16 nov. 2014

La pizzería se volvió por un rato un
lugar para el romanticismo.
(Por Luis Angió para La Retaguardia) Con la consigna "Nuestros besos no se prohíben", más de un centenar de personas, entre lesbianas, gay, bisexuales, transexuales y heterosexuales, se reunieron en las puertas de la pizzería Kentuky, este viernes 14. Fue en la sucursal porteña de Corrientes esquina Billingurst, para repudiar y denunciar la discriminación que sufrieron el 1 de noviembre Marisol y Magdalena, dos chicas que solo querían comer un par de porciones de pizza y tomar una cerveza, pero fueron increpadas por un mozo tras besarse.

Así lo cuenta una de ellas: “Habíamos arreglado las bicis y fuimos a Los Sabios a cenar, pero estaba cerrado. Discutimos y nos peleamos y me voy sola a Ladran Sancho. Ella me alcanza y me dice, dejémonos de joder y vamos a cenar a Kentucky. Llegamos en silencio y en la barra nos clavamos unas porciones de pizza y una jarra de birra. Por un rato ni nos miramos, hasta que sí. Y nos besamos y nos reconciliamos. Hoy hace diez meses que nos peleamos y nos reconciliamos, que chapamos. En eso viene el mozo y nos interrumpe con un discurso inentendible. Cuando logramos entender nos dice que no lo hagamos más. O nos dejamos de besar o nos tenemos que ir. Eso le dijo el patrón, que en verdad es solo el encargado de la sucursal. Vamos a increparlo y no quiere darnos su nombre. Nos dice que tiene una hermana como nosotras. Me quedo pensando que tendrá su hermana de parecido a mi o a mi pareja. Será la boca, la oreja, la nariz, la estatura. Sigue hablando. Que está todo bien pero que es un salón familiar. Una pareja de heteros ve la escena y se besan en solidaridad casi dos minutos. Pedimos el libro de quejas y escribimos la queja pelotuda, que la discriminación y que la mar en coche y nos vamos a comer un chocolate enorme”.
El escrache se hizo a partir de las diez de la noche, cuando fueron llegando parejas y otras personas sueltas que se convocaron a partir de las redes sociales, desde el facebook “besada en kentuky”, ante la mirada de decenas de parroquianos que no llegaban a entender porque en esa esquina se iban reuniendo las personas que miraban hacia adentro a la espera de cumplir con uno de los objetivos: que entraran unan parejas de lesbianas y gays para besarse en la barra.
En la vereda todo era festejo. No había bronca, insultos ni odio. Ni siquiera la intención era entrar al salón a hacer la protesta. Solo estaban pidiendo el derecho de ser considerados iguales. Festejando la diversidad y decirle "basta a la violencia heternormativa".
Un patrullero y tres policías miraban la escena y conversando con algunos de los allí presentes acordaban que lo que se reclamaba era justo. Este cronista puede dar fe de este diálogo. Solo estaban allí para ordenar el transito, ya que la cantidad de personas presentes desbordaba los límites de la vereda y sobre la Avenida Corrientes los autos y colectivos pasaban raudamente, aunque tratando de entender qué estaba sucediendo en esa esquina. Quizás ahora lo estén leyendo en algún medio de comunicación.
Pasadas las diez de la noche empiezan a entrar parejas a la pizzería, de a una por vez. Se acercan a la barra y toman una cerveza. Como era la consigna establecida, en un momento comienzan a besarse como se besa cualquier pareja que se quiere, que se ama, que disfruta de ese beso, ante la mirada de todos. Los mozos, los parroquianos y el encargado que está en la barra (que no es el que echó a las chicas, porque ese fue trasladado a otra sucursal).
Desde afuera suenan los aplausos y las consignas: “pizzas no, tortas sí”. “Vecino, vecina, no sea indiferente, echaron a lesbianas en la cara de la gente”.
Pero esta vez ni el encargado ni los mozos echaron a nadie. Los parroquianos seguían comiendo sus pizzas. Hombres, mujeres y niños lo tomaban como algo natural o por lo menos nadie se levantó espantado huyendo ante tan “rara situación”.
El momento más fuerte fue cuando entró la pareja que el 1 de noviembre había sido echada del lugar por besarse en la barra. Volvieron a ese mismo lugar, pidieron una cerveza, como ese día, y también como ese día comenzaron a besarse, como desde hace diez meses, con ese beso de reconciliación que alguien les quiso interrumpir; pero hoy lo pudieron hacer ante la mirada y solidaridad de los que consideramos que las diferentes orientaciones sexuales, las identidades de género, y las diferencias de cualquier tipo, deben ser respetadas y aceptadas porque todos tenemos los mismos derechos.

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