22 ago. 2014

Crónica retrató así la fuga.
(Por La Retaguardia) Es la definición del abogado Carlos González Gartland a 42 años de la masacre cometida en la Base Aérea Naval de la localidad chubutense, en la que fueron fusilados los militantes que se habían fugado una semana antes de la cárcel de Rawson y que no pudieron tomar el avión hacia Chile. El letrado, fundador además de la Asociación Gremial de Abogados (junto a Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, entre otros),  afirmó que los sucesos ocurridos en Trelew fueron también “una llamada de atención al conjunto del pueblo que si bien los militares se retiraban era un simple repliegue para volver con más fuerza después”.


¿Acaso no está corriendo la sangre de los 16 fusilados en Trelew?
Por las calles de Trelew y demás calles del país ¿No está corriendo ésta?
¿Hay algún sitio del país donde esa sangre no está corriendo ahora?
¿No están las sábanas pegajosas de sangre amantes?
Fragmento de “Glorias” de Juan Gelman

El 15 de agosto de 1972 un grupo de militantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros se fugó del penal de máxima seguridad de Rawson. Solo algunos de ellos pudieron llegar a tiempo para tomar un avión que había sido tomado por otros tres compañeros y dirigirse a Chile, donde gobernaba Salvador Allende. Quienes arribaron al aeropuerto después del despegue del vuelo, realizaron una conferencia de prensa para explicar lo sucedido y pedir garantías para entregarse, luego de ser revisados por un médico que constatara que se encontraban en buen estado de salud.
Sin embargo, los militares no cumplieron con su parte y en lugar de llevarlos de vuelta a Rawson los trasladaron a la Base Aérea Naval, ubicada cerca del aeropuerto, donde unos días más tarde, el 22 de agosto, los fusilaron. 16 murieron (Rubén Pedro Bonet, Jorge Alejandro Ulla, Humberto Segundo Suárez, José Ricardo Mena, Humberto Adrián Toschi, Miguel Angel Polti, Mario Emilio Delfino, Alberto Carlos Del Rey, Eduardo Campello, Clarisa Rosa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Heriberto Astudillo, Alfredo Elías Kohon, María Angélica Sabelli, Mariano Pujadas y Susana Lesgart), y 3 lograron sobrevivir solo porque los militares los creyeron muertos. Pocos años más tarde, Alberto Camps, María Antonia Berger y Ricardo Haidar serían secuestrados y desaparecidos por la última dictadura cívico militar.
A 42 años de estos hechos, Oral y Público dialogó con Carlos González Gartland, uno de los integrantes de la Asociación Gremial de Abogados que viajó a Trelew tras la fuga.

La realidad histórica


González Gartland (derecha), junto a
Marcelo Duhalde y Matarollo,
recientemente fallecido.
Para Carlos González Gartland es muy importante que año tras año se recuerde la masacre de Trelew no solo por el hecho en sí sino también porque no se trató de algo circunstancial o aislado: “era una dictadura militar que ensayaba formas de aparente legalidad en el marco de la tortura, algunos asesinatos y secuestros, pero que todavía mantenía una apariencia de legalidad. Esa dictadura que fue de 1966 a 1973 empezó a ser eclosionada por la acción popular, fundamentalmente en 1969 con el Cordobazo y el Vivorazo, que fueron encabezados por obreros y estudiantes, siendo esos obreros los mejor pagos de la República Argentina. Es decir que el rechazo político fue claro y definido, y provocó que (Juan Carlos) Onganía dejara de ser el jefe de la junta militar. Esto es muy importante porque es cuando hacen eclosión las organizaciones revolucionarias, las que aspiraban por lo menos al retorno de cierto grado de legalidad democrática, por supuesto que también frente a ellos aparecía primero el imperialismo yanqui, sin ninguna duda, y en segundo lugar todos sus aliados dentro de la Argentina, aliados económicos desde la Sociedad Rural en adelante, pero también aliados políticos que callaban lo que ocurría. Sin embargo, había toda clase de expresiones democráticas que se oponían a la barbarie instaurada por el régimen de seguridad nacional”.

El viaje y la conferencia

González Gartland explicó que cuando se produjo la fuga del penal de Rawson, desde la Asociación Gremial de Abogados viajaron cinco letrados para intentar contactarse con sus defendidos presos, y al mismo tiempo incidir sobre los jueces de la Cámara Federal en lo Penal de la Nación, conocida como el Camarón: “sabíamos que permitían y patrocinaban la tortura, que eran sencillamente elementos propios del régimen y nada más que eso, pero que le daban una apariencia de legalidad. Por supuesto fracasamos en todos nuestros intentos de entrevistarnos y plantear las cuestiones de forma directa con estos señores pero como estábamos radicados en el mismo hotel en Trelew, les pasábamos escritos por debajo de la puerta o los llamábamos por el teléfono interno del hotel. Por supuesto no nos pudieron atender porque estaban muy ocupados comiendo con los militares. No tuvimos posibilidad de romper ese cerco, nos metieron presos, pero eso es intrascendente porque era parte del encanto, como se dice en México, y además cuando pretendimos realizar una conferencia de prensa para denunciar lo que estaba haciendo el Camarón, que mantenía incomunicados a los 19 que se habían entregado en el aeropuerto, en ese momento pusieron una bomba e hicieron volar el estudio donde íbamos a hacer la denuncia, que era el estudio del doctor (Mario) Amaya, que después fue diputado radical y luego asesinado durante la última dictadura en la cárcel”.

El regreso y la peor noticia

Acerca de cómo se enteró de la masacre, González Gartland detalló: “cuando advertimos que era inútil cualquier tipo de acción de parte nuestra volvimos a Buenos Aires, como no teníamos medios para ir en avión habíamos vuelto en auto, un recorrido de casi dos días. Llegamos el 21 de agosto y al mismo tiempo se estaba realizando por gestión de la Gremial una reunión nacional de abogados donde concurrían todos los letrados que tenían acción a lo largo y ancho del país en la defensa de presos políticos. Ese encuentro ya había enviado a Chile a Gustavo Roca, Eduardo Duhalde, que volvió con nosotros e inmediatamente salió rumbo al país trasandino, y Andrés López Acoto, a entrevistarse con Chicho Allende y lograron que decidiera no entregar a los que se habían fugado en el avión tomado en el Aeropuerto de Trelew. De la masacre nos enteramos por supuesto en la noche en que se producen los hechos y rápidamente con (Rodolfo) Ortega Peña que había vuelto conmigo de Trelew y con Rodolfo Mattarollo, que murió hace pocos días y es una gran pérdida para nuestro país, realizamos una conferencia de prensa. Tuvimos que hacerla en el hall de entrada a la mueblería Maple, a una cuadra de donde estaba la sede de la Gremial de Abogados, porque nos pusieron una bomba y nos obligaron a desalojar. Desde allí denunciamos que era una masacre, que era mentira el comunicado del ejército, la policía, porque era absolutamente imposible e impensable que 19 militantes que además tenían las características, según los propios militares, de ser aguerridos y entrenados soldados, fueran tan delirantes como para tratar de huir de adentro de una base aeronaval sin armas y sin apoyo externo. Y nada menos que en el medio de la Patagonia, era sencillamente tratar de justificar lo injustificable, pero el mensaje para el conjunto de la sociedad era ‘nosotros estamos acá, seguimos estando y vamos a volver’”.

El significado de Trelew

En diálogo con Oral y Público, González Gartland explicó que la fuga no fue solamente una acción unitaria encabezada por las FAR, ERP y Montoneros, sino que además fue “la demostración de que los militares hacían una retirada estratégica pero seguían siendo los dueños de la custodia, la vigilancia y el castigo respecto del conjunto del pueblo”: “no estaban dispuestos a entregar verdaderamente el poder, a lo sumo pretendían entregar el gobierno y dar una apariencia de legalidad a tal extremo, y esto es muy interesante porque el 22 de agosto son tres días antes de la fecha que vencía el plazo para que cualquier candidato que pretendiera intervenir en las elecciones, el 11 de marzo del año siguiente estuviera radicado en la Argentina con lo cual lo que se hacía era proscribir a Perón que estaba exiliado. En una palabra, Trelew fue el pre-estreno del Terrorismo de Estado de 1976 claramente, y una llamada de atención al conjunto del pueblo que si bien los militares se retiraban era un simple repliegue para volver con más fuerza después. Esto es lo más grave de todo”, agregó.
De todos modos, González Gartland remarcó que esta acción unitaria entre las tres organizaciones armadas más importantes era algo que de alguna manera la dictadura no podía permitirse: “hay un elemento que podríamos caracterizar sin demasiados entornos teóricos y filosóficos: la rabieta de los militares, el horror y el odio que se desarrolló en ellos fue escandaloso, estaban como dicen los muchachos de hoy pasados de rosca, dados vuelta, no sabían qué hacer pero además discutieron específicamente qué hacer a tal extremo que mantuvieron la incomunicación, no permitieron hablar con los presos que estaban allá, con ninguno, ni con los comunes, ni con los políticos, sindicales, nadie, pero además declararon la zona militar desde el Río Negro hacia el sur, lo cual ya era bastante delirante porque al segundo día estaban presos los únicos que fueron individualizados en forma inmediata del apoyo exterior a la fuga, y los otros se habían escapado y estaban en Chile, pero además la fuerte campaña que desarrollaron los medios de comunicación, el gobierno militar en ese momento, daban cuenta de que estos tremendos guerrilleros eran unos facinerosos muy graves, delincuentes escandalosos, basta con conocerlos o bastaba con conocerlos para saber que no era así. Ellos eran militantes revolucionarios por supuesto, y dispuestos a usar las armas también. Ahora lo qué sentimos en definitiva es primero dolor porque los conocíamos personalmente, pero además hicimos un análisis político y dijimos que el Gran Acuerdo Nacional que pretendía el gobierno dictatorial realizar con Perón para negociar iba a ir nada más que hasta el nivel en el que Perón quisiera negociar. Y, bueno, negoció el pago de su salario, la devolución del cadáver de Eva, el retorno de su grado militar y que hubiera elecciones, sencillamente no pudieron ni siquiera por él”.

El testimonio de Cazes Camarero

Enredando las Mañanas, el programa de radio de la Red Nacional de Medios Alternativos, entrevistó ayer a Pedro Cazes Camarero, militante del PRT y uno de los presos políticos que no llegó a fugarse. Para él, la fuga de la cárcel de Rawson fue, desde un punto de vista táctico, una operación militar pero sobre todo una operación política: “a mi modo de ver, cuatro décadas después, fue uno de los elementos más importantes para la derrota política y la caída de la dictadura militar. En el momento, en medio del fragor, de la lucha, del calor del combate, nosotros incluso no llegábamos en el momento de fugarnos a darnos cuenta de la importancia política que tuvo la fuga en si como derrota política, sino también el asesinato de nuestros compañeros, como prolegómeno del terror del Estado, que después fue llevado hasta las últimas consecuencias por la dictadura siguiente de Videla y compañía… en realidad ellos (los militares) nunca quisieron aceptar que había sido un asesinato masivo, un fusilamiento y lo tuvieron que hacer pasar por un intento de fuga imaginario que ellos habían reprimido. La fuga y el asesinato fueron dos duros golpes, uno que la dictadura se infligió a sí mismo y otro que le infligimos los combatientes revolucionarios”.
Sobre aquel 15 de agosto en el que 19 presos llegaron a escapar del penal, Cazes Camarero recordó: “fueron muy emocionantes los abrazos que nos dimos con los compañeros que lograron subir a los taxis y los que nos quedábamos con la cárcel capturada para negociar con el Ejército para que no tomara represalias sobre los demás presos políticos que no habían podido fugarse o aquellos que no estaba planificado que se fugaran, como algunos compañeros de origen gremial como Agustín Tosco, que estaban de acuerdo con la fuga pero no estaban dispuestos a fugarse por muchas razones, pensaban que la dictadura debía dejarlos en libertad sin ningún otro trámite”.
Además, Cazes Camarero remarcó respecto a quienes fueron fusilados el 22 de agosto: “lo único que esos compañeros querrían es que esos fusiles y esas ideas (que ellos defendían), a través de tácticas que respondan a las condiciones en las cuales estamos manejándonos ahora, sean tomadas por las generaciones actuales y subsiguientes”.

El juicio

En octubre de 2012, el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia condenó a Emilio Del Real, Luis Sosa y Carlos Marandino a prisión perpetua por los fusilamientos ocurridos el 22 de agosto de 1972 en Trelew. Jorge Bautista y Rubén Paccagnini, fueron sobreseídos, ya que el tribunal consideró que no había pruebas suficientes para sentenciarlos.
En marzo de este año la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal ratificó las condenas a prisión perpetua de los ex capitanes de fragata Sosa y Del Real y del cabo Carlos Marandino. Además anuló las absoluciones del ex capitán de navío Rubén Paccagnini y el ex juez Jorge Enrique Bautista.
Hace pocas semanas, Del Real dejó su prisión domiciliaria y fue trasladado al penal de Ezeiza, por orden del juez del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, Jorge Guanziroli, tras un pedido del fiscal Horacio Arranz luego de que un cuerpo médico confirmara que los problemas de salud del militar podían tratarse en la cárcel.
"Aunque tarde, es importante que se haya realizado el juicio”, aseguró Pedro Cazes Camarero en diálogo con Enredando las Mañanas. “Durante mucho tiempo pensábamos que nunca íbamos a ver al capital Sosa y a sus cómplices entre rejas, y en cierto sentido no solo es una reivindicación de todo ese gran movimiento democrático antidictatoral y por el socialismo que vivimos en aquella época, que tiene mucha importancia, sino que además en algún sentido es una legitimación estatal de que no será aceptado el terror blanco, contrarrevolucionario, paralizante, como forma de lucha política. En algún sentido el hecho de que la Armada pudiera proteger a sus agentes, miembros con las manos ensangrentadas con la sangre de nuestros compañeros era una especie de agujero que ponía en duda la democracia, entonces que esa gente esté presa aunque sea 40 años después de sus delitos es una reivindicación de todo nuestro pueblo y hay que percibirla en toda su magnitud”, agregó Cazes Camarero.

Con sangre verdaderamente están regando el país ahora
oh amores 16 que todavía volarán aromando
la justicia por fin conseguida el trabajo furioso de la felicidad
oh sangre así caída condúcenos al triunfo
Fragmento de “Glorias” de Juan Gelman

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