11 jul. 2014

Rivas muestra una de las marcas
(Foto: diariodecuyo.com.ar)
(Por La Retaguardia) Se trata de Alberto Rivas, quien en agosto de 1976 vio cómo colgaban al militante José Alberto Carbajal de una ventana del penal de Chimbas. Desde un principio los militares hablaron de suicidio, pero la verdad recién pudo conocerse más treinta años después cuando Rivas declaró en el juicio por la muerte de Carbajal y contó lo que realmente había sucedido. En las audiencias de 2011, el testigo brindó testimonio contra el ex jefe de inteligencia Jorge Olivera, que está prófugo desde hace un año. Esta semana, Rivas recibió ocho balazos en su casa de la localidad de Chimbas.

“¿Te gusta declarar contra militares? Ya tenemos dos en libertad”, le gritaron a Alberto Rivas, quienes balearon su casa el miércoles 9 de julio, poco después de las ocho de la noche, tras el partido de Argentina-Holanda por una de las semifinales del Mundial de Fútbol.
Los “dos en libertad” son Jorge Olivera y Gustavo de Marchi, quienes se fugaron del Hospital Militar Central "Cosme Argerich", donde habían sido trasladados para una consulta médica. Esto ocurrió en julio del año pasado, pocos días después de haber sido condenados a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos en San Juan durante la última dictadura cívico militar. En el marco de este juicio, Rivas había declarado en 2011 contra Olivera por la muerte del militante de Montoneros José Carbajal.
En la noche del pasado 9 de julio, Alberto Rivas estaba en su casa, ubicada en una zona semirural de Chimbas, una localidad del Gran San Juan, cuando desconocidos pasaron en un auto y dispararon contra la vivienda. Al sentir los disparos, Rivas se tiró al piso y al levantar la vista llegó a ver un Volkswagen Gol Gris que se alejaba. Luego, se comunicó con el 911 y pasó la noche con custodia policial; al día siguiente fue a declarar a la fiscalía de Chimbas, a cargo de Katia Troncoso.
En una entrevista realizada al Canal 13 de San Juan, Rivas relató: “la gente del Comando no volvió por mí, no se tendrían que haber ido porque habían visto que había cuatro balazos hasta ese momento. Pasó un buen rato, hubo movimiento de parte de Margarita Camus, de un montón de gente amiga, y llegó la Policía Federal y detrás de ellos la gente de la Comisaría 17. Seguimos buscando a ver si había más balazos, no encontrábamos nada, pensábamos que eran cuatro balazos en el porche, nada más. Cuando llega la policía científica, once y pico de la noche, se pone a hacer un trabajo más minucioso, corren una planta, y descubren en la puerta de ingreso al comedor dos orificios. Ingresamos por dentro de la casa, y no solo han pasado esa puerta, sino que pasaron una segunda puerta que es interna y que divide el comedor con la cocina, una de las balas había pegado en la garrafa de quince kilos, tiene la marca, y el otro balazo pegó en la cocina y le hizo un agujero a la altura del horno. O sea, si me quisieron asustar uno o dos balazos estaba bien, ¿pero ocho? Es más, vino balística, la gente de la Policía Federal y la de Criminalística, más la gente de Chimbas con todos los patrulleros, no encontramos ni una capsula, dijimos ‘qué raro, qué profesionales, han tirado de adentro del coche y han quedado las capsulas adentro’. Indudablemente la gente de la policía ya sabía que eran balas nueve milímetros mínimo, según nos dijeron”.
Rivas afirmó además que a la mañana siguiente del atentado, se acercaron a su casa dos niños de alrededor de nueve años y le contaron que habían visto a un hombre bajarse de un coche, cruzar la reja y disparar desde el jardín: “es todavía mucho peor que haberse llevado las capsulas”, agregó el testigo.
En cuanto a la respuesta de la fiscal, Rivas señaló: “ella me termina de ofrecer seguirme con la custodia, hasta este momento hay una decisión de la policía de dejarme la custodia”. Al ser consultado acerca de si esta medida era suficiente, Rivas se quebró y entre lágrimas respondió: “no, porque uno tiene que seguir con la vida, yo tengo que salir y no me pueden dar un policía para que esté las 24 horas conmigo, si voy a mi lugar de trabajo, o si quiero ir a visitar a mis hijos. El domingo es el cumpleaños de mi hija ¿cómo voy? Cómo le explicas a tus hijos que porque hiciste algo que tenías que hacer… porque no cometí ningún delito, fui y declaré lo que vi, cómo colgaron a una persona que ya llevaban muerta”.
El atentado contra el testigo Alberto Rivas en San Juan es una de las consecuencias de que a un año de la fuga de los militares Olivera y De Marchi, condenados a perpetua por delitos de lesa humanidad, nada se sepa de sus paraderos.

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