué en colegios, hospitales, en todos los lugares donde hubiese criaturas. Después, con el tiempo, pensé que podía estar con su mamá. Hay una institución de monjas en Uruguay que tenían a presas con sus hijos, y la idea era que estaban juntas. Creo que eso nos pasó a la mayoría, cuando localizamos a los chicos era la negación, porque te caía la ficha de que la madre no estaba, uno siempre tenía la esperanza de que estuviesen juntas. A partir de ahí empecé a hacer esa separación”.
Durante ese recorrido, Pavón pasó por infinidad de situaciones de todo tipo. Al ser consultada por alguna en particular que la haya impactado, la abuela de Paula Logares recordó: “fue cuando fui a un colegio, en donde el director era cura. Le explico que estaba buscando a mi nieta, y me mira y me dice ‘señora, se la ve cansada, por qué no se va a descansar a su casa, ya va a volver, vio cómo son los chicos, se habrá ido a bailar y le pasó la noche’. Yo lo miré y le contesté ‘tiene razón, a los 23 meses seguro que se le debe haber pasado el tiempo y debe estar con el novio en algún lugar’, y me fui”.
Elsa Pavón fue la primera abuela en recuperar a su nieta, y si a pesar del tiempo transcurrido hoy sigue siendo una situación compleja no solo desde lo emocional sino también desde lo técnico y burocrático, cabe preguntarse entonces cómo se llevó adelante esta recuperación hace más de veinte años. “Abuelas salió a pedir ayuda al exterior –explicó Pavón–, entre las cosas que salió a pedir Mariani fue la forma de identificar a nuestros nietos, porque pasaban los años, no los encontrábamos y pensábamos que no los íbamos a poder reconocer porque habían crecido. Aparte los nacidos en cautiverio tampoco los conocíamos, no conocíamos su carita. Durante 1983 avisan de Estados Unidos que se había encontrado la forma de identificar a los chicos en ausencia de los padres, en aquel momento lo llamaban el índice de abuelidad. A comienzos de 1984 insistimos para que le sacaran sangre a la nena que nosotros decíamos que era mi nieta, se le hizo primero un análisis en Tribunales que dio el mapa genético de su supuesto padre, del apropiador, y rechazamos eso y volvimos a pedir que se hiciera en el Hospital Durand, porque en aquel momento era un hospital nacional y tenía validez en todo el país, hoy es municipal. Logramos a fines de junio que le hicieran los análisis en el Durand y dio la casualidad que justo ese día llegaba la genetista que venía a poner en punto la técnica. De ahí sigue todo un trabajo en la justicia para poder recuperarla. Como todas las cosas, la primera vez no fue fácil, fue bastante difícil inclusive para ponerle nombre también tuvieron que pasar cuatro, cinco años, en otros chicos que se encontraron después el devolverle la identidad fue casi automático. Hoy sé de chicos que tardaron muchísimo tiempo más en hacer el cambio de identidad”.

“Tardé muchos años en devolverle todo lo que le robaron en diez minutos”

Finalmente, Elsa Pavón pudo recuperar a Paula, su nieta: “la recuperé, me dieron la tenencia a mí, se crió dentro de mi familia, tuvo una niñez, una adolescencia normal, cuando digo normal es con todas las cosas que todos conocen: las lindas, las no lindas, las peleas, las idas, las venidas de cualquier familia. Tardé muchos años en devolverle todo lo que le robaron en un operativo de diez minutos, menos a los papás por supuesto que todavía los sigo buscando, pero sí todo lo que socialmente le correspondía: su identidad, su familia, su lugar en la sociedad, eso me llevó once años y seis meses”.
Paula Logares recuperó la identidad a los ocho años y medio: “ella no podía discernir, ¿qué le íbamos a decir... con qué familia te querés quedar? A nosotros no nos conocía y sí conocía a los apropiadores, de hecho en el momento de la restitución ella lo dice, ‘con ellos estuve seis años y con ustedes dos años, estuve poco tiempo, así que los conozco a ellos y son mis padres porque me criaron’, esto a mí me sirvió para darme cuenta que era un casete, que era lo que le dijeron que diga. Hoy los chicos, muchachos, señores y señoras porque ya tienen entre 36 y 40 años, deciden ellos porque son adultos, deciden ellos aceptar la situación y trabajarla. Lleva tiempo porque no es nada fácil para una persona que tiene nombre y apellido durante toda su vida, y de repente tenés que decirle que esas personas mintieron, que fueron robados y que tenés que cambiar toda la historia... ya tienen hijos, la cosa es distinta”, señaló Pavón.

Nora Cortiñas y los 37 años de rondas


Nora Cortiñas
Gustavo Cortiñas tenía 24 años y la mitad de la carrera de Ciencias Económicas aprobada, además era militante político, cuando desapareció el 15 de abril de 1977. Desde ese día, su mamá Nora, Norita, lo sigue buscando: “era un buen hijo, buen padre, un buen chico –recordó en Oral y Público–, como todos los chicos que buscamos, hombres y mujeres que querían un país para todos y todas, querían un país con justicia social, por eso las Madres hoy en día levantamos las banderas de lucha de ellos y de ellas porque queremos que se cumplan esos deseos. Y así empecé a caminar, cuando fui a la Plaza de Mayo era la segunda o tercera ronda de las Madres, el día 30 de abril había ido un grupo de catorce Madres, y desde ahí ya me fui enterando, ahí empezamos a juntarnos. Las primeras madres eran Azucena Villaflor de De Vicenti, Mirta Baravalle, Pepa Noia que hoy tiene 94 años y que sigue andando ya un poquito más mayor, hay Madres que tienen más de 90 y las jóvenes tenemos 84, somos la parte joven, gracias a Dios que las que tenemos salud, tenemos la fuerza para seguir buscando, seguir exigiendo esa verdad y esa justicia”.
La vitalidad de Nora Cortiñas es insuperable. Su fuerza contagia e interpela a quienes la escuchan. Al iniciar su participación en la emisión de Oral y Público desde la Feria del Libro, eligió presentarse así: “tengo a uno de mis hijos, Gustavo, detenido-desaparecido desde el 15 de abril de 1977; tengo otro hijo, Marcelo, que me acompaña mucho; tengo tres nietos y tengo tres bisnietos. La vida continúa desde luego... con todos los dolores y con las alegrías que nos dan los niños para seguir andando. Desde el momento en que mi hijo fue secuestrado no tuve ninguna información, ninguna noticia y he andando, he hecho centenares de habeas corpus. A finales de 2012 volví a hacer un habeas corpus por Gustavo, porque sigo queriendo que me digan qué pasó con él y quiénes son los responsables directos. Las Madres no bajamos los brazos en ningún momento, nunca pensamos en venganza, en nada violento, el dolor fue y es mucho. Hasta el día de hoy la ausencia es muy fuerte, no es que ya pasó el tiempo y uno puede aflojar en este reclamo o conformarse, de ninguna manera, no hay nada que nos conforme, lo único hubiera sido el abrazo con ellos y ellas, eso es la espera de siempre, no hay un cansancio o decir hasta acá llegué y ahora no busco más, no. Todos los días era salir a buscar, y así las Madres recorrimos el mundo. Buscamos mucho acá, pero también tuvimos que buscar afuera un apoyo, una respuesta, y no fue fácil. Un militar al que un periodista le preguntó un día ‘¿quiénes son esas mujeres que se reúnen en la Plaza de Mayo?’, dijo: ‘ah, son unas locas, cuando venga mucho frío no van a venir más’... le fallamos, porque con frío, calor, seguimos yendo, realmente creo que tuvimos y tenemos esa locura de amor por nuestros hijos, por lo que ellos luchaban, cada Madre tomó a su cargo los miles de hijos porque en este camino se murieron muchas madres, muchos padres, y cada madre que sale a la calle no pide solo por su hijo, está pidiendo por los treinta mil, cada una de nosotras piensa en las Madres que ya no están para buscarlos, en los padres”.

Los padres y abuelos de Plaza de Mayo

Cortiñas habla, Pavón y el fiscal
Osorio la observan con atención
Nora Cortiñas explicó que ante la presencia permanente de Madres y Abuelas muchos se han preguntado qué pasó con los padres durante todos estos años: “sufrieron más que nosotras, porque el varón no tuvo la oportunidad como nosotras porque la religión judeo-cristiana es muy exigente o era, respecto a que los varones no deben llorar, y la mujer es la débil pero puede expresarse; los varones quedaban en casa, esperando cuándo llegábamos. Cuando fueron secuestradas Azucena Villaflor, Esther Careaga y Mary Ponce de Bianco, al otro día empezó otra historia en nuestras casas, porque decían ‘se van y las van a secuestrar a ellas’. Qué horror esta dictadura cívico militar religiosa... se llevaron a nuestros hijos e hijas, se apropiaron de los bebés nacidos en el cautiverio de esas madres embarazadas, pero para redondear el terror se llevaron a las madres que buscaban a sus hijos, redondeando esa imagen de terror total, no perdonar ni siquiera a esas madres que recorrían las calles del país buscando y pidiendo por sus hijos. En nuestras casas había siempre temor sobre si íbamos a volver. El acompañamiento de los padres fue muy fuerte porque nosotras íbamos a los cuarteles e insultábamos a los militares, adentro de los cuarteles, les decíamos cualquier barbaridad, porque nuestro dolor fue siempre visceral, nunca fue armado políticamente, siempre fue visceral, espontáneo, hasta el día de hoy cuando vamos a la plaza no es un acostumbramiento, van las Madres que pueden y siempre es visceral, siempre estamos esperando la respuesta, la noticia, entonces toda esta historia cuando íbamos y les gritábamos a ellos cualquier barbaridad, qué pasaba, salíamos pensando que éramos invulnerables, por eso cuando se llevaron a estas madres nos dimos cuenta de que no era así, porque además, antes de estas tres madrecitas nuestras, se llevaron seis madres de presos políticos que iban a llevarle a sus hijos alimento, anteojos, medicamentos. Eran todas vigiladas, y lo grave que hacían estas madres era que no iban por uno, sino que cuando iban a un pabellón llevaban para todos, yo me acuerdo de mi consuegra que hacía parvas de milanesas, le tocaba ir a Sierra Chica o a La Plata y hacía la comida para todo el pabellón. Ellas escribían los remedios que cada uno necesitaba, y como había muchas madres y padres que no podían ir a visitar a sus hijos a prisión entonces ellas tomaban la lista y llevaban para todos los que necesitaban, eso era grave para los militares (y civiles también), ¿cómo hacían eso?, era subversivo, ¿cómo van a ayudar a todos?, que se ocupen solo de su hijo que ya es bastante”. Cortiñas señaló que en esta historia solo el amor por sus hijos y la lucha que emprendieron permitieron atenuar el gran dolor que aún sienten por las ausencias: “salir a calle todos los días, pelear, pensar qué hacer al otro día, siempre parecía poco, un hijo es tanto que siempre es poco lo que uno hace, cuándo los vamos a encontrar, dónde estarán, tendrán frío, comerán, los atenderán, es terrible, la desaparición de una personas es el crimen de crímenes, es cuando a una persona se la priva de todos sus derechos absolutamente, donde entra en ese submundo del terror, donde no saben más nada qué pasó con el resto de su familia”.

“El crimen más grave”

Así definió Nora Cortiñas la desaparición forzada de personas, de la que fueron víctimas miles y contra la que lucharon los familiares con una fuerza difícil de doblegar. Sin embargo, hubo circunstancias que estuvieron cerca de hacerlos aflojar, sin conseguirlo: “en estos vaivenes hemos tenido desagrados muy fuertes como cuando sucedió lo de las leyes de Punto final, Obediencia debida, que nos hacían aflojar y preguntarnos si seguir o no, aunque yo quiero rescatar algo de esta historia. Nosotros tuvimos el primer juicio que lo hizo (Raúl) Alfonsín, que hay que rescatarlo aunque claudicó. Después de haber dado un paso importante, con condenas importantes, un día hicieron demasiado ruido los militares y se vino abajo el juicio, pero ahí nos dimos cuenta que sí se podía pero había que seguir luchando y luchando. Después tuvimos las leyes, indultos, y eso también hacía debilitar a veces el esfuerzo de muchas familias que decían ‘para qué seguimos si mañana nos dan un golpe así’ y nos hacía pensar que todo es imposible, pero las Madres seguimos y seguimos. Gracias también a los juicios que se hicieron en España, Francia e Italia, estos juicios se hicieron afuera porque sus documentos y leyes lo permitían. Después de ver la marcha que se hizo acá cuando se cumplieron los veinte años del golpe de Estado, un grupo de fiscales decidió que en España se podía hacer un juicio. Primero empezaron con los hijos de españoles, con los españoles, y después se dieron cuenta que se podía hacer con los nietos y toda persona que le fueran violados sus derechos humanos, fuera el país que fuera, y ahí empezó ese juicio famoso que aunque se condenó a uno solo, que todavía está preso que es Scilingo, se demostró que sí se podía. Ahora, qué paradoja, ese juicio se hizo porque existía la ‘justicia universal’, ahora que en la Argentina se formó una plataforma para condenar los crímenes del franquismo y las víctimas que pudimos ya traer a la Argentina, el gobierno de España, representado por Rajoy, borró de su constitución y leyes la justicia universal para que no fueran juzgados los represores (N. de la R: esta semana la Audiencia Nacional rechazó dos pedidos de extradición de franquistas acusados ante la justicia argentina). Qué ironía, porque en Argentina gracias a la justicia universal se comenzó a juzgar a los responsables de esos crímenes horrendos. Son horrendos porque no es solo la barbaridad de robarse los bebés, llevarse a las madres, sino las torturas que han existido, tan brutales, acá en la Argentina, que uno no lo hubiera creído porque a veces cuando los abuelos nos contaban del nazismo a veces nos parecía una exageración, pero en Argentina hubo campos de concentración, de tortura, de muerte, y se llevaron a cabo esos crímenes horrendos. No lo podíamos creer porque Argentina fue siempre un país que acogió a víctimas de muchas épocas y especialmente del nazismo, así que no lo podíamos creer, pero pasó. El tiempo transcurrió y ahora desde hace diez años tuvimos un cambio y el gobierno que asumió en 2003 decidió tomar el tema de los derechos humanos”.
En este marco, Cortiñas aclaró: “quiero decir que yo no hago partidismo nunca, yo reconozco lo que hay que reconocer y me escucharán protestar muchas veces cuando no me gusta lo que pasa, porque para eso estoy en la calle hace 37 años, pero tenemos que reconocer que vino esta etapa y tenemos los juicios en todo el país, tenemos la posibilidad de ver juzgar a estos genocidas, tenemos algo muy precioso acá que son los testigos, la gente que ha sufrido lo peor va a dar testimonio ante los fiscales, los jueces, con una solidaridad y una valentía increíbles”, rescató Norita.
En este punto, Cortiñas pidió que se asista a las audiencias de los juicos por delitos de lesa humanidad: “para saber que tenemos esa riqueza acá, tenemos un cúmulo de abogados y abogadas que presentan a los jueces ese testimonio perfecto, sin dudas, ningún juez lo puede rechazar. Tenemos fiscales, tenemos jueces, gracias que tenemos jueces y fiscales que toman estos juicios y estos testimonios tan ricos y dolorosos. Eso hay que empujarlo, tenemos ese compromiso de todos los días para que en la Argentina no quede nadie impune de esas barbaridades que se cometieron, tenemos que reconocer que lo que fuimos logrando en años y años de movilización popular, de calle, de exigencias y de mucho dolor acompañando esas gestiones, tenemos que valorarlo y seguir empujando para que realmente no quede nadie impune, y seamos esa vidriera al mundo de un país que juzga a los represores, a los genocidas, sin venganza. Nosotras esperamos el acompañamiento, que nos entiendan y que si a veces uno se equivoca, porque las Madres podemos equivocarnos... pero creo que todas las Madres tenemos un sentimiento muy fuerte y llevamos muy en alto las banderas de lucha de nuestros hijos, los reivindicamos todos los días, de las madres y padres que ya no están. Muchos padres se suicidaron porque no pudieron soportar ese dolor, porque a veces es el sexo fuerte virtual, inventado, y las Madres ponemos el cuerpo desgarrado y seguimos andando”.

Las luchas de hoy

Nora Cortiñas está siempre en movimiento. Tiene su agenda llena de actividades que la hacen ir y venir. Sigue de cerca los conflictos sociales que atraviesan el país, y aprovecha cada ocasión para difundir las problemáticas actuales que le preocupan. La emisión de Oral y Público desde la Feria del Libro no fue la excepción: “las Madres levantamos las banderas de nuestros hijos y hay muchos temas que seguimos y aprendimos a palparlos en el día a día –afirmó en este marco–, nos preocupan algunas situaciones que pasan en este país, como por ejemplo la de permitir que Monsanto explote nuestras tierras, que además de llevarse las riquezas use glifosato, envenene el aire, la tierra, el agua, especialmente la provincia de Córdoba, donde estos días las madres, que se llaman Madres de Barrio Ituzaingó, están sufriendo una gran agresión de la que es responsable el gobernador de la provincia de Córdoba (José Manuel de la Sota), que permite que sean agredidas, estas madres están defendiendo la patria, está defendiendo la tierra, la salud del pueblo, y especialmente de la zona donde viven. Una de estas madres, Sofía Gatica, fue amenazada no de muerte ella, sino que la amenazaron con que le mataban a un hijo. Es muy grave, dicen que es por impedirle a Monsanto que despliegue su actividad que es seguir envenenando estas tierras. Ella me llamó por nuestro aniversario y nos contó que ahora vive con custodia en la puerta de su casa, sabemos lo que es eso, es muy triste y violento", citó preocupada por la situación que se da en Córdoba con la instalación de una planta de Monsanto.
"Hay otras situaciones graves también, por ejemplo pagar la deuda externa que el pueblo no contrajo. La gente no sabe que estos buitres están queriéndonos cobrar la estafa del siglo porque la plata que pidieron los militares y civiles durante la dictadura era para armar los campos de concentración, para comprar las armas con las que se torturó y asesinó a nuestros hijos e hijas, para esa parafernalia que fue el Terrorismo de Estado. Luego pidieron para armar el mundial de fútbol y tapar el horror, siguieron pidiendo y creyendo que esa plata, que la mitad se la embolsaban en sus bolsillos militares y civiles, la iba a pagar el pueblo como efectivamente lo estamos haciendo. También pidieron dinero, militares y civiles, para armar esa guerra de las Malvinas que para lo único que sirvió fue para seguir matando jóvenes, una nueva generación más joven que nuestros hijos e hijas, y seguir pidiendo y pidiendo, con intereses leoninos, usureros, y ahora pretenden que nosotros paguemos. No tenemos por qué pagar lo que gastaron otros, que además embolsaron sus bolsillos, porque todos los militares que estuvieron en las cúpulas y civiles que estuvieron durante el Terrorismo de Estado tienen cuentas en el extranjero. Que devuelvan la plata que robaron y nosotros no vamos a tener que pagar con hambre esa deuda que piden los buitres. También está Chevron haciendo extracciones en la Patagonia con ese sistema de fracking que va a generar que un día nos hundamos todos a medida que extraen nuestras riquezas.. Un día nos vamos a caer todos en un gran pozo, el fracking es destrozar la tierra y la tierra es nuestra pachamama y tenemos que cuidarla. Esta compañía Chevron en Ecuador les perjudicó su medio ambiente, la tierra y el agua, ¿por qué tienen que estar haciendo lo mismo acá? Yo hablo de esto a título personal. Aprendí a preocuparme por estas cosas y aprendí a husmear, a ver cómo defendemos la patria diciendo las cosas que no nos gustan, que no están bien. Hay tantas cosas, la explotación de la minería a cielo abierto, donde se gastan millones de litros de agua cuando en la Argentina hay algunos millones de habitantes que no tienen agua potable”.
“¿A ustedes les parece que es meterse en algo que no debemos?” preguntó Nora Cortiñas, divertida y profunda a la vez, a la gran cantidad de gente que presenció la grabación de Oral y Público desde el stand del Instituto Espacio para la Memoria. “No, tenemos que meternos un poquito cada día. Averiguar, y así se defiende la patria. Cuando además podemos decir en democracia las cosas que nos parece que no están bien. Lo digo con cuidado porque a veces la gente se cree que por decir que algo no nos gusta uno es opositor, yo no soy opositora, respeto a este gobierno, tuvimos muchos logros, pero también tenemos cosas que nos duelen: la judicialización de la protesta social; una ley antiterrorista, que no tenemos por qué tenerla esa ley, no somos un pueblo terrorista; y ahora tenemos algo que nos duele mucho que es que si hace diez años Néstor Kirchner bajó o hizo bajar el cuadro de un genocida, ahora por un error muy grande han entronizado en el mayor cargo para dirigir el Ejército a un represor, del que hay pruebas que actuó en la época del Terrorismo de Estado. Son hechos que tenemos que estar atentos, porque el pueblo además espera que nosotros, desde los organismos de derechos humanos, demos señales de que hay cosas que no van bien en este momento para defender totalmente la democracia, que amamos, que queremos, y que vamos a defender todo lo que sea necesario”, respondió Norita con la sabiduría de siempre y manejando los tiempos de su exposición con verdadera precisión.

Elsa Pavón y Nora Cortiñas, dos mujeres que repasaron sus historias de vida, sus luchas, sus dolores y alegrías, sus preocupaciones y sus compromisos en una emisión especial de Oral y Público en su homenaje.

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