1 jun. 2014

(Por RNMA) Al movilizarse el miércoles pasado en contra de la causa en la que se los acusa de haber apretado a presos para que declaren contra la policía en la caso del asesinato del joven Gabriel Blanco (2007), los integrantes de la APDH de La Matanza y las organizaciones y familiares de víctimas de gatillo fácil que los acompañaron, se encontraron con una sorpresa: a la misma hora y en el mismo lugar, había otra marcha pidiendo "derechos humanos para todos". En una de las emisiones diarias de Enredando las Mañanas, Pablo Pimentel, principal referente de la APDH, se extendió sobre el tema. Además, Pimentel recordó el caso del secuestro y asesinato de Agustín Ramírez, al que calificó como "el primer secuestro político en esta etapa democrática".
—Pablo Pimentel: En treinta años en que la asamblea tomó cuerpo, se fue desarrollando, que fue a partir de enero-febrero del '84, y en este año que estamos recordando y rememorando nos vemos obligados por primera vez a pedir que nos acompañen a quienes siempre acompañamos. Nos daba vergüenza pedirlo, porque no es normal que un organismo pida que lo acompañen.  Al contrario, siempre tiene que estar acompañando, pero en la medida que la víctima se encuentre violada en su derecho pida ayuda, colaboración.
Ayer cuando nos encontramos en la intersección de Indart y Arieta, desde donde íbamos a marchar con vecinos, familiares de víctimas, sindicatos, partidos, gente que viene militando por un país totalmente justo, distinto, sin condicionamiento, libre, nos encontramos con un periodista y dice: “¿Vos estás enterado de que hay una marcha convocada al mismo lugar a la misma hora por familiares de policías, y que la policía está llamando a repudiar a la APDH?”. Después me di cuenta de que había volantes que me imputaban de una cantidad de cosas, que la verdad que me cambió el sueño. Fue un día muy especial ayer, porque trabajamos, tratamos de terminar temprano para juntarnos cuatro y media, yo fui a buscar el equipo de sonido, un compañero prestó un camión para usar de escenario, como estamos acostumbrados las organizaciones que no dependemos de nadie y que no tenemos presupuesto y lo hacemos ad honorem.
Veníamos muy relajados y decíamos que no nos preocupemos por la cantidad, preocupémonos por que los compañeros que vengan sepan por qué vienen. Y eso fue lo que pasó ayer: todos sabían a qué venían.
Y este periodista atento y solidario, de Radio Universidad de La Matanza, me dio un volante que decía que convocaban familiares víctimas de los derechos humanos que estaban acusados, que nosotros habíamos armado causas para que estén presos. Y eso nos molestó, nos dio mucha bronca. Dijimos “qué atrevidos”, por ser atento a que estamos en una radio. Lo dijimos para nosotros, pero para el micrófono y para la gente dijimos que también tenían derecho a hacerlo. Lástima que justo coincidió el día, la hora y el lugar. Y lo digo con ironía.

—Enredando Las Mañanas: ¿Había mucha gente en las dos marchas?

—PP: No quiero exagerar, pero creo que nos acompañaron más de cien personas, ciento cincuenta.
Por lo que nos comentaron, en la otra había un cartel que tenían los familiares de los policías que aparentemente decía “Asamblea Permanente por los Derechos Humanos”, pero ironizando y escrachándonos. Y mucha gente que leía eso se instalaba ahí. Y cuando oyó los cánticos y leyó lo que repartían, entre ellas, mi mujer, no se dio cuenta, le dieron un volante y se cruzó la plaza, porque todo era en el mismo lugar. Ellos serían unas treinta, cuarenta personas, según me dijeron.
De hecho, cuando estábamos por  marchar, se acercan dos policías de civil de la comisaría 1ª de San Justo, se presentan y nos dicen que los mandó el jefe de la regional, preocupado porque está esta marcha. Le digo qué iban a hacer, y contestan que tienen que garantizar que pueda desarrollar todo en la mayor normalidad.
Entonces, llamé al intendente de nuestro distrito para sepa lo que estaba por pasar; si no había una decisión política de arbitrar todos los medios para darle seguridad a todos.
La filosofía de la APDH fue siempre resistir en forma pacífica activa no violenta. De parte de nosotros no iba a haber ningún tipo de agresión. Pero yo no sabía cómo podía responder esta gente. Y los responsables de toda la gente que estaba en nuestra primera marcha en treinta años éramos nosotros. Y yo me cuestioné seriamente si hacer la marcha o hacer el acto. Y todos los compañeros me dijeron que había que seguir adelante, buscar los canales de seguridad que tienen que haber, y se llegó.
Fue desagradable porque no nos esperábamos que esta gente desde montada la mentira, se siga mintiendo y difamando a cualquier precio. Y que haya un sector de la justicia que sostenga esta difamación y esta mentira. Eso es lo grave.

—ELM: Es desagradable además porque sabemos lo peligroso que puede resultar una contramarcha a la misma hora en el mismo lugar. Y, por otra parte, desagradable también por las acusaciones concretas y directas con la APDH y contra tu persona.

—PP: Estoy estudiando con los compañeros abogados, pero me parece que vamos a tener que iniciar una acción por calumnias e injurias. Si bien los volantes son anónimos —nosotros jamás hacemos algo anónimo—,  pero que la justicia se encargue de averiguar quién los escribió. Porque dicen que a nosotros nos importa quedarnos con platas de juicios y que la repartimos entre los presos; una actitud de Robin Hood. Eso no lo vamos a tolerar ni lo vamos a dejar pasar. Accionaremos como corresponde ante la justicia. Que averigüe quién y por qué lo hizo.
Es desagradable, sobre todo porque había gente que vino de corazón, dolida porque sus casos siguen impunes. Estuvieron los papás de Tonchi, un caso que sucedió en 2002. Por supuesto, Mónica Alegre, la mamá de Luciano Arruga; su hermana Vanesa no pudo estar porque tenía a su hijo enfermo.  El padre Antonio Puigjané, que cumple 86 años en estos días, con el problema de salud que tiene, en silla de ruedas, ahí estuvo. Luz Gómez y Diego Romero, con su cruz que vienen cargando de lo que es la cultura de causas, que también involucra a parte de la policía y de la justicia. No me quiero olvidar de casos, pero hubo infinidad de familiares que venían con la esperanza de acompañarnos. Pero también que se vea reflejado que la APDH no va a tolerar que ningún caso quede impune.
Y ahí hice público lo que va a pasar el jueves 5 de junio, que haber dejado impune —y de eso nos hacemos cargo los militantes, que no le pusimos el todo cuerpo como lo teníamos que haber hecho —, el sobreseimiento del primer asesinato político que hubo en democracia: el secuestro, tortura y muerte de Agustín Ramírez, un hecho ocurrido el 5 de junio de 1988 en San Francisco Solano.
Eso dio fuerzas para que los familiares que estuvieran ahí les quede claro que si no hay justicia, va a haber escrache, que es el juicio ético. Con el juico ético o el juicio de la verdad impulsaremos nuevamente todos los juicios que haya que reabrir para que ningún caso de ninguna persona quede impune.

—ELM: Repasemos el caso de Agustín Ramírez.

—PP: En ese momento tenía 23 años. Un joven que dese su situación de pobreza absoluta tuvo con mucha claridad una opción por el evangelio de los pobres, su pares. Y desde muy chiquito se dedicó a ayudar a los demás: participaba y militaba en las Comunidades Eclesiales de Base que había organizado el obispo Novak en Quilmes en momentos de la dictadura. Siendo muy chiquito, a los 15 años, fue el que pasó los alimentos y el agua a la primera toma que hubo en dictadura en el '81 en la zona de Solano y Almirante Brown, dos asentamientos muy grandes, el 2 de Abril, detrás de la fábrica de vidrios Rigolleau.
Ahí empezó muy fuerte su militancia. Fue periodista popular, porque creó la revista Latinoamérica gaucha, con una línea editorial que tenía que ver con rescatar todos los valores que tenían sus vecinos ¿Y a quiénes les hacía las notas? Los vagos, los chicos que se drogaban y se drogaban. Porque Agustín los reclutaba, en el buen sentido de la palabra, los convocaba a los grandes fogones que hacían, que les llamaban los Fogones de la inclusión, donde juntaban unos pesos y hacían mate cocido y tortafritas, y ahí estaba Agustín tocando la guitarra e invitando a los chicos a leer el Evangelio y tratar de que dejen de robar o que se dejen de drogar, que había otros caminos interesantes.
Y otra cosa que cuenta Francisca, su mamá, es que más de una vez en una casa muy humilde —eran muchos hermanos, pero no tenían lugar— Agustín llegaba en días de mucho frío y de lluvia con gente que no conocía. Pero era gente que estaba viviendo en la calle, chicos de Constitución. Más de una vez lo hizo. Y Francisca le decía “Agustín, no tenemos lugar”; “Mamá, quedate tranquila, que ellos van a dormir en mi cama. Yo me arregló acá, tomando mate, tengo que escribir”. Ese era Agustín.
El que esté escuchando y quiera conocer la vida de un santo, que quizás son figuras míticas que lo tiene la historia en la Biblia, acá lo tienen de carne y hueso y que fue contemporáneo.
Y aparte, termina en dos etapas. Agustín fue el tercer objetor de conciencia. Cuando se enteró de que mi padre junto con otro grupo de hombres y mujeres se negaban a que sus hijos hagan el servicio militar, él lo lee en un diario y dice: “Yo quiero hacer lo mismo que ha hecho este señor”. Desde su posibilidad limitada lo hizo. Y no solamente lo hizo por él, sino que creó el FOSMO Zona Sur (Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio).
Él fue militante del FOSMO, llevó adelante su creación, y después, acompañando un asentamiento, que fue lo que lo llevó a la muerte. Porque Agustín me pregunta en la reunión que lo vi cómo habíamos hecho con el asentamiento de 17 de Marzo de La Matanza, en la cual habíamos averiguado que las tierra eran fiscales. Entonces, comento cómo se hace: ir a La Plata, ir al registro de la propiedad y averiguar con las calles lindantes a quién pertenecía. Y de esa manera él detecta que hay una estafa para con trescientas familias de parte de la inmobiliaria Di Martino y la intendencia de turno en ese momento, en la cual estaban estafando cobrándoles los lotes a las familias. Él va y lo advierte y le dice a la gente que no eran privadas, que eran del Estado, y que, en todo caso, el reclamo era político, y les sugería no pagar porque los estaban estafando. La gente se organiza y hace lo que Agustín dice, y eso le significó que una patota de la provincia de Buenos Aires —seguramente contratada como sicarios por vaya a saber quién, y es lo que hay que determinar—la noche del 5 de junio lo esperan en su casa con un coche, que si no me equivoco, era un Falcon. Quiero recordar que fue en 1988. Si a Julio López lo hicieron desaparecer en 2006, en ese momento el aparato estaba más que activo y aceitado y funcionando.
Lo agarran de los pelos, lo meten en un coche. Javier Sotelo, un vecino, estaba despidiéndose en la casa de su novia, vio todo lo que estaba pasando, sacaron una ametralladora y lo fusilaron para que no haya testigos oculares, y se lo llevan a Agustín. Agustín aparece muerto en las calles de Solano después de todo el martirio que vivió esa noche. Ese fue Agustín Ramírez.

—ELM: Si nosotros, que estamos todo el tiempo intentando estar atentos a estos casos, lo teníamos olvidada, me imagino lo que le debe pasar aquellos que no laburan en comunicación. Está bueno rescatar esta historia para entender desde cuándo pasan estas cosas. Porque a veces se puede caer en el error de pensar que esto nació en los últimos años. Desde el regreso de la democracia no hubo un solo momento en que uno pueda decir que hay una tendencia a reconvertir a las fuerzas de seguridad. ¿O sí?

—PP: No, en absoluto. Cuando lo hubo, y lo intentaron con alguna impronta política de conducción, fue en el período de Arslanián (León, fue ministro de seguridad de la provincia de Bs. As.), sobre todo con Solá, donde le quiso imprimir eso durante cuatro o cinco años. Pero después vino Scioli y todo lo que se había avanzado en materia de control político sobre la seguridad, de cambio de la currícula, de elevar jerárquicamente a los policías, suboficiales que querían progresar en sus lugares, lo cambió absolutamente todo. Y después de ese vaivén vino la desaparición de Luciano Arruga. Y lo que digo es que al haber quedado impune el asesinato de Agustín Ramírez, que fue muy hablado, pasaron muchas cosas después. Y que los militantes no advertimos que no le pusimos el hombro como teníamos que ponerle al caso de Agustín. Porque después vinieron asesinatos como el de Miguel Bru, que lo hicieron desaparecer; Walter Bulacio; Maxi y Darío, Mariano Ferreyra. O tantísimos chicos de interior que hoy están desaparecidos: Gabriel Blanco; Sergio Díaz, en La Matanza; Luciano Arruga. Y tantos y tantos y tantos.
Creo que el flaco favor que le hacemos quienes tenemos que bregar, al menos desde la acción no gubernamental, si no le ponemos el ahínco a todos los casos para que no queden impunes. Sabemos que lo hacemos con toda la voluntad, pero estratégicamente el no haber hecho eso a tiempo con Agustín, es ahora una reparación que queremos hacer los amigos, familiares, organismos y abogados que participaron en la investigación de Agustín, es una forma de reivindicarse, porque este juicio no va a ser solamente ético y va a quedar en la formalidad como acto político. Va a ser la prueba fílmica, la prueba documental que vamos a elevar a la Corte Suprema de la Nación para cambiar la carátula de averiguación de homicidio por crimen de lesa humanidad”. Y esperemos que nuestra Argentina nos dé cabida. Y no la dan porque creen que no corresponde, acudiremos, desgraciadamente, porque es feo que el país no lo resuelva, a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
El 5 de junio a las 15:00 empieza, en la Universidad de Quilmes, ubicada a dos cuadras de la estación Bernal. Ahí los esperamos para que puedan ser testigos de un hecho que ocurrió hace años, pero que con la memoria activa de la familia, la solidaridad de los amigos y de los profesionales que la van a hacer por voluntad, no vamos a dejar en el olvido a Agustín.

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