28 ago. 2014

La legislatura tras la movilización de
los vecinos y organizaciones sociales
(Foto: Fernando Tebele)
(Por La Retaguardia) La frase pertenece a María Ríos, delegada del barrio que, como muchos de sus vecinos, se encuentra acampando en la esquina de Av. y Pola, tras el desalojo de la Villa Papa Francisco.  Antes y después de lo que pasó el sábado pasado, la lucha permanente de los habitantes de la zona es y seguirá siendo por una vivienda digna. Las autoridades siguen sin dar una solución e incumpliendo la aplicación de la Ley 1770, aprobada por la Legislatura porteña hace ya 9 años. Todos los testimonios confirman que el sector que ocupaban los narcos quedó intacto.

“El muro de Berlín pero en rejas”. Así describió María Ríos la forma en la que deben resistir los habitantes de la Villa Papa Francisco, desalojada el sábado pasado por Gendarmería y efectivos de las policías Federal y Metropolitana. “Estamos cercados por la policía, nosotros estábamos adentro, necesitábamos salir para ir al baño y al salir después ya no nos dejaban pasar. Si queremos ver a nuestros hijos, lo vemos un ratito y después se los llevan para el centro de día, donde está durmiendo un montón de gente, en un comedor también, están esparcidos por todos lados”, agregó Ríos. Ella se encuentra en Fernández de la Cruz y Pola, el lugar donde están las carpas de sus compañeros.
Aunque primero habían intentado hacer este acampe del lado de adentro del predio, hoy están del lado de afuera de este lugar, que tras el paso de las topadoras volvió a ser un descampado: “al principio nos decían que si salíamos podíamos volver, pero cuando volvíamos a salir ya no te dejaban volver a entrar. Nosotros pasamos la noche en la carpa, porque no podemos dejar sola a la gente de allá, irnos, porque nosotros no sabemos qué puede pasar, si ya nos tratan así con violencia el primer día y después nos tratan de separar. Es una locura lo que están haciendo, es jugar con la gente humilde, con gente que no tiene conciencia de cómo es el derecho de cada pobre, porque muchos pobres no saben sus derechos. Es una lástima que no se baje nadie del gobierno a ayudarnos, porque no se ocuparon del derecho al niño. Lo que hicieron, lo hicieron todo mal, no vinieron y dijeron ‘los desalojamos pero ya tenemos los distintos lugares donde van a ir’, o a decirle a la gente lo que le pueden dar o no. No, ellos vinieron, nos sacaron y arréglense. Nuestros chicos se van a centros de día que son espacios de organizaciones sociales, donde se encargan de los chicos que son adictos y los tratan. A la tardecita llevan a los chicos, ahora están esperando comer y ya se van a llevar las criaturas”, contó María Ríos en diálogo con La Retaguardia.

Desde el primer día

María vivía en el Barrio Papa Francisco desde el primer día de la toma, el 24 de febrero. Sobre ese día, recordó: “entramos a las ocho y media de la noche, había dos camionetas de Gendarmería, nosotros no entramos con violencia, nos sentamos cada uno en un espacio y nada más”. Ella no sabe cuánta plata gastó en la casa que el sábado las topadoras destruyeron: “en los materiales del piso hicimos un mejorado porque la tierra estaba infectada (se refiere a la contaminación por tantos años de autos abandonados en el lugar), salió caro, las piedras, el cemento, todo eso, pero no me duele tanto lo que gastamos sino que me duele cómo destruyeron lo poco que hicimos, porque nosotros vamos a alquilar y no es lo mismo, tenemos que compartir baño, y lamentablemente a nuestros hijos los tenés que lavar dos, tres veces al día y no sabés con qué gente compartís tampoco, todos somos seres humanos pero uno nunca sabe y tenés que tener el baño limpio para tus hijos. Lo que me duele es que no tengo casa ahora, no tengo para que mis hijos vengan y me digan ‘má, tirá el colchón acá y juguemos’, y ahora no tengo nada”, dijo María llorando y haciéndonos llorar.
Antes de ingresar al predio de Lugano, Ríos alquilaba: “no dentro de la villa porque el gobierno no quiere la plata adentro de la villa, tenés que buscar del lado de afuera con una carta de la asistente social que dice en qué condiciones estás, con cuántas personas vivís. Yo tengo una nena de cuatro años y un bebé que nació mientras vivíamos en la toma, que tiene cinco meses”.
La mamá de María vive con dos de sus hijos, de 15 y 6 años, en un espacio que tomó en la 28: “ella es la mejor mujer del mundo, porque ella no solo luchó por nosotros, sino también por todos los vecinos y por sus nietos. Ella siempre dijo que iba a luchar por los pobres, que no tenía nada para dar, que no prometía nada, pero que los que sí prometen vienen y juegan con nosotros, porque en aquel momento vinieron las Madres de Plaza de Mayo, dijeron que iban a hacer las viviendas y hasta ahora no hicieron nada. Los chicos tienen plomo en sangre, entonces vinieron a decir que los iban a sacar y ponerlos en un departamento, pero ahí empiezan los negociados de todos los punteros”.

La ley que no se aplica

En 2005, la Legislatura porteña aprobó la ley 1770, que incluía la construcción de un hospital en Lugano y la de un Polo Farmacéutico, además de la urbanización de la Villa 20. En lo único que se ha avanzado claramente es en el Polo. Al respecto, Ríos manifestó: “ahora están los del Farmacéutico que sí entraron, esos son todos traficantes de droga y sinvergüenzas, y también van a hacer eso de meter los papeles por abajo para que gane otra gente y no los que necesitan. Cuando entregaron acá en Cruz metieron un montón de papeles con gente que ni siquiera era del barrio, eran de otro lado. Por eso digo que a la gente le tienen que dar trabajo, todo el censo ese que se hizo le tienen que dar a la gente, de la 28, 29 y 30, las aperturas de calle que hay, toda esa gente tiene que entrar en el predio tomado, el día que se hagan las viviendas, que no quede nadie afuera, pero que sean de Lugano”.
Para María Ríos, en el predio desalojado hay espacios para todos los habitantes de la villa 20 y la toma: “es un espacio bastante grande y cuando vinieron los chicos de la UBA y arquitectos a hacer la medición, se vio que entramos todos”.
Tras el desalojo, se hicieron denuncias de los propios habitantes de la toma e incluso del legislador porteño del bloque Verde Alameda Gustavo Vera, que apuntaban a que en el sector del predio donde no habían accedido las topadoras, se encontraban los narcos. Al ser consultada si esto era verdad, Ríos respondió con tono bajo y con monosílabos que sí.

La mano de los que menos tienen (el mundo de los de abajo)

En diálogo con La Retaguardia, se le preguntó a María Ríos de quién estaban recibiendo ayuda tras el desalojo: “la gente que nos da una mano es la que menos tiene”, respondió terminante. “Yo veo gente de los edificios que bajan con termos para darnos una mano, mate cocido para los chicos. Se acercan vecinos que bajan del coche y nos traen bolsas de ropa, pañales, agua mineral, mercadería para cocinar. Son los que menos tienen, acá no vino nadie ni de Defensoría del Pueblo, Derechos Humanos, ni el defensor de la Niñez”, agregó.
Ríos contó además que pidió a representantes del Estado si le podían acercar algunas cosas, pero que les respondieron que estaban en un sitio rojo, y que no podían llevarles nada si no los mandan. “No me puedo enojar con nadie porque no sé quién los manda –dijo al respecto Ríos–, por ahí el que los manda nos quiere cansar a nosotros para que salgamos de acá, pero al contrario es cuando más fuerza nos dan porque vamos a seguir luchando hasta que ellos nos den algo, porque lo que hicieron lamentablemente nos destrozó todo porque ellos tienen su casita, entonces por qué no van a dormir a nuestra casita, o por qué nos tiran nuestra casita. Qué les podés decir… es una lucha muy mala, uno gastó en esa casita, capaz lo poco que uno tenía lo gastaba en una chapa, en un tirante, y ellos vinieron en un día y arruinaron todo, a una mamá con hijos, pero esa es la ley, porque por ser pobre sos la peor delincuente, tenemos un mundo arriba y otro mundo abajo que es el del pobre. Vos no le podés decir a ellos nada porque no te abren la puerta, no podés mostrar nada porque no dejan que los canales entren, pero Dios es grande y yo a Berni lo voy a ver”, dijo nuevamente entre lágrimas María.

La lucha y la esperanza

De todos modos, al consultarle si tiene esperanza respecto a lo que pasará ahora, contestó sin dudarlo: “por supuesto, si no tuviera esperanza no estaría en la lucha. Yo soy argentina, mi mamá tiene nueve hijos, trece nietos, y ella siempre me dijo que defienda los derechos que corresponden porque somos argentinos. Está sentado el señor (Mauricio) Macri, (el secretario de Seguridad de Nación, Sergio) Berni está ahí, hicieron las cosas mal, que salgan y digan que hicieron las cosas mal. Yo soy una piba de 21 años, no molesto a nadie, nosotros queríamos pagar las viviendas que ellos nos podían llegar a hacer, queríamos que abran una cuenta en un banco para que la gente pudiera depositar lo que se va gastando, querían diálogo con el gobierno de la Ciudad, pero jamás nos atendieron, no nos abrieron las puertas, hasta ahora. Hoy se llevó unos papeles para que lea el señor Macri con lo que se le está pidiendo pero ni siquiera nos atendió”. Esta presentación se hizo en el marco de una movilización, llevada adelante el miércoles 27 de agosto por la mañana, desde el Obelisco hasta la Jefatura de Gobierno en repudio a la represión durante el desalojo de la Villa Papa Francisco y para exigir una solución habitacional.
En este punto, Ríos reiteró: “mi esperanza como madre de 21 años es la lucha para que mis hijos tengan una vivienda digna como corresponde. El asunto es yo voy a dejar a mis hijos en un colegio, en una guardería y trabajaré para el día que me quieran dar mi vivienda o depositar en algún lado lo que ellos me piden, ahora en esta situación no puedo trabajar porque tengo que estar de allá para acá criando a mis hijos. Del gobierno ni siquiera bajan a traernos pañales, medicamentos, agua, a la gente del otro lado no le traen un baño químico, es una vergüenza, ellos se tuvieron que hacer un pozo y están defecando ahí, el gobierno no se hace cargo de nada”.

María Ríos y la esperanza de los vecinos desalojados de la Villa Papa Francisco que mantienen el acampe a un costado del predio. A pesar de que autoridades porteñas y nacionales continúan mirando para otro lado, ellos permanecen peleando por una vivienda digna, tal como lo indica una ley aprobada hace nueve años por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. La ley parece ser una herramienta que se aplica solo para los pobres... y en su contra.

1 comentarios:

  1. Es lamentable lo ocurrido, pero debemos recordar que en toda Argentina está pasando. Hoy, leí que está ocurriendo en Córdoba. Pero esto es lo que podemos esperar de este sistema político, tan "progresista". Necesitamos cambios, nada
    Mi solidaridad con todas las familias
    Amelia

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