20 jun. 2014

(Por La Retaguardia) El mismo día que la selección de fútbol de Brasil enfrentaba a la de México, la policía desalojó y reprimió la ocupación del espacio Cais José Estelita, donde se pretenden construir grandes edificios. Gustavo Cabrera es integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos y vive en esa localidad brasileña. Estuvo presente durante los hechos de violencia policial y relató lo sucedido. En este marco, destacó que ahora el pueblo brasileño está más movilizado y dispuesto a resistir.

Gustavo Cabrera no está en Brasil para ver el Mundial de Fútbol, hace ya un tiempo que vive allí. Aunque tiene ganas de ir a ver algún partido, hoy su realidad hace que esté preocupado por otros temas. Él vive en Recife, y tampoco pudo sentarse a ver la disputa entre Brasil y México del martes pasado: “Pasan otras cosas en Brasil además del Mundial”, dijo durante el programa radial Otras Voces Otras Propuestas, que conduce Luis Angió.

—Otras Voces... Otras Propuestas: Sabemos que hoy mientras se jugaba el partido de Brasil y México algo pasó por allí.

—GC: Venía pasando desde hace un tiempo, desde el 21 de mayo. En Recife hay un espacio, el Cais José Estelita, que es lo que sería un puerto, donde hay unos grandes galpones que se habían vendido o entregado al consorcio nuevo de Recife de forma irregular. El 21 de mayo empezaron las obras y una persona vio que estaban construyendo en ese espacio y llamó a otras personas que impidieron la destrucción y la posible construcción de trece torres de 40 pisos. Es un estilo Puerto Madero lo que están intentando hacer en este Cais José Estelita.
Desde el 21, había un campamento, ocupación, actividades culturales más que nada de personas del sector social universitario, clase media. Cais José Estelita es un espacio muy grande, de muchos metros cuadrados, enorme. Es una estación de tren donde se mandaba el azúcar, se trabajaba el azúcar para exportar. Cerca hay otras tres ocupaciones más que son recientes, más que nada por viviendas populares. Esta ocupación tiene un carácter más cultural, por así decirlo. Aunque dentro de las reivindicaciones estaba la cuestión de la ocupación de la vivienda popular, el 30% del espacio.
Lo que pasó hoy, martes 17 de junio, fue que desalojaron este espacio por la Policía Militar, el grupo Batalhão de Choque, el GATE, que es también una fuerza especial, la Caballería también, en una acción desmedida porque había solo 30 personas durmiendo allá. Y estaba el compromiso asumido de que en el caso de haber un desalojo se iba a avisar, y las personas que estaban en la ocupación iban a decir qué hacer, si resistir o no. No había consenso en resistencia. Hoy nos despertamos 5.50 de la mañana con la noticia de que estaban estas fuerzas policiales en el Cais. La policía llegó, dio cinco minutos para sacar las cosas del lugar. Hay vías de tren, el espacio es parte de lo que es el sector público, del Estado federal, entonces los compañeros decidieron mudarse hacia el sector de las vías del tren. A la policía no le importó si estaba o no cedida esa parte al consorcio Novo Recife y desalojó lo mismo muy violentamente, hubo compañeros heridos y por la mañana hubo tres detenidos.
La resistencia continuó porque la policía permitió el ingreso de retroexcavadoras y de trabajadores de la empresa Novo Recife para continuar con la destrucción.
Después la Prefectura, que es del Estado municipal de Recife, salió revocando esa decisión, fue para atrás con la cuestión de seguir con la destrucción porque ahí está la justicia. Es un poco enquilombado el proceso judicial que hay en el medio.
Yo llegué después del mediodía. Había mucha policía, había un poco más de gente, unas 500 personas. En un momento, estaban ocupando parte de una avenida que une la zona sur de Recife con el centro, una mano de cuatro carriles. Una mujer en un auto estaba apoyando la protesta se quedó detenida unos cinco minutos tocando bocina. La policía sacó a esta mujer del auto, la detuvo y ahí empezó la represión con balas de goma y bombas de efecto moral. Muchas balas de goma, yo junté tranquilamente veinte cartuchos de bala de goma. La gente se dispersó por ahí.
Más tarde, a las dos horas más o menos, hubo de nuevo otra represión, esta vez con gases lacrimógenos y también muchas balas de goma, varios heridos. Durante ese período de la tarde no hubo detenidos, sí a la nochecita, a las cinco y media, después del partido de Brasil, cuando la mayoría de las personas estaba cortando un viaducto que también da acceso a la zona sur con la zona norte. La zona sur es muy paqueta, es donde queda el aeropuerto en la playa Boa Viagem.
Había varios autos detenidos esperando la liberación de las vías. La policía dijo que había que liberar en cinco minutos, la gente quería esperar a que terminara el juego de Brasil como para llamar un poco más la atención de los medios. Y la policía de nuevo con la tropa de choque, el GATE y demás fuerzas policiales que estaban por acá volvieron a desalojar. Al frente de la ocupación hay un viaducto y debajo quedó lo que era el campamento. Por ahora están acampando ahí, viendo qué hacer, porque las posibilidades de volver son nulas, hay mucha policía, tapiaron todo, cerraron todo. Era un espacio muy grande, con muchas entradas, y tapiaron todo. Y la policía también estaba por ahí en la vuelta.
La noticia hoy no fue para nosotros el juego de Brasil, nadie estaba muy contento con el Mundial. Parte de las protestas que se venían haciendo en torno a la Copa del Mundo estaban funcionando en este espacio del Ocupe Estelita. Una de las cuestiones que trajo la Copa del Mundo de Brasil es la especulación inmobiliaria. No es una cosa nueva en Brasil, que con la carencia de viviendas populares se profundiza con estos proyectos de megaconstrucciones para unos pocos ricos.

—OVOP: ¿En Recife el estadio lo construyeron nuevo o reacondicionaron uno ya existente?

—GC: Lo construyeron nuevo. No en la ciudad de Recife, sino en Grande Recife, en un municipio que se llama São Lourenço da Mata. Además del estadio, remodelaron una autopista, que quedó muy linda, muy iluminada, cosa que no suele pasar por el nordeste brasilero. La BR-101, que es la ruta principal acá, está en pésimas condiciones, a pesar de que ahora para el Mundial le dieron alguna pintada de cara. Y el estadio no está en el centro de la ciudad. Entonces también para poder hacer una protesta cerca del estadio es muy difícil, porque es difícil transportarse. En Recife la policía se caracteriza por estar muy bien preparada para manejarse con protestas. Toca reprimir y reprime con muchas ganas, sabiendo dónde apuntar.
Hoy fue una sensación, por lado interesante, porque el año pasado hubo manifestaciones, era mucha gente, pero más dispersa. Hoy la gente estaba más dispuesta a resistir y con esa bronca e indignación de haber sido desalojado un espacio que estaba construyendo una huerta comunitaria, funcionaban varias actividades culturales, música en vivo —que no es una cosa común en Recife—. Además de asambleas todos los días dos veces, durante la mañana y durante la noche, para saber cómo seguía la cuestión.
Había un compromiso por parte del Estado de no reprimir, y en el caso de desalojar, avisar con tiempo para que sea un desalojo pacífico, por así decirlo. Pero fue sorprendente y es interesante ver que hay ganas de seguir acampando. No sabemos bien qué va a pasar, pero por lo menos uno rescata las ganas de resistir a la especulación inmobiliaria, las ganas de manifestar la bronca, que muchas veces acá en Brasil pasa desapercibido. Hay muchos problemas de salud, transporte, educación, alimentación y el brasilero se venía manifestando poco, a pesar del año pasado, que fue de mucha lucha. Este año hay menos personas movilizándose, pero más organizadas. Esa es la sensación que a mí me quedó después de haber estado en estos días compartiendo con algunos compañeros, entre el Ocupe Estelita y los otros espacios en los que uno se mueve.

—OVOP: Habíamos visto en informes previos que la policía de Brasil tenía un armamento impresionante. En todos los estados estaban equipándolos para tener esta fuerza de choque que está actuando durante este Mundial. Pero hay un tipo de armamento, bombas de efecto moral que no conocemos aquí.

—GC: Es como una granada que solo hace ruido, una gran explosión fuerte. El año pasado había tiros de balas de goma o una bomba de efecto moral, que es solo un ruido, y la gente salía dispersada para todos lados, corría como si estuvieran tirando con balas de plomo y como si fuese lo peor que pasó en la vida.
Hoy no pasó eso. Hubo momentos en que la gente, los manifestantes corríamos, pero no a ese nivel. La policía está reprimiendo, esperemos que sea con balas de goma y no con balas de plomo. Yo no vi balas de plomo ni había heridos manifestando esa situación. Sí había heridos mostrando las heridas de balas de goma. La bomba de efecto moral es una gran explosión que asusta. Cuando las personas no tienen la cultura de manifestar o de resistir a la policía o a cualquier otra fuerza militar del Estado, un gran ruido asustaba. Hoy eso no se vio tanto como el año pasado. Uno quiere creer que la organización popular, social está avanzando en torno a la resistencia que la policía desarrolla en estas tierras.




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