20 may. 2014

Dos de los sentenciados en Neuquén
(Por La Retaguardia) Junto al referente de las luchas por Memoria, Verdad y Justicia de Neuquén analizamos la sentencia del juicio La Escuelita III. La desaparición de su hijo, Oscar Alfredo fue juzgada en el marco del primer tramo de esta causa, pero Oscar continúa peleando por la verdad y la memoria; una lucha que lleva ya -tal como él mismo contabiliza- 13.920 días desde aquel oscuro 24 de marzo de 1976. Hacia el final de la charla, se sumó Víctor Basterra, que junto a Ragni reflexionó acerca de la disolución del Instituto Espacio para la Memoria, el uso de los sitios de memoria y la necesaria autonomía que deben mantener los organismos de derechos humanos.

El miércoles 14 de mayo se conoció la sentencia del tercer tramo de la causa La Escuelita. El Tribunal Oral Federal condenó a 25 años de prisión a los ex jefes militares Mario Alberto Gómez Arenas, Hilarión de la Paz Sosa y Alberto Farías Barrera; mientras que el ex militar de inteligencia Jorge Di Pasquale recibió 17 años de prisión, y el jefe de la Policía Federal de Neuquén, Jorge Alberto Soza, seis años y medio.
A diferencia de los dos tramos anteriores, el veredicto del juicio La Escuelita III obtuvo bastante aceptación de las partes querellantes. De todos modos, desde la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos adelantaron que apelarán al menos la condena dada a Jorge Alberto Soza. Cabe recordar que quien actuó como jefe de la policía de Neuquén durante la última dictadura cívico militar recibió una condena similar a la de una persona juzgada por robo: seis años y medio.
“Cuando se conocieron las primeras condenas de La Escuelita hubo algunas reacciones porque después de tantos años de espera lo lógico era tener una respuesta con una condena mayor; no digo ejemplificadora porque esta gente no conoce de ejemplos, pero sí una condena que estuviera más acorde con los delitos que cometieron, pero a medida que fue transcurriendo el tiempo y se preparaba para la elevación a juicio de la segunda parte, y después esta tercera, hablando con los jueces, con los abogados, y luego al conocer la segunda sentencia nos fuimos dando cuenta que es de relativa importancia las condenas porque se van acumulando. Farías Barrera por ejemplo es la tercera que recibe. De manera que sí llama la atención y mueve no sé si a sospecha pero sí a sorpresa que a alguien, como un segundo jefe de la policía federal en Neuquén, le hayan dado solamente seis años y medio de condena por toda la participación que tuvo. Aparte no sé si corresponde o no pero debería tenerse en cuenta también que no aportó en nada porque incluso estuvo prófugo, al igual que Di Pasquale y otro de la primera parte del juicio, tenían que compadecer y fueron declarados prófugos porque no se presentaron y cuando los buscó la justicia no los encontró”, reflexionó Oscar Ragni, quien dio testimonio en este tercer tramo del juicio, al igual que su compañera, Inés Rigo. Oscar e Inés son los papás de Oscar Alfredo Ragni, desaparecido desde diciembre de 1976, uno de los casos juzgados en el marco de la causa La Escuelita I.
Retomando la condena de Soza, Ragni expresó: “el solo hecho de haber sido partícipe o encubridor en lo que se cometió durante el Terrorismo de Estado son cosas tan graves que creo que amerita por lo menos tener en su consideración para dar una condena un poco más elevada. De hecho, todos los que fueron victimizados por estos individuos, ninguno va a recuperar lo perdido, no podemos encontrar todavía a nuestros desaparecidos, a los que mataron no les devuelven la vida; a los compañeros que sufrieron la tortura, el encierro y tuvieron la suerte de volver, nadie les devuelve lo que han sufrido, por más condena que les den. De alguna manera creíamos que tenía que haber una acción un poco más cercana a equilibrar los valores, los delitos que cometieron con una sanción que corresponda”.
Otra diferencia con los dos primeros tramos de la causa es que en este tercer juicio  cambiaron los miembros del tribunal. “No sé por qué lo hicieron –afirmó al respecto Ragni en diálogo con Oral y Público–, más allá de todas las falencias que tuvieron los jueces anteriores; tampoco nos olvidemos que para la primera parte, todos empezaron a trabajar en un juicio que no era robo de autos o asalto a mano armada, sino que se trata de delitos de lesa humanidad. Esto no ha sido solamente una agresión a familias, sectores sociales, político, sino un ataque a la humanidad, como podemos considerar a los crímenes del nazismo durante las guerras que se han llevado a cabo en Europa por ejemplo. Es algo que sale fuera de lo común, entonces obviamente quienes empezaron a juzgar esto se encontraron ante situaciones muy difíciles. En la primera parte debió suspenderse el juicio a los quince días de haber iniciado, con siete u ocho audiencias, porque a todos los integrantes del tribunal con el presidente a la cabeza les dio un ataque de stress que no podían soportarlo y hubo que suspender el juicio por unos días hasta que se rehabilitaron y siguieron”.
Como característica particular de este nuevo tribunal, Ragni señaló el hecho de que sus integrantes no sean residentes de la zona: “el que está más cercano es de (General) Roca a cincuenta kilómetros, otro está en Bariloche, otro viene de Buenos Aires. Se ha conformado un tribunal con gente que viene de distintos lugares y que obviamente no ha tenido en sus manos todo el expediente como para poder ir estudiándolo, analizándolo, y aparte hemos notado desde los mismos testigos que tuvieron que compadecer, que se quejaron obviamente, como así también la parte querellante, de un trato casi agresivo, una exigencia total, una especie de falta de consideración, sobre todo a los testigos, no digamos a los acusados, sino a los testigos que sabemos perfectamente que tienen que revivir esos momentos que fueron tremendos y merecen una consideración especial. No obstante eso, digamos que la parte final salvo este caso de Soza que fue condenado por seis años y medio, las otras condenas más o menos se ajustan a lo previsto y a lo que ya ha dejado sentado como precedente el tribunal en sí, más allá de que sea una conformación distinta”. Cabe aclarar que en algunos juicios, el hecho que los integrantes del tribunal fueran de otras ciudades del país, ayudó a que trabajaran sin presiones en contraposición con los jueces locales que protegían a los genocidas.

Contando los días uno por uno

Oscar Ragni remarcó que en general la condena ha sido bien aceptada y destacó un dato: “desde el punto de vista de nuestra militancia, y particularmente Inés y yo que hemos estado peleando por esto, tenemos la satisfacción de que por lo menos en Neuquén no se ha logrado condenar por homicidio. Condenar por homicidio, cuando no lo hay, sería establecer una suerte de muerte jurídica de todos los desaparecidos, porque si condenan por homicidio las causas que están iniciadas por desaparición de persona se transforman justamente en la comisión de homicidio por parte de los acusados y ya dejaríamos de seguir buscando sobre todo la verdad, que es lo que más nos interesa de todo esto. Más allá de que sabemos obviamente que el tiempo transcurrido y el tratamiento que tuvieron todos los compañeros desaparecidos, sabemos tácitamente cuál es el destino que han tenido, lo que nos interesa es saber la verdad, el itinerario que le hicieron recorrer a cada uno de los compañeros, quién lo hizo, quién lo ordenó, quién lo dispuso, cuál fue el final que le dieron. Es una parte de esa trilogía que se ha inventado últimamente de memoria, verdad y justicia; desde el 24 de marzo de 1976 hasta ahora nosotros llevamos acumulados 13.920 días de memoria. No podemos encerrar eso en un cuadradito del almanaque dejando librado a lo que pase cada 24 de marzo para recordar a nuestras víctimas. El poder político en sus distintas etapas ha ido queriendo otras cosas, ha ido pensando en otras cosas, y si es justicia ahí la llevamos, a los tumbos pero la llevamos, pero en definitiva no hay justicia si no hay verdad, y si no se puede elaborar la memoria sin la verdad quiere decir que aquí lo que nos falta es la parte fundamental de esta trilogía, que es la verdad, y eso es lo que estamos buscando. Creo que se están dando pasos importantes, pero no vamos a dejar de ninguna manera, estamos haciendo lo posible para que no se pierda la figura del desaparecido. Voy a hablar en primera persona nada más que como ejemplo, pero el caso de Oscar Alfredo fue juzgado en la primera parte y fueron condenados por su desaparición y la de otros compañeros más, eso ya está definido pero a nosotros más allá de que es parte fundamental obviamente los resultados con respecto a Oscar Alfredo, hemos estado buscando permanentemente, junto con el resto de los compañeros y la militancia, la verdad por todos los compañeros desaparecidos, dentro de ese contexto seguiremos, y hay una sensación de tranquilidad porque aquí en Neuquén, en la Escuelita, nunca se condenó por homicidio. Hay aquí un solo homicidio cuyos responsables ya han sido condenados. Es el caso de un cooperativista (José Luis) Albanesi, que fue muerto en la tortura, eso está definido, lo otro lo queremos definir como corresponde a la realidad”.
Al ser consultado acerca de la posibilidad de nuevos tramos de la causa que se desprenden de este juicio, Ragni explicó: “ya se ha elevado a juicio una cuarta parte. Lo básico está entre lo que fue aquí la Jefatura del Comando de la Sexta Brigada de Infantería de Montaña, la sede del Servicio de Inteligencia y la sede de la Policía Federal, que sus integrantes tuvieron todos participación en todos los hechos que se cometieron y han sido separados en distintas etapas que son las que se están llevando a cabo, ya se terminó la tercera y ya se ha elevado a juicio la cuarta, que tiene algunos acusados más, pero la base de las denuncias o de los imputados siempre es casi la misma, Gómez Arena, Farías Barrera, los hermanos Reinhold, Olea, la gente de la Federal, ahora se han agregado Di Pasquale, Soza, se van sumando personas que participaron en distintos hechos que recién llegan ahora a elevarse a juicio”.

Sobre la autonomía de los organismos de derechos humanos

Oscar Ragni es un emblema en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia de Neuquén. Y al ser consultado sobre el traspaso de los sitios de memoria del ámbito de la Ciudad de Buenos Aires al de Nación y la consecuente disolución del Instituto Espacio para la Memoria, sorprendió la poca información que llegó sobre el tema a Neuquén.
“Yo tengo una visión muy particular sobre el tema –reflexionó–, pero soy muy respetuoso de las decisiones y cuando aquí se planteó  la posibilidad de que se hicieran monumentos en lugares donde han habido centros clandestinos de detención simplemente para determinarlos, marcarlos y dejar la impronta de lo que sucedió allí, hemos sido muy respetuosos de la decisión de la mayoría de los compañeros. En Neuquén se aceptó y se ha marcado el lugar donde estaba La Escuelita con esas formas características, creo que son tres columnas con nombres de los desparecidos que pasaron, frases. El lugar está reservado, no se le da ninguna otra utilidad que no sea la de la memoria, yo creo que con estas cosas hay que ser muy cauto, cuidadoso de lo que uno expresa y de lo que piensan los compañeros, no todos pensamos lo mismo. Respeto la opinión de los demás, eso es fundamental para que sigamos teniendo armonía entre toda la militancia”.
Justamente muchos referentes de los organismos de derechos humanos consideran que, por ejemplo, en la ESMA no se ha reservado el espacio, y por el contrario se le ha dado otra utilidad que no es la memoria.
En relación a la forma en que se concretó este acuerdo entre los gobiernos de la Nación y la Ciudad, Ragni señaló: “cuando las cosas se hacen a escondidas, o como decían los viejos ‘entre gallos y medianoche’, por algo es, algo se está ocultando o algo que no se quiere que se sepa, o puede ser también la intención de ejercer el poder absoluto sobre todo, inclusive sobre este tema que es tan caro a los argentinos e inclusive a todo el mundo. Nadie es dueño de esto, nadie puede apropiarse de esto y mucho menos para una utilización de una especie de publicidad política que tiene algún fin, que para algunos será noble, pero para otros no lo es”.
A la charla en Oral y Público se sumó la voz de Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA e integrante del Consejo Directivo del IEM. Dolido y conmovido por lo sucedido, Basterra manifestó: “se vulneró el principio que siempre han tenido los organismos de derechos humanos de la independencia, de no rendir cuentas, ni de bajar las órdenes que vienen de arriba de un poder político partidario, justamente lo que tuvo el movimiento de derechos humanos durante treinta y pico de años fue una equidistancia de esos poderes o esas manifiestas intenciones de llevar adelante con la utilización de la lucha del conjunto de los organismos de derechos humanos para sus molinos X, y eso es lo que se está haciendo en este momento lamentablemente, se vulnera la independencia, la autonomía, que es lo que ha hecho posible que en el mundo se reconozca el esfuerzo que se ha llevado adelante en la Argentina, y esto es lo que a nosotros nos duele. A uno como integrante del IEM le duele que se elimine una herramienta de independencia y de promoción de los derechos humanos”.
“Es una independencia lograda que no emana del poder –agregó Ragni–, por el contrario emana de un poder al que yo considero omnipotente que es el poder de movilización, de presencia que tiene el pueblo, de decisión del pueblo. No nos olvidemos que en algún momento Neuquén fue declarada la capital de los derechos humanos y somos absolutamente conscientes que no fue porque desde el poder político, que es el que tiene que hacerlo, se defendiera y se trabajara respecto a este tema, por el contrario ha sido declarada con esa condición por haber sido un pueblo que se movilizó permanentemente, que estuvo siempre en defensa de los derechos humanos, un pueblo del que desde cada sector siempre se acompañó a todas las manifestaciones, y así tuvo la respuesta de los organismos en cada reclamo que salen a hacer los distintos sectores sociales y de trabajo de la provincia, eso se ha ganado desde las bases, jamás se ganó desde arriba. Considero que es necesario que haya organizaciones estatales de derechos humanos porque son las que garantizan, porque los organismos y la militancia no tenemos capacidad de decisión, entonces está bien que haya una secretaría de derechos humanos, pero no para hacer militancia, ya que desde el poder no se hace militancia por los derechos humanos, desde el poder se defiende y se busca la estabilidad con respecto a este tema, la militancia está en las bases y es la que garantiza lograr una posición de privilegio con respecto a la consideración que se tiene sobre el pueblo y el resto de las comunidades”.

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