11 may. 2014

Gabriela en la Feria del Libro
(Por La Retaguardia) Así tituló Gabriela Mansilla el libro en el que transcribe sus vivencias y sensaciones durante todo el proceso por el que pasó su hija, a la que le fue asignado el sexo masculino al nacer por la apariencia de sus genitales, aunque su identidad de género era femenina y lo manifestó desde muy chiquita. Tras una larga lucha, Gabriela pudo conseguir el DNI con nombre y género femeninos para la pequeña Lulú. Alfredo Grande, en su programa Sueños Posibles, dialogó con Gabriela Mansilla; Valeria Paván, psicóloga y coordinadora del área de Salud Mental de la CHA; y Pablo Bonaldi, sociólogo e investigador de la Universidad de General Sarmiento, que se encargó de la publicación del libro.

 “Si una persona puede tener veinte emociones en un instante es lo que estoy sintiendo en este momento. Estoy muy contenta. El libro se me hizo carne, hace cuatro días que estoy leyendo y releyendo, trato de leerlo de una manera objetiva y evidentemente no puedo. Necesito que llegue a otras mamás, a otras familias que estén pasando por esta situación, necesito que llegue a esos niños que están pasando la misma situación de mi hija. Es como una carga de mucha responsabilidad, tengo que ayudarlos. Yo podría haberme quedado feliz por haber ayudado a Lulú, ella ya tiene su DNI, vive una vida sumamente normal, muy feliz, y no me alcanza. Yo sé que hay otros nenes trans que sufren, que son golpeados, que nadie los escucha, que son el motivo de risa y burla en las escuelas y me parece que esta manera de escribir lo que a nosotras nos pasó no es exponer el tema por qué sí o para saciar el morbo de los demás o porque se nos da la gana, sino que tiene un fundamento y es poder ayudar a otras personas”; de esta manera, Gabriela Mansilla explicó la importancia de la publicación del libro "Yo nena Yo princesa: el nombre propio de una nena trans", en el que ella misma relata todas sus vivencias, angustias y alegrías desde que a los dos años su hija Lulú comenzó a manifestar que se sentía una nena aunque el mundo la trataba como a un varón, hasta que tras años de prejuicios, maltratos y ninguneo, pero sobre todo de lucha, la niña recibió en octubre del año pasado su nuevo documento con el nombre de mujer que la identifica. 
“Desde que empecé con los psicólogos fui escribiendo lo que sucedía porque tenía miedo de olvidarme. Las cosas iban pasando y Lulú iba cambiando día a día. Yo tenía que comentarles qué había hecho, qué había dicho, qué edad tenía cuando empezó a decir tal cosa, y tenía miedo de olvidarme porque todos los días era algo nuevo. Agarré un cuaderno y empecé de puño y letra a escribir lo que pasaba y se me fue haciendo costumbre y compañía, empecé a escribirle a ella, porque era tan chiquita que había cosas que no podía charlarlas con ella, y empecé a tener miedo que cuando creciera nadie la comprendiera, que sufriera, llorara, que la maltrataran, entonces creí que escribiéndole algo a ella le iba a servir el día de mañana, la ayudaba, era un motivo más para ayudarla”.
Mansilla comenzó a escribir en 2011 y continuó haciéndolo durante dos años: “el tema sale a la luz a partir de lo del DNI, empieza a salir en los medios; cuando nos entregan el DNI y pasa todo eso, que fue muy gratificante porque la lucha en vano no te deja ese sabor, en cambio cuando uno triunfa, cuando tenés en tus manos eso por lo que luchaste te da esa felicidad, y la gente me decía que escribiera un libro, y mi respuesta era que yo ya lo había escrito, ‘yo no necesito este libro para el afuera, yo este libro se lo escribí a mi hija’, decía. Pero ahí empecé a entender que era egoísta, si yo puedo transmitir esto para que ayude eso es lo importante, y eso es lo que hice: transcribir lo que yo tenía escrito en estos cuadernos de puño y letra, y ahí está el libro”, contó la mamá de Lulú.

El manuscrito que merecía convertirse en libro

La publicación del libro está a cargo de la editorial de la Universidad de General Sarmiento. Pablo Bonaldi es sociólogo e investigador de esa casa de estudios, y fue uno de los que recibió el manuscrito con los textos de Mansilla. “Nos llegó la iniciativa a fines del año pasado y desde un principio nos pareció interesante –afirmó Bonaldi en diálogo con Sueños Posibles–, para la Universidad fue una decisión importante porque en general tenemos una línea editorial que se centra en la difusión de los trabajos de los propios equipos de investigación, sin embargo cuando leí el manuscrito tuve la convicción, que fue compartida por todas las autoridades de la universidad, respecto a que ese manuscrito merecía convertirse en libro, que no se trataba de un libro más sino que ahí estaba reflejado de un modo muy directo, franco, honesto, toda una lucha que había llevado adelante Gabriela con su hija, por el reconocimiento de la identidad. Creemos además que es un libro que aborda el problema de los nenes trans, pero nos habla de muchas más cosas, como la dificultad de una sociedad para procesar las diferencias, para ser tolerante con el otro, nos habla de los prejuicios, de los saberes profesionales que actúan con soberbia, con incapacidad de escuchar al otro, y al mismo tiempo nos habla de un conjunto de vínculos que fueron apareciendo en torno a la madre, al asesoramiento de otro tipo de profesionales, de instituciones que también colaboraron para que la historia de Luana pueda ser muy diferente. Estamos convencidos de que este es un libro que puede llegar a un público amplio, y lo más importante no es el libro en sí, sino lo que en el libro se narra. Está pensado como instrumento para que se puedan abrir ciertas discusiones, para pensar ciertos problemas; estamos convencidos de que el lenguaje de la madre es un elemento fundamental para poder llegar a un público muy amplio. Tenemos la expectativa de poner todos los esfuerzos de la universidad para que el libro alcance el máximo de difusión. Creemos que es un libro que tiene que ser leído por personas que pertenecen al sistema educativo, por muchos adolescentes. Desde diferentes lugares el libro tiene un atractivo que creemos que lo convierte en un potencial instrumento para discutir ciertos temas”.
Bonaldi agregó que la experiencia de leer "Yo nena Yo princesa: el nombre propio de una nena trans" obliga a repensar supuestos: “por ejemplo, tenemos incorporada y naturalizada la definición de la identidad subjetiva a partir del cuerpo, de la genitalidad, y repensar eso que durante mucho tiempo ha sido un pilar indiscutible, inconmovible de la sociedad, no es una tarea sencilla. Sin embargo, el modo en que en el libro se narra la experiencia deja poca posibilidad a discutir que ahí hay un tema que debe ser reinterpretado. Después podremos tener distintas posiciones, pero lo que es claro es que el libro abre un debate que sería muy difícil de abrirlo con un planteo teórico, conceptual, en este caso la sensibilidad de la madre para contar la experiencia que ella atravesó, creo que es un elemento decisivo para que ese debate sea posible, y el libro tiene la capacidad de mostrar cómo esa discusión se puede dar en diversos espacios: el ámbito de la escuela, de la familia, pero el ámbito del Estado también juega acá un papel importante, porque buena parte del libro narra toda la lucha de la madre para poder hacer aplicar una ley que había sido aprobada por el Congreso Nacional, pero que los propios responsables administrativos de aplicarla la desconocían. No fue una tarea sencilla, exenta de dolores, pero finalmente se consiguió que el Estado nacional reconociera sin intervención de la justicia el cambio de la identidad de esta pequeña, lo cual pone una semilla de esperanza y luz, pero a la vez nos obliga a repensar sobre el modo en que funcionan las distintas instancias estatales, que en muchos casos operan aplastando esas diferencias, pero que en otros pueden contribuir a que esas diferencias salgan a la luz y sean procesadas de un modo más adecuado”.

Ensayo contra los prejuicios

Valeria Paván, psicóloga y coordinadora del Área de Salud de la Comunidad Homosexual Argentina, opinó en el mismo sentido: “la verdad que el libro, más allá de todo el amor y la lucha que uno puede leer hoja tras hoja, también en un punto se convierte como en un pequeño ensayo respecto a los prejuicios, de los saberes instituidos; en ese sentido pienso que es un texto con un muy buen argumento para poner en tensión estas representaciones tradicionales que tenemos respecto a la identidad, el sexo y el género, y poder empezar a pensar la cuestión de otra forma, replantear, reformular lo binario para que podamos entrar todos, ya que lugar hay”.
Paván fue una de las personas que en los momentos muy difíciles y de mucha angustia que vivió Gabriela, puso no solo el cuerpo teórico y político sino también el cuerpo afectivo para sostenerla. “En un punto lo pienso como un antes y un después –reflexionó Paván en Sueños Posibles–. Haber conocido a Lulú no nos sorprendió tanto porque ya teníamos demasiados testimonios de gente trans respecto a los recuerdos de su infancia. Muchos de estos testimonios fueron acompañados por la confirmación de familiares directos. Ya sabíamos que la expresión comenzaba en general muy temprano en la infancia. Lo que creo que aquí marca un hito importante es que hubo unos adultos, en este caso el papá y la mamá de Lulú, que pudieron escucharla, y aún sin saber qué era lo que la niña les estaba diciendo, pudieron escucharla y, con el tiempo, respetarla, acompañarla y habilitarle una vida posible de ser vivida. En ese sentido, pienso que esta historia, esta experiencia particular de Lulú y su familia, también le puede abrir las puertas a otros niños y niñas que estén transitando por una situación similar, familias que no sepan cómo encarar o que tengan dudas, porque también por todos esos testimonios que hemos tenido la posibilidad de recoger a lo largo de todos estos años de trabajo sabemos del sufrimiento que fue posible allanarle a Lulú reconociéndole su identidad tan temprano. Es una alegría en todos los sentidos”.

La importancia de llamarse por su nombre

Alegría, felicidad, son palabras que utiliza Gabriela Mansilla para describir el momento que vive actualmente su hija: “está contenta, feliz. Le estoy leyendo el libro, porque ella lo vio y me dijo ‘este dibujo es mío, mamá’, entonces le expliqué cómo era el libro, de qué trataba y se lo empecé a leer y le encantó y quiere más, porque habla de lo suyo, de su infancia, de ella. Ella está muy bien en la escuela, y la entrega del DNI le sirvió porque, desde octubre que lo entregaron hasta ahora, fui varias veces al médico, le puse vacuna antigripal, la llevé al dentista y entregué nada más que el DNI y el carnet de la obra social que se lo pude cambiar gracias al DNI, entonces ella es Luana. Yo ya estaba parada ahí como para dar una explicación porque estaba acostumbrada, pero entregué el carnet y la recibieron, entregué todos los papeles del colegio, y no pasa nada, es una tranquilidad. Y respecto a los demás, para el que no la conoce es Luana y el que sí vio toda su transformación tiene otro respeto hacia nosotros, cambia muchísimo que el Estado te reconozca, nos ha dado respeto. Que se haya difundido la historia por los medios le dio muchas respuestas a la gente que no se animó a hablarme, entonces hoy saben qué fue lo que pasó con este nene que dejó de ser un nene y salió a la calle vestido de nena”.
De todos modos, Mansilla aclaró que a pesar de la felicidad que hoy siente, le es inevitable revivir los seis años en los que su hija sufrió mucho: “haber leído estos días el libro fue rescatar recuerdos, situaciones a medida que iba leyendo, y eso es lo que tengo en este momento, toda esa mezcla de sensaciones y de emociones... estoy muy feliz, estoy totalmente segura de que (el libro) va a llegar. A mí me interesa que no sólo lo lean las personas en sus casas, cualquier mamá, cualquier papá; necesito que también lo lea una maestra, un pediatra, esos profesionales que tienen en sus manos la posibilidad de ayudar a estas criaturas, hablándoles a sus padres. Si una maestra de un jardín de infantes tiene un chiquito varón dibujando princesas de color rosa durante todo un año de colegio, es inevitable que cite a la madre, al padre, a algún familiar y que note que esa criatura algo está manifestando con el dibujo; por eso pedí expresamente que haya dibujos en el libro de Lulú, para que se vea cómo un chico puede manifestar. El libro incluye también algo muy importante que son los mails del área de salud de la Comunidad Homosexual Argentina, de Ático, el mío, pero no es por una cuestión de propaganda ni para que nos manden un mensaje, esto es para ayudar. Una persona que agarra el libro tiene un montón de herramientas: la narración de mi hija, la vivencia, dónde recurrir, cosas que yo no tenía, tiene un mail para escribirle a profesionales que van a escucharlos y poder ayudarlos, y tiene dibujos  para que vea cómo un chico se manifiesta”.
Respecto a la distribución del libro, Pablo Bonaldi explicó: "el libro tiene una potencialidad que le va a dar una amplia difusión tan pronto comience a ser leído, porque se trata de una historia muy conmovedora, que plantea con claridad los temas que están en discusión. No es un proceso sencillo el de haber dado a luz a un hijo varón en cuanto a su genitalidad y reconocer luego que esta persona tiene una identidad subjetiva diferente, pero el modo en que la madre narra la experiencia de su hija, cómo fue su propia transformación para poder reconocer la identidad, la franqueza, la claridad, la sensibilidad para contar las situaciones con las que se fue enfrentando a lo largo del crecimiento de su hija, los desafíos que se le plantearon, la reformulación de sus puntos de vista. La verdad que es imposible terminar de leer el libro sin sentir que uno es una persona un poco diferente de lo que era cuando comenzó a leerlo”.
En relación a la exposición que implica la publicación de sensaciones, vivencias, dolores, angustias, alegrías tan personales, Mansilla fue concreta: “si de este tema no se habla, queda escondido; si este tema queda como que esta nena trans es la única nena trans que tiene DNI y muere ahí, cuando sé que hay muchos nenes, adolescentes trans, entonces sería una madre muy egoísta si digo que me quedo en esto. La exposición es inevitable, si vos querés que la otra persona sepa qué es lo que le puede pasar a un chico, lo que puede sufrir o lo mucho que puede mejorar o lo bien que le puede ir como a Lulú que hoy está divina, tenés que mostrarlo, y de qué manera se hace, acá estamos, como cuando fui a recibir el DNI, tenés que exponerte para ayudar y que esto tenga un buen fin. La exposición es inevitable, pero está hecha con tanto respeto, no salimos a decir ‘miren al mono del circo’, no, miren lo que suele suceder cuando un niño se manifiesta de otra manera o cuando un niño se autopercibe de otro género al que nació, miren lo que puede llegar a pasar con el castigo, la ignorancia, con obligarlo, en cambio si se lo puede aceptar vive una infancia feliz. Si la exposición nuestra el día de mañana saca a un chico de debajo de la cama o dejan de golpear a un niño, bien hecha está la exposición”.
El libro "Yo nena Yo princesa: el nombre propio de una nena trans", de Gabriela Mansilla, se presentó este martes en la Feria del Libro, y ya está al alcance de todos los que quieran conocer la historia de lucha de esta familia por el reconocimiento y respeto de la identidad de género de una niña de seis años.

1 comentarios:

  1. Como padre,abuelo y ser humano,me siento muy alegre por el triunfo de esta nena que recibió el DNI que la integra plenamente.Aunque esta lucha no debió existir.Felicitación a la madre por sus convicciones y fortalezas..de madraza.

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