7 nov. 2014

El testimonio de Clara Bagú, una pieza
que la justicia no tenía.
(Por La Retaguardia) Flora Bagú declaró por primera vez ante la justicia hace pocos días en la Megacausa ESMA. Formaba parte, junto a su pareja Carlos Bayón (Pablo), que se encuentra desaparecido, de una de las células que llevó adelante la agencia clandestina de noticias ANCLA. Allí también estaba Rodolfo Walsh, a quien ella conocía solo como el Tío Esteban.
Bagú dialogó con el programa radial Oral Y Público y dejó retazos de una historia que permite conocer en primera persona cómo vivían -y sobrevivían- los militantes en aquellos años.


El tercer tramo de la megacausa por los delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó en el predio de la ESMA continúa en etapa de testimoniales. El 23 de octubre pasado fue el turno de Flora Bagú, que testificó por primera vez ante la justicia.
“Fui llamada después de un tiempo que testificó Leticia Bayón, hija del desaparecido Enrique Carlos Bayón. Yo era la pareja, la compañera de Carlos durante el año ’76.  Recién ahora, en este tramo, tocaba el turno de Carlos y de su pareja anterior Norma Batsche Valdés, cuyas desapariciones se dieron con una semana de diferencia, ella desapareció el 15 de diciembre de 1976 y Pablo exactamente una semana después, el 22”, explicó Flora Bagú en diálogo con Oral y Público.
Pablo era el nombre de militancia de Carlos Bayón: “me sale espontáneamente Pablo”, confió Bagú, y así ocurriría durante toda la charla.
“Estaba Leticia, la hija en común que ellos tenían –continuó el relato–, que afortunadamente está con vida y en buen estado de salud física y mental. A la fiscal le pareció interesante que yo pudiera aportar los datos de la desaparición de Pablo porque fui la última persona que lo vio con vida”.

Los dos secuestros de una nena

Leticia tenía menos de tres años aquel oscuro diciembre de 1976. Estaba con su mamá Norma Batsche Valdés cuando la secuestraron junto a otra compañera en Avellaneda. Las tres fueron llevadas a la ESMA. La niña fue devuelta a la casa de una tía, adonde la fue a buscar su papá Carlos Bayón para llevarla a vivir al departamento que compartía con Bagú.
“Pablo hacía todos los intentos por averiguar qué había pasado con Norma –contó Bagú– y en esa búsqueda de información recibe una cita de un hasta ese momento compañero para el 22 de diciembre de 1976 a las dos de la tarde. Esto lo sé porque por cuestiones de circunstancias del momento y de algunos hechos que de alguna manera no eran correctos que hiciéramos, pero Pablo estaba muy enfrascado en la tarea, él me pidió que bajara a hablar por teléfono a la mensajería para buscar sus mensajes de ese día. Más allá de mi negativa, finalmente lo hice, y como siempre tuve problemas con el tema de memorizar números tuve que anotar el número en un papel, y le pasé el mensaje a Pablo y él se fue con Leticia esa misma tarde. La niña dormía la siesta, la levantó para llevársela, aunque la chiquita estaba en un estado muy alterado por lo que había ocurrido con su mamá, en lo que ella había estado presente. Pablo se fue y me dijo ‘vuelvo pronto porque la cita es muy cerca, así que en una hora, hora y media estoy de vuelta’… nunca más lo volví a ver”.
Lo poco que supo de su pareja fue a través de Leticia: “compañeros con los que trabajábamos juntos me pidieron que buscara información en casa de otra tía, que era un familiar de hecho, en la localidad de Quilmes. Allí fui a preguntar y esta persona me cuenta que Leticia había sido llevada allí por segunda vez, afortunadamente en todo caso, y que había hecho algunos pequeños comentarios como que al papá lo habían metido dentro de un auto hombres con armas, que estaba tirado en el piso del auto y que le dolía mucho la panza. Esas fueron las pocas palabras que pudo recordar y repetir esta niña. Pablo fue trasladado a la ESMA también, pero no se sabe ciertamente si llegó vivo o muerto. Este es el seguimiento que pudimos hacer de lo que le ocurrió a través de otros compañeros que estaban en ese momento”.

Buscando al Tío Esteban

Tras la desaparición de Carlos Bayón, Flora Bagú pasó la noche en el departamento donde vivían, junto a la hija de ambos, Martina Noailles, que tenía por entonces un año y dos meses: “pasamos la noche allí de manera imprudente por supuesto, pero yo estaba absolutamente obnubilada, recién a la mañana pude darme cuenta de que estaba cometiendo un error y salí de allí con mi hija e intenté conectarme con mi responsable, para contarle lo que había ocurrido, cosa que no fue posible en dos oportunidades de aquella mañana del día 23. Finalmente recordé que en la mesa del comedor del departamento donde vivíamos había quedado aquel papelito con el número de teléfono del día anterior y recurriendo a las últimas oportunidades que uno tenía de hacer algo, tomé ese papelito y recordé algo que Pablo me había dicho que era que desde la ventana de nuestro departamento se veía el techo del restaurant donde solía almorzar con el Tío Esteban. Ahora todos sabemos que Esteban era Rodolfo Walsh. Así que hablé por teléfono a la mensajería dejando un mensaje lo más cerrado posible pero dando la posibilidad de que si Rodolfo recogía este mensaje pudiera comprenderlo, dije que era de parte de la esposa del señor Pardo y que lo esperaba en el restaurant donde siempre almorzaba con mi marido. A través de este rejunte de datos y memoria que yo tenía pude llegar a ese lugar donde fue el punto donde pude reencontrarme con alguien. Rodolfo estaba en la puerta con su compañera de ese momento Lilia Ferreyra”, detalló Bagú.
Flora Bagú conocía al Tío Esteban, lo había visto en varios encuentros y de hecho era el superior de Pablo, pero no sabía su verdadera identidad, para ella en aquel momento y por varios años más era el tío Esteban. Después se enteraría de que frecuentaba a Rodolfo Walsh.
“Fui con Esteban en un taxi hasta un bar donde brevemente hicimos el relato de lo que había ocurrido –continuó Bagú–, y allí es donde la pareja de Rodolfo se queda con mi hija en brazos, que pasaría a ser retirada por mi familia una o dos horas después; yo volvía al departamento a buscar todo el papelerío e información que había allí. Fue una decisión dura y difícil, y riesgosa en todo caso visto desde tiempo después, pero era lo que había que hacer y en ese momento estábamos con la mente en lo que había que hacer, era para nosotros un compromiso muy serio”.
En este punto, Bagú señaló que en aquellos años los militantes estaban acechados por el peligro todo el tiempo: “fue lo que le pasó a Pablo. Haber confiado en una cita donde finalmente fue secuestrado, esto era permanente porque había razzias en los colectivos, en la calle, pedido de documentos, detenciones, secuestros, era permanente y podía ocurrir en cualquier lugar”.

Los últimos días de diciembre de 1976

Tras la desaparición de Pablo y el encuentro con Walsh, Flora estuvo primero en la casa de una ex compañera de universidad y luego en la de unos familiares indirectos donde pasó el 24 y 25 de diciembre, y donde además se reencontró con su hija, que había sido llevada hasta ese lugar: “a partir de allí y en contacto nuevamente con mi responsable, soy llevada a la casa de mi responsable, José María Salgado (Sergio), y su mujer Coca, donde paso una semana. Rodolfo Walsh asiste diariamente a hablar conmigo acerca de lo sucedido y de algunas cuestiones alrededor, como viviendas o lugares que podían haber sido allanados o no. Luego se me pide que me vaya a algún lugar lejos por un tiempo, hasta que la cosa estuviera más tranquila. Es así que me voy con mi hija a la Costa, a una casa prestada y cuando vuelvo en el mes de abril, ya no puedo entrar en contacto con ninguno de estos compañeros a los cuales me refería. Rodolfo ya había sido asesinado, José María también, de hecho Lila Pastoriza con la que también trabajábamos había sido secuestrada. A mí se me terminó la gente con la que podía tener contacto, así que a partir de ese momento quedé absolutamente aislada del grupo con el que yo trabajaba en ese momento. Este grupo éramos los compañeros que hacíamos ANCLA (Agencia de Noticias Clandestinas).

ANCLA y Rodolfo

La célula que se encargaba de desarrollar la Agencia de Noticias Clandestinas quedó totalmente desarticulada tras esa serie de operativos. “Rodolfo era quien conducía la Agencia, Lilia Ferreyra, Lila Pastoriza, Pablo, Norma Batsche, José María Salgado, su compañera Coca, algún otro compañero seguramente que desconozco y yo, dentro de los conocidos, éramos los que trabajábamos en ANCLA”, especificó Bagú.
En todos esos años de trabajo y militancia en común, Bagú se encontraba a menudo con Rodolfo Walsh, pero para ella seguía siendo Esteban: “no podía asociar de ninguna manera que este hombre con el cual yo me encontraba era Rodolfo Walsh, porque no conocía su rostro. Tanto es así que una vez Pablo me dice ‘ya te vas a enterar algún día que veas un libro y veas la foto de la contratapa quién es el Tío’. Esta es una frase que me quedó dando vueltas mucho tiempo hasta que finalmente, bastante tiempo después que Rodolfo es asesinado, veo una foto en un diario donde aparecía una nota sobre él y era como justo ese gesto, el rostro, esa toma, donde yo puedo asociar el rostro de Esteban con el de Rodolfo Walsh. Esto fue unos años después, aún en dictadura. No fue instantáneamente, ni fue en el ’77 cuando lo asesinan. Estaba absolutamente enterada y embebida del tema pero no hacía ninguna relación de que era la misma persona, tal vez porque las fotos no tenían esa imagen que yo tenía internamente, hasta que unos años después doy justo con algo que coincidía con mi imagen interna”.

Emoción y compromiso

A casi 38 años de esos hechos, el pasado 23 de octubre, Flora Bagú declaró por primera vez ante la justicia. Una experiencia que –según sus palabras– fue muy dura y difícil de atravesar desde lo emocional: “tuve mucho apoyo del Centro Ulloa, y de la fiscalía obviamente, y de algún compañero que anda por ahí dando vueltas cerca de la fiscalía que ya había testimoniado varias veces. Entre la gente que me contuvo en ese momento por supuesto estuvo mi hija Martina”. Noailles es periodista. Entre otras tareas es la Jefa de redacción del periódico barrial Sur Capitalino.
Para Bagú, testimoniar fue además un momento de compromiso personal y militante. Todo comenzó cuando hace unos años pudieron ubicar a Leticia, tras haberla buscado intensamente: “gracias a la ayuda de Martina y otros compañeros periodistas y también por cuestiones fortuitas. Ella tenía otro apellido, el de sus padres adoptivos, y este era el motivo por el cual no podíamos ubicarla. Creo que era una pareja amiga de la mamá de Leticia, así que ella estaba en buenas manos. Cuando nos reencontramos finalmente con ella, que fue también un tiempo muy sacudido emocionalmente, es ella la que empieza a hacer llamadas y convocatorias para testificar en la causa. Entonces yo digo que también tengo que testificar porque tengo cosas que tal vez otra persona no conoce, y fue así que me presenté y primero me tomaron un testimonio escrito, esto fue hace dos o tres años atrás". Cuando llegó el momento de los testimonios orales, Leticia mencionó a Bagú en su testimonio, lo que permitió que la fiscalía pudiera sumarla al grupo de testigos. "Leticia testimonió como dos meses atrás, y me mencionó, se elevó el pedido, el juez lo aceptó y fui convocada para dar el testimonio, primero el 1 de octubre, que luego no pudo ser porque había testimonios que se superponían a través de skype con gente que está viviendo en Europa, así que finalmente el 23 de octubre fue el día que yo presté testimonio. Fue emocionalmente un tema difícil, duro, del cual uno se va recuperando de a poquito y con el tiempo, y en eso estamos; y por otro lado, era un compromiso absolutamente personal en esencia con Pablo, con Leticia, conmigo también y con todos los compañeros que ya no están. Creo que si esto sirvió para que la causa tomara un poquitito más de cuerpo es algo que un militante debe hacer como compromiso personal”.

A pesar de estar aún conmocionada y recuperándose tras haber dado testimonio en la Megacausa ESMA, Flora Bagú aceptó esta entrevista con Oral y Público también como un compromiso militante: “creo que cuanta más gente esté enterada de qué cosas pasaron, vivimos y ocurrieron, la conciencia ciudadana va a mejorar”.
Confiamos en que este texto recorra ese mismo camino.

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2 comentarios:

  1. Gracias Alberto. En particular este testimonio de Flora demuestra varias cosas: lo importante que es para los testigos pasar por los juicios y cuánta gente aún no ha podido (en el caso de los genocidas, no han querido) aportar sus testimonios para armar el rompecabezas de la historia. Abrazo.

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