17 nov. 2014

(Por La Retaguardia) “Hay que juzgar las violaciones como crímenes de lesa humanidad”, dijo Julia Ozorio Gamecho, la primera mujer que declaró ante la Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay sobre la esclavitud sexual a la que fue sometida tras su secuestro por parte del Ejército, durante la dictadura de Alfredo Stroessner. En diálogo con el programa Patria Soñada, que lleva adelante la Comisión de Paraguayos por los Derechos Humanos en Radio La Retaguardia, contó lo importante que fue para ella haber podido relatar su historia en el libro “Una rosa y mil soldados” y se refirió además a la actualidad de su país.



Julia Ozorio Gamecho decidió contar su historia en un libro, primero por ella misma y en busca -según definió- de su sanación: “ya no podía vivir con esa vergüenza ajena. Durante cuarenta años lloré por mi pasado, por lo que me hicieron. Doce años recién cumplidos. Cuatro años estuve como una subversiva ahí siendo inocente. Tuve que hacerlo porque iba a psicólogos, psiquiatras, y nunca podía curarme. Pero sí me curé con mi libro. Recorrió el mundo entero, fue traducido a veinticuatro idiomas y está declarado de Interés General por todas partes”, afirmó en diálogo con Patria Soñada.
El libro al que hace referencia es “Una rosa y mil soldados”, donde cuenta sus años de cautiverio tras haber sido arrancada de su familia por el coronel Pedro Julián Miers. Allí fue sometida sexualmente tanto por ese coronel como otros soldados.
En este marco, Gamecho se refirió a la función que tenía el dictador Alfredo Stroessner en los delitos de esclavitud sexual: “tenía el rol principal, fue el promotor de todo, el que ideó todo. Los alumnos practicaban lo que el profesor practicaba”. Tras ser liberada, a los quince años, se vino a vivir a la Argentina.
“Si con este libro no se concientizaron mis patriotas –aseveró Gamecho–, es porque ya no quieren abrir los ojos. Conté con lujo de detalle todo lo que pasó, todo lo que pasaron las niñas de diez a trece años. Se vendieron muchas niñas, en todos los países, y tal vez alguna —hoy ya señora— me esté escuchando en este momento. Tiene que compartir su sufrimiento porque así va a quedar más libre de su pasado. El hijo de Stroessner, Gustavo, era homosexual, y los nenes de diez a trece años iban a la mano de él. Con el libro no gané mucho, pero le sirvió a mucha gente en la parte psicológica, cómo tratar a las nenas después”.
Gamecho explicó que muchas personas, tanto hombre como mujeres, se han conmovido con su libro: “hasta la Reina de Inglaterra mandó a comprar el ejemplar, vinieron dos periodistas de Inglaterra, tengo para mostrar que vinieron. Cuando hablo, es porque tengo papeles para mostrar. La mujer empezó a ponerles más límites a los hombres, especialmente en Paraguay, después de esto está más restringido”.

Segunda patria

“Me siento doblemente traicionada porque volvieron a votar por esta gente; volvió el stroessnerismo. Están guiando los pasos de la gente allá. Eso es lo que me duele. Mi sueño más grande era volver a mi patria después de cuarenta años. ¿Sabés lo que es durante cuarenta años llorar por tu tierra, sin madre, sin padre, sola en el mundo? Sola sobreviví acá”, afirmó Ozorio Gamecho sobre su país natal y la votación que llevó de nuevo al Partido Colorado a la presidencia a través de Horacio Cartés.
En este sentido, remarcó que su segunda patria es sin duda Argentina: “desde los quince años que estoy viviendo acá vendiendo botellas, vendiendo cosas para sobrevivir. Me casé con un argentino, tengo un hijo de veintiocho años... es mi orgullo mi hijo. Y donde voy defiendo a la Argentina. También digo que Paraguay es mi patria, pero allá me negaron mi patria, anularon mi niñez, me robaron mis tres etapas de vida: niñez, adolescencia, juventud. Estaba yendo a quinto grado y después hice el básico, hasta eso me robaron. ¿Cómo puede ser que mis compatriotas no tomaron conciencia que ventilé en el libro detalle por detalle, con nombre y apellido quiénes fueron los que secuestraban a las niñas, dónde llevaba Stroessner a las niñas? A mí me duele el dolor ajeno, tal vez nunca probaron ese trago amargo de la vida porque no se concientizaron y volvieron a votar por este colorado stroessnerista. Este hombre fue mi vecino de Villeta, son narcos. Yo era chiquitita y jugaba con su hijo entre la bolsa de polvo blanco, ‘harina blanca’ le llamaba yo. Después de todo lo que me hicieron, ahora me sigue amenazando. El senador Juan Carlos Galaverna mandó a decir que yo ensucié su partido, siendo yo la víctima, por contar la verdad”.
A pesar de las amenazas Ozorio Gamecho no duda en seguir contando su historia y lo que pasaba durante los años de la dictadura. De hecho, ya tiene un segundo libro: “Repaso de una rosa otoñal”. “Ahí les di con un palo a los dos gallos riñeros. No tienen vergüenza, esta gente tiene sangre de camaleón. Los que pasaron estas cosas tienen que ventilarlo, porque es algo horrible vivir uno solo guardando una cosa tan atroz. Hay que compartir tanto las cosas lindas como las feas porque a alguien siempre le va a servir como refuerzo”.

Flores y lágrimas

Promediando la entrevista con Patria Soñada, Julia Ozorio Gamecho quiso dedicarle un párrafo a las víctimas: “Para los que pasaron por las manos duras dedico este párrafo. Para mí no existe división o límite entre los seres humanos. Parte de mi cautiverio se lo dedico a los hombres y mujeres que sufrieron por tener pensamiento o ideas diferentes. Los inescrupulosos bichos verdes les arrancaron la vida. Tal vez para esos humanoides fue como cortar un árbol más. Pero la realidad fue otra. La realidad, cruel y dura, fue que muchas niñas fueron vejadas antes de que conocieran su cuerpo. A los que fueron a su viaje final las llevo plantadas como una flor en mi corazón. Las que sobrevivieron, como yo, nos quedamos sin lágrimas. Compatriotas, es hora de reaccionar y hacer algo por nuestra patria antes que quedemos como los gitanos. Un abrazo para todos mis compatriotas”.

El presente

Julia Ozorio Gamecho afirmó que ahora se siente bien y que ya no llora por su pasado: “me di cuenta que yo no lo busqué. Me sané. Me curé, soy una persona normal. Hoy no tomo pastillas para dormir, soy consciente de lo que quiero y de lo que no. Y ya no lloro ni tampoco pienso llorar más lo que pasó”.
De todos modos, hay muchos temas que le preocupan: “hay que concientizar más a nuestra gente”, señaló en relación a los ciudadanos paraguayos que viven en Argentina y agregó: “nuestra gente dice ‘yo ya tengo mi familia, no me hables de Paraguay’. No, no tenemos que olvidar nuestra tierra, ahí dimos nuestros primeros pasitos. Yo amo mucho a la Argentina, pero voy a seguir peleando por mi nación pura. Pase lo que pase, estaré siempre de pie peleando por esa gente. Y no tenemos que decir ‘qué me importan los que están allá’. Son nuestros hermanos, somos todos hermanos, tenemos la Patria Grande. Para mí no hay fronteras, todos los argentinos son mis hermanos. Mi madre es argentina; mi padre, español. No sé quién inventó eso de la división de fronteras, los humanos somos todos iguales: sentimos el mismo dolor, el mismo hambre, tenemos ganas de estudiar, de aprender. Tenemos que luchar, estar despiertos. No tenemos que olvidar nuestra cuna natal, nos está esperando”, agregó.
También advirtió sobre la violencia y la explotación sexual que se está dando en distintos ámbitos: “no es solamente en barrios pobres. No importa la clase social. Tenemos que actuar más. Las violaciones tienen que terminar. En este siglo tenemos ya que prepararnos para defender nuestra dignidad. Cuando veo en televisión casos de abuso, sobre todo de niñas, me molesta mucho. No sé si llamarlos hombres. No tienen mi perdón. Ni merecen ir a la cárcel. Un hombre que empieza con las violaciones, es como un lobo sediento, sigue con esa perversidad, no cambia más. Hay que internarlos en un hospital psicológico porque no están bien de la cabeza, son animales. Los que juegan con la niñez, son animales”.
En este punto, remarcó que hay que plantearles a los senadores y diputados que dictaminen que la violación sea declarada delito de lesa humanidad: “en el libro digo que el hombre que una sola vez viola a una mujer ya se vuelve un lobo sediento por la carne virgen, por las nenas especialmente. No le gustan las chicas de hueso duro, como decían los coroneles de aquellos tiempos. Son enfermos mentales. Hay que juzgarlos como crímenes de lesa humanidad o llevarlos directamente al hospital psiquiátrico. No merece vivir porque arruinó la vida de una criatura y de un hogar completo”.

Finalmente, Ozorio Gamecho expresó que le gustaría repartir su libro a “todos los compatriotas argentinos”: “para poder concientizar a esos hombres que vienen con la mentalidad un poco retorcida para que lean lo que pasó”.
En Argentina, “Una rosa y mil soldados” fue publicado por la Editorial Dunken y también puede conseguirse en internet.

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