13 nov. 2014

Leonardo Gómez en el acampe por los
3 años de la desaparición de Solano.
(Por La Retaguardia) Al igual que Daniel Solano, Leonardo Gómez viajó desde Salta para trabajar temporalmente en Río Negro, en la cosecha de manzanas. Gracias a la ayuda de un guardia pudo escapar y hoy vive en la misma Iglesia de Choele Choel que Sergio Heredia, el abogado de los familiares de Solano. En diálogo con La Retaguardia, Gómez -que pertenece a una familia de empresarios de Buenos Aires- relató su experiencia, confirmando que a tres años de la desaparición de Daniel, la explotación en Expofrut continúa. Además, Heredia sumó nuevos elementos surgidos de su propia investigación.

“Yo en ese momento estaba con poco trabajo y me ofrecieron ir al sur por una buena cantidad de dinero, entonces me cerró. Nos prometieron una plata y pensé en esforzarme dos meses y hacer una diferencia; por más que uno tiene estudios a veces las circunstancias te hacen trabajar de lo que hay. En aquel momento yo estaba en Orán, Salta, y vino una persona y me dijo que iban a ir para la época de la manzana, a Expofrut, que pagaban 300, 500 por día; entonces me daba como 40 lucas los dos meses. Así es que terminé ahí. Después cuando llegamos era algo totalmente contrario a lo que nos ofrecían”, explicó Leonardo Gómez en relación a cómo se dio su viaje a Río Negro como trabajador golondrina.
“Nos habían prometido que cuando llegáramos –continuó– nos iban a dar 600 pesos en efectivo más 200 pesos en tickets como para comprar alimentos hasta el día 5 que cobrábamos. Ya cuando llegamos nos dieron solamente los 200 pesos de tickets, nunca nos dieron el efectivo. Los 300 o 500 pesos que nos habían prometido se hicieron 196, 198 pesos más las plantas, ahí tampoco se cumplió lo que habían dicho. Nos empiezan a pagar 3 pesos por planta y ahí ya era un abuso total. O sea que de lo que prometieron nada se cumplió”.

Tema prohibido

Antes de llegar al sur, Leonardo Gómez no conocía el caso de Daniel Solano: hoy cree que podría haber corrido su misma suerte: “me entero creo que el segundo día que estaba en los campos, me lo comenta una persona de seguridad y me dice que ni lo mencione porque no se puede hablar de ese tema, es como un tema tabú, prohibido”.

                                       

A los pocos días de haber llegado, Gómez tuvo un accidente y fue a ver al encargado del lugar: “un tal Cristóbal, yo había tenido un accidente hace unos años y había tenido una discapacidad por la medicación que tomo y este Cristóbal ve que tenía un carnet por discapacidad y se empieza a fijar en mi legajo y me pregunta qué hacía ahí, cómo había llegado a trabajar ahí, teniendo estudios o con las posibilidades que por ahí tiene uno, y al tipo ya no le gustó nada eso desde el primer momento. Yo estaba muy dolorido, no me llevaron al médico ni nada, me llevaron directamente a las gamelas que son como los dormitorios, donde se dividen los muros por durlock y se hacen habitaciones,  y da la orden a la gente de seguridad que no me dejen salir del predio. A todo esto, yo tenía que hacer un viaje a Neuquén a retirar medicación para mi columna por el accidente que había tendido antes. Voy igual a Neuquén, y cuando vuelvo esta persona Cristóbal había pensado que me había escapado, no sé... porque en mi cabeza no se me ocurría nada malo; esta situación todavía no la termino de asimilar. Y cuando llego de Neuquén, se enojan mucho y me encierran en un cuarto, tenía que hacer mis necesidades ahí, no tomé agua por dos días, absolutamente nada”, describió en el diálogo con La Retaguardia.
Leonardo Gómez pudo escapar de allí gracias al mismo guardia que le había contado sobre el caso de Daniel Solano: “me dijo que me vaya de allá y me vaya directo a Choele Choel donde está el doctor Heredia, me dijo: ‘no hables con nadie, andá a verlo a él nada más’. Me vine a dedo hasta acá y me encontré con el doctor Heredia que la verdad que me contuvo un montón, junto al padre de la Iglesia, la gente de Gendarmería (que custodia a Heredia por las amenazas que recibió). La verdad que si no hubiera sido por ellos, hubiera estado en una situación emocional mucho más complicada”.
Gómez describió su experiencia en Expofrut como de una “des-humanidad terrible. Jamás en mi vida pensé que sucedía esto, yo estaba encerrado en el cuarto y en mi cabeza todavía esperaba a que viniera el médico, yo no tenía un mal pensamiento. Los demás (trabajadores) vivían lo que pasaba ahí adentro como una cuestión de violencia pero lo vivían como algo normal. Más que nada con el trato con los chicos aborígenes que venían del norte, los traía una empresa tercerizada, que le dicen la cooperativa, ellos por ahí recibían un maltrato más grande; es más estuvimos cinco días sin comer, con mate cocido y algún pedazo de pan, y encima le decían a esta gente que agradezca lo que tenían para tomar y comer en la mesa, una cosa que a mí se me caían las lágrimas... y los chicos son muy inocentes en muchas cosas, y da una pena que se abusen así. La verdad que es una experiencia muy fea”.

Vulnerabilidad


El baño de los obreros.
Al relato de explotación, maltrato y violencia, Gómez sumó un elemento más: la droga. Aseguró que "hay toda una cuestión alrededor con el tema de la cocaína dentro del predio. Los delivery de cocaína son como algo bastante habitual, y la gente ahí termina gastándose el sueldo en eso porque venían con un cuaderno como el del almacén y ponían: Leonardo Gómez 2, X 1, van sumando y después cuando van a comprar los acompañan. Y el tipo capaz no termina de trabajar el mes por la droga. Yo vi todo ese circo, porque no se preocupaban ni por disfrazar el asunto, se hacía muy deliberadamente. No importaba si alguien veía o no porque son todos iguales, están todos ahí adentro. Después de todo lo que veía, yo seguía sin pensar nada malo. Es como que me pasaba de tonto”.
En este punto, Gómez remarcó que nadie está preparado para estas cosas: “así como me agarraron a mí, a cualquier persona le puede pasar. Cuando me ofrecieron el trabajo, vino una persona bien, hablamos, tuvimos dos reuniones, no es que fue al boleo, entonces cualquiera está expuesto. Justamente buscan esa situación psicológica, porque de esa manera es mucho más fácil manejarlo, gente que sea inocente o que no tiene preparación, entonces buscan sobre todo personas de comunidades aborígenes porque los pueden manejar mucho más fácil”.
Es decir, buscan cualquier persona que esté en una situación de vulnerabilidad, cualquiera sea la situación, incluso el propio Leonardo que pertenece a una familia de grandes empresarios de Buenos Aires: “por eso cuando yo me lastimo, la persona que se da cuenta de que tenía estudios y demás se pone tan agresiva –afirmó al respecto–, porque era algo que no esperaba. No sabía cómo manejarlo y por eso me dejó de movida preso en el circuito interno. Me encerraron porque no sabían cómo manejarlo. Y yo creo que si no hubiera sido por este tipo de seguridad, no habría escapado de todas las cosas que pasan ahí adentro, porque no es solo el caso Solano hay muchos casos que nadie conoce”.
Leonardo Gómez continúa viviendo en la Iglesia junto al abogado Sergio Heredia, pero no sabe hasta cuándo se quedará en Choele Choel. De algo está seguro: tras tres años de la desaparición de Solano, la impunidad sigue. “La semana pasada se cumplieron los tres años de la desaparición de Solano y pasamos la película, pasaron tres años y sigue todo igual. Sigue la misma impunidad y nadie hace nada con nada”.
El testimonio de Gómez es muy importante no solo por lo que vivió y puede contar, sino también como síntoma de que, a pesar de la visibilidad que se la ha dado al caso de Daniel Solano, sobre todo en los medios de comunicación alternativos y comunitarios y al trabajo que lleva adelante el abogado Sergio Heredia, sigue la misma explotación y el mismo maltrato, incluso en la empresa denunciada.

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Sergio Heredia: “esto es México"


Tras la entrevista con Leonardo Gómez, volvimos a dialogar con el abogado Sergio Heredia, quien había estado hacía pocas horas en la localidad rionegrina de Chimpay.
“Fui por la muerte de un chico por sobredosis de cocaína –explicó el letrado a La Retaguardia–, vamos a ayudar a la familia, porque el chico de 17 años muere en la casa del secretario general de UATRE, el señor (Sergio) Herrera. La hija del señor Herrera era secretaria de Agrocosecha, hoy es policía. Los hijos de Herrera también eran empleados de Agrocosecha. La madre del chico muerto fue a la policía para hacer la denuncia, les dijo que su hijo estaba hacía un mes en esa casa consumiendo. No le tomaron la denuncia y el chico murió de sobredosis. La policía caratuló como suicidio, empecé a intervenir yo y ahora es muerte dudosa. Este chico desde los quince fue golpeado en la comisaría de Chimpay, ahí en Chimpay hay dos detenidos por el caso Solano. La situación nuestra es extrema. Estoy viendo el peligro que tenemos nosotros aquí y no pasa nada porque me hice una persona conocida, saben que tengo custodia de Gendarmería, pero esto es México”.
Heredia además ratificó las denuncias de Gómez, como la venta de droga dentro del propio predio de Exprofrut: “entra el delivery de cocaína para los norteños, los inscriben, les pagan, le dan la cocaína y le descuentan al mes. Eso ya está denunciado hace dos semanas en la justicia federal. Obviamente que el tema de la droga pertenece a todos los gobiernos, viene de años. Empecé a hablar con la gente de Chimpai y me dijeron que al fondo es toda una cocina de cocaína, entonces ¿cómo van a denunciar si la policía es la que distribuye? Todo el acopio de cocaína de Choele se hace en la alcaidía”, agregó.
También se refirió a las denuncias realizadas por los trabajadores de la cosecha, bajo su asesoramiento: “los chicos que hoy están cultivando cereza y son de Río Negro ganan 290 pesos por día, ¿por qué entonces un norteño gana 130? La gente de Orán que es la que viene con Leonardo se subleva y nos viene a ver, hicimos un planteo y tenemos una audiencia en estos días, y ya reconoció Expofrut que liquidó mal. Esta es una guerra donde estamos totalmente solos. Acá tendría que estar derechos humanos de la Nación, la secretaría de Trabajo de la Nación, porque tienen competencia, entonces uno se da cuenta de que estamos solos ante este tema, y lo que sí hay es un gran consenso y un gran apoyo, aunque con mucho temor, de la sociedad”.
Respecto a la causa por la desaparición de Daniel Solano, Heredia agregó un nuevo dato: “me entero estos días que hay un concejal de Chimpay, con su señora, que estuvo esa noche (que desapareció Solano) en el boliche (Macuba, donde fue visto por última vez). Lo buscamos en las fotos, los encontramos, resulta que este concejal tenía el negocio de tener una Trafic, llevaba a los chicos a bailar y les cobraba 20 pesos. ¿Por qué no declaró? Ya no tenemos ninguna duda de que Solano estuvo en la comisaría, ya lo pude comprobar también, como esto es chiquito, con una cosa que nosotros hacemos vamos descubriendo otra, entonces la gente con el trabajo que estamos haciendo se anima y nos cuenta. Si no hubiéramos estado nosotros acá, este caso no se hubiera resuelto nada porque hay un temor terrible a la policía”.

"Prefiero que me maten en Choele y no en Tartagal delante de mi hijo"

Sergio Heredia sabe que investigar estos delitos y dar con los responsables es peligroso: “le dije a mi familia que no creo que vuelva, yo sé que me voy a quedar acá, porque prefiero que me maten acá y no en Tartagal, porque esta es una banda de narcotraficantes. Me puse a pensar que si no meto a estos tipos presos me van a matar en Tartagal porque es una banda del norte al sur. Y prefiero que me maten en Choele y no en Tartagal delante de mi hijo o con mi hijo. Esto me lo van a hacer pagar y prefiero que sea en Choele. Me di cuenta que de acá no salgo, pero vamos a hacer lo imposible, está todo filmado, mi trabajo está distribuido en varios lugares, así que si pasa algo, la gente con el tiempo lo podrá analizar”.
Heredia filma y documenta cada paso que da, prácticamente todo ese material puede verse en internet, y aunque sabe de los peligros que corre y tiene noción de los intereses que está atacando con su investigación, está convencido de seguir adelante y hasta se muestra confiado en que al final probará sus denuncias.


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