20 jun. 2014

Pablo Pimentel es presentado
por Alfredo Grande
(Por La Retaguardia) Trabajadoras del Hotel B.A.U.E.N., José Schulman de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Pablo Pimentel de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Matanza, y Laura Taffetani de la Fundación Pelota de Trapo, dejaron sus reflexiones y opiniones en esta actividad que se realizó en Ático Cooperativa de Salud Mental, con la coordinación de Alfredo Grande y la transmisión especial de Radio La Retaguardia.

El 7 de junio se celebró el Día de la Gratitud Militante con un segundo encuentro en el que se compartieron distintas instancia de lucha y militancia. Reflexiones sobre el presente y sus necesidades y falencias, sobre los derechos humanos y las formas de revertir la cruda realidad que golpea a un importante número de argentinos. Debates e intercambios entre compañeros que a diario se cruzan en cada puesto de lucha en la calle. Repasamos algunos de los testimonios que se escucharon en esta jornada.

Trabajadoras de la Cooperativa B.A.U.E.N.

Aunque desde hace más de diez años se pusieron al hombro el funcionamiento de este hotel recuperado, ubicado en Avenida Callao al 300 de la Ciudad de Buenos Aires, los trabajadores aún no han logrado la expropiación, por lo que en estos momentos pelean contra una nueva orden de desalojo, impulsada por los anteriores dueños del inmueble.
“Después del 2003 cuando nosotros entramos, venía este señor (el anterior dueño), se sentaba con nosotros y se reía, decía qué podíamos hacer, cómo nosotros los negros podíamos llevar una empresa adelante, unos trabajadores. ‘Bueno, trabajen hasta dónde puedan y después ven, así yo después puedo venderlo, llévense lo que les debemos’, nos decía. Nosotros le dijimos que queríamos subalquilarlo, se nos reía y antes de irse nos dijo ‘si yo le tengo que pagar a una persona como seguridad, mejor se quedan ustedes a cuidar el edificio’. Ahora tenemos el bar que da a la calle, un edificio de veinte pisos con lavadero, 220 habitaciones de las que están disponibles 180, estamos trabajando en un mercado, tenemos los salones. Empezamos a cambiar las cañerías desde el piso 20 hasta el subsuelo, que desde 1978 no se cambiaban. Era un hotel de alta sociedad, nosotros la clase media baja si no era por algún evento específico no lo conocíamos”, contaron las trabajadoras, y se refirieron especialmente a la importancia de lograr la expropiación del hotel: “si el Estado toma conciencia no solo por los 130 trabajadores que están ahí, nosotros estamos pidiendo por las actividades que se generan en el B.A.U.E.N., la parte social que tenemos. Nosotros decimos que el B.A.U.E.N. es de todos porque siempre hay alguien que estuvo colaborando con el hotel, con nosotros, se hicieron eventos, siempre tratamos de demostrar que hay otra clase de gente, que confía en nosotros, que podemos salir adelante y demostrarlo. En su momento vinieron los de la BBC de Londres y nos dijeron que lo que nosotros estábamos haciendo con el Hotel era una revolución. En ese momento me dio bronca, nosotros jamás militamos en ningún partido, para mí era como una parte individualista, la mayoría de los compañeros solo trabajaba y lo único que nos importaba era llevar la plata y si nos cortaban la calle nos quejábamos, y ahora uno tiene otra manera de pensar, uno tiene que ir a ayudar, uno tiene que ser más solidario. La verdad yo sigo aprendiendo, no se termina nunca de aprender. Nosotros decimos NO al desalojo de la cooperativa Hotel B.A.U.E.N., decimos que nos ayuden, cuando nos dan un espacio nosotros salimos a hablar porque en los medios grandes no nos dan espacio. Nosotros le damos un espacio a los compañeros que quieran ir a charlar, discutir políticamente el punto de vista de ellos”.

José Schulman de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre

Hace poco la LADH cumplió 76 años de vida; según su secretario general, José Schulman, existen muchas razones para entender tantos años de historia, pero posiblemente haya una en particular a partir de la que se comenzó a construir este organismo: “nosotros defendemos a todos y a todas los que son reprimidos por el Estado por luchar por los derechos del pueblo y no importa el modo en que luchan, no importa las consecuencias que nos traiga. La autonomía que practicamos desde siempre, que es distancia del poder, de los gobiernos, no depender de ningún partido político, la Liga es una fuerza política que actúa en el terreno de los derechos humanos, y hemos dado en las últimas semanas algunas batallas que aparentemente la hemos perdido pero yo creo que no. Una batalla contra algo muy grave que se ha padecido en el país y que ha sido ocultado por los medios comerciales que es la liquidación del Instituto Espacio para la Memoria, el único ámbito autónomo de gestión de políticas públicas de memoria”.
En este marco, Schulman contó que el día anterior a la realización de este segundo encuentro, en la mesa de gestión de la ESMA se sentó el representante de Mauricio Macri: “ese es el resultado real, concreto, de todos los discursos que hicieron contra el IEM, que era un ámbito plural. Todo esto fue barrido por el acuerdo entre Cristina y Macri. El día que Gabriela Alegre fundamentó la disolución del IEM, ella dijo que no había nadie en la Argentina que se opusiera a las políticas públicas de la memoria, esta idea devastadora de que no hay enemigo. En los ’80 apareció en lo que era la Unión Soviética un dirigente que se llamaba Gorbachov, que construyó una idea política de que no había más enemigos, eso que llamó Perestroika y fue el fundamento teórico con el que se terminó de disolver el socialismo real, hoy aparece como una idea muy fuerte en el progresismo vinculado al gobierno. La Cámpora con la Juventud del PRO convocando a hacer trabajo por la drogadicción, el acuerdo Cristina-Macri para disolver el IEM, y esta extraña soledad de la Liga en diversos actos”.
“Me parece a mí que en el terreno de los derechos humanos hay varias confusiones muy graves que atraviesan transversalmente a muchos organismos –continuó Schulman–. La primera es confundir derechos humanos con memoria, pensar la cuestión de los derechos humanos casi como una cuestión arqueológica, como si derechos humanos es juzgar a los represores. Nosotros estamos de acuerdo, fuimos los primeros en plantear que hay que condenar por genocidio, estamos comprometidos con los juicios, yo mismo participé en tres juicios donde condenaron a mis secuestradores, pero hay algo que dice Adolfo Pérez Esquivel que es muy justo y es que la memoria debe servir para iluminar el futuro sino no sirve. Hay muchos compañeros que por tanto mirar para atrás la memoria, no pueden ver el presente”.
Para Schulman, justamente el presente de los derechos humanos es muy complicado y uno de los puntos más grave es el ascenso de César Milani como jefe del Ejército: “no es solo un represor, además es el hombre de recomposición de los vínculos con los Estados Unidos, el hombre que trae la doctrina de que el Ejército está para combatir el narcotráfico, llevarlo a la frontera. El ascenso del coronel (Sergio) Berni al frente del aparato de seguridad. Lo que ha ocurrido es un reordenamiento, el propio Jorge Capitanich cuando le dicen que hay poca gente, responde ‘cuente, sume”. Gendarmería más prefectura, la Federal, las policías provinciales, la Aeronáutica, el servicio penitenciario, los hombres armados de las agencias privadas son 450.000 hombres con armas, muy bien entrenados, preparados del mejor modo, muy capacitados, y si uno saca cuentas son más que en la época de la dictadura militar”.
Schulman también hizo referencia a las recientes declaraciones de Ricardo Pignanelli, secretario general de SMATA, durante las medidas de fuerza de los trabajadores de Gestamp ante las suspensiones y despidos en la industria automotriz: “dijo textualmente que convocaba a una reunión de la CGT para discutir la infiltración de la izquierda en el movimiento obrero. Para los que tenemos más de 40 años, ese es el discurso con que se organizó la Triple A, pero quién carajo se cree él que se considera el dueño del movimiento obrero. Nosotros le contestamos que la Liga había nacido en 1937, ocho años antes que el peronismo apareciera en escena, entonces esta cosa de que hay dueños del movimiento obrero es ridículo. Esta idea de la infiltración de la izquierda viene de un burócrata, pero resulta que dos progresistas probados como (Carlos) Kunkel y (Diana) Conti, un mes atrás habían planteado judicializar la lucha popular y prohibir las manifestaciones populares. Y el 1 de marzo, el discurso de Cristina Fernández (durante la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso de 2014), que es para nosotros el punto de viraje porque no es que todo esto no estuviera antes, porque antes tuvimos el asesinato de los Qom en Formosa, de (Carlos) Fuentealba en Neuquén, la masacre del Parque Indoamericano, la persistencia del gatillo fácil, los casos de Julio López, Luciano Arruga. Todo eso estaba, la diferencia es que hace diez años el gobierno decía que lo repudiaba y eso generaba un límite a la represión que era un límite real, nosotros vemos que esto está cambiando, que la etapa de distribución del capitalismo que es bastante cíclica en la historia del capitalismo en todo el mundo, se terminó en la Argentina y con eso se terminó el discurso de permitir las libertades. Realmente estamos muy preocupados. Por suerte no estamos solos en esa preocupación. Pero resulta que los posmodernos, los que venían a superar el dogmatismo, digo Forster, Sigal, todos estos que nos han dado lecciones de superaciones teóricas, repiten del modo más grosero y burdo la vieja idea de la razón de Estado, hay que defender al gobierno de Cristina entonces no somos solidarios con los seis campesinos paraguayos, y justificamos hasta Milani”.
A modo de cierre, Schulman reflexionó: “el mandato de que la razón de Estado está por encima de todo es terriblemente poderoso, ha esterilizado generaciones de revolucionarios en todo el mundo, y posiblemente haga fracasar a una buena parte de la militancia que se vinculó al kirchnerismo en estos años. Hay que llamar a revelarse contra eso, con algo muy sencillo, no es tan difícil construir una política revolucionaria, simplemente hay que tener ética, si hay un compañero que sufre represión hay que ser solidario, si un niño tiene hambre hay que luchar contra el hambre, y hay que ayudar a todos los que luchan, es una cuestión elemental de la ética. Si uno se agarra a la idea que subyace en este encuentro, la idea de que los compañeros y compañeras están primero y que uno tiene que cuidarse y para cuidarse tiene que cuidar la coherencia y con eso tenemos las bases para una política de unidad que no solo defienda lo que conquistamos en estos años sino que abra paso a un proceso revolucionario de verdad”.

Pablo Pimentel de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Matanza

El referente de la APDH La Matanza basó su intervención en el Segundo Encuentro de la Gratitud Militante en la historia de Agustín Ramírez, un joven militante de Quilmes que peleaba para conseguir tierras para sus vecinos y fue asesinado el 5 de junio de 1988.
El 5 de junio de este año se llevó adelante un juicio ético en la Universidad de Quilmes, en el que estuvieron presentes, entre otros, Pimentel y Alfredo Grande.
“Lo que pasó el 5 de junio de 2014 tiene que ver con lo que la Argentina tiene, que es que en teoría hablamos de memoria, verdad y justicia, pero a estas palabras les falta el contenido. Lo que pasó con Agustín fue que su crimen fue el primer secuestro, tortura y asesinato político en democracia, fue meses después del fusilamiento que sufrieron tres jóvenes en Budge, por el solo hecho de ser jóvenes y estar en una esquina, y pasó una patrulla policial y los fusiló. Lo que sigue pasando ahora. Justamente porque sigue pasando ahora, cuando se cumplieron 25 años de la muerte de Agustín nos planteamos qué hacemos y qué hicimos como militantes, y la verdad es una deuda que tenemos más allá del poder judicial, del poder político. En el poder que tiene la militancia también estuvimos rengos, nos falta. Tendríamos que haber hecho mucho más, pero sin embargo la coyuntura a los argentinos nos tapa y empezamos a dejar las cosas y ya quedan en la historia, y ya hablamos de Jorge Julio López como algo que ya pasó. (…) En un país donde todos fuimos a gritar Nunca Más, donde todos fuimos a pedir justicia, nos tenemos que hacer cargo, algo nos está fallando. Por eso como militantes siempre planteamos que en toda organización popular revolucionaria que quiera de verdad cambiar el mundo y darle contenido a las palabras debe haber una agenda con todos los temas pendientes que tiene el país, sobre todo los temas que tienen que ver con la vida, que han quedado impunes y han dejado a un montón de gente, familias, sin explicarles como Estado, como Nación, qué ha pasado con ellos, y uno de ellos es la familia Ramírez”, afirmó Pimentel.
Respecto a la historia de Agustín, Pimentel explicó: “cuando lo mataron eran momentos de mucha participación juvenil como lo hubo estos años, cuando empezaron todos de vuelta a valorar la política y participar por algunas decisiones que evidentemente fueron acertadas en estos últimos diez años (…). En 1985, 1986 fue el juicio a las juntas y una cantidad de cuestiones sobre todo en Quilmes. Agustín era hijo de las comunidades de base de Quilmes, un joven que desde su pobreza ayudaba a los más pobres, generaba fogones en las esquinas, juntaba a los chicos con problemas de droga y delincuencia y los invitaba a leer el Evangelio, hacer tortas fritas y mate cocido, tocar la guitarra. Y él desde su humildad, pero desde su claridad, creó una revista que se llamó ‘Latinoamérica Gaucha’, ya el nombre define toda una filosofía ideológica y de compromiso. Los periodistas eran los chicos, los vagos, los que hoy queremos mandar al cuartel por la impotencia, incapacidad de varios señores y señoras que están en la gestión de un gobierno nacional y popular. Esos chicos levantaban las notas y les daban nombre y apellido a un montón de gente que eran desconocidos en los barrios, y así fue creciendo la revista. Y así Agustín fue conociendo desde la militancia activa pacífica no violenta, y en la búsqueda conoció a mi padre. Desde su lugar de humildad dijo que al servicio militar no lo iba a hacer y que quería hacer lo que hizo este señor, y así se conectó con nosotros, que lo conocemos desde muy chico. Agustín venía a las reuniones, era muy callado, y la última vez que lo vi me preguntó ‘Pablo, ¿cómo hiciste en La Matanza con el Barrio 17 de marzo para saber de quién eran las tierras?’, le pregunté por qué quería saberlo y me contestó ‘me parece que en Quilmes hay una estafa que está haciendo una inmobiliaria en combinación con el intendente democrático, que también lo hacía con el intendente de la dictadura’. Le dije que tenía que ir a tal lugar en La Plata, averiguar, buscar las calles lindantes y ahí te decían de quién es la tierra. Yo nunca pensé que eso podía ser la condena a muerte, porque Agustín fue y averiguó, eran tierras fiscales del estado provincial, fue al barrio, lo transmitió, dijo ‘señores, esto es del Estado, no son privadas’, tenía la plancheta, la gente lo vio, protestó y dejó de pagar. A los veinte días Agustín, previas amenazas donde la policía pasaba y le decía ‘cortala, deja de avivar giles’, él se lo dijo a su madre y ella le decía que a él no le podían hacer nada porque él ayudaba a la gente, ‘vos sos bueno’. El 5 de junio de 1988, después de transportar algunos postes con otros amigos para llevar al asentamiento, Agustín fue abordado por un Falcon con cuatro hombres y tuvo tan mal suerte un amigo y vecino de él, Javier Sotelo, que vio la situación de cómo lo estaban deteniendo y lo fusilaron con un tiro en la cabeza porque no podía quedar un testigo ocular. Se lo llevaron a Agustín arrastrándolo de los pelos, lo torturaron, le arrancaron las uñas, le apagaron cigarrillos en el cuerpo y lo dejaron moribundo, muerto, a las seis, siete horas por su barrio. Con esto quiero decir que en la Argentina que había recuperado la democracia, después de cinco años, estaba más aceitado el aparato represor y había que disciplinar a una juventud que se estaba tomando el tupé de empezar a hacer las cosas que el Estado nunca hizo, o por lo menos los últimos estados, dictadura y ese gobierno que hizo lo que pudo pero que evidentemente el tema de la vivienda nunca lo abordó”.
El pasado 5 de junio, se llevó adelante este juicio ético, cuyo tribunal fue presidido por Alfredo Grande, y estuvo integrado por, entre otros, Nora Cortiñas de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora; Aldo Echegoyen, obispo metodista emérito y presidente de la APDH nacional; el rabino Daniel Goldman de la comunidad Bet El; y el padre cura sacerdote católico Félix Gibbs del Arzobispado de Quilmes: “la familia de Agustín festejó cuando Alfredo, presidente del tribunal ético, leyó el veredicto. Se levanto Francisca, la mamá, y sus hermanos y dijeron ‘por fin hay justicia’, y yo me dije qué mal que estamos como sociedad , se tuvo que hacer un juicio ético que por lo menos paró y tapó un poquito esa herida sangrante”, finalizó Pimentel.

Laura Taffetani de la Fundación Pelota de Trapo

Para la abogada e integrante de Pelota de Trapo, Argentina vive un momento muy difícil en materia de infancia, con retrocesos muy grandes dados básicamente por no generar las condiciones comunitarias necesarias para que los niños y jóvenes crezcan con un proyecto de futuro viable: “este es un tema muy difícil porque desandar lo andado lleva muchos años, pero los chicos crecen y estamos como en la cuestión del día a día, conviviendo con el paco, con la policía, con la falta de insumos básicos (…). A mí me da mucha bronca lo que pasa, ya no sé si es por el tiempo transcurrido, pero que discutamos si hay 20 o 30% de pobreza y tengamos las villas frente a los ojos y que Villa Itatí, la 1-11-14, estén ahí y estemos discutiendo si Argentina tiene pobreza o no, realmente no hay tiempo para esto”.
En este punto, Taffetani remarcó: “sí hay tiempo para hacer experiencias ricas, cuando nosotros apuntamos a los chicos no es para estar llevándolos de un lugar a otro y diciendo qué lindo y le ponemos un micrófono a un nene de diez años, no lo hacemos por eso, sino porque ellos son lo nuevo, y nosotros estamos atravesados por mucha historia, entonces nuestro deber por lo menos es que lo nuevo crezca en ellos, y con lo nuevo hablo de una utopía real, pero para que eso suceda tenemos que generar esas condiciones y lo que no está habiendo en este momento ni en educación, ni en salud, ni en justicia son esas condiciones, entonces de verdad creo que tenemos una responsabilidad muy grande, todos los que estamos acá en general somos profesionales, o en ámbitos relacionados con profesiones, o en el arte, o en la cultura, terrenos realmente muy potentes para poder llevar adelante ideas diferentes, pero nos falta el coraje”.
Finalmente, Taffetani se refirió especialmente a Alfredo Grande y a todos los presentes en este Segundo Encuentro de la Gratitud Militante: “ojalá que estos encuentros sirvan para poder juntar entre todos el coraje y decir basta, y no estar disfrazando más cosas, ya hasta le tengo enojo a las palabras porque ya las palabras se vaciaron tanto que ya nos escuchamos entre nosotros y decimos ‘otra vez’ y yo quiero acción, acción juntos, eso es lo que nos está faltando. Palabra sobran, pero palabras vacías de contenido, lo que falta es volver a darle ese contenido fuerte y eso implica rupturas, y no nos estamos animando a hacer rupturas y crear nuevas cosas, que quizás ni tienen nombre. Creo que eso es lo más difícil de este siglo, que uno tiene que estar lidiando con pasados que tendremos que crear cosas nuevas, pero creo que es posible y en eso es la potencia que tienen los pibes, crear lo nuevo. Quizás el mensaje que quisiera compartir con ustedes es algo que me está dando vueltas en la cabeza mucho este último tiempo y es cómo volvemos a recrear las condiciones para que esos chicos puedan ser portadores de llevar adelante realmente esos sueños. Creo que son proyectos a largo plazo, hay que dejar el corto plazo y volver a pensar a largo plazo y entonces es apostar a lo que viene, no a uno mismo, la historia nuestra obviamente que ocupa un espacio corto en la historia de la humanidad, pero por lo menos que sirva, que nuestro paso por la tierra deje semilla para lo que viene”.

Un repaso solo por algunas de las reflexiones que dejó este II Encuentro de la Gratitud Militante, organizado y coordinado por Alfredo Grande en Ático Cooperativa de Salud Mental, sirve para valorar el carácter especial y profundo de la jornada.

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