2 jun. 2014

La obra instalada donde era El Vesubio
(Por La Retaguardia) Conversamos con una de las fiscales de este proceso, Gabriela Sosti, quien se refirió a las características de este centro clandestino de detención, tortura y exterminio, que funcionó en el cruce de la Autopista Ricchieri y Camino de Cintura, en la localidad bonaerense de La Matanza, y a las particularidades de este juicio, iniciado en febrero de este año, contra cinco represores por los delitos cometidos contra 204 víctimas.

El Vesubio es uno de los centros clandestinos que funcionaba bajo la órbita del Primer Cuerpo del Ejército. En julio de 2011, se conoció la sentencia en el juicio por el tramo inicial de la causa. En este marco, Héctor Gamen, general retirado y segundo comandante de la Brigada de Infantería X y jefe de la CRI; y Hugo Pascarelli, ex coronel y jefe del área 114, fueron condenados a prisión perpetua, mientras que cinco agentes penitenciarios retirados que se habían desempeñados como guardias del centro recibieron penas de entre 18 y 22 años. Según la fiscal Gabriela Sosti, en aquella oportunidad se pudo comprobar la existencia de este centro, su dinámica de represión y las fuerzas que operaron allí.
Esta segunda instancia es -en palabras de la fiscal- más acotada. Se investiga el funcionamiento del CCDTyE entre 1976 y su disolución a fines de 1978, y tiene cinco imputados: “dos militares que estuvieron a cargo del Regimiento III de La Tablada, que tenía una íntima vinculación con el centro clandestino, Federico Minicucci y José Svencionis que fueron los jefes del Regimiento en distintos períodos. Después hay otro capitán del Ejército que se llama Adolfo Cacivio, y el ex agente penitenciario Néstor Norberto Cendón. En general en estos juicios, además de las estructuras jerárquicas, se suele investigar a quienes estaban adentro del centro clandestino, que por lo general son identificados a través de sobrenombres porque, como se sabe, la previsión de impunidad con la que actuó la dictadura obviamente hacía que estos personajes operaran bajo sobrenombres, apodos, todo un sistema de impunidad que tiene que ver con el camuflaje”, agregó Sosti. Por ejemplo, a Cacivio se lo conocía como “El Francés” y a Cendón como “Castro”.
En el juicio también hay un quinto imputado, el ex coronel del Ejército Jorge Raúl Crespi, que en este momento está apartado del proceso: “esto es a partir de haber solicitado un eventual sobreseimiento por eventuales inhabilidades mentales, algo que no está determinado totalmente, pero lo cierto es que en este momento no está en el juicio y la investigación está suspendida respecto de él. Estamos tratando de determinar... hubo unos peritajes al comienzo del juicio, se suspendió el juicio respecto de él por tres meses, se va a hacer un nuevo peritaje, hasta que se resuelva definitivamente su situación, es decir si se lo incorpora al juicio o se lo termina sobreseyendo por inimputabilidad”, explicó la fiscal.

Caras nuevas en el banquillo

En este momento el juicio se encuentra en período probatorio, están declarando los sobrevivientes, que en su mayoría ya dieron testimonio en el tramo anterior: “en función de las reglas prácticas que estableció la acordada de Casación, una de las características de este juicio, justamente para evitar esta constante que se da de que los sobrevivientes tienen que ir a declarar cada vez, los testimonios son mucho más acotados y abarcan más que nada lo que tiene que ver con lo que se tiene que probar en este juicio”, explicó la fiscal.
En los procesos por crímenes de lesa humanidad, lo común es ver en el banquillo a los mismos acusados en todos los tramos de las causas, aunque siendo juzgados por otras víctimas, como es el caso de la ESMA; sin embargo, en el segundo tramo de El Vesubio no se repiten los mismos imputados que en el primero: “los hechos por los que se investigan en este caso son prácticamente los mismos, hay algunos nuevos, la incorporación de algunas víctimas, pero se juzga a otros represores. En total son doscientos hechos, a mí no me gusta llamarlos hechos porque en realidad se trata de víctimas, compañeros desaparecidos algunos y otros sobrevivientes, pero en todo caso son personas, pero por el grueso de los casos ya fueron condenados otros represores en el primer juicio”, señaló Sosti y agregó: “lo ideal sería que se los vuelva a juzgar a todos porque también son responsables de todos los hechos, los que están condenados en el juicio anterior son responsables también de los hechos nuevos que se suman. Pero lo cierto es que dada la dimensión que están teniendo estos juicios, se debe elegir un criterio más operativo, por las características de la justicia, porque en realidad el sistema judicial no está preparado para juzgar delitos de lesa humanidad, porque hubiese sido ideal que se investigue en una causa más general,  que no haya tramos, pero también es cierto que la dificultad con la que se enfrenta la justicia, sobre todo en la etapa de instrucción, es ubicar a los represores, por eso a veces hay que contemplar esto. Hay víctimas nuevas que no tienen un imputado para que su causa tenga un lugar, por eso también hay como una especie de repetición de imputados. Es cierto que en muchas de las causas, que en definitiva tienen como objetivo el encontrarse con la verdad y la recuperación de la memoria, el único imputado era Videla, por ejemplo. Obviamente lo deseable es poder optimizar la etapa de instrucción y poder ubicar a todos los otros represores que todavía no han sido ubicados. En el caso de El Vesubio obviamente hubo muchísimos más represores que los que se juzgaron y se están juzgando ahora”.

Objetivo: la columna sur de Montoneros

Al ser consultada acerca de si existía un patrón común entre los secuestrados que pasaron por el centro clandestino El Vesubio, Gabriela Sosti especificó: “la hipótesis con la que yo me manejo es que El Vesubio formaba parte, de alguna manera no funcional y no operativa, de un sistema mayor que era el sistema represivo de La Plata. El designio que tenía el circuito concentrado en La Plata era descabezar la columna sur de Montoneros, cuya gran parte pereció en los centros clandestinos de la capital provincial, y Vesubio si bien no formó insisto orgánicamente parte de ese circuito, lo cierto es que gran parte de los compañeros secuestrados, desaparecidos muchos de ellos, sobre todo en el período de 1977 y comienzos de 1978, pertenecía a la columna sur de Montoneros. Otro colectivo que se repitió sobre todo en el último tiempo eran los chicos militantes de la UES, de distintos colegios. Otro colectivo en bloque fue Vanguardia Comunista. Después había obviamente compañeros de otras organizaciones pero aparentemente el objetivo principal de esta dinámica represiva habría sido descabezar la columna sur de Montoneros. El centro clandestino era estratégico en ese lugar para eso”. Cabe recordar que El Vesubio funcionó en el cruce de la Autopista Ricchieri y Camino de Cintura, en la localidad bonaerense de La Matanza.

Ocultar el horror

A partir de las denuncias recibidas principalmente por exiliados en el exterior y organismos de derechos humanos internacionales, en 1979 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) realizó una visita a la Argentina. Esto hizo que muchos de los centros clandestinos modificaran su funcionamiento. En el caso de la ESMA, los secuestrados fueron trasladados a la Isla El Silencio, ubicada en el Delta de San Fernando. En tanto, para esa fecha El Vesubio comenzó a ser desmantelado y luego demolido: “lo que sucede en realidad con todos los centros clandestinos, esto también pasó en El Olimpo, es que el final de la represión de la dictadura tiene como una impronta un poco más, si cabe la expresión, ligera, de hecho en algunos de estos centros clandestinos los últimos secuestrados terminaron siendo liberados o llevados a otros centros. En realidad, yo no hablo tanto de liberación cuando salen de un centro clandestino porque solían ir a otras instancias, por ejemplo a Devoto, a la Unidad 2 de La Plata, por lo que no es técnicamente una liberación, en realidad no eran presos legales, estaban bajo estas causas que se solían hacer en el Consejo de Guerra que tenían imputaciones, una virtualidad alarmante, pero lo cierto es que se puede hablar de una pseudovisualización de esas detenciones, que no fueron todas visibles, de hecho no se le comunicaba a los familiares, no eran detenciones legales. Es cierto que El Vesubio era un lugar visible, de hecho muchos de los sobrevivientes solían, tras haber sido sacados del centro clandestino, reconocer la zona cuando solían pasar al ir a Ezeiza, aunque no muy directamente porque la mayoría había estado tabicada, pero reconocían ese espacio como un lugar familiar”, explicó Sosti.
Para la fiscal Gabriela Sosti, la etapa testimonial de este juicio finalizará después de la feria judicial: “de todas maneras, hay perspectiva de algunas incidencias que se van a presentar en el juicio por parte del Ministerio Público de eventuales solicitudes de ampliación de indagatorias respecto de grandes ausencias que se produjeron en la instrucción, respecto por ejemplo de la indagatoria de los imputados en relación a los homicidios producidos en este centro clandestino, que son los grandes ausentes en este juicio. Entonces el Ministerio va a procurar e intentar que se incluyan en este tramo estas conductas que son una realidad, hablamos de homicidios, muertes, fusilamientos y no tenemos imputaciones, indagatorias, es decir los imputados no están indagados por esas muertes”.
Estas presentaciones posiblemente prolonguen un poco más el desarrollo del juicio, aunque la intención, al menos de la fiscalía, es que pueda conocerse el veredicto antes de que finalice este año.

0 comentarios:

Publicar un comentario